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CAP.XV DE "UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ"

 

                     Novela-Histórica

 

                            XV

 

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Evangelina se convirtió en mariposa

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

    “Sí, en un atardecer en el cual admiraba un crepúsculo desde la ventanita de mi cuartucho, fue cuando te vi haciéndome señas, indicándome que supuestamente tenías una comida para mí entre un recipiente metálico, una cantinita. Con  certeza te informo que eso me sorprendió bastante. Llegué a creer que se trataba de una trampa, una especie de engaño con el propósito de engatusarme. No obstante, percibiendo una convicción que entró a mi interior, con precaución, mirando los lados, caminé por el patio, deteniéndome en el sitio donde la colocaste, debajo de una mata de limón, un arbolito ya casi sin hojas pues buena parte de ellas las había ingerido. Con rapidez me llevé el recipiente hacia donde vivía. Al destaparlo contemplé que eran unas batatas sancochadas con trocitos de arenque. Encima de un papel de funda había una nota que decía: “Mi don, acepte este alimento de buena voluntad. No todo está perdido. Me dedico a practicar el ocultismo. Soy un joven estudioso de lo esotérico. De forma constante he sentido una sugerencia (quizá por los seres que no puedo ver), a socorrerle con cuanto pueda brindarle. Y siguiéndola la he efectuado, ansiando que me perdone esta intromisión. Pienso que sería excelente tener con usted una buena comunicación, aunque sea por escrito, con prudencia. Continúe con su cautela ya que la gente se mantiene vigilante. Pero reconozco que podría aprender mucho con sus conocimientos. No hace mucho, unos días, me mudé para esta barriada. Realmente no puede conocerme bien. Esto le puede parecer extraño, sin embargo recuerde que la vida es de esa manera, rarísima.

"Sé que no tengo la capacidad de aconsejarlo. Mas, puedo sugerirle que siga así, sin perder su gran fe. Es que le poseo una enorme admiración por su intrepidez. Tengo la intuición de conocerlo desde años. Estoy seguro que su desconfianza hacia mí se le irá pronto. En las trazadas letras del presente mensaje se encuentra la seguridad para ambos. Confío en que las estudiará con discernimiento ante de juzgarme. Pienso que hallará la claridad con la que alejará las tinieblas. Le indico que debajo de esta anotación se encuentra oculta la figura secreta a la cual pertenezco. Espero que la encuentre pronto. Mañana, mi don, le dejaré otra comidita. Vivo solo. No puedo confiar en nadie. Tengo que trabajar fuerte en la construcción del puerto. Puede dejarme la bandejita en el mismo lugar. ’La Luz del Gran Espíritu sea con vos’. Gracias".                  

 “Te confieso que por unos instantes quedé aturdido, sin saber qué hacer. Llegué a reflexionar que el alimento podía estar envenenado. Es que ignoraba quién eras, de dónde habías  aparecido. Y los calieses se encontraban haciendo cualquier cosa por mortificarme.  Esa comida la olfateé cual perro famélico, sin percibir olor a sustancia tóxica. Me acordé que los ‘cocolos’ son famosos realizando esas horribles intoxicaciones con su propia gente, solamente para quitarle su trabajo o su mujer que cocina buen ‘domplin’. Por tanto, deseando encontrarme seguro, les ofrecí un poquito a unas hormiguitas negras, ‘bobas’, aguardando el resultado con algunas mantenidas entre un vaso boca abajo, sin que pudieran salir. Y como pasó un tiempo prudente sin nada pasarles, consideré que el alimento estaba óptimo para ingerirlo. Me lo comí deprisa, paladeándolo como si fuera un manjar de Sultán. Enseguida busqué la efigie en el papel. Estaba invisible a simple vista. Por eso busqué un fósforo, y encendiéndolo coloqué su llamita cerca de la hoja, por donde sugeriste, apareciendo la imagen nítidamente. Eso me alegró muchísimo, ya que pertenecíamos a la misma Hermandad. Y mirando las estrellas, contento me interrogué: 

--Hum, ¿estarán detrás de esto, ah? 

"Bueno, como deseas que nos comuniquemos por escrito empecé a escudriñar la manera en como trazaste ciertas palabras de tu magnifica notificación, dándome cuenta de tu interioridad. De inmediato consideré que eras un neófito joven esotérico, con bastantes posibilidades de llegar a los astros, de convertirte en maestro. Por ende, comencé a relatar estos manuscritos, varios largos, otros cortos, aconsejándote que los guardes bien, en sólida botella, y enterrarla donde vives si te fuera viable, porque vendrá un futuro en el cual podrían servir para esclarecer determinadas oscuridades de la actualidad, alumbrándolo mejor. 

“Te sugiero que no vayas a perder la esperanza en el Humanismo. El mismo no perecerá jamás. ¿Y por qué? Bueno, debes saber que por su existencia entre nosotros es que aún nos encontramos viviendo. Es imprescindible comprender que si éste se extinguiera, cuanto habita en la Tierra, animales y plantas, incluyendo hasta los insectos, podría borrarse completamente. Es que sin el Humanismo ya nos hubieramos devorados ferozmente, igual a las fieras salvajes. Por consiguiente, te manifiesto que vuestra nota me emocionó, trayéndome tranquilidad y felicidad. Al menos ya tengo una persona con la cual poseer una relación, aunque sea por escrito, sin olvidar ni un instante ‘que las paredes oyen’. Te aseguro, y créeme, que la actual pesadilla que tiene la Nación, el loco de Trujillo, desaparecerá por siempre. Y ojalá sea para el bienestar de los desposeídos, nunca de los politiqueros vividores. Acuérdate de esto: si sucede lo último, las luchas y angustias de tantas personalidades, de numerosas más que vendrán y morirán por nuestra preciosa Libertad, sería penosamente en vano. La tenacidad con que combatieron por Ella quedaría convertida en basura. 

“Pero ya no puedo informarte más. Estoy preocupado. La casera está pidiéndome con urgencia el dinero del cuartico. Pienso empeñar mis instrumentos de zapatero por Miramar, lejos de esta barriada, ya que no estoy utilizándolos porque nadie viene a que le repare algún calzado, como ya te dije. Creo que si una lejana compraventa acepta mis hierros, algo doloroso para mí ya que nunca lo he realizado, de inmediato le pago un par de meses a la buena señora. Empero, estuvo bien decírselo anticipadamente, esto porque la bendita mujer, muy cabizbaja, avergonzada, sin mirarme, me informó que la perdonara, pero que había cambiado de opinión, no pudiéndomelo continuar alquilándomelo. Me indicó que lo necesitaba para un sobrino que llegaría pronto de Hato Mayor a trabajar en la construcción del puerto. Por eso deseaba que me mudara lo más pronto posible. Enseguida me dio la espalda. Presentí que lloriqueaba. Discerní cuanto estaba sucediendo. Pienso que la bondadosa señora no quería que me fuera, era buen inquilino, no molestaba, incluso la ayudaba con variados problemas de su vivienda. Mas, aunque no me lo confirmó y tampoco se atrevería, esto significaba que los calieses la obligaron para no tener que quemarle su casita. Parece que anhelan verme desesperado, sin saber qué hacer, talvez pidiendo dádivas como otros hambrientos ancianos a los feligreses que van a la parroquia. Pero próximo a la  misma los barbudos curas tenían rigurosamente prohibido limosnear. ¿Y qué acontecía si los pedigüeños se arrimaban a mendigar por ahí, cerca del templo? Bueno, los policías se los llevaban a macanazos, porque molestaban a los fieles católicos, quienes siempre están con caras de santos, empolvaditos, perfumaditos, verdaderos simuladores.  

