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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2010.

LOS TRANFUGAS

  

 

Por: Bernot Berry Martínez   (blogario)

 

 

 

     En todas partes del mundo se encuentran esos individuos. En Dominicana existen numerosos de ellos. Es más desde la fundación de la República, pegado al gran Duarte, ya estaban esos malvados personajes haciendo de las suyas, cizañando el proyecto republicano, traicionándolo, vendiendo el suelo patrio a cambio de oxidados títulos monárquicos.

 

     Cierto, fue a consecuencia de los tránsfugas que el más ilustre de los dominicanos sentenció: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se merecen, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”. Y cuánta razón tuvo el Padre de la Patria. .

     Se asegura que ellos son los verdaderos culpables de encontrarse Dominicana como actualmente se encuentra, una nación semejante a barco a la deriva, con sus tripulantes desesperados, muriendo de hambre y sed, la fe de muchos ya perdida por alcanzar el puerto añorado, ese hermoso fondeadero idealizado por los forjadores de nuestra nacionalidad, los constructores de la embarcación cuyo estandarte tricolor se halla decaído, inmovilizado a los vientos caribeños.

 

     Los tránsfugas son personas peligrosas, individualistas. El egoísmo y la envidia poseen en altísimo grado. Camaleones de la política. Su mordaz lenguaje estremece a las avecillas palmeras. Tienen un odio atroz a quienes no actúan cuales ellos. Sus índices acusadores con frecuencia no pueden levantar por el peso del excremento que los rodea. Son parias de la sociedad; ratas marineras que abandonaron hace tiempo la preciosa nave Dominicana. Se encuentran en todas las entidades, sean profesionales, culturales y políticas, saltando de una a otra sin ningún sonrojo. Poseen la paciencia del buitre, realizando con esmero lo imposible por alcanzar esa hedionda  y resbaladísima cima de su triunfo personal. Realizan enorme daño a sus semejantes cuando introducidos en partidos políticos alcanzan el poder del estado. Saquean cuanto encuentran a su paso. Son insaciables estafando al pueblo. Se pintan como corderitos, pero son viles truhanes que se llevan cuanto puedan cargar.           

 

     En Macorís pululan los tránsfugas. Algunos son graduados con honores en la técnica del ‘lambonismo’. En su afán de ascender en la escala social son capaces de cualquier cosa.   

 

     Pero el pueblo humilde, el que anda a pie y jamás perdona, de manera silente los contempla y en algún tiempo que podría ser no lejano, tal vez a vuelta de la esquina, les puede pasar factura, pedirle cuenta de su traición. Entonces será la tembladera, el miedo espantoso, los golpes en el pecho, la terrible diarrea, los profundos lamentos mirando hacia un cielo sin estrellas, tan oscuro como sus conciencias.

 

 

 

 

 

 

 

03/03/2010 17:29 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EN LA SOMBRA DEL GRAN ARBOL

          

 

      Por: Bernot Berry Martínez  (blogario)

 

     Muchos son quienes afirman que todo individuo, anhelante de triunfar en esta compleja y selvática sociedad, debe buscarse un enorme árbol para guarecerse debajo de su poderosa sombra. La afirmación es insoslayable, se pierde en la curvatura del tiempo: “Quien se arrima a gran árbol, buena sombra le cobija”. Empero, todo hombre o mujer debe ejecutar esa acción de acuerdo a su personalidad, igualmente a las circunstancias.

    

