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'EL HOMBRE DE LAS GAFAS' (Relato)

                                   

 Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

    Aunque quizás siempre fue así, a veces se piensa que se vive el llamado ‘final de los tiempos’, cual lo afirman los denominados “cristianos”, pues nos encontramos con individuos inteligentísimos que actúan de forma muy rara en esta complicada sociedad. Y relato esto porque hace unos años, cuando iba a disfrutar de un bello crepúsculo otoñal por el río, hallé sentado en un asiento del antiguo Parque Salvador, dizque leyendo un periódico vespertino, a un extrañísimo personaje con unos extraños y oscuros lentes en sus ojos. Le conocía de vista, pero nunca habíamos conversado. 

    Al pasar junto a él percibí una mirada escrutadora, esa sensación de hormigueo por una parte del cuerpo, deteniéndome para pasar la mano por mi glúteo derecho, observando de soslayo al hombre de las gafas negras, sospechando enseguida que él me contemplaba discretamente por encima del diario y que incluso se reía de un tipo quisquilloso como yo. Y en efecto no estaba equivocado ya que lo vi sonriendo cuando bajó el medio escrito para decirme: “Eh, oiga, perdone mi curiosidad, pero me gustaría saber qué le sucedió en ese sitio, en su trasero, en donde tiene esa horrible marca en la piel” --y se quedó contemplándome de manera irónica.

    Confieso que sus palabras me sorprendieron. No supe cómo pudo averiguar esa cicatriz en mi nalga, cosa esta que solamente varios cercanos familiares conocían. Era un secreto bien guardado, tal vez demasiado. Por eso mascullé una frase antes de preguntarle lo que me había dicho, volviendo él, escondiendo su burlesca sonrisa, a expresarme lo anterior, aumentando mi asombro, enojándome su necedad, acercándome a donde se encontraba. Sin embargo, el tipo, advirtiendo mi aptitud algo agresiva, indicó que me tranquilizara, que no me mortificara debido a que me explicaría inmediatamente el motivo por el cual averiguó lo de la fea huella impresa en mi glúteo derecho, haciéndome saber que me la está observando desde hace cierto tiempo. ”Claro, sin que usted se diera  cuenta” --me informó. 

    Manifestó que siempre se interrogó cómo me la hice, la razón de su existencia, y que por tal motivo se atrevió esa tarde a indagarme acerca de la misma. Me pidió que le perdonara ese atrevimiento, esencialmente si lo había ofendido, continuando explicándome que si yo pensaba que él era un “torcido”, eso no era cierto --aquí rió--, y que se hallaba en la mejor disposición de demostrarme el modo en que lo supo. 

    --Venga, venga, acérquese y no piense pendejadas --me dijo con cierto convencimiento, indicándome que me sentara a su lado para que mirara por sus lentes, y que no tuviera vergüenza por cuanto vería ya que de esa forma conocería la gran verdad del misterio revelado de mi cuerpo, y que tratara de protegerlos de alguna caída cuando yo me enterara de la veracidad de cuanto se contempla por ellos, pues pronto se iría del país y pensaba llevárselos para hacerse rico al venderlos allá, en Norteamérica, al hacer alguna fabriquita. Casi me reí con esa información.   

    No obstante, percibiendo que algo muy extravagante se hallaba sucediendo a mi alrededor, cosa que era preciso averiguar, me senté junto a él y me puse aquellas grandes gafas, dándome un brinco el corazón al reparar claramente lo que vi a través de las mismas. Deprisa me las quité. “Esto no puede ser cierto”, dije, quedándome absorto. El hombre de los lentes reía casi a carcajadas. Me sentí desconcertado. Por eso lentamente volví a ponérmelos. Sí, el mundo cambiaba. Todo era distinto. La gente no tenía ropa. Era cosa tremenda, de locura: hombres, mujeres y niños se notaban completamente desnudos. Intuí que eso era para salir corriendo gritando hasta que te derrumbaran a garrotazos.   

