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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2014.

EL HOMBRE DE LAS GAFAS (Relato)

 

                                  

 Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

    Aunque quizás siempre fue así, a veces se piensa que se vive el llamado ‘final de los tiempos’, cual lo afirman los denominados “cristianos”, pues nos encontramos con individuos inteligentísimos que actúan de forma muy rara en esta complicada sociedad. Y relato esto porque hace unos años, cuando iba a disfrutar de un bello crepúsculo otoñal por el río, hallé sentado en un asiento del antiguo Parque Salvador, dizque leyendo un periódico vespertino, a un extrañísimo personaje con unos extraños y oscuros lentes en sus ojos. Le conocía de vista, pero nunca habíamos conversado. 

    Al pasar junto a él percibí una mirada escrutadora, esa sensación de hormigueo por una parte del cuerpo, deteniéndome para pasar la mano por mi glúteo derecho, observando de soslayo al hombre de las gafas negras, sospechando enseguida que él me contemplaba discretamente por encima del diario y que incluso se reía de un tipo quisquilloso como yo. Y en efecto no estaba equivocado ya que lo vi sonriendo cuando bajó el medio escrito para decirme: “Eh, oiga, perdone mi curiosidad, pero me gustaría saber qué le sucedió en ese sitio, en su trasero, en donde tiene esa horrible marca en la piel” --y se quedó contemplándome de manera irónica.

    Confieso que sus palabras me sorprendieron. No supe cómo pudo averiguar esa cicatriz en mi nalga, cosa esta que solamente varios cercanos familiares conocían. Era un secreto bien guardado, tal vez demasiado. Por eso mascullé una frase antes de preguntarle lo que me había dicho, volviendo él, escondiendo su burlesca sonrisa, a expresarme lo anterior, aumentando mi asombro, enojándome su necedad, acercándome a donde se encontraba. Sin embargo, el tipo, advirtiendo mi aptitud algo agresiva, indicó que me tranquilizara, que no me mortificara debido a que me explicaría inmediatamente el motivo por el cual averiguó lo de la fea huella impresa en mi glúteo derecho, haciéndome saber que me la está observando desde hace cierto tiempo. ”Claro, sin que usted se diera  cuenta” --me informó. 

    Manifestó que siempre se interrogó cómo me la hice, la razón de su existencia, y que por tal motivo se atrevió esa tarde a indagarme acerca de la misma. Me pidió que le perdonara ese atrevimiento, esencialmente si me había ofendido, continuando explicándome que si yo pensaba que él era un “torcido”, eso no era cierto --aquí rió--, y que se hallaba en la mejor disposición de demostrarme el modo en que lo supo. 

    --Venga, venga, acérquese y no piense pendejadas --me dijo con cierto convencimiento, indicándome que me sentara a su lado para que mirara por sus lentes, y que no tuviera vergüenza por cuanto vería ya que de esa forma conocería la gran verdad del misterio revelado de mi cuerpo, y que tratara de protegerlos de alguna caída cuando yo me enterara de la veracidad de cuanto se contempla por ellos, pues pronto se iría del país y pensaba llevárselos para hacerse rico al venderlos allá, en Norteamérica, al hacer alguna fabriquita. Casi me reí con esa información.   

    No obstante, percibiendo que algo muy extravagante se hallaba sucediendo a mi alrededor, cosa que era preciso averiguar, me senté junto a él y me puse aquellas grandes gafas, dándome un brinco el corazón al reparar claramente lo que vi a través de las mismas. Deprisa me las quité. “Esto no puede ser cierto”, dije, quedándome absorto. El hombre de los lentes reía casi a carcajadas. Me sentí desconcertado. Por eso lentamente volví a ponérmelos. Sí, el mundo cambiaba. Todo era distinto. La gente no tenía ropa. Era cosa tremenda, de locura: hombres, mujeres y niños se notaban completamente desnudos. Intuí que eso era para salir corriendo gritando hasta que te derrumbaran a garrotazos.   

