Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2012.

'EN EL 2DO. MES DE SU ASESINATO'

 

 

                   

Por: Bernot Berry Martínez   (bloguero)


20120205001117-arbol-1-.jpg

         El Guaraguao en el 2008

 

    En este 2do. mes de tu vil asesinato, oh hermoso Guaraguao de nuestra plaza pública, te juramos que siempre te recordaremos como lo mereces: con el amor sincero de los fieles macorisanos, jamás de los forasteros que nos controlan, llenos de odio hacia todo cuanto signifique Macorís.

    Hasta el tocón te han llevado como forma, tal vez, de extinguir tu memoria. Eso es lo que se llama ser unos bárbaros.

    No obtante, aunque conocemos que perdimos una guerra en la protección de nuestro ecosistema con tu muerte, nunca podrán quitarte que fuiste nuestro ícono, el símbolo, quien tuvo toda nuestra historia entre sus entrañas, el más antriguo ser que teníamos, con más de 200 años de existencia, bicentenario, el que miró crecer a Macorís hacia todas direcciones, nuestro inolvidable Guaraguao del parque Duarte.

    No poseemos odio hacia nadie. Esa aversión es inexistente en nuestra conciencia. Total: ya no se puede volver al pasado. Lo realizado hecho está. Cuanto tenemos es una enorme lástima de ingratitud por las ignorantes autoridades que ordenaron su derrumbe, sin hacer absolutamente nada por conservarlo, pues era un Patrimonio de Macorís.   

    La ignorancia se pierde en la inmensidad del Cosmos, esencialmente cuando anticipadamente lo advertimos.          

 

04/02/2012 19:11 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'FOTO COPIADA DE FACEBOOK'

 
 
Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero) 
 
 
    Bueno, en verdad ignoro si esta ’foto’ es un montaje o fue realizada en la vida real. Y escribo esto a consecuencia de la forma de actuar de ciertos políticos por ganar popularidad en la búsqueda por alcanzar la Presidencia de la nación.
 
    En los Estados Unidos de América o en Europa, en los actuales momentos un candidato así ni siquiera se atrevería a postularse para ser Concejal. Pero nos hallamos en Dominicana, país machista, en donde el que no corre vuela, en el que predomina la chabacanería, con ignorancia fabulosa.
 
    Esta fotografía, si es verdadera, es una tremenda burla y falta de respeto a la distinguida esposa del candidato, igualmente a las numerosas damas que tanto lucharon y combatieron por sus derechos. Es una tremenda bofetada a la mártir, Dra. Evangelina Rodríguez, a las heroicas Hermanas Mirabal y a miles de heroinas mujeres que han pasado por la vida. Incluso lo es para su propia madre, la cual lo llevó en su vientre durante 9 meses. Es una burla a todas las damas del mundo.
 
    Si esa infeliz mujer le enseña sus hermosos senos, es porque no se respeta. Y tal vez le ofrecieron un dinerito para ponerse de mojiganga.
 
    De igual forma actuaba Trujillo, el famoso bisexual, como lo son, según una destacada sexóloga, más del 50% de nuestra población, incluyendo muchos matrimonios con hijos. Y va subiendo. Es que Dominicana es un país grandemente enfermo.
 
    Luchamos mucho en la política desde el 1960. Tuve la vida en un hilo. Me allanaron, humillaron, mandaron fuera del país, no obstante aún mantengo mi dignidad intacta, ya sin pertenecer a ninguna organización, mucho menos derechista.
 
    Entonces, nos encontramos observando a un admirador de Trujillo.
 
    Cuidadito, ¿eh? 
 
    ¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESION!
 
 
10/02/2012 09:44 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


'ESOS DIPUTADOS DOMINICANOS'

          

 

Por: Bernot Berry Martínez (bloguero)

 

    Realmente algunos Diputados Dominicanos dan asco. La mayoría del pueblo los odia. Regularmente son arrogantes, resentidos, poseedores de un inmenso desprecio por quienes los eligieron. Esos congresistas son dignos de ser estudiado por destacados especialistas de la mente.

    Nuestros diputados ganan una cantidad fabulosa de dinero en tanto el país se halla desnutrido, con futuro incierto, sin nadie imaginarse a dónde iremos a parar. Es más, ellos reciben un sueldo mayor que el del Presidente de la República.

    Se dice que con relación al tamaño de esta fallida nación, los diputados dominicanos ganan una cantidad superior a los congresistas norteamericanos. Además, para aprobar algo que podría beneficiar a los dominicanos, el gobierno o quienes podrían favorecerse de la misma deben repartirles dinero con el denominado “hombre del maletín”, cosa que está sucediendo desde hace años, de cuando Balaguer.

    Varios de tales diputados vienen de las lomas, trotando a lomo de burro. Empero, se metieron en nuestra politiquería y subieron en donde ahora se encuentran, andando en lujosos vehículos, vistiendo hermosos trajes, bien maquillados (varios parecen afeminados) con un grupo de tigres dizque cuidándolos. Sin embargo no hacen absolutamente nada para beneficiar a su gente. Y usted los ve gordos, bien papeados, hablando ante distintos medios de prensa la manera en la cual ‘defienden’ a los descamisados del país. ¡Caramba, qué farsantes son!