“Los agentes trancan a los mendigos en una oscura prisión llena de ratas, en el cercano cuartel policial que se halla al frente de la iglesia, poniéndolos a limpiarlo en la mañana siguiente. Claro, quizá los chivatos ansían que en ese sitio me tranquen por suficientes penosos días. 

“Empero, amigo, no deseo que te inquietes. Todo esto es fabuloso. A veces es provechoso que nos sucedan tales cosas. De este modo salimos de la rutina. Es que cuanto existe es un ordenado misterio, ya debes comenzar a enterarte bien. Por lo demás, para que sonrías, me estaba cansando de continuar viviendo de esta manera, casi cual ermitaño, tratando de reflexionar anticipadamente lo que trataban de hacer para contrarrestarlos. 

“Hace varios meses, antes de todo esto, me encontraba desarrollando un plan con la finalidad de perpetrar lo que ahora ansío desarrollar. ¿Y por qué no lo había llevado a cabo? Bueno, te indiqué que la existencia es inescrutable, aún para gente como yo, algo que deberías tener bastante en cuenta. Quizá no lo perpetré a consecuencia de que no poseíamos comunicación. Nos hallábamos completamente desconectados. Recuerda que cuanto existe y será, está basado en el Plan Cósmico. Mira, fíjate que te mudaste colindante a donde vivo, eres un estudiante del esoterismo, pertenecemos a la misma Hermandad, y según me informaste, posibles seres intuyeron a que me socorriera sin tú saber nada de mí. 

“Debes ir dándote cuenta que esa es la forma como los Maestros Espirituales laboran. Lo hacen de modo tenue. Mi deber --lo anhelo con vehemencia--, es marchar hacia una montaña del Este, posiblemente la ‘Loma de la Vaca’, en donde estuvo el Cuartel General del grandioso Vicente Evangelista (‘Vicentico’), el olvidado Comandante de las Fuerzas Nacionalistas, quienes con inmensa valentía se opusieron al interventor norteamericano. Pienso que allá arriba, en esa colina, debería estar izada de manera permanente, desplegada a los vientos de la República, nuestra Bandera Nacional. Ella manifestaría el Patriotismo demostrado por ‘Vicentico’ Evangelista y sus hombres defendiendo el honor de nuestra nacionalidad. Sería una permanente atalaya. Es que por esa zona se verificaron feroces combates entre invasores y sus mercenarios nativos, sin que pudieran conquistarla. Es más, todavía por ese terreno se consiguen variados balines, metralla, cartuchos, que son evidencias de lo muchísimo que por allí se batalló, principalmente por la ‘Loma de la. Vaca’. Trujillo jamás enarbolará nuestra Insignia Tricolor. Él fue uno de los traidores que pelearon en contra de los guerrilleros. No obstante, trataré de izarla en un pequeño palo, amarrándolo en lo alto de un árbol, si es que todavía quedan pues antes había muchos, derrumbándolos para utilizarlos en empresas cañeras y en cercados de grandes y distintas haciendas. Fue a consecuencia de tales gruesos troncos que el valeroso ‘Vicentico’ pudo resistir las feroces embestidas lanzadas contra ese bastión del Patriotismo. Los yanquis utilizaron hasta un avión, uno de dos alas, atisbando y disparándoles a los combatientes. Pero ese aparato fue derribado por un certero disparo de fusil que posiblemente impactó en la cabeza del piloto, ocasionando que chocara con otra colina, derrumbándose incendiado, destrozándose por completo, mientras un inmenso bullicio de alegres guerrilleros retumbaba el área. Eso ocasionó que se enojaran bastante los interventores y sus mercenarios, lanzando contra la heroica loma numerosas balas de variados calibres, procediendo a que los Patriotas se guarecieran detrás de los troncos, llenos de risa.   

“Cierto, amigo, es lo menos que puedo hacer a esta altura de mi vida. Pienso que vendrán tiempos en los cuales podrían alcanzar el poder reales dominicanos con afinidad a estos héroes y a nuestra valerosa Dra. Rodríguez. Y entonces, con bastante convicción lograrían homenajear a tan esforzados luchadores por la Libertad, quienes han sido relegados como si no hubiesen existidos, tratando de que sean olvidados. 

“Sí, vilmente han sido calumniados por los propios criollos con el mote de ‘gavilleros’, ya que los invasores les llamaban ‘bandidos’ (‘bandids’). Por eso deseo que aquel futuro gobierno coloque en lo alto de la ‘Loma de la Vaca’, en honor a ellos, el Pendón Nacional, notándose bellamente flameando.    

“Los Cibaeños tienen su Monumento a ‘La Barranquita’, esto debido a una diminuta acción que un grupito realizó contra el yanqui invasor. Sin embargo, aquí en el Este, donde realmente se les combatió en guerrilla por un buen tiempo, no poseemos absolutamente nada. Y es una pena y vergüenza a las memorias de los tantos campesinos que lucharon heroicamente por esta Patria, la de Duarte y Luperón. Pero así es la realidad: los capitaleños y la gente del Cibao son los que han escrito nuestra historia.           

“En la cima de aquel cerro, arrodillado y con los brazos abiertos, les pediré a los Maestros del Cosmos que le pidan al Gran Espíritu a que nos envíe otra virtuosa Evangelina Rodríguez para que alcance la Presidencia Republicana. Pienso que ya antes así fue dispuesto. Empero, aquellos representantes de la maldad instalaron al perverso de Trujillo, evitando que la Nación tuviera una honesta mujer gobernando, una persona que nos conduciría por senderos de progreso y paz.       

“Esa  solicitud se las  haré para  cuando lo  consideren de lugar, apropiado. Pero, y esto te lo advierto con claridad: las oportunidades deben aprovecharse a plenitud. Y eso fue cuanto sucedió, que no supimos cultivarla. Nos la mandaron en bandeja de oro, complaciendo al humilde pueblo a llevarnos hacia el enorme sueño de los Ídolos Republicanos. ¿Y qué pasó? Bueno, que por nuestra increíble ignorancia y soberbia, no entendimos que ella era la prometida, su enviada. Y en vez de dejarnos llevar por sus grandes ideales, purísima flor de los campos orientales, educadora, escritora, excelente médica con varias especialidades, amante del pueblo, una verdadera socialista, luchadora para que nosotros, incultos y analfabetos, aprendiéramos a desarrollarnos, a levantarnos del sucio fango.     

“Cuanto te he informado aconteció de esa forma. No debemos jamás adornarla, mucho menos envolverla por cruda y molestosa que nos sea. Y por tanto, siempre debemos tener en cuenta, respetándola, esa gloriosa frase de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”, algo que el dictador nunca lo ha hecho ni lo hará. 