    --Pero todo esto debe ser mentira, no puede ser, no, no... --le manifesté mientras contemplaba a elegantes muchachas totalmente encueras, envuelto el ambiente en un bello tono de color rosa, casi igual que en el cine. 

    Empero, él me los quitó con sumo cuidado, guardándolos entre un estuche de tono oscuro, explicándome que no había engaño, que no deben usarse mucho pues hacen daño a la vista, que los fabricó con una serie de cristales diversos con formas distintas, con una óptica visual de que se cuántos grados. Y luego de ofrecerme más explicaciones técnicas que no pude retener, tampoco comprender, nuevamente me indagó acerca de la feísima cicatriz que tengo en la nalga. Y entonces, conociendo que ese secreto ya no podía ser guardado, se lo hice saber como igualmente lo anuncio en esta corta narración. Cierto, fue hecha por un disparo de fusil que se le escapó a un compañero en la isla de Córcega, en tanto entrenábamos para la Legión Extranjera Francesa.

 

NOTA: De mi libro de relatos "En ese doblar de campanas".

02/03/2014 09:18 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UNA GRAN VERDAD

 

Por considerarlo de interés nacional publico en mi blog una interesante pequeña opinión del Sr. Brígido Ruiz, a quien no tengo el honor de conocer pero que la comparto a plenitud: Bernot Berry Martínez (bloguero).   

 

 

Por Brígido Ruiz

 

Arículo publicado en HOY 

Último Minuto/Serie26

 

¡Cuántos robos y atracos! ¡Cuánta droga! ¡Cuántos vagos! ¡Cuántos hogares deshechos! ¡Cuánta infidelidad! ¡Cuánta mentira y engaños! ¡Cuánta depresión y suicidios! ¡Cuántos enfermos mentales en las calles! ¡Cuántas violaciones sexuales!

¡Cuánta pornografía, pedofilia y depravaciones! ¡Cuántas armas y muertes como consecuencia de ellas! ¡Cuántos abogados estafadores! ¡Cuántos médicos haciendo cesáreas financieras, abortos y otros procedimientos que atentan contra la salud y la vida!

¡Cuántos ingenieros adulterando presupuestos para estafar a sus clientes! ¡Cuántas manipulaciones contables y fraudes corporativos! ¡Cuántos economistas farsantes! ¡Cuántos empresarios y comerciantes agiotistas y chupasangres! ¡Cuántos militares y policías al servicio de la maldad y de los vicios!

 

03/03/2014 10:18 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


¡DOMINICANOS, NO OLVIDEMOS A EVANGELINA RODRIGUEZ!

 

 

NOTA: En el día de la mujer.  

   

Dra. Evangelina Rodríguez

 

Por: Bernot Berry Martínez (bloguero)  

 

 Con certeza puedo asegurar que las hermanas Mirabal son heroínas de la Patria de Duarte y Luperón. Ellas fueron grandes antitrujillistas, principalmente Minerva, quien fue la más destacada de todas, esposa de Manolo Tavárez Justo, la cual fue la propulsora del nombre 14 de Junio en honor a los mártires revolucionarios que vinieron a ofrendar sus vidas contra la tiranía, entrando ese día y mes de 1959 por Constanza, y pocos días después por Maimón y Estero Hondo. A ellas las recuerdan con mucha frecuencia. Llevan hasta el nombre de la provincia en la cual nacieron. No hay población que no tenga una calle con ese apellido en cualquier parte de Dominicana, también plazas, monumentos, Estación del Metro, y un montón de cosas más.

 Empero, aunque ellas se lo merecen, lo respeto mucho porque demasiado dolor me ocasionó sus muertes cuando se dieron a conocer. Y más por ser un opositor del cruel y tiránico régimen que por bastantes años nos había sojuzgado a base de crímenes, torturas, caliesaje, etc. En fin, una grandísima barbaridad fue esa diabólica Era de Trujillo.