    Y no son fueron a pocos los que pudimos verlos flaquitos, mal vestidos, zapatos torcidos, con el hambre en la cara, pálidos, rompiendo corozos para sobrevivir, ansiando hablar por radio y televisión en defensa de algún politiquero de los suyos, los cuales les mojaban sus manos con dinerito sucio. Ahora se ha cambiado la situación, la tortilla, y son ellos quienes les obsequian a su gente.

    Son tan abusadores en contra del erario que aseguran a los cuatro vientos, sin ningún pudor, que tienen que ganar mucho dinero para ayudar a los pobres de su pueblo, cuando lo de ellos es legislar leyes a favor de los suyos. Ahora mismo quieren aumentarse sus lujosos salarios.  

    Tales individuos no tienen amigos a nadie. ¿Acaso los poseen los vividores de la politiquería?

    Lo que sería interesante es cerrar esa Cámara con un par de tablones y poner guardias en su entrada. El país se ahorraría millones de pesos del dinero del pueblo.  

    Pero les puedo asegurar que como subieron, asimismo bajaran, a ras de suelo. Solamente hay que aguardar con paciencia ese desplome fatal, inevitable, que llegará tarde o temprano.

    En la Piedra de Mundaray espero contemplarlos caer de forma estrepitosa.

    ¡Viva el Periodismo Independiente! Abajo los tiranos del mundo

15/02/2012 18:00 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿'NOS QUIERE LLEVAR AL FONDO EL FMI?

 

Por: Bernot Berry Maretínez    (bloguero)

 

    La gran verdad es que los tecnócratas del Fondo Mundial Internacional, FMI, no les importa cuanto le pasa a un pueblo. Ellos son insaciables en sus recomendaciones para que un gobierno consiga dinero en sus recaudaciones, sin importarles las consecuencias que podrían surgir por ellas. 

    Y decimos lo anterior porque el FMI aconsejó a nuestro gobierno elevar la tarifa eleéctrica un 18% al usuario para que éste obtenga más dinero para las arcas públicas. No obstante, esos técnicos no son políticos y ni saben de la misma absolutamente nada. Son fríos calculadores, solamente eso. Empero, nuestro gobernante y sus asesores, viendo cuanto podría representar para este sufrido pueblo con tal recomendación no la aceptó, salvándonos de un posible desastre, pues con bastante seguridad el pueblo lo iba a rechazar de manera violenta, sin uno imaginarse siquiera hasta dónde podrían llegar. 

    Es que apenas, según entendidos, la mitad de los consumidores de la energía eléctrica la paga con cierta puntualidad. Otra parte se la roba, incluso pudiéndola pagar. Otra parte tal vez no pueda hacerlo debido a que no tiene con qué. Entonces, el gobernante y sus asesores, en tiempo de elecciones, salvó a nuestra población de enormes desastres que pudieron originarse por ese consejo tan impopular, hechos por asesinos de la economía. 

    Siempre debemos tener en cuenta lo acontecido en el odioso e impopular régimen de Salvador Jorge Blanco, cuando el FMI hizo ciertas recomendaciones para que todo subiera de precio. ¿Y qué pasó? Bueno, que se formaron pobladas con personas de clase media, de obreros y otras que rayaban en la miseria. ¿Qué hizo el gobierno del PRD para salvarse de que no lo tumbaran y ejecutaran a Jorge Blanco y sus asesores? Bueno, que lanzó los guardias a la calle con orden de tranquilizar al humilde y desgraciado pueblo dominicano. Y mataron cientos de personas, muchos con tiros en la cabeza y el corazón, o sea que fueron ejecutados, fusilados, solamente por protestar su Derecho a la Vida, no solamente de diputados, senadores, ejecutivos, los del gobierno, empresarios, etc. 

    La gente de Jorge Blanco, esa que inventó el famoso Comando de la Libertad y mató al ejecutivo del periódico El Sol, Víctor Bello, afirmó que solamente murieron unos 150 delincuentes cuando robaban comida en diversos negocios. Sin embargo, un piloto de helicópteros, quien narró a una revista nacional de manera confidencial que lanzaron muchos cadáveres en alta mar atados a pesados blocks para que se hundieran, y que él calculó que fueron en total unos 400 infelices que murieron por protestar contra el gobierno perredeista de Jorge Blanco por su Derecho a la Vida.

    Aquellos que ejecutaron por orden de Jorge Blanco quisieron evitar irse al fondo con más rapidez, como ahora nos quiere llevar el FMI con más prontitud.    

    El gobierno actual evitó una posible causa para que el pueblo realizara una inmensa poblada por toda la nación. Pero la interrogante que surge es:

    ¿Hasta cuándo?      

                    

19/02/2012 19:39 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"LA MISION DE JAIMITO" (Novela)

                                           

Por: Bernot Berry Martínez   (bloguero)     

                

ESTA OBRA SE HALLA REGISTRADA EN LA OFICINA NACIONAL DE DERECHO DE AUTOR (ONDA) COMO MANDA LA LEY 65-00, DE LA REP. DOMINICANA.                                 

                                                                                                       

Introducción del narrador:

   

     La narrativa que usted leerá es una historia ficticia. Su escenario fue tomado en gran parte del barrio La Aurora, de San Pedro de Macorís, República Dominicana, y sus alrededores, a mediados de un mes cualquiera, varios años atrás, cuando todavía las lavadoras automáticas no habían invadido casi súbitamente los hogares macorisanos.     