     Cada cual posee su forma inquisidora de ver las cosas, examinarlas, sea para bien o mal. Se vive una lucha desbocada por alcanzar la tan ansiada meta victoriosa. Sin embargo, con relativa frecuencia sólo consiguen ganarla esos sujetos de instintos bajos. Claro, esos tipos tienen variadas maneras de socavar a sus competidores, aunque es gran verdad que no pocos de los perdedores se quedan atrás porque no quieren salpicar sus conciencias haciendo algo inmoral, mucho menos deshonrarlas. Ellos son combatientes en buena lid: consideran que es placentero y fascinante llegar a cima por ardores exclusivos, jamás por la influencia del proyector de tan enorme sombra. Cierto, quizá creen que así no percibirán las viles risotadas de ciertos hipócritas, tampoco de  falsarias sonrisas, abrazos de gratuitos enemigos. Talvez piensan que allá arriba sólo debe escucharse el epinicio triunfador de valientes ruiseñores, que entrelazado con multicolores mariposas vuelan en derredor de la brillante hermosa cumbre. Quienes lidian así son seres de luz, posiblemente pertenecientes a otras dimensiones, habitantes entre metáforas, y de ningún modo podrían caer en la situación absurda de peligrosos adulones con intenciones arribistas y quimerizas. Por tanto, a ellos se les haría espinoso penetrar a la penumbra del inmenso árbol para disfrutar los espléndidos primores que ésta brinda a sus cautivadores. Mas, los primeros anhelaban glorificarse en grande. Ansiaban que sus apelativos fuesen anunciados honrosamente por un popular comunicador en ancho salón mientras eran aplaudidos por delirantes espectadores. Claro, a tales sujetos se les importaba que ese locutor, vulgar trepador y formidable adulador, endiosara al potentado cobijador, llenando el sitio con su característica copiosa babaza.

    

     Cierto, esos individuos, buscando manjares y elogios, se alejaron del conjunto de las luces. Sumisos y arrodillados, sin un poquito de pudor, lo efectuaron. Después, vaya, vaya, sus labios lamieron el fangoso recinto donde moraba el monstruoso árbol. Y triunfaron. Cabalmente volvió a cumplirse el ya indicado famoso proverbio. Sus nombres fueron escuchados numerosas veces por escuálidos oyentes. Mas, nebulosa se les puso su situación, pues después de convertirse en victoriosos, condecorados y vitoreados, se volvieron frustrados, amargados, de miradas abatidas y lejanas. Realmente se convirtieron en individuos sin almas. ¿Vislumbraron que sus antiguos camaradas no seguirían a la tan deprimente senda que habían cruzado? 

    

     ¿Cuándo se aprenderá que las personas no poseen el mismo valor moral?

    

     Pero los seres de luz son demasiado comprensibles. Admiten que aún, sin importar cuanto esos sujetos se alejaron vociferando interesadas calumnias hirientes del amanecer, pueden retornar al desahogado trayecto que abandonaron aquella lánguida tarde en la cual el crepúsculo se desvaneció de sus ojos.

     

     Sí, ellos han constatado conmigo --ignoro cómo, no pertenezco a tan noble grupo-- para informarles lo siguiente: “Vengan, hermanos del viento, hemos aguardado un largo tiempo para bañarnos entre la preciosa aurora que ya está naciendo. No nos defrauden más. Salgan ya de la siniestra mancha. Juntémonos con quienes cantando avanzan hacia el primoroso esplendor de la nueva sociedad humanizada”.                                                                                           

                                                                                                                                                                            

03/03/2010 17:44 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


LOS ILUMINATIS O ILUMINADOS

Por: Bernot Berry Martínez  (blogario)

    ¿Quiénes componen a esta poderosa organización mundial, formada hace siglos, y de la que se dice viene del Imperio Romano, incluso desde los faraones egipcios? Cuanto se cree es que ellos forman el Verdadero Gobierno Invisible del Mundo. Dominan de variadas formas. Son considerados los planificadores de los horribles acontecimientos que han sucedido y sucederán en nuestro planeta. 

    Los iluminatis realizaron la Guerra Civil de los Estados Unidos, con la inmensa ayuda de sus partidarios en la Corte Imperial Francesa. Sus principales dirigentes, incluyendo George Washington --primer Presidente en el mundo-- pertenecieron a tan formidable institución secreta. Hasta el dólar de un peso posee en sus reversos símbolos de esa Organización.

    Empero, ¿quiénes han sido y actualmente son esas personas en el poder mundial? La gran verdad es que se hallan en cualquier institución, sea religiosa, política o independiente. Poseen más astucia que los jesuitas y sus aliados del Opus Dei, y muchos de éstos dan informaciones a la misma. Sus cabecillas se hacen pasar por francmasones, pero en el fondo tienen sus directivos otras ideas espantosas: la dominación mundial, un solo gobierno, una sola moneda.