 Sin embargo, amigos, aunque la mayoría del pueblo dominicano no conoció y tal vez jamás escuchó el nombre de Andrea Evangelina Rodríguez Perozo (‘Lilina’), es indispensable que se enseñe quién fue esta destacadísima mujer, patriota ejemplar, nacida por un campo del Este (Pedro Sánchez), cerca de Higüey, traída a Macorís a los seis años de edad por su abuela Paterna y dos tías. Vendió dulces por las calles, estudiando por la ayuda de los poetas Deligne y otros intelectuales, amiga de Anacaona Moscoso quien le tomó gran cariño por su vocación de aprender y servir a los demás. Ella cuidaba con esmero al leproso Rafael Deligne, hermano de Gastón, sin sentir ningún asco, con amor, aunque era una niña. La gente la admiraba porque no temía contagiarse, y sin importarle cuanto le aconsejaban por participar en limpiar, bañar, hablar con el enfermo. Hay que señalar que Evangelina nunca se contagió de tan terrible enfermedad, muy temida en ese entonces porque no tenía curación. Regularmente a los leprosos los apartaban del pueblo, encerrando a muchos en lejanas casuchas.

 Lo de Evangelina Rodríguez es algo asombroso. Estaba dotada de una inteligencia superior. Después de terminar sus estudios en donde Anacaona era directora --el Instituto de Señoritas--, aconsejada por ésta se fue a Santo Domingo a buscar la licenciatura en educación con la finalidad de ser profesora del indicado Centro. Y aunque consiguió que Anacaona Moscoso la pusiera como maestra del mismo, hubo escándalos por los curas y determinadas beatas que la veían con mala voluntad. Hasta pasquines tiraron por calles y plazas repudiando ese nombramiento, diciendo atrocidades de ambas.

 Evangelina Rodríguez era odiada porque enseñaba a leer a obreros del puerto, a domésticas, etc. Era una incansable rebelde contra la sociedad dominada por curas y pastores extranjeros. En fin, por todo esto comenzó una guerra que quizá nunca ha terminado. Y cuando se hizo médica con enormes sacrificios, siendo la primera en Dominicana, ella empezó a curar a numerosos enfermos que había por todo Macorís, haciéndolo también con guerrilleros heridos por yanquis y traidores a la dignidad nacional, como fueron Trujillo y su gente.

 No obstante, no conforme con sus títulos, enseñando aún en el instituto, pero ahora como directora luego que una enfermedad acabó pronto con la ejemplar vida de Anacaona Moscoso quien la recomendó para el puesto, trayendo todo esto graves contrariedades con sus enemigos, volviendo los pasquines a llenar al pueblo con los insultos y mentiras absurdas sobre la buena y valiente Andrea Evangelina Rodríguez.

Ella luchó en las vías por los derechos de la mujer junto a otras valerosas señoras y señoritas. Daba conferencias al respecto con ciertas frecuencias, escribiendo en revistas y periódicos. Luchó por salvarle la vida al joven Gilbert, de 17 años, quien efectuó una acción en el puerto local contra los interventores norteamericanos, la cual se considera como “el hecho que salvó la honra de un pueblo”. Empero, no conforme con cuanto hacía comenzó a buscar ayuda económica para irse a Francia a estudiar tres especialidades. Hasta a San Francisco de Macorís fue a trabajar, pero casi todo lo que ganaba lo regalaba a personas que no poseían nada para comprar medicinas. Retornó del otro Macorís al nuestro más pobre que cuando se fue. Escribió un texto de sociología titulado “Granos de Polen”, con el cual pretendía recabar fondos para su viaje a Francia. Pero el mismo fue editado por un impresor medio analfabeto y borrachón, llenándolo de errores que colmaron de ira a Evangelina, la que destruyó la mayoría de las copias, incendiándolas. Empero, lentamente fue consiguiendo el dinero para el pasaje y se fue para la hermosa Francia, sola, pues era una mujer valiente, llena de virtudes por socorrer a sus paisanos. Unos años pasó por allá, rechazando empleos debido a que poseía un compromiso con su pueblo. Al regresar con tantos conocimientos, de inmediato comenzó a tocar puertas a las autoridades y personas acomodadas para que la ayudaran a curar a tantos enfermos que había en San Pedro de Macorís. Hizo una especie de clínica, llamándola “la casa amarilla” porque de ese color estaba pintada. Asimismo creó la “gota de leche” para los infantes, sanatorios para tuberculosos y leprosos, etc. Trató de que las mujeres no tuvieran tantos hijos, ya que la nación se convertiría en un país de tarados a causa de que las parturientas eran mujeres desnutridas. Ella se adelantó muchísimos años a nuestra aún atrasada sociedad de curas y pastores. Y estos individuos sin escrúpulos, en nombre de Jesús, le hicieron la vida imposible, destruyendo sus sueños con chantajes a sus protectores.