     La hemos llevado a cabo como un homenaje al jovencito Jaimito, quien por su modo de actuar dejó una estela de luz para seguir ahuyentando las tinieblas que traen el egoísmo, simiente de los males del hombre a través de los siglos. 

    Con el presente trabajo también homenajeamos a los muchos que como él, sin reconocimiento de sus nombres, en una u otra forma contribuyeron y actualmente colaboran en hacer de nuestro mundo un lugar más habitable a todos sus seres vivientes, no importa especies, pues todos tenemos el mismo derecho de habitar este hermoso y sufrido planeta Tierra.                                                                           

 

    NOTA: Para dar mayor realismo a esta obra, y pedimos excusas por ello, aproximadamente sus diálogos están escritos como la mayoría de los macorisanos hablamos.  

                                                                                                                                              

    

                               "LA MISIÓN DE JAIMITO"

                                Capítulo No.1

 

     En el patio de su casa la lavandera Manuela se hallaba restregando una ropa durante aquella taciturna tarde. Dejó su lavado para decirse: "Hum, ¿qué cosa eta, eh? Mañana cumple Jaimito trece añito y yo deseo regalarle algo si, algo que quiera mucho si, eh... que sea de su agrado, porque eso de darle una cosa que no le gute, eso tá malo, pue’ hay que obsequiarle lo que ansía, si, eh, y por eso, por eso yo tengo que averiguarlo, preguntárselo a él si e’ posible, porque no quiero meté la pata no, eso nunca, sino lo contrario pa’ verlo felí, contentísimo, ya que Jaimito e’ un muchachito raro, trite, no tiene amigo, casi no juega, siempre pensando, pensando, Hum, ¿en qué tanto él pensará, en qué tanto él pensará?"

     La mujer volvió a su labor. El restregar originaba su peculiar sonido, mezclándose con los del ambiente: ruidos de carros, motocicletas, alta música de poderosos receptores,  gritería de niños,... Aunque ella tenía un marido que trabajaba en una factoría de la Zona Franca Industrial, lavaba para ayudar en la manutención del hogar.

     --¡Bendición mai! --dijo una voz de mozalbete, haciendo que la lavandera dejara su trabajo y sonriendo, secándose las manos en su vestimenta, respondió --: "Dió te bendiga, hijo, Dió te bendiga". Y pasándole la diestra por los revoltosos cabellos le preguntó que en dónde había estado.

     --Por ahí, mami, mirando vidriera de ferretería, mirando vidriera de ferretería.

     -- Hum, ¿viendo vidriera de ferretería, Jaimito? --la lavandera le agradó escuchar lo expresado por el adolescente--.

     -- Sí, mami, contemplándola. ¿Y Sabe una cosa, eh? En una d’ella yo he vito un  asunto lindo, chulísimo, que parece  cosa  del cielo --el muchacho había caminado unos pasos con la mirada  perdida mientras su madre  lo vigilaba  atentamente, y  porque  la curiosidad comenzaba a molestarla le interrogó--: "¿Cosa del cielo, hijo? Hum, ¿qué cosa vite, ah? Díme, quiero saberlo, conocerlo". El jovencito la miró un instante. Sus ojos negros poseían un encantado brillo cuando le manifestó: "Eun tamborcito, mami, un tambor, un redoblante". La mujer sonrió. Ella se notaba contenta al preguntar: "¿Un tamborcito, hijo? ¿Uno d’eso de hojalata, eh?" Pero el muchacho le respondió que no era de hojalata, que era uno de..."¿Y te gutaría tenerlo, ah?”, preguntó la madre, interrumpiéndole. Jaimito le contestó que sí, que eso sería fenómeno pues el mismo debería de sonar tremendamente hermoso.  

     --¿Entonce, eh, te guta ese tamborcito, hijo? --Manuela lo agarró por los hombros, contemplándolo con ternura. En eso el mozalbete bajó la cabeza para responder--: "E’ que no e’ un tamborcito, mami. Mire, euno grandecito, parece de verdá, parecío a lo que usan la banda de música, cierto, muy parecío a lo que usan la banda de música".

      --¿Pa’ tocá merengue, hijito? --Jaimito volvió a caminar. Su progenitora le observaba, oyéndolo decir que ella no comprendía, que es un tambor semejante a un verdadero -- "Mire, e’ un redoblante chulo, bonito, con su  palito pa’ tocarlo y una correa pa’ colgarlo. ¿Uté ? Uno se lo coloca aquí, tocándose así: trá-tá-tá-tá-tá-tá-tá..."

     La mujer se puso seria contemplando a su  primogénito haciendo la mímica de que tocaba un redoblante, marchando al compás. Enseguida él, sonreído, deteniéndose frente a ella expresó: "¿Se fijó, mami? E’ un tremendo tambor chuloso. ¡Ay, cuánto me gutaría tené uno así, cierto, cierto, cuánto me gutaría tenerlo conmigo!". 

     -- ¡Pero debe cotá una barbaridá, Jaimito! --señaló ella con seriedad,  el rostro preocupado--.                                                           

     El adolescente le contestó: "Eh, eh, un poco que uno de hojalata, mami, un poco ".