    Los francmasones fueron quienes efectuaron la famosa Revolución Francesa, la cual hizo cambiar los gobiernos de entonces, porque la Libertad-Confraternidad-Igualdad, trajo cambios profundos en casi toda Europa y Latinoamérica. A Napoleón Bonaparte lo dirigieron en sus conquistas. Ellos hicieron cuantas grandes contiendas bélicas ha tenido la humanidad. La Primera y Segunda Guerras Mundiales fueron concebidas por los iluminatis. Son quienes han puesto los grandes dictadores para que gobiernen con fuerza. Se afirma que hasta Carlos Max era de ellos, igualmente Lenin. La Revolución Bolchevique fue dirigida por esas ocultas e inteligentísimas personalidades. En la actualidad se hallan perfeccionando una enorme guerra mundial en la cual sucumbirá gran parte de nuestra sufrida humanidad, animales, etc. Será algo caótico, verdaderamente terrible, como jamás ha padecido ni conocido el planeta. Se asegura que en la misma se usarán los armamentos más sofisticados creados por los hombres. No habrá rincón del mundo en el cual esta guerra no llegará.

    Los iluminatis poseen un linaje común. Se casan entre ellos. Vienen del mismo árbol genealógico. Es por esto que le dan una inmensa importancia al ADN. La mayoría de los presidentes norteamericanos, exceptuando muy pocos, como Kennedy, han pertenecido a este linaje, igualmente los últimos, como los Busch, y hasta el propio mulato Obama, el actual y peligrosísimo presidente gringo, uno de los más hipócritas que ha tenido tan poderosa nación. Por tanto, que nadie se deje engañar, los Iluminados saben fingir. Nadie lo hace mejor que ellos. Dominan con su dinero y su fuerza a quienes se les opongan. Son siniestros. No tienen compasión. Hasta la realeza británica les pertenece. Ellos adoran a un ser maligno, realmente perverso que es muy similar al Satanás del judaísmo-cristiano.

    Empero, de acuerdo a los esotéricos, al final serán derrotados por quienes cuidan a nuestra galaxia, esos hermanos superiores, seres de Luz, y que ya algunos están aquí mientras en las alturas muchos aguardan el momento de la acción.             

09/03/2010 19:34 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema Hay 1 comentario.

EL VIEJO ANDRÉS (Relato)

 

Por: Bernot Berry Martínez       (Blogario) 

 

    Cabizbajo, caminando con lentitud, oscilando su enjuto cuerpo, el antiguo marinero Andrés, un mestizo curtido por el bravío sol caribeño, de mediana estatura, vistiendo andrajosa ropa, sombrero desteñido por los años, llevando a cuestas un saco de pita en donde guardaba sus únicas pertenencias, náufrago de aquella goleta de dos palos en la que había laborado hasta esa mañana gris, lluviosa y borrascosa en la cual a esa embarcación se le abrió el casco, hundiéndose frente a Macorís, Rep. Dom., conduciendo a muerte a cinco tripulantes, salvándose solamente él, quedando tan frustrado y apenado que jamás volvió a la mar, viviendo realizando variadas ‘chiripas’, trabajitos que el tiempo fueron disminuyendo porque sus fuerzas no le permitieron continuar con el peso de la vida, viéndose forzado a la vergonzosa tarea de limosnear.