    --Pero todo esto debe ser mentira, no puede ser, no, no... --le manifesté mientras contemplaba a elegantes muchachas totalmente encueras, envuelto el ambiente en un bello tono de color rosa, casi igual que en el cine. 

    Empero, él me los quitó con sumo cuidado, guardándolos entre un estuche de tono oscuro, explicándome que no había engaño, que no deben usarse mucho pues hacen daño a la vista, que los fabricó con una serie de cristales diversos con formas distintas, con una óptica visual de que se cuántos grados. Y luego de ofrecerme más explicaciones técnicas que no pude retener, tampoco comprender, nuevamente me indagó acerca de la feísima cicatriz que tengo en la nalga. Y entonces, conociendo que ese secreto ya no podía ser guardado, se lo hice saber como igualmente lo anuncio en esta corta narración. Cierto, fue hecha por un disparo de fusil, escapado a un compañero en la isla de Córcega, en tanto entrenábamos para la Legión Extranjera Francesa.

 

NOTA: De mi libro de relatos "En ese doblar de campanas".

 

 

03/01/2012 08:57 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'A UN MES DE SU ASESINATO'

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Por: Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 
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    Este 5 de enero del 2012 se cumplió el primer mes del crimen que conmovió al pueblo macorisano, esencialmente a los artistas en general y personas de alta cultura, a los amantes del ecosistema, de la Naturaleza, de la fauna y flora de nuestra sufrida Madre Tierra.

    Ese día 5 de diciembre, el alcalde de Macorís del Mar, Tony Echavarría, le hizo un gran regalo de navidad a su pueblo adoptivo asesinando de forma cobarde al Icono natural de esta ciudad, a su símbolo, derrumbando al Guaraguao del Parque Duarte, un árbol bicentenario, con más de 200 años, el cual miró encantado el crecimiento de nuestro pueblo hacia todos partes.

    Los amantes de la Naturaleza se asombraron de tan irrespetuosa vil acción, protestando entre ellos, sin nada hacer para impedirlo, haciéndose de una manera u otra cómplice de tan terrible maldad.

    Ellos, los del ayuntamiento local, dejaron que el pequeño hueco que extrañamente apareció en el bajo tronco del querido árbol, fuera creciendo sin que los denominados ingenieros agrícolas, incluyendo los funcionarios de foresta y medio-ambiente, hicieran algo por salvarlo, de conservarlo por bastantes años más.

    ¡Carajo, qué malos individuos son! Sólo les interesan los grandes sueldos que ganan sin nada hacer. Son inmensas botellas en un pueblo que se está cayendo a pedazos, lleno de basura, calles rotas, calzadas inservibles. Pero a ellos se le importa, principalmente al alcalde Tony, ‘el güirero’, quien lo toca sonriendo, enseñando los dientes, burlándose de un pueblo que ha ido perdiendo sus principios, su historia, todo. A quienes viven en Macorís (laz mayoría forasteros) no les importa nada que no sea bailar una música primitiva, muy parecida a la de la era cavernaria. ¿Es que hacia allá vamos?

   Me dejaron solo en lucha constante contra unas ‘autoridades’ incumplidoras de cuanto deben efectuar. ¿En dónde estaban las ONG, las distintas fundaciones que tanto hablan, las juntas de vecinos, los periodistas y comunicadores, los ciudadanos decentes, los religiosos, los denominados ecologistas, etc., los cuales se quedaron con los brazos cruzados mientras las mentes de las cavernas realizaron ese acto demencial? ¿En dónde se hallaba el Ing. Antonio Ramos, Dirigente de la Fundación Ecológica Oriental (SOECO), que tanta bulla hizo cuando el árbol Gina se derrumbó en el patio del Cabildo durante la administración del Lic. Nelson Gums? 

    Estamos entre un grupo de personas que aman el figureo por televisión y radio. Muchos lo hacen porque les pagan, otros a consecuencia de que son enfermos por verse y oírse por tales medios.