     -- Hum, me huele a mucho cuarto ese tambor si, ya que aquí to’ e’ carísimo y el pobre no puede tené , ni siquiera ilusione. Bueno, pero  vamo  a  vé qué  dice  tu  pai. Ya debe vení por  ahí. , ya son de la cuatro, ya son de la cuatro

     --¡Dígale que me lo compre, mami, dígaselo, dígaselo por favor!

     -- Bueno, sabe lo jodón que e’ tu pai. Pero vamo a lo que  dice, vamo a cuanto dice ese hombre sobre comprarte el tambor.

     El jovencito volvió a repetir lo anterior, agregando esta vez que su padre nunca le compraba nada, y que ganaba mucho en la zona ("así lo asegura él, así lo asegura") Y escuchando a su vástago la madre sintió gran pena. Empero lo apoyó afirmando que eso era cierto, que su progenitor era de esa manera, siempre dándosela con la gente. No obstante le recordó al hijo que ese día pagaban ("hoy e’ vierne de pago, ya veremo cómo se porta") Y nuevamente le repitió el muchacho lo mucho que le agradaría poseer el redoblante mientras la abrazaba con efusividad. Ella otra vez le acarició la cabeza, miró al cielo y susurró una  ayudita del Altísimo. En ese instante sonó el silbato de un buque mercante anunciando su partida del puerto macorisano. 

     --Mami, ¿uté cré que papi me lo compre, ah? --el mozalbete hizo la interrogación elevando su vista hacia la  cara de su madre, contestándole ella --: "Te dije que le hablaré, pero no puedo asegurarte que te lo comprará no, eso no puedo hacerlo" Y Jaimito, con voz débil, tímida: "Eh, ¿y uté no tiene cuarto pa’ comprármelo mami? Y ella: "¡Ay hijito, si tuviera dinero te lo compraría enseguida, ahora mimito iríamo a bucarlo!". Y el adolescente, retrocediendo unos pasos, cabizbajo, manifestó: "¡Caramba, qué trite, ni un tamborcito puedo tené yo, ni un tamborcito!" La lavandera se estremeció. Con voz emocionada le informó que recordara que eso era caro, preguntándole el costo, respondiendo el vástago que no lo había hecho, pero que eran de imitación, parecidos  a los que usan las bandas de música como ya  le informó. "Eh, oiga, quisá no son muy bueno y se rompen pronto".

     --Debite averiguarlo, así se lo digo a tu papá si me lo pregunta. ¿No lo pensate, ah?

     -- Bueno, eh, si le pregunta el precio dígale que cueta un poco má de cuatrociento, de cuatrociento peso.

     La lavandera se alarmó un poco. Por eso le cuestionó: "¿Cuatrociento? Pero si me dijite que no lo averiguate, ¿cómo sabe que son cuatrociento, ah?". Jaimito le contestó: "Eh, porque un tiguerito me lo dijo, mami". Y la mujer: "Hum, e’ carísimo. Cuatrociento peso son mucho cuarto, hijito, demasiáo dinero pa’ un pela gato como e’ tu pai", respondiendo el muchacho, "pero uté dice que papi gata muchísimo cuarto en ron y cervesa, entonce yo pienso que él podría comprármelo si bebe meno, mai", contestándole su progenitora: "Eso e’ verdá si, to’ lo que gana tu papá se lo bebe, lo parrandea, lo bota con su amigaso", y Jaimito: "¿?. Lo  que  tiene  que  hacé  mi  pai e’ bebe

 meno, de inmediato me lo puede comprá, de inmediato", y la madre, "¡ay  hijo, no lo conoce bien, aún no lo conoce bien!” "¿Que no, mami?" "No, Jaimito, te falta conocerlo mejor. Tu pai e’ jodón, embromón, un machita tremendo". 

     --¿Un machita? ¿Qué cosa e’ un machita, mami?

     --Hum, poco a poco lo entenderá, hijo, poco a poco. Sólo e’ cuetión de tiempo, si señor, cuetión de tiempo...  

 

            

25/02/2012 19:39 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'LA MISION DE JAIMITO' (Novela)

 

                          Capítulo No.2

 

Por: Bernot Berry Martínez   (bloguero) 

 

     Cuando el padre de Jaimito llegó a la vivienda aún Manuela y su vástago encontrábanse conversando en el patio. Cuan regularmente el hombre hacía saludó: "¡Hey! ¿Cómo tán utede, cómo tán utede? --agregando--: "Aquí llegó el duro de la sona franca macorisana" (el obrero era un mestizo delgado, estatura regular, de unos treinta años)

     --¡Ción papi, ción papi! --chilló alegre el muchacho en tanto fue corriendo al encuentro de su progenitor, abrazándolo, respondiéndole el trabajador--: "Ehh, Dió te bendiga, hijo, Dió te bendiga", acariciándole ligeramente los cabellos. Empero, cual si sospechara algo, enseguida lo sostuvo por los hombros y le interrogó: "¿Qué te pasa, Jaimito?  ¿Por qué tiene la carita como evangélico, ah, bobalicona, eh?". 

     --¡ contento, Pedro, contento, eso e’! --dijo la mujer.    

     --Ji ji ji, mami le dirá algo, algo importante pa’ .