“Lo que hicimos con Evangelina --claro la ignorante mayoría--, fue burlarnos de cuanto con tanto amor trató de enseñarnos y que no aceptamos. Y fuimos llevándola lentamente a una terrible y oscura soledad, abandonándola de manera cobarde entre un grandísimo laberinto del cual difícilmente se retorna. Mas, te lo juro otra vez, y por nuestra Hermandad, que tendré el coraje de pedirles a los Maestros la piedad de hablar con el Gran Espíritu para que nos la devuelvan, sin importar a los traidores de estas poblaciones, esencialmente de Macorís, pueblo lleno de pesimistas, aunque la gente evoluciona porque ‘los tropezones hacen levantar los pies’.   

“Reconozco que no podrán hacerlo pronto, es algo difícil a consecuencia de no encontrarnos bien preparados. Ya les fallamos. Tenemos que pagarlo con horribles condenas y sacrificios. Trujillo es uno de esos castigos. Es que sacerdotes como el padre Francisco J. Billini ya no nacen. Él fue un cura de las alturas. Con algunos como él quizá se compondría este país.

“Te repito que tal vez esta mística pretensión no se  haga realidad por ahora. Muchos años podrían pasar. Esta pobre Nación tiene demasiados tarados y oportunistas. El oscurantismo mágico-religioso rodeante, dominativo, es realmente excepcional. Empero, es justiciero que nos ofrezcan otra oportunidad, la merecemos. El dominicano está en continuo sufrimiento con el terrible Trujillo y sus horrorosos compinches. Claro, esto podría ser posible si a la Dra. Rodríguez no la hayan enviado hacia un planeta superior, no de prueba y castigo como es la Tierra. No obstante, Ellos poseen la potestad de determinar la petición que mejor consideren.

“¡Caramba, joven amigo, qué grande pondría la nueva Evangelina Rodríguez a este sufrido país! Desde luego, si Ellos deciden enviárnosla poseería un nombre distinto y físicamente sería diferente. Podría ser mulata, negra o blanca, nada de eso es significativo. La Raza Humana es una solamente. Lo importante de veras, extraordinario, es que posea sus principios, igualmente su formación política e intelectual, incluso más elevados que cuando estuvo entre nosotros. 

“Mientras tanto, de nuevo te suplico que estos escritos los preserves bien. Ten en cuenta que vienen tiempos oscuros, de pocas luces, en que la temible sombra estará hasta en el más apartado rincón del país, inclusive más lejos aún. Y vuelvo a repetirte que el Humanismo no desaparecerá por culpa de ladrones politiqueros. Es más: existe un mundo de esperanza que aguarda a las futuras generaciones, ya que serán bienaventuradas. Nuestros supremos Hermanos nos  socorrerán. Todo  es  cuestión  de ajustar el Universo, de que llegue el tiempo para su cumplimiento. 

“Te advierto que si en dos meses exactamente, más o menos a las ocho de la  noche, próximo a donde vives, no logramos vernos, encontrarnos, estrechar nuestras diestras, abrazarnos, es porque algo salió mal y posiblemente ya no estaré vivo. Vaya, si eso acontece es porque habré cumplido con mi misión histórica. Recuerda que cuanto antecede se encuentra narrado en el Libro Galáctico. Y en esa otra dimensión estaré feliz, repleto de complacencia. Te puedo asegurar que mi  existencia  terrenal estuvo muy por encima de las satisfacciones que de frustraciones.  

“Me despido con los siguientes consejos. Ten precaución  con quienes te rodean. Distintos tipos se te acercarán buscando tu amistad. Desconfía de todos, principalmente de ésos que viven sonriendo, son peligrosos fingidores. Te advierto que trates de andar solo, sin hipócritas a tu vera. Vigilarán tu senda de manera cauta. No dejes asuntos comprometedores en tu cuarto, principalmente a simple vista. Los calieses entran y lo registran todo de modo muy cuidadoso, cual si no hubiesen ingresado. Son expertos realizando esas actividades. Por eso debes ser sumamente cauteloso antes de salir. Cualquier cosa, esencialmente algún papel escrito, tratarán de examinarlo bien, buscando posibles claves. Con regularidad lo copian para llevárselo a sus cabecillas. Tienes que ser en extremo prevenido. Eso los enfurece, y hasta podrían dejarte tranquilo. No trates de dialogar con bebedores de ron: la mayoría son informadores de los infames calieses. Sé siempre sobrio. Ten siempre presente que los principales dirigentes de la Seguridad del régimen trujillista viene procedente de la alta intelectualidad del país. Es un duplicado con mayor depravación que la GESTAPO. Es una institución óptima, la mejor de la tiranía. Por ella podría durar “Chapita” un buen tiempo abusando de nuestros paisanos, hasta que lo maten de forma despiadada.  

“Bueno, joven amigo, anhelo proseguir escribiéndote, pero todo posee un final. Te dejo con esta nota, para que lo conserves y estudies, un avanzado libro. Por eso, me despido cual  lo hiciste conmigo: ‘la Luz del Gran Espíritu sea con vos’. Gracias por todo”.                            

Hasta ahí  llegó el largo documento del místico anciano. Al volverlo a leer con superior interés, manifiesto que me impactó grandemente. Y quizá por tal motivo fue que me llegaron variados cuestionamientos, viéndome en la necesidad de coger uno, representativo fundamental de cuanto anhelaba conocer. De este modo podía salir con urgencia de tales incógnitas, las que llegaban de disímiles partes. Y por tal motivo tomé una pregunta solamente para que el amigo esotérico, ahora cargado de años y repleto de sabiduría, tratara de respondérmela, siempre que le encontrara extasiado por el Muro de Contención, sus ojos rojizos mirando al Río Macorix durante algún espléndido atardecer que la Naturaleza nos brindaba. Igualmente debería distinguir que si la supiese no me viniese con rodeos como a veces ejecuta, despistando a individuos que no les agradaba. Eso lo sabría de inmediato. Claro, él es distinto conmigo. Me tiene buena confianza, me lo demostró al entregarme aquellos amarillentos manuscritos del místico señor. También le poseo un gran respeto. Es una persona sumamente bondadosa. 

Aunque no lo había contado, lo cierto fue que nunca antes de esos escritos, había conversado con él. En varias ocasiones pude verlo en las tardes crepusculares, por la muralla, contemplándolos.  Hasta llegué a pensar que era un ensimismado, algún buscador de la paz interior que nos ofrecen las sosegadas aguas del  río. Fue él que vino a mí, durante un moribundo atardecer, explicándome el complejo asunto de los mensajes. Confieso que su actitud me sorprendió de forma considerable. Incluso me aseguró que por yo hallarme haciendo (¿?) un trabajo acerca de la Dra. Rodríguez, le habían aconsejado --nunca me dijo por quiénes-- aproximarse a mí a conocer sobre cuestiones jamás escuchadas. Es más, me afirmó que yo había sido ‘escogido’ con fines de realizar tan delicada y triste labor. Realmente no le creí nada, llegando a pensar que el señor podía no estar bien de la cabeza. Empero, ¿cómo sabía que estaba escribiendo algo relacionado a Evangelina Rodríguez? Tal interrogante me trajo una inmensa curiosidad. Quizá por tal circunstancia acepté su invitación de ir donde vivía a contemplar esas notas que conservaba entre el frasco Y yo, hombre que le gusta entretenerse con la investigación, encantándole el lema “de donde quiera sale tremendo alacrán”, me le fui detrás. El resto es ya conocido. No tengo que abundar más, tampoco continuar indagando cómo supo acerca de la narración que estaba efectuando. Todo era una gran incógnita. Y por eso traté de no darle mente. Es que posiblemente a nada concreto llegaría, pues ella pertenecía quizás a la denominada ‘Dimensión Desconocida’.  