    ¡Cuánta mediocridad, carajo! ¿Y pensar que uno se encuentra luchando por este país desde el 1960, arriesgando la vida desde el trujillato?  

    En nombre de cuanto te quisieron, de quienes partieron, de mi amor por ti, oh Guaraguao de mi conciencia, te pido perdón por cuanto malos ciuidadanos de nuestro pueblo te hicieron al quitarte tu preciosa vida llena de historia.

    Es que la ignorancia es el peor de los pecados.  


04/01/2012 19:48 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


'RETROSPECCION'

 

DE MI TEXTO DE POEMAS, ’MAS ALLA DE LA ESPERANZA’ 

                  

 Por: Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

             Me dolió tanto tu partida que jamás podré

          reponerme.

          Vives en mí.

          Caminé   de   lugar   a   otro   buscando

          reemplazarte.

 

          Empero, ¿con qué podría hacerlo?      

          ¿Quién escucharía cuanta tristeza  narraría?

          Llevo penas encima cuan inmenso peso.   

          De cuando en vez alguna sonrisa infantil

          alivia la carga,

          o canto del ruiseñor,

          vuelo de garza,

          lejano arco iris,

          brisa otoñada,

          crepúsculo de mi triste pueblo,           

          perfume del limonero,

          estrellas de nuestra galaxia,

          leyendo buen libro,

          pero  esencialmente  llenando  papeles  con

          palabras que hacen relatos, versos, tonterías

          que a pocos importa.

          Cierto, y así  va  pasando  mi vida,

          sin poder olvidar tu afectuosa mirada,

          voz amorosa dándome aliento en

          mundo espantoso.

 

          Terrible es conocer que tal vez fallé en

          mi deber.   

          Caramba, si pudiera devolver el tiempo

          hacia atrás. 

          Sí, estoy seguro que te hubiera hecho muy

          feliz, madre mía,

          fallecida en mis brazos

          el 4 de Enero de 1989. 

 

 

10/01/2012 19:42 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'ESE DOCE DE ENERO'

                

           De mi libro de poemas “Más allá de la esperanza

         

             Por: Bernot Berry Martnez      (bloguero)

                 

                                 

                  Qué triste era la situación de ellos.

             Una desesperanza en horizonte les había

             hecho bajar la guardia.        

             Una pregunta roía sus entrañas: ¿caerían

             con  la  vestimenta  del  combatiente

             abandonado? 

             Parecían  náufragos  andando 

             por  calles fantasmales,

             perseguidos por seres crueles,

             lisonjeros,   miradas   rencorosas 

             y  sin conciencias.

             Eran cuatro pilares por un ideal

             que tal vez jamás morirá.

             La oscuridad del anochecer

             se tragaba sus angustias.  

             Pero  vigilantes hallábanse 

             esos  pajarracos agoreros,

             picos curvos, insaciables de sangre,

             con  orden  suprema  de  encontrarlos 

             en cualquier escondrijo. 

             Y  los  detectaron. Y graznaron felices.

             Y realizaron vuelos rasantes.          

             Ellos les vieron sus odiosas vistas

             aceradas. 

             ¿Qué hacer?   

             Cansados de huir estaban.   

             Percibieron que iban rodeándolos.

             La noche se hizo más oscura que

             nunca.

             Contemplaron estrellas en el cosmos.

             Sonrieron de manera franca, cuan lo

             hacen los valientes.

             Y  porque  no  encontraron  otra 

             alternativa, prefirieron fundirse

             para emitir luz,

             iluminar senderos pedregosos.      

             Desde entonces, 

             cuatro astros más están  

             brillando sobre esta isla

             ensangrentada. 

 

     NOTA: Dedicado a ’Los Palmeros’, heroicos jóvenes en lucha

        contra Balaguer y su régimen de terror.  

        Con reverencia inclino mi cabeza ante su eterna memoria.