    --Hum, ¿qué vaina, eh? --el asalariado le echó una ojeada a los dos, inmediatamente, poniéndose un poco preocupado, volvió a indagar sobre cuanto estaba pasando, deseando en su intimidad que no fuese cosa de dinero ya que ansiaba tirarse unos tragos de ron más tarde.    

     --Mami se lo dirá, papi, ya verá. Mientra: trá-tá-tá-tá... --y volviendo a efectuar la pantomima de que tocaba un redoblante y marchando al ritmo del sonido que ejecutaba, Jaimito se fue hacia la calle ante las miradas de sus silentes padres. Después que lo vieron salir por el portón, el marido cuestionó a su concubina--: "Mujer, ¿qué carajo le pasa, eh?".  Ella respondió: ", que se le metió en la cabesota tené un tambor, un redoblante de marcha" Y el hombre, sonriendo: "Bueno, vamo a meterlo a boi ecáu, ahí podrá tocarlo hata que se canse". Y Manuela: "No, él quiere ser dueño de uno, y sabe lo raro que e’".

     -- E’ raroso si, no parece macaco mío --sonrió ampliamente--       

     La lavandera se molestó un poco, por eso le cuestionó: "¿No? ¿Y de quién e’, ah?".  El   marido  se  rió  ("je, je, je, no haga mala sangre, mujer,  no la haga, lo que pasa e’, tú sabe, eh, mira, e’ que un muchachito mío debe tirá pa’l gallo, parecerse a mí en to’, ¿entiende? Pero el carajito no parece tigre no. Eh, no juega  pelota, no pelea con nadie, no sabe nadá, no hace naíta. Oye, cuando yo tenía su edá...") 

     --No me venga con ese cuento nuevamente, Pedro. Hablemo del tambor, eso e’ lo importante porque Jaimito cumple año mañana sábado y debemo regalarle algo interesante, algo que desea mucho poseé.

     --¡Vaya! ¿Tú también tiene en mente de que le consiga un redoblante, ah?

    --Claro, vamo  a  vé  si  se  puede,  pue’  Jaimito lo quiere.

     --¿Y por qué no desea un tambor pa’ tocá merengue, ah? Así podrá picotiá plata, moni, moni, moni --el hombre chasqueó los dedos varias veces, quedándose con la boca abierta observando a su mujer, quien conociendo que su concubino estaba por armar una discusión para marcharse, le contestó suavemente--: "Cariño, Jaimito quiere un redoblante, sólo eso, un redoblante pa’ tocarlo por el Parque Salvador". Pero el obrero: "Oye a éta, y yo ansío un carro rojo con música bachatera y un montón de cadena tumbándome el pecueso, así dejaría eta cadenita y ete guillito que tengo pueto".

     --Hum, deja de hablá como tipo acomplejáo y ponme atención, Pedro, ponme atención: oye, tenemo que ayudá al pobre  Jaimito porque  e’ nuetro hijo, el único que tenemo...

     --¿Hijo?  Jo jo jo...no  lo  parece no. A vece lo dudo ya que si lo fuera no sería tán raroso, tán pendejón,  je je je...

     --De nuevo tú viene con eso sólo pa’ moletarme, pero sabe bien que se parece a ti, así lo  dice la gente del barrio.                                                  

     --E’ cierto, e’ cierto, pero no atúa igual que yo no. Parece bobalicón, Manuela. Mira, me aseguran que lo ven siempre  mirando el Río Higuamo, y que se acerca a la orilla y dique habla con el río. ¿Tú sabe esa vaina, eh? Me hace pasá vergüensa, mujer, vergüensa entre los’ombre que se ríen de mí, se ríen--. Pedro se puso un poco molesto. La lavandera lo contemplaba y percibió que  debía  calmarlo.  Por  consiguiente  ella  díjole que todas las personas no podían ser semejantes en su manera de actuar en la vida, pues  existen todas clases de individuos en el mundo, y que un ejemplo de eso lo era Jaimito, quien deseaba un tambor para... Sin embargo él, cortándole lo que ella decía, manifestó: "Claro, el  pendejito quiere un  tambor pa’ joderno con una bulla del diablo aquí dentro, no dejarno dormí, volverno loco". 

     --Pero lo complacemo, Pedro, y eso e’ lo principal pa’ que no se no’ vuelva un amargáo, así no’ enseñaron en la ecuela noturna, cierto, en la ecuela noturna no’ enseñaron eso. 

     --Bueno, mujer, apunta pa’ otra parte porque yo no tengo cuarto pa’ esa cosa no. Eh, toy réquete jodío, Manuela, toy réquete jodío.  

     --¡Qué jodío y qué jodío! Lo que tú tiene que hacé... ¿te lo digo, ah, ¿te lo digo? --se contemplaban; en ese momento se escuchó el triste canto de una tórtola; y Pedro, algo enojado, dándose sobre el pecho varias veces con el pulgar derecho, sentenció --: "¡A mí nadie me  puede señalá, mujer, nadie en ete barrio de acechone!". Pero la lavandera, sin tomar en cuenta lo  que él manifestó, le expresó inmediatamente: "Oye Pedro, si queremo comprarle el tamborcito a nuetro hijo, eh,  lo  único  que  tú  debe realisá e’ dejá de bebé meno ron y cervesa, sólo eso, dejá de bebé meno ron y cervesa".