Pero, aparte de todo lo anterior, Evangelina fue enemiga de la intervención norteamericana como también del asesino de Trujillo. Fue una luchadora incesante contra esa tiranía. Fue amiga de Freddy Valdez, Mauricio Báez, Dato Pagan Perdomo, Juan Niemen, ‘Pipí’ Ortiz, José del Orbe y otros líderes obreros. Igualmente tuvo buena amistad con los españoles republicanos, los que hicieron una gran labor democrática en Dominicana, ayudando a fundar el Partido Socialista Popular, PSP, el que hizo las huelgas orientales, paralizando los ingenios azucareros, tambaleándose la dictadura, originando una represión horrible, brutal, en la cual murieron y torturados numerosos hombres y mujeres, entre éstas Evangelina Rodríguez.

Para quien escribe, nuestra primera médica, la Dra. Andrea E. Evangelina Rodríguez fue la mujer más grande, importante, patriota a carta cabal, que ha producido la República Dominicana. Nadie ha sido como ella, aunque por motivos desconocidos que siempre he anhelado conocer, no es bien recordada, mucho menos dada a conocer a los jóvenes estudiantes. ¿Por qué razón no lo es como se lo merece? ¿Acaso por ser de la más humilde clase del Este, o debido a que perteneció al Partido Socialista Popular, PSP, la organización que más hizo por la democracia dominicana, incluso casi todo su Comité Central murió combatiendo en las montañas en 1959, o porque aún se encuentra excomulgada por la Iglesia Católica, o por mulata, media rara, demasiado inteligente, o a consecuencia de que nunca se la vio en ninguna atrasada iglesia?

Incluso ella aconsejaba a las madres, en sus charlas que daba por casi todo el país, asimismo en su libro ‘Granos de Polen’, a que no pusieran a sus hijos en colegios dominados por jesuitas, porque los dañaban emocional y físicamente.

Jamás --es algo irracional-- comparar a las Mirabal con la médica Andrea Rodríguez. Aunque las circunstancias fueron distintas. Evangelina fue brutalmente humillada por años, sola, la gente le huía, aguantando esos golpes con estoicismo, sin nunca doblegarse, apedreada, calumniada, golpeada salvajemente, violada varias veces por guardias sin pudor y honor siendo anciana. Fue llevada a la fortaleza “Pedro Santana” (‘Méjico’) para interrogarla sobre las huelgas y una fracasada invasión que se entrenaba en Cayo Confites, Cuba, en donde por varios días la torturaron con golpes brutales, colgada por los brzos, desnuda, y de nuevo abusada sexualmente.

Fue lanzada en un camino vecinal no lejos de Hato Mayor, sin ropa, con la finalidad de que allí pereciera. En fin, esta noble mujer, por la cual inclino respetuosamente mi frente a su heroica memoria, debe ser mejor perpetuada.

Evangelina pertenece a los dioses. Fue una fémina inmortal aunque sus cobardes enemigos, hienas, siempre han tratado de mantenerla en el silencio, entre las sombras, ya que consideran que no es digna de ser acordada por las futuras generaciones. Empero, ¡cuán equivocados están! Ellos, parásitos religiosos, sí que no serán recordados. Pero el nombre de Andrea Evangelina Rodríguez Perozo se halla escrito en el luminoso cosmos.