 

12/01/2012 08:52 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¡QUE GRANDE ERES, JUEZ GARZON!

 

 Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero)                       

   

    El excelente juez Baltasar Garzón, valeroso y honrado hombre de justicia, ansiando complacer a muchas personas que acudieron a su despacho con la finalidad de que indagara adónde el franquismo-falangista-fascista sepultó a numerosos de sus parientes (incluyendo de quien escribe), asesinados en la Guerra Civil y durante aquel régimen de terror que azotó España por cerca de cuatro décadas. Entre esos ejecutados había republicanos, antimonárquicos, demócratas, progresistas. Los familiares desean conocer el lugar donde se hallan sus restos para con seguridad trasladarlos al cementerio, llevarles flores, llorarlos, meditar junto a sus sepulturas. Es algo justo cuanto anhelan, y de igual forma, pensamos, así lo quiere el justo juez Garzón.   

    Empero, ¿qué ha pasado? Bueno, la monarquía criminal y adulona de la ultraderecha (antes lo fue de los nazis), se sintió molesta por tales indagaciones, miedosa de que su cruel pasado saliera a flote, armándose tal vez un tremendo escándalo. Por tanto, hicieron que unos cinco “jueces” desestimaran cuanto comenzó a investigar el juez Garzón y sus ayudantes, tratando de que la caja de pandora no fuera abierta y salieran las verdades que encierra a recorrer este ya pequeño planeta, pues el avance tecnológico así lo ha convertido en una "aldea global”.

    Estos monárquicos no tienen honor. Por eso sus oficiales hacen que los soldados de la monarquía cometan la apostasía de gritar: “Dios salve al rey”.  El rencor corroe sus entrañas. Los defensores de la monarquía están dispuestos a volver sobre las huellas de su penoso pasado en caso de que su amo y señor se lo exija. No obstante, éstos no conocen que otros tiempos dominan al mundo, y que tal vez llegarán a verlo.

    Claro, por lo informado más arriba fue que los monárquicos prohibieron al destacado magistrado Garzón a continuar con sus pesquisas. Sin embargo, esto es el comienzo. Están preparando llevarlo al Tribunal y hasta condenarlo. Es que ellos no juegan. Ya lo despojaron de su investidura de juez. Es una vergüenza para España, Europa y toda la humanidad. Es que la ultraderecha es funesta en defensa de sus putrefactos títulos. Es indispensable que la desaparezcan por siempre. Hay que legislar una Ley para eliminarla, lanzarla en lo más profundo del Océano Pacífico. Pero no solamente a la española, sino a la siniestra inglesa, la más terrible de todas.   

    Señores, siempre se ha dicho que la monarquía es poderosa. No perdona. Es sumamente vengativa. Tienen la paciencia de los buitres. Estudian a Maquiavelo desde la infancia, siendo su principal profesor. Por tanto, cada vez debemos admirar más a la grandiosa Revolución Francesa. Ella indicó el camino contra esos criminales y sus hipócritas consejeros: los curas pedófilos. Se debe eliminar a esos parásitos que viven del humilde pueblo. Es imprescindible que los ciudadanos tomen conciencia. 

    Detrás de cuanto acontece al inmenso moralista, honesto y justiciero juez Garzón –el que le hizo el lío al fascista criminal Pinochet y ahora quieren vengarse-- se puede tener la certeza de que se encuentra la mano del rey Juan Carlos I, traidor de su padre Juan de Borbón, el nieto de Alfonzo Xlll, todo con el consentimiento de las Cortes Españolas, puestas por el asesino de Franco para llenar cierta apariencia, ya que hasta el más bobo de los españoles sabía que quien mandaba desde el 1939 era el tirano Franco, a quien el cura mayor, el Papa, lo tituló “caudillo de España por la gracia de Dios”.       