     --Ya salite con esa vaina otra vé. Claro, ya yo me imaginaba que vendría por ahi --Y ella, bajando la voz, acercándosele--:"No e’ vaina, cariño, si tú bebiera meno, eh, nosotro viviéramo  mejor,  mucho  mejor,  pero no: ron y  cervesa  e’ lo tuyo, sí, sí, ron y cervesa e’ lo tuyo".

     Fue como si le propinaran un manotazo en el rostro cuanto le indicó Manuela, pues él, dándose un puñetazo en el tórax, señaló con énfasis: "E’ que yo soy un macho, mujer, un machaso" Y ella: "Oye a éte, lo verdadero macho son aquéllo que se apuran por su familia. Te pregunto, ¿a quién Jaimito le pedirá un tambor sino e’ a nosotro, a su mamá y papá, eh? ¡Contétame!” Y él: "Ya tú tá hablando como profesora, como ese viejo curita pansón. Eh, por eso e’ que yo no  quería  que  te  metiera   en  la   ecuela   esa   no, porque te iban a lavá el cerebro como ya lo tiene". Y la mujer: "Claro, a ti te conviene que me quede bruta toa la vida. Pero, ¡já!, eso se acabó. Ahora, ahora toy pensando con cabesa propia, con cabesa propia". Y se quedaron silenciosos, atisbándose de soslayo, atentos a los movimientos de sus labios, ojos, manos, eran concubinos desde largo tiempo, 14 años aproximadamente, desde que él se la llevó de donde vivía  con  sus padres en Miramar, mudándola para una

pieza de casa situada en el barrio de La Aurora. 

     Luego   de   varios   segundos  de  estar   calladitos,

astutamente la concubina trató de convencerlo expresándole: "Vamo, hombre, cambia esa cara, no e’ pa’ tanto, el mundo no se acabará por eso. Ponte contento, alégrate, hoy cobrate, ¿verdá?

     --Sí, cobré, eta tarde cobré, pero me lo gano durísimo, fajáo como  buey jalando caña.

     -- Lo sé, la gente allí se lo gana bien fuerte. Por eso creo que...

     --No me venga con pendejá  de  nuevo, mujer,  no  venga  con pendejá. Y ella: "Oye, lo que taba por decirte e’ que la gente de la sona gana el dinero bien fuerte, y pienso que no deben botarlo en porquería, principalmente en alcohol". Y él: "¡Ay mujer, tú no sabe lo que tá diciendo! Lo sonero tenemo que aguantá mucha pendejá  a eso carajo de fuera, achináo, quiene no hablan  bien nuetro idioma y tampoco nosotro lo entendemo bien". Y Manuela: "¿Tú lo vé? Por eso e’ que lo trabajadore de ahí no deben  botá su dinero. Eh, afirman que la sona e’ muy fuerte, cosa terrible". Y Pedro: "Hum, eso e’ cierto si, ahí dentro tá el mimo diablo metío. ¿Entiende? El gran diablaso vive allí dentro, el gran diablaso".

     La concubina se persignó y preguntó: "Entonce, ¿tengo rasón o no la tengo, ah?"

     --Te repito que tú no sabe ná, mujer, naíta de esa sona del carajo.   

     --Yo sé, Pedro, no te pierda.

     --Oye a éta, si tú tá má perdía que’l hijo ’e Limber.

     --Deja de relajá y ponme caso, Pedro, ponme caso: ¿no cre tú  que  yo  tengo rasón cuando digo que eso trabajadore no deberían de botá su dinero en tontería porque se lo ganan muy duro, muy fuerte, ah?

     --Hum, yo sé por dónde tú va, Manuela, no me crea tan pendejo no.

     --¡Caramba, contigo ya no se puede rasoná, no se puede razoná!

     --¿Rasoná, mujer? ¿Y tú cré que eso achináo de la sona franca rasonan, eh? No, le dan una patá por el culo a cualquiera, a cualquiera le dan una patá por el culo...

 

 

26/02/2012 09:07 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

"LA MISION DE JAIMITO" (Novela)

 

                Capítulo No.3

 

Por:Bernot Berry Martínez   (bloguero) 

 

     Los concubinos Pedro y Manuela continuaban conversando en el patio de aquella vivienda de madera. Próximo a ellos, debajo de un frondoso limonero sin frutos, había una torcida mesita que tenía encima una batea de zinc conteniendo algunas prendas mojadas y un lío de ropa sucia a su lado. Cerca del mismo árbol se notaba un montoncito de basura, yerbas altas y dos infantes desnudos jugando en la tierra. Esos niños eran vigilados de cuando en vez por su madre, quien dejaba cuanto hacía en la cocina para echarles una ojeada, pero mirando también de soslayo a sus vecinos, oyéndolos discutir, tratando de no perderse nada para más tarde ir a contarle a su comadre Inés. Sí, ella escuchaba debatir a Pedro y Manuela y sonreía, sintiendo un extraño placer cuando ambos no se ponían de acuerdo, anhelando deleitarse al máximo si peleaban a los puños, cosa no rara en la barriada de La Aurora. Por tanto, ponía atención a la controversia, maldiciendo a los motoristas y  automovilistas que a su paso por la calle le quitaban oir con claridad ciertas palabras. Y sin embargo, por hallarse más atenta en esa polémica descuidaba a sus pequeños vástagos, no viéndolos comer tierra y hierba y que más tarde les ocasionarían diarrea y vómitos, enojándose con ambos, pegándoles chancletazos, injuriando a su marido al éste pedirle una explicación lógica por no encontrar servida su comida luego de laborar donde César Iglesias & Co, teniendo que irse el pobre obrero a sentarse en el  Parque Salvador, comiendo allí  pan vacío y algunas almendras tumbadas por el viento.