 

    Mientras el anciano Andrés se dirigía hacia el lugar donde con frecuencia pasaba la noche --la Iglesia Católica-- luego de recorrer las calles mendigando, reflexionaba en que solamente había conseguido varias monedas que sumadas hacían un peso. Asimismo obtuvo dos panes, un poco de café y un tabaco, todo dado por doña Friné para que él le averiguara un asunto dentro de la parroquia. Se detuvo un momento para soliloquiar: “¡Hum, pobre vieja, creo que tá media loca! Pero qué carajo, aquí tó el mundo lo etá, y algunos hasta de remate. ¿No es así, eh? ¡Claro que lo es! Y te digo eso porque yo he visto al curita ese, al gordito españolito, quien se levanta temprano, siempre a las cinco y nos despierta a gritos a todos los que dormimos pegado a la parroquia. Y como si fuera un loco, casi encuero, empieza a correr alrededor de ella voceándonos con palmadas ‘¡apúrense mis hijos, apúrense!’ Volviendo a vocear lo mismo cuando pasaba de nuevo y con más palmadas, hasta que nos saca de ahí, de la casa dizque del Señor, echándonos pa la calle, viéndonos sonreído mientras nos alejamos cargados de pena, cansados, temblando de frío, hacia un nuevo día, aún un poco oscuro si es verano y de noche si es invierno.”

 

    El viejo Andrés prosiguió su andar, razonando consigo, manifestando que doña Friné estaba mal de la cabeza: “Eh, ¿sabes lo que me dijo cuando me dio las cosas que tengo, ah? Bueno, me llamó, ¡André, André! Y fui donde estaba. Noté que se reía un poquito, saliéndole una babita por la boca en donde tenía un tabaco, un túbano sostenido por la punta, por donde se prende. Eh, dígame doña Friné, le dije. Entonces, dejando de reír, me tomó la mano, esta, la derecha, y poniéndome el tabaco sobre ella me informó. ¿Puedes saberlo, ah? No, no podrías, Oye, con seriedad me manifestó lo siguiente: André, fúmatelo esta noche y dime si es verdad que allá dentro, en la iglesia de los curas, se escucha a Dió caminando, como me han dicho. Te digo que me quedé espantado. Era algo que jamás esperaba, mucho menos de esa mujer que siempre tiene su rosario a mano rezando, rezando a cada rato. En eso me regaló las cosas que llevo entre el saco...

 

    Eran de ocho a diez los pordioseros que solían dormir en la parroquia --la ‘Casa del Cristo Redentor’--, acurrucados a las cerradas puertas, cubierto con periódicos, calentándose unos a otros, durmiendo un par de horas porque no conseguían hacerlo la mayor parte de la noche, quedándose despiertos, pensativos, los ojos tristísimos, la mayoría observando hacia el Oriente, buscando el primer rayito de luz, sonriendo varias veces al percibirlo en lontananza ya que conocían que llegaba el amado día, ese ahuyentador de las tenebrosas tinieblas y que les proporcionaba el amado calor que tanto ansiaban sus húmedos huesos.

    El anciano seguía caminando. Por su modo de andar, balanceándose, un par de mozalbetes se mofaron de él. No obstante no les hizo caso, ni siquiera los miró, y aunque le pegaron en la espalda unos bagazos de naranjas dulces, voceándole “viejo ‘e mierda, continuó su lenta marcha, meditando en doña Friné, diciéndose que lo grande de aquélla es que le hizo jurar por la Virgen Santísima que lo haría. Por eso recordó su rostro expresándole: “Tiene que pegarte bien a la puerta, André, pegaíto, oyéndolo tó, tó cuanto pasa allí dentro”.

    Monologó que no le gustaba realizar esa cosa ni siquiera un poquito, preguntándose con un susurro: “¿Y tú sabes por qué, ah?” Enseguida se respondió: “Porque... eh, mira, es que yo nunca he oído naíta ahí dentro, solamente a ratones, ratones grandotes que viven allí,  que nos joden la paciencia pues sacan los hocicos por debajo de la puerta y nos muerden las nalgas”.

    El anciano se detuvo. La parroquia estaba al frente. Como siempre hacía la contempló. Pero esta vez no la admiró como regularmente efectuaba. No, contempló relámpagos a lo lejos, y entonces se acordó del naufragio de la goleta, de los gritos de sus compañeros, de su lucha contra la furia del mar, afirmándose que no sabía por qué diantre se salvó, recordando que alguien le refirió que se hallaba con vida para algo, pero de nuevo volvía a responderse que ¿para qué lo estaba, ah? Y de igual modo, semejante a muchas otras veces, volvía a responderse que para nada bueno el Señor lo dejó vivo. Empero, dejando lo anterior, otra vez cayó en el asunto de doña Friné, interrogándose si será cierto que Dios se pasea dentro de esa iglesia, contestándose: “Creo que tó eso e’ puro cuento, no camina ná, ahí sólo lo hacen las grande rata, eso sucio animale que le encantan morder nuestro jediondos  traseros”.