Si bien admiro al señor grandemente, a veces sonreía sin que me viera, debido a unos ademanes y cuchicheos que efectuaba en ciertos instantes, como dirigiéndose a unos seres inmateriales que le merodeaban. Sí, daba la impresión de que conversaba con ellos. Ahora bien, de algo puedo testificar: ese señor era sumamente instruido, muy culto, quizá un conocedor de subrepticios secretos en extremo inconcebibles para nosotros, gente corriente. Consideraba que él era más normal que ciertos especialistas en enfermedades  mentales. 

A consecuencia  de  que  deseaba  me  respondiera  ese atormentador enigma, fui a procurarle por donde con regularidad se halla durante hermoso crepúsculo. Y ahí lo encontré, absorto en su contemplación meditativa (le llamaba MT, Meditación Trascendental), observando el centro de la ría. Lo encontré tan concentrado que no me atreví a molestarlo. Por un momento, a pocos metros de donde estaba, mis codos encima del viejo muro, me quedé abstraído atisbando las aguas. Trataba de respetar su inspiración meditabunda. Entonces, quizás oteándome de soslayo, me comentó: “Ahh, ¿vienes a saber si mi amigo místico cumplió con su misión, eh?” 

Con sinceridad confieso que sus palabras me dejaron atónito. Por un momentico no logré pronunciar ni un vocablo, viéndole gesticulando, susurrando en su medio abstracto. Esto fue ciertísimo, ya que efectivamente esa era la pregunta que anhelaba indagar. ¿La conocería? ¿Tendría conocimientos si llegaron a verse a la hora indicada, ocho de la noche, luego de pasar un par meses?

En eso aulló por el espacio macorisano la sirena de los Bomberos, anunciando al pueblo las 18:00 horas, seis de la tarde. Nos encontrábamos delante de la hermosa casa de dos niveles donde el Lic. Porfirio Herrera tuvo su oficina por años, la que con el tiempo sería el bufete de los Drs. Carbuccia. Realmente no encontraba el modo de inquirirle tan interesante interrogación. Él me observaba de manera transversal, lo pude advertir. Asimismo mantenía en sus labios una tenue sonrisa, a consecuencia de que podía estar recordando algunos asuntos relacionados años atrás, en aquel lejano 1947.   

Notando que nada le preguntaba, hallándome cual perfecto idiota mirando el río, comprendiendo que esa era  la interrogante, comenzó a informarme que aquella noche del encuentro, cumpliéndose los dos meses y llegando la hora acordada, él estaba muy inquieto atisbando hacia los lados, procurando contemplarle. Repentinamente el anciano le surgió exactamente a las ocho, a su vera, como si fuera una aparición, admirándose bastante. Me señaló que no pudo reconocerlo de inmediato porque se hallaba distinto, disfrazado, lleno de barbas. Llevaba hasta un bastón rayado, semejante a los usados por los ciegos. Se abrazaron con efusividad. Enseguida se dirigieron al ‘Parque Salvador’, sentándose en uno de los asientos, comenzando el anciano a contarle tantísimas cosas que al joven le parecieron sorprendentes. 


02/04/2015 11:43 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CAP. XVI DE "UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ"

 

                  Capítulo final 

 

                    Novela-Histórica

 

                   XVI

                             

   Me narró el señor que aquel bravo don, con sus ojos llenos de ternura, le fue percatando de cuanto había efectuado. Conoció que ascendió la ‘Loma de la Vaca’ después del mediodía, en ambiente tranquilo, notándola muy pelada, no como en años anteriores. Sin embargo, algo bastante bueno sintió: es que nadie le vigilaba, ya que no le habían perseguido a causa talvez de su atuendo de espantapájaros, similar a los que usan ciertos dementes. Le contó que escaló el cerro con poca dificultad. Es que llevaba un largo palo en el cual pensaba colocar la Bandera, apoyándose en el mismo. Le dijo que mientras iba ascendiendo recordó asuntos del pasado, 1917, de cuando por ese perímetro se combatió por la Dignidad Nacional, avizorando estampidos, rabiosas frases ordenadas por el general Evangelista a sus bravos combatientes, pidiéndoles detener a los agresores. Le afirmó que vio y percibió gritos de dolor, contemplando brillosos ojos apagándose lentamente; distinguiendo lucha cuerpo a cuerpo, a hombres heridos de machetazos rodando colina abajo, chillando, yéndoseles su último hálito de vida. Le contó que miró a cadáveres de mercenarios, soldados foráneos,  también de guerrilleros. Le narró que los nacionalistas de Evangelista conocían su terreno, eran del contorno, lo cual les ofrecía una considerable ventaja. 

Refirió que en aquel tiempo todo ese cerro llegó a poseer numerosos árboles de robles y caobos de gruesos troncos, centenarios, y detrás de éstos se escondían los guerrilleros, causándoles grandes bajas a los ofensores de nuestra Emancipación con sus machetes y armas cortas, esencialmente los poderosos y famosos ‘44’. Señaló que sonrió con esos recuerdos, sintiendo que una murmurante brisa le acariciaba su canosa cabeza. Expresó que si bien aún era un hombre maduro, de unos 40 años, se sintió orgulloso de  participar defendiendo  la ‘Loma de la Vaca’ de ataques sorpresivos, incluso de uno que organizaron después de la medianoche, cuando la  tropa de ‘Vicentico’ dormía. Pero los vigías, entre quienes se hallaba él, pudieron verlos arrastrándose con cuchillos en la boca, cubriéndose con ramas, dando la alarma correspondiente, logrando enfrentarlos hasta que huyeron en desbandada, dejando varios muertos. Le indicó que los hombres de ‘Vicentico’eran valientes, enérgicos, unos ‘cojonudos’ como lo comentaba con relativa frecuencia el comandante Evangelista.    

Le dio a conocer que en esa cima había poseído una casita hecha con maderas de palma, un buen conuquito, varias gallinas, un gallo manilo, además una vieja res que no producía leche pero que mugía al avizorar algún extraño, dando aviso (posiblemente a causa de ese animal llamaran a ese lugar la ‘Loma de la Vaca’, le indicó) Sí, allí vivía con un elevado sosiego. Comía los productos de su huerto y diversos frutos de árboles frutales. Hacía sus ejercicios mentales, tanto los de meditación contemplativa y trascendental, como otros de ejecución más difícil. Contemplaba en noches estrelladas a las hermosas Pléyades o ‘Siete Hermanas’, obteniendo en ese sitio sus primeras experiencias con cuanto oculta el firmamento. Le confirmó que en esa cumbre realizó sus primeros contactos con los viajeros siderales, conociendo que el Cosmos estaba lleno de vida, existiendo numerosos planetas con seres bastantes evolucionados, diferentes y similares a los de aquí, compartiendo con nosotros desde la antigüedad. Y le habló de ‘La Biblia’, el Libro Sagrado de los judeocristianos, manifestando diversos sucesos de  OVNIs, como el “Carro de Fuego” que se llevó a Elías delante de Eliseo; o aquel aparato entre el agua en donde estuvo Jonás por varios días; o la del visionario Ezequiel haciendo un contacto de primer tipo, personal, con los extraterrestres, narrado por el propio profeta, todo de acuerdo a sus conocimientos; o la famosa ‘Estrella de Belén’, la que era un objeto volador que se detuvo para mostrar con brillante luz a los maestros místicos, el lugar exacto en donde nació el Niñito Jesús, el Nazareno, etc. Le contó acerca de otros textos, mucho más antiguos que ‘La Biblia’, los cuales narran sobre esos seres que vinieron de lejanas estrellas en el Cosmos a socorrer a ignorantes pueblos, convirtiéndolos después en poderosos imperios para cambiar el curso de la historia...      

Pues bien, le reveló que en esa cumbre habitaba completamente en soledad. No poseía familiares cercanos, tampoco concubina. Ni siquiera tenía un latoso y pulgoso perro. Sin embargo, se sentía feliz. Le encantaba esa solitaria colina. Nadie le molestaba, aunque a veces llegaban unos subrepticios cazadores buscando cerdos cimarrones. Él no les ayudaba, quedándose en su morada hasta que se fueran --se recuerda que era vegetariano, tampoco le agradaba  que  mataran a los animales--.  

Refirió que su existencia en esa loma fue hermosa, que las personas poseen el Derecho de escoger la forma de vivir que les plazca. “Lo esencial es no hacerle daño a sus semejantes”, aseveraba. Mas, ese manera de vida, sencilla y bella, de inmensa placidez, se le derrumbó cuando llegaron los norteamericanos en 1916. Le ratificó que los gringos vinieron al Este por Macorís, un año después, el 10 de Enero de 1917, fecha en que el joven Gilbert salvó la honra de este pueblo con su conocida hazaña en el muelle. Empero, le aseveró que nunca estuvo con las Guerrillas comandadas por Vicente Evangelista. Es que era una persona de paz, jamás amante de la guerra. Le señaló que su mayor anhelo en la vida consistía en que los hombres convivieran sin matarse, ya que era un firme partidario de lo manifestado por el místico francés, el escritor Julio Verne, referente a las guerras capitalistas: “¡Pobres soldados, creen que combaten por la patria, y no saben que lo hacen por los poderosos empresarios!”

Ahora bien, sabía que dejar los hombres de guerrear era sumamente difícil, esto a consecuencia de que llevamos entre nosotros, en el ADN, ese virus de la violencia, ‘del poderoso dominar al más débil’. Y presentía, por tanto, que pasarían considerables años antes de que evolucionáramos hacia su completa extinción.  

Fue por aquella intervención foránea que Vicente Evangelista, quien se encontraba laborando en su finquita (esa propiedad se la destrozarían más luego los mercenarios de los yanquis, asesinados sus viejos trabajadores y animales, quemada la vivienda), tomó aquella ‘Loma de la Vaca’ para su Cuartel General, expresó. Enseguida lo escudriñó con fines de conocer su personalidad, tomándole gran admiración y respeto Era alto y fuerte, mestizo claro, de rostro adusto. Era astuto y honesto. Ostentaba mirada de brillo penetrante. Intuyó en él a un real guerrero, poseedor de gran notabilidad, con enorme carisma y don de mando. Le confirmó que ‘Vicentico’ escribía en un cuaderno, una especie de diario, lo más importante de cuanto acontecía, llevándolo siempre consigo. Le manifestó que el comandante era pausado dialogando, un líder al servicio de la Nacionalidad Dominicana, odiado por los yanquis y sus esbirros a sueldos, aseverándole que con seguridad sería bien recordado por las generaciones venideras, algo aún no acontecido.  

Relató que estuvo un buen rato encima de la hierba, rememorando variadas cosas acontecidas en esa comarca. Y cuando se acordó de su plan, se levantó y fue hacia su bulto, sacando la Bandera, desdoblándola con esmero y respeto, poniéndosela al largo palo con fuertes cordeles, cavilando que subiría con precaución en el único árbol grande que aún quedaba allí --un viejo tamarindo--, de los muchos y variados géneros que anteriormente existían. Y pensó que el egoísmo y la cruel deforestación que el ‘humano’ proseguía haciendo, lenta, devastadora, estaba originando enormes estragos en el ecosistema. Le confirmó: “somos tan toscos derrumbándolos, que no volvemos a sembrar otros para sustituirlos; de esta forma rompemos el equilibrio biológico natural, cultivando ese popular refrán que con frecuencia lo emplean los descarados mediocres individuos: “El  que venga  atrás que arríe.

Narró el señor que aquel anciano le refirió que el tamarindo poseía más años que él, conociéndose desde tiempo atrás, señalándole que aunque eran seres vivos de reinos diferentes, animal uno, vegetal el otro, los árboles sienten y sufren, lo aseguran los meditabundos consejeros de vastísima experiencia. A consecuencia de lo anterior, le contó que con sumo gozo lo abrazó unos minutos, en silencio, tal vez comunicándose interioridades. 

Contó que le pidió al árbol su permiso para subirlo a colocar en su mayor altura un palo con la Bandera Nacional. Y creyendo que se lo concedió, con sumo cuidado lo fue trepando, recordando que en el mismo se había encaramado otras veces, sirviendo de vigía a ‘Vicentico’ y sus combatientes. Bueno, dijo que podría caerse, que no era el de antes, y se estrellaría contra el suelo, convirtiendo su deseo en gran desastre. Pero se dio confianza. Se afirmó que nada le acontecería. Era delgado, fibroso, caminando con regularidad, manteniéndose con cierta agilidad. Llevaba el Pabellón con el palo sujetado a su espalda. Le expresó que subiendo bastante alto, quedando lentamente oscilando, lo amarró con una fuerte gangorra en erguida rama, sobresaliendo el tricolor Estandarte Dominicano en las alturas del árbol frutal. Y que allá arriba, contentísimo, bajando un poco, aferrándose a una potente rama, chilló con toda su energía la frase gritada por Gregorio Urbano Gilbert al disparar su revólver contra unos yanquis en el embarcadero de Macorís, hiriendo de gravedad a un joven teniente: “¡Viva la República Dominicana, viva la República Dominicana!” --afirmó que voceó varias veces.  

Le recordó que jamás llegó a ir con los guerrilleros en sus correrías contra los interventores y sus esbirros. Sin embargo, cooperaba con ellos porque ‘Vicentico’ le dio una delicada misión. Sí, le ordenó mantenerse sumamente alerta, para en caso de advertir algún grave peligro, como una emboscada, avisarles quemando leña, ya que el humo les advertiría de que estuvieran prevenidos porque había una celada contra ellos, sucediendo lo contrario si no les avisaba. Por tanto, era muy importante su tarea. De ella dependía, de su buena contemplación, salvar vidas de honrosos hombres, cuidándose que no le atraparan: sería degollado de inmediato como hicieron con la vaca mugidora, clavando su cabeza en una matica en la falda de la loma. Claro, si lo atrapaban y eliminaban ya no tendrían prevención y sería culpable de una posible dolorosa matanza. Pero los combatientes eran muy precavidos, curtidos en los montes.Y por tal motivo ostentaban unos chillidos que cambiaban regularmente, evitando caer en una trampa de los mercenarios criollos, quienes eran los que más se esforzaban por atraparlos. Es que cobraban buenas remuneraciones por cualquiera de ellos, recompensa que aumentaba de acuerdo al guerrillero que les llevaran a los oficiales norteamericanos, vivos o muertos. Por Vicente Evangelista ofrecían miles de dólares. A varios de estos individuos, buscadores de recompensa por matar a ‘Vicentico’ o algunos de sus lugartenientes, (Ramón Natera, Telesforo Santana Polanco, Martín Peguero, Basilio Santana, Ramón Batía, etc.), se presentaron a la ‘Loma de la Vaca’ con bandera blanca, dizque para incorporarse a las Fuerzas Nacionalistas. La mayoría de esos tipos fueron ejecutados porque los Patriotas se dieron cuenta de que estaban al servicio de la potencia interventora. 

Dijo que cuando los Nacionalistas avistaban el humo encima de la cumbre, señal evidente de algún peligro, se aproximaban a pie, pasando cuidadosamente el arroyo cercano a la loma, matando con rapidez a los traidores por dinero, quienes con regularidad estaban bebiendo ron, aguardándoles con armas cortas. Enseguida, quedándose con los revólveres y municiones, los cruzaban por los lomos de a tres en aquellos grandes mulos traídos por los americanos, y que bien amarrados los espantaban con tiros cerca de sus orejas, bajando los animales a todo trotar con la funesta carga sobre sus lomos.     

Manifestó que aunque contempló que ya estaba anocheciendo, estuvo otros minutos sobre el tamarindo, saboreando sus frutos, lanzando al suelo cierta cantidad para llevárselos. Luego fue bajando muy despacio, llegando poco después, sano y alegre al suelo. Recogió una buena parte de los lanzados, guardándolos entre el bulto. Sonriendo volvió a estrechar con intensidad al tronco. Señaló que se encontraba emocionado porque en aquel momento se despedía del árbol-amigo, ya que jamás volverían a verse. Enseguida fue hacia ese lugar, antes bastante frecuentado por él, el cual utilizaba para hacer sus meditaciones. Y en ese sitio, arrodillado, los brazos en cruz, sus ojos atentos hacia el Cosmos, buscó establecer contacto con los auxiliares del Gran Espíritu del Universo, quienes eran seres muy superiores que constantemente están escudriñando cuanto acontece en nuestro planeta. Indicó que con su mente en total conciencia les pidió que tuvieran la bondad de pedirle a quien todo lo puede, enviarnos a una nueva Evangelina Rodríguez, paradigma educadora y médica, amantísima de su pueblo, de los desposeídos. Aseveró que con firmeza les suplicó que intervinieran en mandárnosla otra vez, pues ella impediría que nuestra Nación se hundiera en el abismo de la inmundicia. Les instó a pedir al Gran Espíritu por una nueva oportunidad, incluso hacia los demás países, implorándoles que lo cumplieran por amor al Humanismo, expresando encontrarse en un buen momento de su máxima concentración mental, en alerta hacia la tenue oscuridad envolvente.

Me indicó que de veras admiró su formidable memoria al recordar cosas que el don le contó en aquel 1947. Fue cuando me dijo que le formuló que no tenía ni un poquitico de ansiedad, de miedo. Realmente se encontraba dominado por una impresionante serenidad, indicación irrebatible de que su  petición la pudieron escuchar. Pero, ¿se  la  llevarían al  Realizador de las  buenas súplicas?

Lo consideró muy posible, contándole que en eso apreció hacia Occidente, en lontananza, que aún se veía un delicado y agonizante crepúsculo. Caviló que ya todo lo había perpetrado. Y eso era cierto: había colocado la Bandera en el lugar merecido, cumpliendo con lo grandiosa solicitud que de forma constante su interioridad le sugería. Y se sintió radiante de alegría al cumplir con ese deber, percibiéndolo en lo más profundo de su alma,  conciencia, raciocinio. Claro, caviló  que con  mucha seguridad los espíritus de aquellos valerosos guerreros nacionalistas, principalmente los caídos en variados combates, estarían elevadamente gozosos distinguiendo la tricolor Enseña flotando a los vientos de la Patria. Sí, era el Estandarte por el cual tanto batallaron los Trinitarios y Restauradores. Es que en esa franja del Este, durante buen tiempo, los luchadores por la Dignidad Nacional pudieron conservar libre nuestra Soberanía Territorial, mientras que en otras regiones los forasteros las mantuvieron aplastadas entre sus potentes y hediondas botas, solamente con el desprecio de su población.  

Le manifestó que en tanto iba bajando la ‘Loma de la Vaca’, alcanzó a vislumbrar entre la sutil oscuridad rodeante, a nuestra  preciosa Bandera, que en ese ambiente la notó enlutada, flotando donde le respondía ondear por siempre. Dijo que el don, hombre de altísima sensibilidad, emocionado, se puso a llorar alegremente, contándole asimismo que de pronto súbitamente el ambiente oscureció, contemplando a las espléndidas y bellas estrellas con enorme admiración, carcajeando de felicidad. Estaba repleto de regocijo. Y con su bulto al hombro, siguió descendiendo la colina, deteniéndose un momentito a beber del límpido arroyuelo , el cual como ya se indicó cruzaba cerca de una cadena de cerros, no lejos de Mandarín, El Seibo. Igualmente se refrescó la cabeza y su rostro Sonrió muy gozoso. A nadie había visto por los alrededores. Le  contó que avizoró una inmensa calma por el contorno. Era un medio que conocía perfectamente. Claro, no pensaba llegar a Macorís esa noche, sino posiblemente mañana, al cumplirse las ocho de la noche, el plazo que le había dicho al joven. Y que logró alcanzar nuestro pueblo más pronto de lo esperado a consecuencia de que un militar, conduciendo un camioncito repleto de plátanos verdes, lo trajo en la parte delantera por veinte cheles. Iba deleitándose con los sabrosos frutos del tamarindo, regalándole unos cuantos al conductor.   

Le pregunté qué había sido de tan valeroso y buen señor, si continuaron sus buenas relaciones. Me respondió que el don se despidió con un emotivo abrazo, siendo tan sincero que logró percibir su aura introducirse brevemente en su interior, que el anciano les puso las manos sobre sus hombros y contemplándole bondadosamente le aconsejó cuidarse con dedicación, sin descuidarse ni un poquito, haciéndolo igual con aquellas notas que le escribió con el corazón, guardándolas para el porvenir. Y que ambos se encaminaron hacia el río, por ‘La Barca’. Y fue ahí, sin nadie a la vista, que de nuevo se despidieron, diciéndole que se iría lejos, primero a la capital, luego hacia el Cibao, Santiago, a saludar a unos amigos esotéricos, porque la ‘cosa’ por aquí se pondría mucho peor de cuanto estaba ahora. Y que después haría algo tremendo: trataría de alcanzar la cima del mayor pico de las Antillas (3.175 metros, el Duarte), para tratar de hacer contacto con los viajeros siderales, un lugar bastante preferido por ellos.  

Me contó entonces que entrando su diestra en un bolsillo de su ancho pantalón, extrajo una pequeña brújula y sosteniéndola por su cadenita le dijo: “Ten, guárdala bien, sin enseñársela a nadie pues es peligroso. Me la regaló el general Vicente Evangelista dizque para no perderme. Y recuerda cuanto te he dicho: este es un pueblo temible, tiene sobrados tiburones, chivatos hasta de balde”, y puso el aparato entre mis manos. Observé que se encontraba bien conservada (a la mañana siguiente comprobaría que era del 1917, casi nueva, tal vez le había pertenecido a un oficial gringo muerto en combate o perdida en la llanura). En ese instante él intuyó que lo de ellos llegaba a su final, que quizá más nunca volverían a verse en sus cuerpos terrenales, sintiendo una inmensa tristeza. Y fue cuando le contempló irse caminando encima de las aguas del Río Macorix. Me dijo que sonrió ampliamente al darse cuenta que el don dominaba tan antigua técnica. Narró que a unos doce metros se detuvo, miró hacia atrás  y le voceó: “Algún día tú también harás esto, sigue practicando”. Y que le miró levantando la diestra, diciéndole adiós, continuando andando sobre la superficie del río, perdiéndosele en la oscuridad. Supuso que lo cruzó, siguiendo hacia donde le informó que marcharía. En eso escuché su abatida voz atestiguándome: 

--¡Jamás volví a verlo!        

Advertí de soslayo que gruesas lágrimas serpenteaban el áspero semblante del ahora anciano señor, canoso, con descuidada barba, bajetón, fornido, regularmente vistiendo una larga chaqueta de color oscuro, siempre deleitándose con los crepúsculos de nuestro otrora hermoso río. 

A consecuencia de que me hallaba un poco alterado por lo último que me participó, no sabía si se trataba de una burla o era verdad, y obligado por la curiosidad le pregunté: “Oiga, ¿me dijo que se fue caminando sobre el río, eh? Hum, ¿eso puede ser posible, estimado amigo?” 

--Claro que lo fue --expresó, mirándome con seriedad--, es la técnica de la Levitación. Todo maestro místico llega a dominarla, igual que muchas otras cosas que el sujeto común ni siquiera puede imaginarse, como es el de pasar a la Cuarta Dimensión, ese espacio-tiempo descubierto por el ruso Minkoswki partiendo de lo desarrollado por Einstein y su Teoría de la Relatividad. Se afirma que en esa dimensión la velocidad de la luz podría ser instantánea. Te vuelvo a mencionar que la mente es sumamente potentísima. Se domina con los años. Tú también las aprenderías si te dedicaras de lleno.   

Me sentí altamente aturdido, no comprendiendo esos asuntos tan complicados. Y quizá por eso me llegó una interrogante sobre ‘Vicentico’, y se la hice sin reparo, alejándolo de cuanto me informaba. Le pregunté la razón de venir Evangelista hacia Macorís a tomar posesión de la Gobernación, cuando incluso él mismo sospechaba que podía ser una tremenda trampa. Lo pensó un rato antes de responderme que eso mismo le había indagado al don, contestándole éste que sólo en el Este se peleaba, que los cibaeños estaban quietos aunque rabiosos con los gringos, igual en la zona Sur, que Vicente había rechazado diez mil dólares y un salvoconducto para marcharse a Venezuela si dejaba de combatir, también no quiso la gobernación seibana, pero que exigió la macorisana porque se asegura que tenía en mente atacar después a la capital con armas proporcionadas por los alemanes, quienes las entrarían por el puerto local en buque neutral, ya que la Primera Guerra estaba en plenitud. Sí, de este modo Evangelista ampliaría la contienda mundial, ya que en el fondo era pro germánico. Me expresó que ‘Vicentico’ era un táctico tremendo, dividió su tropa, permaneciendo con buena parte de ella pues los gobernadores de antes no eran como los de ahora, poseían sus fuerzas. Lo hizo con el propósito de que continuaran batallando en caso de que fracasara su plan, una valiente aventura con un 50% de éxito. Me afirmó que ese intento le fracasó a consecuencia de que fue traicionado por un ‘intelectual’ de pacotilla, arribista y oportunista --“de ésos que les gusta mandar desde la sombra pero nunca combatir”--, dijo, aseverándome que ese mediocre individuo lo envidiaba por su gran capacidad de mando y su independencia, no tomando en cuenta a esos tipos que quieren dirigir pero sin arriesgarse. Me indicó que los yanquis violaron el ‘Pacto de Alto al Fuego’ firmado en la ‘Loma de la Vaca’ con ‘Vicentico’, haciéndolo preso cuando llegó a Macorís, y que encadenado llevaron al héroe sobre una carreta de basura, encadenado de pies y manos, hacia su cuartel en Miramar. Me contó también que luego se conocería que durante esa misma medianoche de su detención, sin ser juzgado, lo ejecutaron, ignorándose qué hicieron con su cuerpo, si lo tiraron entre el mar con pesas o enterrado por el ‘Pley Colorao.’ Empero, las luchas continuaron con mayor ahínco, divididos en grupos de guerrilleros, dirigidos por el valiente y decidido Ramón Natera. Le interrogué sobre el traidor de ‘Vicentico’, respondiéndome: “Bueno, ese tipo recibió unos cuartos largos por su información. Se quedaron con el  diario del comandante, estudiándolo. Y como siempre sucede con esos individuos, al salir los yanquis del país fue nombrado en el Cuerpo Diplomático durante unos años, hasta que se enfermó, secándose lentamente, convirtiéndose en un hilo en el lecho, algo que regularmente les pasa a los traidores. Es la Ley de la compensación”. Y lo vi sonreír con cierta satisfacción.       

Pero me sentía desconsolado. Ya no me encontraba en condiciones de seguir escuchándole. Por eso, poniéndole una mano sobre su hombro, en señal de un hasta pronto, me fui pegado al murallón, percibiendo su mirada en mi nuca. Pasé junto a FERMOSELLE, asimismo por el Puerto, no deteniéndome hasta llegar al Malecón. Allí me puse a contemplar a mi queridísimo Mar Caribe, Padre de los Mares.                       

Algunos  días  después  de nuestro último encuentro, en una brillante noche, hallándome avistando el río desde el muro, presencié que una persona iba caminando encima de las aguas. Me pareció que era el viejo amigo, el esotérico, dirigiéndose hacia la otra ribera. Realmente eso no me sorprendió porque ya me voy acostumbrando a tantas extrañezas. Bueno, eso sí, me alegré memorizando cuanto aquel don le certificó al joven de aquel tiempo. Entonces, observando las hermosas estrellas, me puse a meditar en el señor de los mensajes, especialmente de cuánto me hubiese gustado conocerlo, conversar con él, escucharle relatar acerca de los tantos asuntos por los cuales debió de pasar. Por eso me interrogué: ¿Qué le habrá sucedido? ¿En dónde expiró su último aliento? ¿Falleció en altísima montaña, como en el Pico Duarte, su mayor empeño, admirando a sus adoradas Pléyades? En fin, me manifesté, aquel don, un ser a quien no tuve el honor  de conocer, desde este  tranquilo  lugar le  envío  un profundo y sincero saludo telepático. Ojalá logre captarlo y me ayude con los misterios que nos rodean.  

 

NOTA: Con este capítulo finaliza esta novela-histórica, con  la cual tratamos de llevar luz a los lectores sobre quién fue la Dra. Andrea Evangelina Rodríguez Perozo, ejemplar mujer, gran educadora, patriota, primera médica dominicana. Y aunque me ha dado mucho trabajo hacerla, ella muy bien se lo merece porque es hija de los dioses.    

 

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Dra. Evangelina Rodríguez

Correo: bernot448@gmail.com

Twitter: @Bernot03

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                                                                                                                            Turenne Berry Martínez (Bernot), 1940, nació en San Pedro de Macorís, Miramar, Rep. Dominicana. 

    Es domínico-francés. 

  Pertenece al Colegio Dominicano de Periodistas, CDP; al Sindicato Nacional de Prensa, SNTP, y a la Asociación Dominicana de Periodismo y Escritores, ADPE.

  Ya antes había editado con recursos propios varias obras: ”Nuestro inolvidable Miramar”,1997, remembranza de su barriada. La novela de los ilegales “Sueño más allá del olvido”, 1998, con una segunda edición ampliada y corregida en el 2009 para atender diversas peticiones. La de narraciones “En ese doblar de campanas”, (Extraños Relatos), 1999. La novela social ecológica “La misión de Jaimito”, 2002; y la titulada “Más allá de la esperanza” (Prosas Poéticas), escrita en el 2003. Luego editó, con ayuda de la Sindicatura, la novela- histórica “Una flor para Evangelina Rodríguez”, 2007, donándola al Museo de Historia de Macorís. No obstante se llevó buena parte de los textos para repartirlos entre la gente porque sus directivos no hicieron nada para distribuirlos. El libro trata sobre la Educadora y Primera Médica Dominicana, con tres especialidades hechas en Francia, gran mujer, ejemplar luchadora, quien fue totalmente incomprendida por la machista e hipócrita sociedad; además por el obtuso y reaccionario clero católico. El autor publicó también, 2008, su texto “Anécdotas Macorisanas y”... Asimismo, a petición, otra edición ampliada y corregida de “Nuestro Inolvidable Miramar”. Ahora publica, también a solicitud, 2015, ampliada y corregida, una nueva edición virtual de “Una flor para Evangelina Rodríguez”, la novela-histórica de nuestra primera médica.

El escritor desea editar otros libros suyos inéditos, siempre y cuando las circunstancias se lo permitan. 

¡EVANGELINA VIVE!                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

03/04/2015 11:57 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


"ESTE PUEBLO LLAMADO MACORIS DEL ESTE"

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

Sus calzadas no sirven, están llenas de hoyos, los motoristas suben y corren sobre ellas poniendo en peligro a quienes andan a pie.

Este pueblo se cae a pedazos porque tenemos un alcalde de apellido Echavarría que no le importa el destino de Macorís: ya tiene muchos años en el puesto y se afirma que se ha hecho millonario, teniendo hasta una o varias hermosas fincas con bastantes animales y sembradas de variados víveres.

Echavarría es un campesino que vino pequeño a este pueblo. Creció al lado de su madre, una buena dama que le enseñó el camino de la rectitud y honradez. Pero tuvo un padre que no era fácil, bien conocido por mí pues estuvimos juntos en la Marina y fuimos amigos, aún lamento su muerte. No puedo criticarlo ya que respeto la amistad que nos unió. Era el único que me llamaba por mi verdadero nombre. Relajaba con cualquiera. Era un verdadero tigre.


Pero el hijo le ganó. "Papito" le quedó corto, ya que cuando murió era un Motoconcho en las calles de este triste pueblo, lleno de adulones, mediocres, envidiosos y egoístas.     

Da pena escribirlo, pero muchos macorisanos son zancadilleros. No confían en nadie. Odian al que tiene cierto talento y le hacen la vida imposible, siempre que no esté pegado al talentoso cual garrapata.  

¡Ojo con la gente de Macorís del Este! 


10/04/2015 12:18 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

FALLECIERON DOS GRANDES ESCRITORES

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

En el día de ayer, 13-4-’15, con apenas horas de diferencias, murieron dos grandes narradores creadores de variadas obras que asombraron a lectores de obras de calidad. 

Nos referimos al uruguayo Eduardo Galeano, autor en su juventud de "Las venas abiertas de América Latina" y de diversas más, como del alemán Günter Grass, creador de la famosa Novela "El tambor de hojalata", y otras. Ambas fueron quemadas y prohibidas por los gobiernos fascistas que existían en ese entonces. Los dos se vieron en la necesidad de huir de sus países para salvar sus vidas.  

Me siento muy apenado por las muertes de esos grandes escritore, creadores de obras que asombraron a los amantes de la narratriva de alta calidad. 

No quiero finalizar esta reseña sin mencionar que me uno a la pena de sus familiares y de los amantes de la buena Literatura. 

¡Paz a sus memorias! Recordemos que no hay hombre perfecto. 

Somos aves de paso. Amemos al Planeta, es nuestra real Patria.

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Las bestias asesinas mataron de cuatro balazos al periodista Blas Olivo. Son enemigos de la Libertad de Expresión. No respetan a nadie, ni siquiera la que tienen los periodistas de informar al pueblo.

¿Estamos volviendo a las cavernas?

¡Malditos sean esos criminales! 

No puede haber paz para ellos ni para los familiares de Blas Olivo. 

La muerte se debe imponer ya que si los llevan a los tribunales saldrán de nuevo a matar. 

¿Quién será la próxima victima?

14/04/2015 12:11 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA CASA DONDE VIVIERON LOS PRIETO CALDENTEY

NOTA:'LA IMAGEN DE LA CASA PARECE QUE LA 'JAQUEARON'. ESO UN INSULTO A LA MEMORIA DE LA POETISA Y PROFESORA DOÑA HORTENSIA CALDENTEY DE PRIETO. ¿QUIÉNES FUERON Y POR QUÉ?    
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Por Bernot Berry Martínez  (bloguero   

 

En esta aún hermosa vivienda, situada en la calle Carlos Ordoñez, vivió con su familia la fina dama, poetisa y profesora, doña Hortensia Caldentey de Prieto. 

Me dijo el cuidador que fue construída en 1924. Ignoro quién la hizo, pues el esposo era ingeniero. 

16/04/2015 11:35 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GOOGLE LUCIÉNDOSE

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

Enlace permanente de imagen incrustadaLa verdad es que Google tiene unos tremendos artistas que te hacen admirarlos.

En este día del planeta Tierra, Google nos aconseja que lo cuidemos, pues es nuestro hogar en la galaxia

22/04/2015 11:48 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LOS 50 AÑOS DE LA INSURRECCION DE ABRIL DE 1965

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Por Bernot Berry Martínez  (Bloguero) 

 

LOOR POR SIEMPRE A LOS COMBATIENTES DE ABRIL DE 1965. 

¡LOOR POR SIEMPRE AL PUEBLO CONSTITUCIONALISTA!

VIVA LA REP. DOMINICANA. 

¡FUERA LOS TRAIDORES DE AYER, HOY Y DEL MAÑANA!

29/04/2015 19:38 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA FERIA MANUEL RUEDA

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Artista Manuel Rueda

 

Por Bernot Berry Martínez (blogue 

Don Manuel Rueda fue un gran artista. Tocaba de forma excelente el piano, como también era gran narrador de la literatura. 

Ganó varias veces el Premio Nacional de Literatura. 

Pocos hombres de este país se distinguieron en las artes como lo hizo él sin hacer mucho ruido.

Era tan educado que no pisaba fuerte para no llamar la atención.

La llamada Feria Del Libro lleva el nombre de un tremendo escritor, quien por años dirigió el gran Suplemento Cultural Isla Abierta. 

Nació en Monte cristy en 1921, falleciendo en 1999.


29/04/2015 20:20 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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