     Entretanto, Pedro y Manuela se decían:

     --Pue’ si, hombre, yo sigo creyendo que lo sonero no deberían de botá su dinero en tontería. Tá bien que se diviertan, se beban vario traguito, pasen un momento alegre pa’ botá el golpe, pero eso de botarlo to’, hum, eso lo veo mal, pero muy mal.    

     --Vuelvo  a  repetirte  que  yo  sé  por  dónde  tú  va, mujer, lo sopecho --dijo Pedro, respondiéndole ella--:Tú siempre tá sopechando,  ¿qué te pasa, eh?"  El concubino  le contestó: "Ná, que yo no soy pendejo no, no soy pendejo". Y la concubina: "Yo sé bien que  no lo ere. Lo que quiero e’ que comprenda que el dinero se debe empleá en algo útil, en cosa buena pa’ la familia". Y él, riéndose: "Je je je, ¿cómo en un tambor, eh?". Manuela se abstuvo de responderle seguidamente. Ella respiró hondo, miró el cosmos, acto seguido, contemplando los ojos pardos de su marido (el hombre sonreía con los brazos cruzados sobre su pecho) manifestó: "¿Sabe lo que pasa contigo, Pedro? Eh, ¿sabe lo que pasa contigo?".

     --¡No, mujer inteligente, dímelo, dímelo! --abrió los brazos,  la sonrisa iba desapareciendo.  

     --Mira, lo  que  sucede e’ que tú ere  un tipo egoíta, solamente piensa en ti, Pedro, en ti --lo señaló. 

     --No me diga, cerebro ’e moquito.  Oye, je-je-je, ¿eso lo aprendite en la ecuelita esa, eh, en la del curita barrigón y chimoso, ah?  

     --¡Ahí enseñan de tó, de tó! --señaló la lavandera con cierto orgullo, molestando a su concubino el cual le indicó--:"Ehh, ecucha bien, mujer, ecucha bien:  ¿Qué sabe un viejo curita de la vida, eh? Ná, no sabe naíta, como tampoco esa maetra privona, jamona, con narí paraíta. ¡Jum, que vayan a la sona y sentirán candela quemando nalga! Entonce sí que podrán conocé del mundo y sabrán enseñá, aconsejá, criticá”...

     Un fuerte pitazo de camión impidió brevemente que la vecina oyera, pegada a la entreabierta puerta del patio, cuanto Manuela le respondió a su concubino. Por eso alzó sus brazos hacia la calle y maldijo susurrado al desconocido conductor. Mas volvió a ponerse la diestra sobre su boca cuando escuchó al hombre decir que en esa zona del diablo él se quemaba el trasero para ganarse un dinerito mientras que Manuela hablaba en favor de curas sinvergüenzas, asimismo de solteronas que nunca han probado a un machazo como él. También oyó a Manuela pedirle que respetara y no hablara de esa manera, además que ella conocía que la zona era dura, terrible, y que debido a eso no debía él botar cuanto ganaba con tantos sacrificios en cosas malas, sino ayudando a su gente, no botándolo en ron y en cerveza, oyendo al trabajador expresar: "Há, há, há, mujer, ¿y por dónde tú entiende, ah?" (en ese instante la vecina se introdujo tres dedos entre la boca, impidiendo que saliera gran parte de su risa) “Te repito que yo soy un machaso, el ron e’ mi medicina, eso lo dice el merengaso del caballo, lo dice el merengaso del caballo".

     --¡Eso e’ un grandísimo diparate!

     --Diparate no, Manuela, así tá hecho el mundaso: el hombre a lo suyo y la mujer en la casa cocinando y criando macaco.

     -- ¡Caramba, qué atrasáo tá tú!

     -- ¿Atrasáo? ¿Eso e’ lo que te enseñan en la ecuelita esa, eh? E’ má, oye, yo quiero que tú salga de la vaina esa, d’esa ecuelita jediondona, maetra privona en nalga pará y apretá. Hum, mira, ante tú era má comprensiva,  sedita, una  verdadera seda.

     --Claro, yo era una bobona. Pero no voy a dejá la ecuela no, no voy a dejarla pa’ seguir aguantándote pendejada. --Y él: “Mujer, mujer, no juegue con fuego pue’ te puede quemá, te puede quemá... 

     Mientras tanto, Jaimito había llegado al Parque Salvador tocando su imaginario tambor. Dio tres vueltas al Monumento a los Padres de la República, dirigiéndose enseguida hacia una torcida palmera que tenía un nido de golondrinas. El mozalbete dejó  la  pantomimia  y  subió  a  un asiento, mirando desde ahí al nido. Sonrió. Y entonces, cerrando los ojos fue ampliando su sonrisa al percibir claramente aquellos hermosos cánticos de esas avecillas, cantos que le agradaban en demasía y que lo conducían por agradables senderos crepusculares en donde perdíase quién sabe  por  cuál espacio-tiempo. 