    En la conciencia del rey Juan Carlos hay una mancha que le crece con el tiempo. Hasta sus familiares cercanos le temen a su impetuosa rabia. Los rumores afirman que se despierta con cierta frecuencia durante las noches con terribles pesadillas, dando gritos, sudoroso, los ojos muy abiertos, jadeante, cuando con cierta regularidad la figura de su hermano Alfonzo se le aparece señalándolo, acusándolo de su muerte. El príncipe Alfonzo era el preferido de la mayoría de los españoles. Se cuenta que con regularidad Juan Carlos visita un siquiatra muy discreto, tratándolo sobre esos sueños que comentan algunas esposas de los integrantes de las “Cortes Españolas”, haciéndose eco la prensa sensacionalista, poniéndose rabioso Juan Carlos quien a veces coge una espada y se pone a dar fuertes espadazos contra las paredes. Se asegura que el príncipe Alfonzo era envidiado por el ignorante Juan Carlos, y por esto lo eliminó en un supuesto accidente cuando se le escapó un tiro de un revólver con el cual jugaba apuntando a su hermano. Se considera que le tenía una envidia tremenda porque Alfonzo era todo lo contrario a él, principalmente en astucia militar e inteligencia, un ser apto para gobernar.

    La muerte del príncipe Alfonzo aconteció un Jueves Santo del 29 de marzo de 1956, en Inglaterra. Y claro, su asesino salió bien. Y hoy es rey de España.

                                                                                                                                                                                              

17/01/2012 19:26 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿CONQUISTARAN EUROPA LOS EXTREMISTAS MUSULMANES?

            

Por: Bernot Berry Martínez     (bloguero)

 

    La gran realidad es que cada vez Europa se va poniendo militar y económicamente más débil. El cristianismo fracasó en el denominado “Viejo Continente”, nombre mal empleado porque los demás ya estaban en donde se hallan antes de la Conquista de América. 

    Los europeos cada vez se van poniendo más liberales, señal inequívoca de debilidad. Éstos solamente anhelan beber, comer, hacer sexo, turismo por el mundo. Y mientras practican lo expuesto, los islámicos musulmanes, árabes y africanos, van adentrándose entre los principales países de Europa, preparándose para lo que siempre han tenido en mente desde hace tiempo: dominar Europa para luego pasar a los continentes americanos.    

    Hay que haber estado en Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda, etc., incluyendo Norteamérica, para poder hablar con certeza, de forma veraz, no inventada.

    En varias de las mencionadas naciones, este bloguero vio a musulmanes en las calles haciendo sus oraciones, con la frente pegada al suelo, el trasero levantado, moviendo sus labios. Hasta sus féminas llevan vestidos largos, la cabeza cubierta, y si son doncellas con un oscuro velo tapándoles sus rostros, lo cual es un peligro en las actuales circunstancias en que vive el mundo con el terrorismo. Cualquiera de ellas podrían llevar potentes cargas explosivas sujetas a su cuerpo, escondidos entre su ropaje y volarse en nombre de Alá. Lo harían donde se encuentran numerosos niños, ancianos, mujeres, hombres, hacer una carnicería. Ya esto se ha visto en muchas ocasiones y continuará sucediendo. Esa es su religión. Lo realizan encantados, ya que según los islámicos van directo a donde Alá a vivir como príncipes o princesas. Esa es su forma y debemos respetarlas aunque ellos no respetan nada. Sin embargo, no puedo asegurar que los islámicos someterán pronto a los europeos, pero de que lo harán con los años, hay que tenerlo por seguro.   

    Hace varios siglos que Carlos Martel, luego su nieto Carlos Magno, rey de los Francos, de donde viene el nombre a la actual Francia, derrotaron a los musulmanes en grandes batallas. Es por ambos que se salvó la religión cristiana, esencialmente por Carlomagno, el gran emperador de los francos, una fuerte tribu germánica, salvador del cristianismo. Si no hubiese sido por ambos líderes, ¿en dónde estuviera la religión cristiana? Muy posiblemente que todos seríamos musulmanes.      

   Es por tanto que los europeos deben irse preparando por cuanto no muy lejos les vendrá. Ellos poseen una inmensa Quinta Columna entre su seno, los musulmanes. Tienen que vigilarlos, incluyendo a los denominados conservadores, ya que los mismos se portan como tales, pero a la hora de la verdad se quitarán la careta y se volverán más radicales que los islámicos.

    Europa ya no tiene grandes guerreros como en el pasado. Los jóvenes de ahora, repito, sólo piensan en sexo, comer bien, beber exquisitas bebidas, muchos en las peligrosas drogas, en viajar. Son fáciles de conquistar por fanáticos musulmanes pues lo de éstos es orar, prepararse para la guerra. Los islámicos nacen siendo guerreros.    

    Aconsejamos de nuevo a los europeos que no bajen la guardia. Tienen a sus enemigos frente a ellos. Europa es un continente que cada año posee menos ánimo de vivir. Parece que su instinto les permite conocer el frustrante futuro. Son lo contrario de los musulmanes. Recuerden que para los islámicos todo el Occidente, incluyendo América entera, son considerados países infieles, enemigos de Alá, quien según ellos les da las firmes órdenes de actuar “porque Él estará con ellos en los combates”.

    ¡La filosa y arqueada espada islámica ya se nota brillar en el Oriente! Solamente aguardan al líder que los unirá.        

 

23/01/2012 09:06 Bernot Berry Martínez #. sin tema Hay 1 comentario.

A BERNOT BERRY

 

 

       

                Celebro tu cumpleaños tan pronto

            vi asomarse el sol.

            Y en este día glorioso pido tu alma al

            Señor.

            Venga un abrazo tu amigo soy y mucha

            felicidad;

            venga un abrazo tu amigo soy y mucha

            felicidad. 

                       

NOTA: En este memorable 26 de enero --nacimiento del Patricio JUAN PABLO DUARTE-- le deseamos inmensa felicidad en su día de días,  a tan sincero macorisano nacido en Miramar.

    Tío Bernot, que las luminosas y preciosas gaviotas del dios Neptuno te sigan acompañando por donde sigas el rumbo. Y parafraseando a alguien que no recordamos: “…vas haciendo camino en tu andar…”   

    Los vientos caribeños le envían recuerdos del inolvidable ayer del rompeolas, la Calzada del Caribe, la extinguida ‘playa de Muertos’, el abandonado y solitario Faro, de los extintos uveros, cocoteros y palmas, del bufeadero, de la exterminada playita Carey,…

    Sí, le felicitamos sus queridos sobrinos: Máximo de Jesús, Max Alexander, Max Dugaumier, Maxi Juliette y Max Turenne Berry, hijos de su inolvidable y apreciado hermano  Máximo Napoleón Berry.

 

26/01/2012 09:15 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

'SUCEDIO EN EL MACORIS DEL JAYA' (Relato)

                         

 Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

    Tú, que en aquel entonces laborabas en la empresa minera de la ‘Rosario Dominicana’, en Cotuí, como tenías el día libre y habías cobrado, decidiste ir a pasar unas horas en el Macorís del Norte, conocerlo, tratar a su gente con fama de hombres valientes y mujeres hermosas.  

    Y fuiste a ese pueblo en taciturna mañana dominguera, nublosa, percibiendo enseguida la animosidad en el mismo, asegurándose que es una característica de sus moradores, unificándolos la lucha por un futuro mejor, muy distinto a la ciudad en la cual naciste y criaste. 

    Sí, a medida que ibas caminando por su parque (donde te dejó el transporte público), tú sentías que respirabas mejor, el pecho erguías, la frente en alto, y aunque siendo un forastero intuías que eras uno más de sus ciudadanos. Y sonreíste. Hubo comprensión de tu parte: te diste cuenta que el Espíritu del Jaya se había introducido en tus instintos, dándote la bienvenida, aceptándote en su precioso pueblo cual uno más de sus moradores. Y tuviste alegría por eso, pues siempre es bueno conocer que en una población donde se es totalmente desconocido, sin familiares y amistades, se le consienta de buena voluntad, sin nadie preguntar nada. 

    ¡Qué bueno es una comunidad así! --murmuraste mientras bajabas la plaza, cruzando la limpia calle, deteniéndote en la calzada exactamente a las 10:45, así lo advertiste en el reloj de pulsera. Fue en ese instante que escuchaste una balada reproducida  por  una  poderosa ‘vellonera’,  aparatos que todavía  se  utilizaban  en  1978,  año en el cual sucedió cuanto estamos contando. 

    Cierto, y tal vez atraído por esa melodía que te gustaba bastante penetraste en ese negocio-bar, dirigiéndote a una desocupada mesita con un mantel encima de color rosa y dos asientos a su lado, sentándote en uno pegado a la pared. Notaste que había pocos parroquianos: una mesa ocupada por cuatro hombres de mediana edad bebiendo ron, quienes apenas te echaron un vistazo, y otra por una mujer trigueña, sola, con largo pelo negro, trajeada con precioso vestido de color azul celeste, fumando un cigarrillo. Esa fémina, al contemplarte, comenzó a ojearte con una sensación extraña, inquisidora, trayéndote un poco de intranquilidad.           

    Un flaquísimo camarero se acercó a ti y muy sobrio te peguntó lo que deseabas. Le contestaste que querías una cerveza grande, bien fría, yéndose él a buscarla con un raro caminar. Te quedaste oyendo la canción amplificada por ese aparato que encendía y apagaba diferentes luces, dándole aspecto monstruoso. 

    En tanto el mozo se acercaba con lo pedido y un vaso cervecero sobre la bandeja, pudiste percibir que la dama continuaba observándote con fijeza, sin importarle que los presentes lo notaran. 

    El camarero no te habló ni una sola palabra a medida que llenaba de la espumante bebida el inclinado recipiente, hasta que estuvo lleno, dejándolo sin una sola espumita, marchándose de inmediato. Probaste la cerveza. Se hallaba fría. Y como hacía un fuerte calor ingeriste lentamente más de la mitad del contenido, llenándolo de nuevo para otra vez beber un largo trago, dándote cuenta que la joven seguía mirándote, pareciéndote que sus labios dibujaron una tenue y tentadora sonrisa hacia ti. 

    La balada finalizó. De soslayo viste a la fémina andar con elegancia hacia la máquina musical, echarle monedas, marcar una tecla dos o tres veces, para poco después escuchar otra vez la melodía anterior, la que tanto te agrada, una interpretada por Joan Manuel Serrat, la que influyó para que entraras en ese bar. Entonces advertiste que ella se volteó hacia a ti y te contempló dulcemente mientras encendía otro cigarrillo, notando que el azuloso humo la envolvía entre una quimérica aparición con un fondo de luces que encendían y apagaban. 

    Los cuatro hombres te ojearon un instante. Cuchichearon. Y continuaron hablando cosas que no podías escuchar porque la música lo impedía. Te dijiste que debías tener cierta precaución: te hallabas en una ciudad en la cual eras un total desconocido. Te preocupó la sujeta ya que otra vez te miraba con atención, fumando, las bellas piernas cruzadas, pero sin nada de beber. 

    Tú acabaste el contenido de la botella y le hiciste señas al camarero para que trajera otra. Fue en eso que avistaste a la mujer sonriéndote, con claridad lo estaba haciendo, y sin ningún disimulo. Entonces pensaste que aunque con seguridad llegaba a los treinta, aún se veía estupenda, su cuerpo bien formado, hermosos labios y ojos, especial para pasar un excelente momento siempre y cuando fuera libre, sin atadura matrimonial o de concubinato.     . 

    Al regresar el mozo con la bebida y te llenaba el vaso en silencio, te atreviste a preguntar: “Eh, oiga, yo no soy de aquí, eh, no quiero líos no, no quiero equivocarme” -- y continuaste diciéndole si era posible que esa dama te aceptara una cerveza sin ningún problema, asegurándote el flaco tipo que sí, que con gusto ella te la admitiría sin nada que temer. Y sonreíste con satisfacción. Todo marchaba bien, perfecto para quizá tú pasar unos tiernos instantes con esa fémina que la veías agarrar la cerveza enviada por ti, mirarte muy sonreída, agradecida, para de inmediato, sorprendiéndote, bebérsela con avidez a pico de botella, notando que los hombres te contemplaban con disimulo, sin darle importancia a cuanto ella efectuaba pues discerniste que tal vez ya se hallaban acostumbrados, familiarizados.

    Como la mujer ya no tenía cerveza en el verde recipiente --la había ingerido rápidamente y te contemplaba, con seguridad sugiriéndote que le enviaras otra--. Por eso llamaste al camarero y le pediste que le llevara una más, haciéndolo él así, poniéndosela sobre la mesa. Ella, gratificada, te envió una hermosa sonrisa, haciéndote estremecer.  De nuevo la volviste a contemplar tomándosela con prontitud a largos tragos, deteniéndose para tararear unos segundos la misma balada que repetía la ‘vellonera’, ésa que influyó en ti para que penetraras en el negocio. 

    Tu cerveza llegaba a su final. La de ella ya estaba terminada, y te veía con suplicante mirada para que le mandaras otra. Pero tú no entendías: la lujuria y el alcohol  impedían que pensaras con claridad. Por eso llamaste al mozo y le interrogaste si la mujer podía venir a sentarse al lado tuyo, a compartir contigo, a entonar juntos la canción que constantemente amplificaba el aparato aquel como si fuera la única en poseer. Claro, también le dijiste que después caminarían por el parque, conversando acerca de las cosas de la vida, del destino que pone a dos personas de lejanos lugares a compartir íntimos momentos. El camarero te escuchó atentamente, sin hacerte ninguna interrupción. Casi intuiste en su rostro en que había pasado varias veces por semejantes peticiones. Y tuviste cierta esperanza en tenerla a tu vera, conocerla, oír su voz, acariciarla, etc. Empero, la vida es extraña, compañero, ya habíamos conversado sobre eso. Y tal vez por ese motivo fue que el flaquísimo hombre te informó con voz apagada, sincera, que aunque él fuera donde ella y se lo dijera, no lo entendería... ( la ‘vellonera’ reproducía en ese instante: “dicen en el pueblo que un caminante paró”...), mientras el mozo continuaba informándote que mucho menos vendría a sentarse a tu lado --la mujer cantaba fuerte--, “es una tipa rarísima, no habla con nadie, llega todos los domingos y pone ese disco continuamente, cansa  a uno con el mismo disco del carajo. Vea, no es a ti al primero que le pasa, han sido muchos”. Te señaló además, que bebe cerveza si alguien se la brinda, lo que efectúa desde hace unos años, luego que su amado, con quien se casaría en grande, misteriosamente desapareció en la urbe neoyorquina, algo que ella no acepta y lo sigue aguardando con inmensas ansias. 

    Sentiste un hondo vacío entre el pecho. Mas, le dijiste que le pusieras a ella otra cerveza, pagándole cuanto debías, sin papel, de boca, dándole una buena propina. El mozo se alejó hacia la barra. La gente te contemplaba con seriedad. Entonces te pusiste de pies y con pasos lentos abandonaste aquel negocio. En tanto ibas andando percibías miradas en la nuca y escuchabas que de las entrañas de la ‘vellonera’ se repetía:

                        

         “Penélope, con su bolso de piel marrón,

          sus zapatos de tacón, y su vestido de

          domingo”...

 

NOTA: Esta narración pertenece a nuestro libro de relatos "En ese doblar de campanas, el cual se halla registrado en la Oficina de Derecho de Autor (ONDA).

 

29/01/2012 09:44 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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