Ha sido la mujer dominicana que quizá más ha sufrido por realizar solamente el bien a sus semejantes. Nunca tuvo marido ni hijos. Incluso sus restos yacen (¿1879?-1947) en el viejo cementerio de Villa Providencia, en un  nicho corriente, junto a otros cinco de sus familiares, cuando debería estar en el Panteón Nacional o en una gran tumba, semejante a la de A. Moscoso  (luego que fue publicada mi novela sobre ella pusieron en la entrada del camposanto una tarja en donde se afirma que en el mismo se halla sepultada fulana de tal, la primera médica dominicana, sin fecha, tampoco la organización que la puso). Pero así es esta República, con gobernantes, senadores y diputados con un miedo espantoso a los curas y pastores.

Pobre Dominicana, ¿adónde va con gente en el poder como los que actualmente se hallan, igualmente con los que antes estuvieron y tal vez vendrán? Es una nación llena de adulones.

¡Oh Zeus, cuánta cobardía existe en esta fallida República!

 

NOTA: Los amigos que deseen conocer mucho más sobre gran parte de la vida de cuanto efectuó nuestra primera médica, los invito a leer mi novela-histórica “Una flor para Evangelina Rodríguez”, edición agotada, la cual publiqué en mi blog por capítulos. Es gratis. Deben buscarla con sólo poner el nombre del texto. Estoy a su disposición por cualquier problema. Eso sí: les pido que la lean con sumo interés.

¡Evangelina Vive!

El autor.


07/03/2014 20:54 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema Hay 1 comentario.

ACERCA DEL DR. ANTONIO MUSA DIP

                                                  

 NOTA: Complaciendo la curiosidad de ciertos estimados amigos de Nuestro Inolvidable Miramar en Nueva York.

 

Descargar tomada en sept de 1981.jpg (108.1 kB)
Dr. Antonio Musa D.

 

Por Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

Agradecemos la colaboración del Dr. Carlos Juan Musa Hazim. 

Nació el destacado médico en San Pedro de Macorís, Rep. Dom., el 21 de   Septiembre de 1907. Fueron sus padres el Sr. Elías Musa Assy y la Sra. Faustina Dip Salomón, residentes en la calle José Martí No.41.

El Dr. Antonio Musa Dip se matrimonió con la Sra. Amanda Victoria Hazim con la cual procreó cuatro hijos: Dr. Carlos Juan Musa Hazim, Aurora Musa de Logroño, Amanda Musa de Antún y el Arq. Jesús Musa Hazim.

Estudió medicina en la Universidad de Santo Domingo, USD.  

Su internado lo efectuó en el Hospital San Antonio, dirigido por el filántropo médico alemán Carl T. Georg, quien traía a especialistas doctores alemanes a estudiar medicinas tropicales y quienes impartían entrenamientos a los médicos residentes en cirugía, medicina interna y ortopedia. El Dr. Antonio Musa realizó un Post Grado como cirujano internista en el Hospital San Antonio.

Aparte de varios cursos que realizó, también primarios y secundarios, fue profesor de álgebra en la Escuela Normal de Macorís del 1926 al1928.

Con los años se desempeñó como Prof.de Anatomía en la UCE. Asimismo fue Decano Fundador de la Escuela de Medicina en la UCE (1970-1972).   

Obtuvo la Licenciatura en Medicina el 31 de Julio de 1939 en la USD.

Mientras efectuaba sus estudios universitarios ejerció como practicante en el Hospital San Antonio de San Pedro de Macorís (1928-1939).

Se desempeñó como Médico Residente del Hospital San Antonio desde el 1940 al 1966.  Igualmente Director del Hospital Dr. Carl Th. Georg desde el 1966 al 1973. De igual modo fundó el Grupo Médico Antonio Musa Dip, siendo su Director desde el 1939 al 1989.

Entre otras actividades en las cuales se desempeñó citamos la de Capitán Honorario Junta de Oficiales del Cuerpo de Bomberos Civiles de San Pedro de Macorís (1970—1989); Suscriptor Vitalicio 421 Círculo de Coleccionistas Fundación Dominicana de Desarrollo, Sto. Dgo., Rep. Dom. Cónsul Honorario Rep. de El Salvador del 1970 al 1989.

El 14 de Diciembre 1978 recibió un Homenaje de la Asociación Médica Dominicana, Filial SPM. Asimismo un reconocimiento en el ‘Día del Médico’ por la Secretaría de Estado de Salud Pública y Asistencia Social en Santo Domingo el 27 de Septiembre de 1983. Igualmente le hicieron un Reconocimiento Póstumo (Dr. Honoris Causa), Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Central del Este (UCE), Macorís del Este, Rep. Dom., el 24 de Julio de 1990.

Una publicación hizo titulada “V. D. R (Reactivos en Mujeres Embarazadas, en el Hospital San Antonio”. Tesis de Grado.

El Dr. Musa Dip perteneció a varias entidades como las siguientes: Fue Miembro—Fundador y Activo del Centro Sirio—Libanés, Inc. de San Pedro de Macorís; Miembro del Club 2 de Julio; Miembro del Casino Puertorriqueño de este ciudad; Miembro de la Asociación Médica Dominicana, Filial SPM. Además fue Miembro Meritorio de San Pedro de Macorís, Resolución No.3072 del Ayuntamiento Municipal de nuestra ciudad, de fecha 7 de Noviembre de 1972; asimismo “Maestro de la Medicina Dominicana”, Asociación Médica de Santo Domingo, con fecha 30 de Septiembre de 1975.

Falleció este gran profesional de la Medicina, buen ciudadano y excelente padre, el 22 de Abril de 1989.  

El Hospital Regional del Este, situado en Macorís, lleva su nombre.  

17/03/2014 10:24 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema Hay 1 comentario.

EL SUEÑO (Relato)

 

 Por: Bernot Berry Martínez         (bloguero)  

  

 Todo comenzó aquel día en que él, siendo aún niño, doce años, despertó sobresaltado por un terrible sueño que a su familia la hizo levantar deprisa de sus lechos (“fue una pesadilla, Pedrito, una pesadilla, le dijo varias veces su padre, sujetándolo por los hombros, la madre acariciando sus húmedos cabellos, los hermanos riendo bajito). Y el muchacho, su cara sudorosa, los ojos muy abiertos, asustadísimo, miró a todos, sin dejar al ronroneante gato cabezón que su hermana cargaba cual muñeco de trapo.  

 Sí, en esa forma le empezó. Desde entonces lo persiguió cual su sombra. Y con el mismo creció, desarrollándose en un joven delgado, tímido, nervioso en extremo, muy solitario.   

 A consecuencia del gran problema buscó ayuda profesional (“mire doctor, eh, en cualquier momento se me aparece esa cosa haciéndome la vida imposible...”)  

 El profesional le observó atentamente y de modo meditativo. Al ratito le aconsejó, señalándole con el índice:  

 --Escuche joven, estudiando su caso con detenimiento le sugiero no hacerle caso. Rechácelo. Olvídelo. Recuerde que los sueños son sueños y nada más --le comentó aquel psicólogo de barba descuidada, mirada de triste can, en su consultorio repleto de certificados con fines tal vez de impresionar.   

 

 ¡Y Pedro sonrió a la vida!  

Empero el tiempo siguió trotando. La pesadilla continuó sus pasos. Corría junto a él rozando sus talones y pantorrillas, susurrándole horribles frases al oído, rodeándole de penumbras fantasmales, misteriosas, horrorosas. Sin embargo, él la contrarrestaba con los consejos que le ofreció el especialista: “los sueños son sueños y nada más”. 

Y una  preciosa  mañana en la cual el  cosmos y  la mar se hallaban con tonalidad azulosa, las gaviotas y alcatraces sobrevolando la costa cercana al Malecón, en donde algunas personas estaban disfrutándola como también lo hacía Pedro, vino a ocurrirle lo que quizá nunca debió suceder.

Cierto fue. Pedro iba caminando por la calzada que se halla junto al largo murito gris. Sus labios poseían una sonrisa porque admiraba el vuelo de un pájaro marino que exploraba despacio a escasos metros de donde él se encontraba.

Entonces fue que sucedió. ¿De qué parte llegó, apareciendo ahí, destrozándolo todo? Tal vez no tuvo tiempo de imaginárselo y pudo ser que tampoco se lo imaginó. Pero en un instante hallábase sobre su cuerpo, tumbándolo, arrastrándolo, sintiendo un poderosísimo peso encima, oyendo que sus entrañas se rompían como galletas de soda, gritando fuertes gritos (“no le hagas caso...”), percibiendo un raro hedor que era mezcla de sangre, excremento, aceite (“recuerda que los sueños son sueños y nada más...”).

Las radioemisoras anunciaron la noticia:

--¡Auto arrolla joven en Malecón!

 


24/03/2014 09:44 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

UN HOMBRE SUPERIOR

     Abraham Lincoln

 

Por Bernot Berry Martínez (bloguero)

 

Abraham Lincoln (1809-1865), primer presidente del Partido Republicano, quien abolió la esclavitud en los Estados Unidos, triunfador de una cruenta guerra entre el norte y el sur la cual originó más de un millón de muertos.

Fue un luchador incesante para que negros y blancos fuesen iguales ante la Ley Constitucional. Ha sido para mí el mejor presidente que hasta ahora han tenido los Estados Unidos. Murió asesinado por sus ideas progresistas por fanáticos sureños, convirtiéndose en el primer mártir de esa poderosa nación.

Hombres como Abraham Lincoln deben ser recordados de manera constante, pues han sido los cambiadores del negativo curso que había en ese país.

Fue sin lugar a dudas un hombre fuera de serie, un ser superior. 

28/03/2014 10:15 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'NUESTRO POETA HÉCTOR J. DIAZ'

 

A petición de varios amigos. 

                                        

Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

    Héctor J. Díaz 

 

Han existido hombres y mujeres de inmensa estatura, tal vez mayor que la montaña más alta del mundo. Regularmente quedan olvidados por su forma independiente de ser. Es el caso del poeta Héctor José Díaz, nacido en Azua de Compostela en 1910, ¿falleciendo? en Nueva York en 1950, año en que importantes antitrujillistas fueron asesinados, entre éstos el valiente dirigente del Partido Socialista Popular, PSP, Freddy Valdez, a quien por tres años lo torturaron hasta que finalmente lo ejecutaron en una forma sumamente cruel, bestial, demencial, pues lo dejaron colgando por las muñecas hasta que se les desprendieron, cayendo al suelo Freddy echando pestes contra el tirano. Ahí se desangró mientras sus torturadores se reían… Al dirigente sindical, también del PSP, Mauricio Báez, lo secuestraron en Cuba, desconociéndose qué hicieron con su cuerpo. La versión más conocida es que lo introdujeron entre un baúl o tanque lleno de cemento, lanzándolo a la bahía de la Habana. 

Pero volviendo al poeta, escritor, compositor, declamador, real artista en un país lleno de limpia--sacos y soplones, a Héctor J. Díaz, asombrador de mucha gente por su oratoria, su forma sencilla de vivir, amigo sincero, honesto, no adulón de los oligarcas de este país en aquel entonces. Es por eso que se ganó el odio de la oligarquía criolla, de los trujillistas y de los intrigantes y peligrosos curas de esa caduca iglesia católica, llena de pedófilos y homosexuales, con escándalos que espantan hasta a las aves del cosmos.              

A tan gran poeta lo tienen olvidado, aunque son pocas las personas de edad avanzada que no conozcan su célebre poema “Lo que quiero”. Fue un hombre valiente, enemigo de Trujillo, el cual era el "jefe" de Dominicana en esos tiempos, teniendo la nación “entre su bolsillito monedero” (le encantaba decir esa frase). Pero a este asesino y ladrón le llegó su hora cuando un grupo de sus compinches en desgracia con él lo ajusticiaron camino a San Cristóbal cuando iba a verse con una joven de identidad desconocida. Desde luego, todo esto fue dirigido por los norteamericanos, la terrible CIA, que cuando se decide a pasar cuenta no la detiene ni el mismito ‘diablo’.     

El poeta escribió libros, compuso las canciones como “Entre tu amor y mi amor”, “Paris”, los merengues “Mal Peláo”, “El negrito del Batey”, “Se murió Martín”, etc.  Nunca fue un pedigüeño. Se dicen que se halla “excomulgado” por la iglesia. Fue un verdadero artista que supo brillar con luz propia en el escabroso sendero del arte en Dominicana. 

El poema es uno de los mejores que se ha escrito en este país. Está lleno de belleza, arte, literatura altísima que muy pocos pueden entender. Es una obra llena de imágenes, de duro combate a la tiranía y a la iglesia. Pero hay que saberla interpretar, pues cuando él se inspiró en ella Trujillo estaba cortando cabezas con el apoyo de los llamados cristianos en nombre del anticomunismo. Es muy fácil escribir ahora que no existe persecución a cuanto uno expresa. Pero en aquellos funestos tiempos había que hacerlo de manera sinuosa, con numerosos laberintos para engañar a esos malvados jesuitas al servicio de los poderosos.

¡Que viva por siempre uno de los grandes poetas dominicanos, el azuano Héctor J. Díaz!      

En recuerdo suyo y para esos amigos y los lectores, con sinceridad:

 

                             ‘LO QUE QUIERO’   

          

       Por: Héctor J. Díaz

  

       Que nadie me conozca y que nadie me quiera.

       Que nadie se preocupe de mi triste destino.      

       Quiero ser incansable y eterno peregrino que

        camina sin rumbo porque nadie lo espera.  

 

        Caminar rumbo adentro, solo con mis dolores,

        nómada, sin amigos, sin hogar y sin anhelos.

        Que mi techo sea el cielo, y mi lecho las hojas

        de algún árbol sin flores.

 

         Que no sepan mi vida, ni yo sepa la ajena.

         Que ignore todo el mundo si soy triste o dichoso.

         Quiero ser una lágrima en un mar tempestuoso

          o un grano de arena en inmenso desierto.

 

          Cuando ya tenga polvo de todos los caminos,

          cuando ya esté cansado de luchar con mi suerte,

          me lanzaré en la noche sin luna de la muerte, de

          donde no regresan jamás los peregrinos.

 

           Y morir una tarde cuando el sol triste alumbre 

            ascendiendo hasta el cielo, o descendiendo una

            cumbre.                                                                                                                                                                                              

            Que mis restos ya polvo los disipen los vientos.

             Para cuando ella sienta remordimientos,

             no se encuentre mi tumba ni me pueda rezar.

                           

  

NOTA: Gentilmente invito a los amigos de mi blog a que traten de leer la novela-histórica “Una flor para Evangelina Rodríguez” (1879-1948), puesta aquí entera. Es gratuita, una forma de recordar a tan noble mujer, quizás la más grande que ha dado esta Nación, en su natalicio el 10 de Noviembre. Ella fue escritora, profesora, luchadora por la libertad, Licda. en educación, primera médica dominicana, con varias especialidades realizadas en Francia. Trabajó educando y en medicina a favor de los desposeídos. Si Ud. desea conocer sobre esta dama que enfrentó con coraje a los norteamericanos invasores, a Trujillo y la Iglesia Católica, lea esta narrativa que se encuentra en nuestro blog. Búsquela. Gracias.  

31/03/2014 21:35 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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