     En ese mismo momento Pedro preguntaba  a su concubina: "¿Y cómo un tipo como yo, embragáo, pelo en pecho, se metió con una vaina como tú, eh?".

     --Eso mimito pensaba yo, pue’ tú ere un borrachón, egoíta y mujeriego--. Y él: “Carajo, tengo que irme, tengo que irme pa’ no darte una tunda de golpe, sí, pa’no darte una tunda de golpe, coño!—Y ella: “¡Véte, véte, meno perro,  meno pulga!

     --Claro, me iré a darme un jumo loco, un jumo loco--.Y la fémina: “Ajúmate, eso sí sabe hacerlo bien. Sin embargo, ¿a que no piensa en tu hijo, en el tamborcito pa’ su cumpleaño, ah? --el hombre ya se iba pero se detuvo para decir--:"Mira, a mí nadie me compró nunca ná, nadie. Cualquier vaina que quería me lo compraba yo mimo limpiando sapato en el Parque Duarte. E’ má, cómpraselo tú. Eh, ¿tú no ere dique la inteligente, la etudiante del curita pansón, ah? ¡Cómpraselo, cómpraselo!". Y Manuela le contestó: "Tá bien, tú no ere el único que mete dinero en la casa. Yo meto má que tú. Lo único que tú trae aquí e’ mucha baba, baba por funda, por funda, ¿entendite?". Y él, visiblemente enojado:"¡Cállate, jedionda a fá! Me largo a bucá jembra de verdá, jembra que tenga rabo gordo, gordaso!" ( la vecina se cayó al suelo de la risa: tenía los cinco dedos de su diestra entre la boca, sujetándolos con la  izquierda, apenas saliéndole un tenue aullido) Pedro se marchaba perol se detuvo porque su mujer le llamó: “¡Párate ahí, borrachón, párate carajo! Oyeme bien, ojalá te peguen el SIDA, maldito, te peguen el SIDA, asaroso". No obstante el concubino no respondió, al contrario sonrió casi en forma grotesca, alejándose con rapidez hacia la calle, dejando a Manuela sollozando, abominándolo, las lágrimas serpenteando por su rostro. Fue en ese instante cuando la vecina se le acercó y sosteniéndola por los hombros le dijo: “¡Cálmate, Manuela,cálmate!”

     --E’ que... ese pendejo..., degraciáo..., eh, no quiere comprarle un tamborcito, un tamborcito a mi Jaimito por su cumpleaño.

     --Lo sé, vecina, lo sé. Sin quererlo ecuché parte de la dicusión de utede si. Pero tranquilísate, por Dió, tranquilísate, tú debe calmarte, Manuelita. 

     --E’ que Pedro e’ un tipo malo, vecina, borrachón y mujeriego. --lo dijo contemplándola, los ojos llorosos, pero la otra fémina le respondió que así son los hombres, que todos son iguales y que el de ella era peor pues tiene mujerzuelas por todo el pueblo, admirándose Manuela ("¿no me diga?; pero no lo parece no" dijo), manifestándole la otra: "Así como tú  lo oye, vecina, él tiene tipeja por varia parte. Eh, yo no sé cómo la complacerá no porque a mí no me atiende pa’ ná, pa’ ná me atiende. Siempre dique cansáo por el trabajo y pa’ ná me atiende. ¡Y celoso que e’, vecinita, celoso como el mimo demonio! Vea, siempre me tá vigilando como si yo tuviera otro hombre. Él  sale de la casa y enseguida tá aquí. Díque porque se le olvidó algo, la cartera o la llave, eh, cualquier pendejá; o se queda en el colmáo bebiéndose un mabí. Jí jí jí, el otro día lo atrapé allí mimo, en el colmáo de Ramón, y no sabía dónde meterse pa’ que yo no lo viera, jí jí jí”,...Y Manuela: “!Ay vecina, uté lo coje con calma, no se pone loca!” 

     --Claro que no, vecina, no voy a volverme loca no. Eso e’ lo que él quiere. Pero éta que tá aquí no se vuelve loca por nadie, qué va, eso tá pa’trá, pa’trá. Por  eso le digo que se calme, porque Dió aprieta pero no ahorca, si señor, Dió aprieta pero no ahorca.

     Y prosiguieron platicando, serenándose Manuela, terminando ella por reír con las ocurrencias de su colindante, la cual le contó cosas que ignoraba por completo, principalmente del concubino de aquélla y a quien la lavandera tenía por persona seria, trabajador, y que cuanto ganaba se lo entregaba a su mujer, quedándose con unos pesos para ciertos gastos. Pero no. Parece que se había equivocado con ese hombre de cachucha azul. Era un tipo terrible, lo decía la madre de sus dos hijos, un mentiroso, uno de ésos "que no hacen ruido y mayores son sus penas". Y supo además que su  vecina le era infiel con un joven de Miramar ("con él me siento de maravilla, Manuela, te puedo bucá uno, eso e’ la moda...), viéndose con ese amante por la mencionada barriada porque en La Aurora no se podía, la gente hablaba mucho y alguien podía informárselo al marido, cosa que ella no deseaba ni un poquito, ya que aparte de todo ese asalariado mantenía a sus infantes.    

 

                                       

27/02/2012 16:54 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris