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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2015.

¿ES EL PAPA FRANCISCO UN ILUMINATIS?

 

 

Por Bernot Berry Martínez (bloguero) 

 

Se está especulando con mucha insistencia entre los esotéricos que el Papa Francisco es un Iluminatis introducido en la Iglesia Católica con fines de destruirla, lo cual es cuanto persiguen los Iluminatis en su guerra contra esa institución religiosa-política.

En varias ocasiones Francisco ha pedido a sus seguidores que recen por él. ¿Acaso sospecha que en cualquier momento lo eliminaran los sicarios que poseen en esa Iglesia, el Opus Dey o los Templarios?  

Lo cierto es que el Papa Francisco actúa de manera muy diferente a como lo hicieron los demás.

Ha sido el primer latinoamericano en llegar a tan alta posición en el Vaticano. Algunos obispos, principalmente italianos, le tienen una envidia tremenda.

¿Triunfaran los iluminatis en su larga guerra contra la atrasada iglesia Católica?

¡Se piensa que pronto todo se sabrá!   

 

01/08/2015 12:13 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL HIJO DE PAPI Y MAMI

 

Por Bernot Berry Martínez (bloguero)

 

NOTA: Sépanlo, no pertenezco a ningún partido de derecha. 

 

Pero el arabito hijo de papi y mami, un tremendo vago que nunca ha trabajado, con voz molestosa, sin oratoria y carisma, ha dicho aconsejado por sus dinosaurios que viven la política aún del 1970, que si gana la presidencia le aumentará a la Policía Nacional un salario de 23 mil pesos y que el culpable de la sequía la tiene el Pdte. Medina.

¡Vaya locura!  

Una expresión así es lo que afirman los que saben de política "una barata politiquería demagógica para engañar a los tontos habitantes dominicanos".

No obstante, este pueblo ha avanzado bastante. Ya nadie es engañado fácilmente. Es que los tropezones hacen lavantar los pies. Los quisqueyanos ya se han acostumbrado a caminar sin la luz que alumbra los caminos.

Qué lejos se hallan los saltimpanquis del denominado PRM de la política nacional. Parece que el tiempo transcurrido no le ha servido para nada. Se encuentran estáticos, frustrados, en la década de 1970.  

Francamente dan lástima, pues no han avanzado ni una décima en nuestra cambiante vernácula política.   

    

06/08/2015 20:34 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


¿HACIA DONDE IREMOS A PARAR?

 

                     

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

La realidad es que sobre el título de este trabajo existe una especie de misterioso laberinto. Es que absolutamente nadie en este mundo conoce con certeza hacia dónde marchamos.

Todo cuanto se diga al respeto son conjeturas que podrían aproximarse o alejarse hacia lo muy extremo.

Nadie sabe el destino de la humanidad. Los profetas se han multiplicado a la décima potencia. Ya son demasiados los predicadores de diferentes religiones, vividores de la ignorancia humana, de su temor a lo que vendrá, de nuestra cobardía por no darle el frente a los problemas cotidianos.

Cierto, jugamos bancas de lotería con un deleite apasionado por ganar con la finalidad de vivir como príncipes. La mayoría pierde hasta sus viviendas, vehículos, en fin, sus vergüenzas. Las mujeres, incluyendo casadas, amantes y concubinas, se entregan a cualquiera por un precio vil, incluyendo para defender sus trabajitos. Son nuevas formas de ser rameras.

Y nadie puede con eso, como tampoco el destino final de la humanidad con un ADN peligroso, extremista, guerrero, expansionista, dominante,...

El hombre, en su loca ambición de ganar más dinero, de ser muy poderoso, ha enloquecido al extremo de poner un planeta hermoso como la denominada Tierra, en un punto de altísima contaminación que ha puesto a la humanidad al borde de su extinción.

¿Por qué tantas ambiciones si al final nada nos llevaremos? Somos diminutas partículas de polvo en inmenso Universo aún en expansión. El hombre es la criatura más poderosa sobre este mundo, pero sin embargo es la más peligrosa. 

Somos alfa y omega, principio y fin. Nadie con más poder que el ser humano para hacer cuanto se le plazca. Empero, no tenemos paz y parece que tampoco la habrá hasta que la humanidad desaparezca de la Tierra.

La arrogancia nos asfixia en esta sociedad en vía de extinción.

¡Tengámonos pena por cuanto pudimos realizar y jamás lo efectuamos!          

10/08/2015 21:08 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'EL HECHO QUE SALVO LA HONRA DE UN PUEBLO'

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero) 

 

Fecha :  10 de Enero 1917.

 

Hora   :  Próximo al Mediodía.

 

Lugar  : San Pedro de Macorís.

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   Gregorio Urbano Gilbert

 

    Durante aquella mañana gris por todo el pueblo trotaba una vil noticia: “¡Los americanos están desembarcando, los americanos están desembarcando!”,... Por eso numerosas personas, adultas y adolescentes, fueron a indagar al muelle de madera --muchas se guarecieron en sus moradas por cuanto pudiera  suceder--, mientras otras se quedaban en las esquinas de las calles haciendo burlas sobre aquellos  que días atrás habían jurado enfrentar a los que manchaban el suelo patrio y que en esos instantes por parte aparecían ( “los yanquis no vendrán a Macorís porque  saben que les pegaremos fuego a sus ingenios”/ “daremos ejemplo al país”/ “no entrarán como perro por su casa”/ “nosotros tenemos pelo en pecho, ya verán esos jipatos”/ “que se atrevan a venir pa’ que vean candela, candela por toa parte”,... eran algunas de las variadas frases que corretearon sobre las polvorosas vías del pueblo cuando comenzaron los rumores en la capital de que los norteamericanos se preparaban a ocupar la provincia macorisana del Este. 

    Entonces, corriendo más deprisa que los curiosos y apretando con sus muñecas el holgado pantalón donde ocultaba objetos de inmenso valor, un jovenzuelo de 17 años, con su mente saturada por ideas nacionalistas, fue abriéndose  paso   con  cierta   dificultad  hasta  llegar  al puerto. Ahí  contempló   unos   barcos  grises,  costaneros, de  donde  continuaban  desembarcando  los forasteros. Su mirada se llenó de rabia e indignación al notar que los criollos estaban completamente indiferentes ante aquel espectáculo ultrajante, humillante, ofrecido por un coloso país contra una pequeña nación caribeña. Entre los primeros soldados que vio buscó oficiales. Pero no los encontró. Preguntó a uno de los mirones si entre los guardias extranjeros no había visto algún militar de alto rango. 

    --No, muchacho, los oficiale superiore partieron pal pueblo, dique pa la Gobernación --le respondió el hombre. 

    Dicha contestación le molestó mucho. Estuvo a punto de volver sobre sus pasos, de dejarlo todo, de aceptar aquella horrible indignación como todos lo habían efectuado, principalmente los jefecitos de Macorís, quienes comandaban a los grupos de combatientes que previamente formaron con el propósito de rechazar al invasor, pues esta provincia y la seibana  eran las únicas que todavía los interventores no controlaban totalmente. 

    El joven miró el firmamento. De las alturas le pareció percibir un pensamiento duartiano (“La Patria ha de ser libre de toda potencia extranjera o se hunde la isla”) Sonrió. Enseguida fue que le vino la idea, ocurrencia que le pareció suicida, empero que alguien debería sacrificarse como ejemplo perenne. Acarició la culata del revólver que tenía oculto entre su ropa. Entonces, reconociendo que moriría en el hecho que pensaba realizar, extrajo de un bolsillo de su chaqueta un papel en el cual, apoyándolo contra un poste del alumbrado, redactando lo siguiente: “Muero, pero muero satisfecho porque es un acto de protesta contra la invasión de mi patria por fuerzas extranjeras. El escrito lo guardó entre el bolsillo. Siguió observando    atentamente   a   los  soldados   que   estaban encima del muelle, siempre buscando al ansiado oficial, así como también un yate, ‘El Patria’, el que se hallaba al servicio de las Aduanas del país. Y así, buscando  cuanto  anhelaban  sus  ojos  negros y brillantes distinguió frente a una grúa, sentados alrededor de una mesa, conversando, comiendo y bebiendo, un grupo de militares que por sus portes, uniformes e insignias, consideró que eran dignos de recibir lo que él anhelaba brindarles. Por eso volvió a sonreír. Entonces fue que sacó su .32 y gritando “¡Viva la República Dominicana! les envió aquellas cinco descargas que celosamente aún guardan los enfermos manglares del Río Macoríx. 

    Escuchó gritos de dolor conjuntamente con el tic-tic del martillo del disparador, señal de que las balas en el cilindro se agotaron. 

    Los barcos sonaron sus clarines, llamando a zafarrancho de combate. Militares y civiles corrieron de un lado para otro. Reinó la confusión. Sólo el joven, sonriente, el revólver humeante en su diestra, contemplando hacia donde había disparado, se encontraba tranquilo. Pero rápidamente, quizá por los gritos de mandos, abandonó tal actitud, parapetándose detrás de unos bultos cercanos los cuales sirvieron para su defensa, pues soportaron las descargas que muy pronto hicieron desde las embarcaciones y otros lados contra él los soldados estadounidenses. 

    Un conjunto de hombres y mujeres que hacían chistes picantes en la famosa ‘esquina caliente’ de la Presidente Henríquez, impasibles al acontecimiento, corrieron desesperados en busca de protección al escuchar los fuertes estampidos porque creyeron que se estaba combatiendo por el puerto. Lo anterior me lo contaría mi madre, que siendo una jovencita lo recordaba bien, además su familia vivía en la indicada vía. 

    Sí, hubo terror en la ciudad. Numerosas puertas y ventanas fueron cerradas rápidamente. 

    Por los contornos del muelle zumbaban plomos por todas partes. Las personas, tiradas en el suelo, cubríanse con sus manos los oídos y apretaban sus dientes. Intenso era el olor a pólvora durante aquel tremendo ruido. 

    El joven trató de introducir más balas en el arma de cinco  tiros,  propiedad  de  su  empleador. Sin embargo le fue imposible: no entendía bien su mecanismo. 

    A pesar de que los proyectiles le cruzaban muy próximo, zumbándole, llevándose trozos de los paquetes, extrañamente no había sido herido. Empero, con prontitud se aseguró que debía salir de allí, detrás de aquellos bultos, que no podía perder más tiempo. Y por tanto, blandiendo en alto el vacío revólver, voceando “Viva la República Dominicana”, con rapidez abandonó ese sitio. Y agazapado, corriendo con toda la velocidad que le proporcionaban sus bríos juveniles, mientras plomos de variados calibres pasaban por su lado sin siquiera rozarle (“eh, me encontré dentro de balas zumbadoras, como si estuviera dentro de un colmenar de abejas”, contaría más luego el joven a las fuerzas guerrilleras comandadas por el olvidado general Vicente Evangelista, “Vicentico”), fue alejándose del gran peligro. 

    --¡A Consuelo, básiga, donde Chachá! --alguien le voceó, haciéndole recordar que el general Goicoechea, alias ‘Chachá’, estaba preparando unos combatientes por la cercanía de dicho ingenio para hacerle frente a los norteamericanos.    

    Tomó la calle Naranjito, hoy Hostos. La gente le miraba con gran asombro. Una mujer, con un lío de ropa en las manos, le gritó: “Que  la Virgen de la Altagracia  te acompañe, hijo, te acompañe siempre”. 

    --¡Corre, muchacho, corre! --le voceó otra cuando llegaba por la calle Sánchez, vía que dobló deprisa, continuando su veloz carrera, en sus labios una tenue sonrisa.    

    En tanto iba trotando con la rapidez que podía por la mencionada arteria, pudo contemplar que una quinceañera le mandó un beso, un obrero un saludo, un anciano una sonrisa, un abogado un desprecio. 

    --¡Maldito, maldito!  --chilló rabioso el propietario de un burdel cercano, el puño amenazante--. Mas él prosiguió corriendo con el arma todavía en la diestra, satisfecho por haber cumplido con su deber nacionalista. Dobló por la antigua Toconal, actual Fello A. Kidd, bajándola completamente. Silentes, los moradores de esa barriada le observaron pasar jadeante, trotando sin mirar hacia atrás. Cuando llegó al final de esa callejuela el jovenzuelo buscó la protección de un monte, al cual los macorisanos llamaban “El Potrero de Mallén”. Allí, entre yerbas, arbustos y árboles se sintió más seguro, empero no dejó de trotar, haciéndolo más despacio, por lo cual fue calmándose a medida que se adentraba entre el tranquilo paraje. 

    Él percibió la brisa oriental acariciar su rostro juvenil. Aspiró fuerte el aire montesino. Escuchó los alegres cantos de las aves que habitaban aquel recinto. Jadeaba, y sin embargo sonrió. Fue deteniéndose. Se sintió feliz. Casi rió a carcajadas recordando lo bien que todo le había salido. Se detuvo. Estaba bastante cansado. Se pasó la manga  de  su  chaqueta por la sudorosa frente. Miró hacia todas direcciones tratando de encontrar individuos. Y como a nadie distinguió, gozoso, con cierto orgullo sentenció: 

    --¡Eh, hoy, sí, hoy he hecho historia!

    Enseguida volvió a sonreír. Guardó el revólver entre su pantalón. Despacio, disfrutando el  verdoso panorama hasta donde alcanzaban sus ojos, de nuevo  volvió a trotar. 

    Macorís iba quedando atrás. Numerosas patrullas le buscaban con la precisa orden de matarlo. El pueblo entero comentaba su acción, unos en contra y otros a favor. Pero sí poseían concordancia la de aquel licenciado que estafaba un cliente  almorzando en el ‘Hotel Saboya’ y la de un chulo del cafetín ‘El Paraíso’ ingiriendo un plato de sopa en la fonda de doña Friné. Ambos aseguraban, al unísono, la boca llena de comida: “¡Un loco, un pobre loco muerto de hambre!” 

    Contemplando desde cierta distancia al joven que continuaba  trotando,  saltando  alegre  mientras  pájaros y mariposas revoloteaban en su rededor, se le escuchó vocear: “¡Caramba, qué lindo es mi país,  qué lindo  es  mi país!” 

    Entonces fue que entre el viento movedor de las copas de los árboles, como las blancas nubes de nuestro cielo azul, llegó un coro de sublimes voces entonando el Himno Nacional Dominicano, porque la mancillada Patria había parido un nuevo héroe: Gregorio Urbano Gilbert*

 

 

 

Nota: Una parte de este trabajo fue extraído de la obra póstuma “Mi lucha contra el yanqui invasor de 1916”, nombre puesto por quienes la editaron al considerar que era más impactante, cambiando el apelativo original que fue “Viva la República Dominicana”, como le puso su autor, el internacionalista Gregorio Urbano Gilbert, considerándose un irrespeto a su memoria.   

 

16/08/2015 13:26 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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