 

    Mientras iba caminando en forma diagonal la calle Colón para llegar al templo, su mirada la mantuvo fija en una verja de acero que estaba siendo levantada deprisa alrededor de la iglesia. Llegó a la cerca. La contempló Tenía poco más de dos metros de altura, fuerte, puntiaguda. Su mano izquierda aprisionó un barrote, mientras sus ojos sin brillo avistaron el estrellado firmamento, preguntando: ¿Por qué, mi Dió, por qué? Unos instantes estuvo contemplando el bello cosmos, tal vez aguardando contestación a su interrogante. Empero, considerando que se hallaba en una posición ridícula ya que un motorista le voceó, “viejo ‘el carajo, allá no te quieren, sino aquí abajo el diablazo”, se pasó el saco de pita al hombro izquierdo, prosiguiendo andando, agarrando barras con su diestra a medida que avanzaba. Iba cavilando:

 

    --Eh, nadie no quiere, muy pronto, mañana o pasado, eta vaina de hierro será terminada y tendremo todo que irno al carajo. Dicen que la construyen porque la gente se orina en la parede, que la ensucian y hacen  pendejada. Pero también aseguran, y puede ser por eso sí, que la etán fabricando porque dique moletamo mucho a esa perfumada dama que entran y salen de la iglesia adorando al humilde Jesús, incomodándola con el pide-pide.Señora, por Dió, deme algo, algo pa comé’. Pero no oyen. Son sorda. Siguen caminando. ¿Por qué no ecuchan, eh? Hum, una se detiene y me mira. Su ojo no tienen vida. Percibo que se halla llena de soledad. Ella me hace recordá una tintorera que pequé por la ila Catalina. La veo sacá de su lujosa cartera un portamoneda, lo abre, saca dié centavo y sosteniéndola con las  puntas de su uñaza roja la suelta sobre la mano que tengo extendida Qué vergüenza, carajo!) Y me dice, no, me ordena señalándome con su largo índice mientra me mira con seriedad: ‘Cuidadito con bebérselo de ron, ¿me oye?, Dios siempre lo ve todo, está en todas partes’. Eh, entonces yo me pregunto, pensando en lo que me dijo la vieja gorda aquella, si eso e’ verdá, puedo interrogarle: ¿Dió, e’ cierto que Usté se pasea entre esa iglesia, como me dijo doña Friné que le averiguara,  ah?                  

 

    Andrés prosiguió caminando, agarrando cada uno de los barrotes que formaban la verja, sin darse cuenta que la misma ya había sido finalizada, faltando solamente pintarla. Vino a darse cuenta cuando realizó una vuelta completa en derredor del enrejado, comprendiendo su triste y penosa realidad. Y miró buscando a los otros pordioseros que regularmente dormían allí. No obstante no los vio. En ese instante tuvo la sensación de que se hallaba solo, igual a como estuvo cuando zozobró la nave de madera, luchando por su vida contra las encrespadas olas, el miedo, la angustia, oyendo los gritos de sus camaradas. Y dejó caer el saco de pita al suelo, e impotente, sintiéndose un ser en extremo miserable, completamente abandonado entre una sociedad selvática, asfixiante, ‘de sálvese quien pueda’, agarró con sus manos dos barras de la verja y con su cabeza en alto, hacia el cielo, los ojos bien cerrados, sentenció: “¡Mierda pa tó el mundo, mierda!” Y se quedó con el rostro convulsionado, las penas quebrándole su interioridad de hombre de bien, trabajador, de jamás faltar a su palabra, cumpliendo lo prometido, sin nunca haber faltado a un ofrecimiento, sin hacerle daño a nadie. Y cuando de nuevo abrió sus tristes negros ojos, ambos estaban llenos de profundas lágrimas.

 

    Caviló que eso no podía quedarse así, que debía cumplir con doña Friné. Se había comprometido. Y él era un hombre serio, siempre lo fue, más honrado que muchos curas, incluyendo ese sacerdote español (“apúrense, mis hijos, apúrense”), maldiciéndolo por su hipocresía. Y se acordó que unos días atrás, amaneciendo, casi oscuro, los llamó palmoteando: “Arriba, mis hijos, de pies, de pies por Cristo”. Y al levantarse con brega, hambrientos, al compás de sus palmadas y cínicas frases, poniendo la cara de santurrón les expresó: “Mis hijos, no se apuren por la cerca de hierro, no la estamos haciendo por ustedes, sino por bandidos que se orinan en las paredes y hacen vagabunderías con mujeres desvergonzadas. Tengan siempre en cuenta que la Iglesia es principalmente de los pobres, de ustedes, así lo manifestó Jesús en el Sermón del Monte, cuando dijo, eh, ‘bienaventurados vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos’. Les dijo también que la parroquia era de ellos, de los infelices desamparados y que contaran siempre con su protección.  Y por aquel recuerdo Andrés se preguntó, que cómo podrían pegarse a la cerrada iglesia a pasar la noche si la verja de acero se los impedía. Entonces fue que lo pensó. La idea le llegó con rapidez: claro, la saltaría para poder cumplir con lo prometido a doña Friné, él no era un charlatán, y mucho menos porque se lo hizo jurar por ‘Tatica’, la Virgen Santísima de Higüey, y con eso no se puede jugar no, era algo muy sagrado aunque él no fuera religioso. Y siguió meditando en que esa verja no podía impedírselo, pues por algo fue marino, y de los buenos, y que nadie trepaba por los palos más rápido que él. Claro, nadie le ganaba. “Vaya, ¿entonce me detendrá esta cosa hecha con barra de hierro, ah? No, tigre, eso jamás. Yo tengo que entrar ahí dentro Se lo prometí a doña Friné. Sí, tengo que juntarme a una de la puerta y tratar de escuchar si Dió camina en ella o no. E’ algo en que nunca había pensado a pesar de tanto tiempo durmiendo en ese lugar, pegado a esa grande  puerta, cambiando de sitio de acuerdo al clima. Y te puedo jurar que jamás me pasó por la mente oír si Dió andaba en ese recinto religioso hasta que vino doña Friné a embromar con esa vaina, prometiéndole que lo haría, que trataría de escuchar con muchísima atención su petición. Eh, quizá me estoy volviendo loco de remate también, igual a doña Friné. Pero palante. Tengo que averiguarlo. Hum, ¿y si le oigo andar qué hago, eh? ¿Lo llamo y le pregunto algo, ah? (‘Dós, tamo frito, ayúdeno, ayúdeno...’) Hum, doña Friné no me dijo naíta de tan tremenda pendejá”. 

 

    Andrés tomó el saco de pita y lo sujetó en lo alto del enrejado. Miró hacia ambas direcciones y a nadie vio. Todo el sector estaba solitario. Sonrió. Se dijo que la suerte hallábase de su lado y que talvez Dios --¿por qué no, eh?-- se encontraba protegiéndolo pues ni siquiera advirtió gente por el cercano Ayuntamiento. Comenzó a subir la cerca en tanto soliloquiaba: “Eh, mira cómo voy haciéndolo. Subo fácil. E’ que soy un hombre encojonáo. Fui marino, ya te lo dije, y de los buenazo. Ahora toy arriba. Eh, tengo que cuidarme de la peligrosa punta. Hum, déjame ver si viene alguien, algún chimosito de lo cura. No, nadie, ni siquiera un ruidoso motor, tampoco  ningún carro. E’ que me hallo dichoso. Debí jugar un palé’. Bueno, lo que me preocupa e’ si oigo a Dió caminando. Pero de seguro eso e’ una tontería. Me parece que doña Friné me encargó esa vaina con la finalidad de burlarse de mí. A ella le guta relajá. Le encanta poner de ridículo a cualquiera. Porque si eso fuera cierto, si Dió se pasea entre eta iglesia, con seguridad tó el pueblo de Macorí tuviera aquí pidiéndole cosa por fundas. Porque, carajo, qué gente que pide, más que nosotros los viejos que no tenemos ná, ni en qué caerno muerto. Y de seguro lo cura no tendrían la puerta cerrada, sino abierta, con la campana sonando, el templo lleno de incienso, haciendo tale religioso su agotazo, igual que lo carterista, y a nosotros nos alejarían a trancazo hace tiempo. Hum, ¿y si de verdad Dió sale ahí, eh? Bueno, ya veremo, ya veremo. Eh, ahora bajaré con cuidado, lentamente, cuidándome de la traicionera punta. Hum, pero te vuelvo a repetir, si, te repito ¿y si Dió sale ahí dentro, ah? Eh, ehh, ehhh…” (*)  

 

    A las 5.15 A.M., cuando el sacerdote español comenzaba a efectuar sus acostumbrados ejercicios matutinos, halló el cadáver del viejo Andrés con un fuerte golpe en la cabeza, sobre un charquito de sangre, los ojos muy abiertos con dirección al Este, por donde sale el Sol. Sus labios parecían poseer una sutil sonrisa. 

 

*NOTA: Aquel enrejado le fue retirado a esa iglesia unos 25 años después de este relato, cuando el gobierno de turno, complaciendo a curas y feligreses, decidió otra vez repararla, gastando millones de pesos en su restauración.                

                                   

 

13/03/2010 18:45 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

ESE RAFAEL L. TRUJILLO MOLINA (CHAPITA)

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Por: Bernot Berry Martínez      (Bloguero)

    Parientes muy cercanos a la horripilante bestia “humana” conocida por Trujillo, igualmente sus aduladores a sueldos, tienen una enorme propaganda a favor de su régimen de terror que ese bicho les ofreció a los dominicanos durante 31 años con el firme apoyo de los norteamericanos y la iglesia católica. Estos familiares y sus lisonjeros son tan criminales como lo fue Rafael Trujillo Molina. Ellos lo llevan en la sangre, en el ADN el cual no se equivoca de acuerdo a los investigadores. 

    Trujillo mató a numerosas personas honrosas, rodeándose con la escoria de la nación: asesinos, ladrones, abusadores, terribles violadores..., poniéndolos en la policía y milicia para que aterrorizaran al pueblo. Sin embargo, el gran apoyo que obtuvo fue de esos intelectuales inescrupulosos que por amor al dinero, a vivir bien, cómodos, sin ser molestados ni irse hacia el extranjero como muchos de sus colegas. Tales intelectuales eran grandes sinvergüenzas. Estuvieron junto a él a pesar de que conocían perfectamente de que el tirano, a quien servían con gran esmero, era un terrible criminal. Es tal vez por eso que este ser detestable estuvo tantos años en el poder, abusando de los infelices (más del 80% en la pobreza extrema), quienes sobrevivían a duras penas. La gente andaba descalza, con una sola ropa y otra dominguera. Algunos teníamos unos zapatos durísimos, que usábamos para ir a la escuela, a veces a la iglesia, o los domingos a conversar con muchachas en el parque, también a escuchar música (retreta) que interpretaba la Banda Municipal.   

    Este monstruo con figura de hombre nació en San Cristóbal, Rep. Dom., el 24 de octubre 1881, muriendo asesinado por un grupo de valientes que lo ejecutaron en la noche del 30 de mayo 1961, en un complot elaborado durante bastante tiempo. Ellos aguardaron el momento preciso para hacerlo, llegándoles esa noche de su eliminación cuando se dirigía sin escolta hacia San Cristóbal a un encuentro dizque con una bella joven desconocida. Es que Trujillo fue un enfermo del sexo. Era lujurioso en extremo. Algunos estudiosos de su personalidad, principalmente sexólogos, consideran que era bisexual, y que huía de su verdadero yo abusando de pobres doncellas porque probablemente en el fondo era homosexual. Parece que las odiaba ya que cuanto más le hacía gozar era introducir el dedo para quitarle su virginidad, ya que algunas no alcanzaban la pubertad. ¿Cuál será la verdad de todo esto? Porque siempre se ha conocido de bravos soldados que en el fondo son homosexuales. Bueno, con tantas zonas desconocidas en la sexualidad es muy difícil llegar a una lógica conclusión. Hay que reconocer que uno de los Trujillo, Bienvenido, era un tremendo ‘pajaruco’, y que el Palacio Nacional estaba lleno de tales sujetos.

    Pocas fueron las doncellas que lograron escapar a tan despiadado individuo cuando eran señaladas por sus informantes (mujeres maduras mayormente) en distintas partes de Dominicana, encargadas de buscarlas y llevárselas. Las jovencitas muchas veces no eran para él, sino para importantes “personalidades” de los Estados Unidos y de otras latitudes, esencialmente senadores e importantes diplomáticos. Sus padres a veces recibían cierta compensación. Mas, aquellos progenitores que no cooperaban con el brutal gobernante eran considerados como enemigos del régimen, haciéndoles la vida imposible, metiéndolos presos por cualquier cosa, pasando su familia grandes dificultades. Hasta los propios familiares de éstos se les alejaban para no caer en la misma situación. Diversas familias acomodadas se volvieron enemigas por siempre. Así de horripilante fue la tiranía que los yanquis y la iglesia católica (compuesta por una mayoría de curas pedófilos) la apoyaron, esencialmente los hipócritas jesuitas y el siniestro Opus Dei. Pero como nada dura por siempre, el dictador fue mandado a ejecutar por quienes lo pusieron, esos yanquis de doble y triple moral, utilizando a los secuaces del propio tirano, aunque siempre se ha tratado de ocultar, de dejar a los gringos fuera de la conspiración.       

    Desde muy joven, Rafael, junto a varios de sus hermanos, se dedicó a cuanto más le complacía: el cuatrerismo, la falsificación de cheques y el hurto postal, algo con seguridad heredado de su padre, José Trujillo Valdez, un aventurero ladrón, hijo de un español canario que vino cuando la anexión de la República a España. Trujillo cayó preso en varias ocasiones. No obstante al volver a salir en libertad de nuevo retornaba a sus andadas delincuenciales. Él dirigió la terrible banda la 42, muy tenida por sus violentas atrocidades.

    Su madre se llamó doña Julia Molina Chevalier, de ascendencia afrohaitiana. Se asegura que ésta jamás le perdonaría haber ordenado la muerte de un hermano.    

    A Trujillo le encantaba que sus secuaces le llamaran ‘el jefe’. Sin embargo era mejor conocido con el mote de “Chapita”, ya que fue un gran aficionado a las medallas, poniéndoselas para que adornaran su pecho. Con ellas se sentía como el pavo pajuil. Incluso se las compraba a los ebrios oficiales gringos cuando parrandeaban. Se unió a los invasores norteamericanos que llegaron en 1916 con el propósito de poseer a Dominicana entre las sangrantes garras de su Águila Imperial, uno de sus principales símbolos, Trujillo traicionó a su país, convirtiéndose en un real renegado, un desdichado mercenario. Participó con orgullo en la lucha contra los nacionalistas dominicanos que con ferocidad, patriotismo, valentía, honor y dignidad se les opusieron a los interventores por varios años en las Praderas Orientales.

    El teniente Trujillo --de inmediato los gringos le pusieron ese rango al notar su fidelidad a ellos y su odio a los nacionalistas-- y un grupo que comandaba con el sargento “Sendito”, llevaron el terror a las praderas del este. Fue algo increíble cuanto hicieron a los humildes campesinos, los cuales perdieron sus tierras, animales, casuchas, violaron a sus mujeres e hijas, ahorcando a muchos porque según sus confidentes --fue más criminal que los invasores-- eran familiares y cooperadores de los guerrilleros del Este, única región de Dominicana en donde se alzó con sobriedad la tricolor Bandera Nacional. La cantidad de propiedad ajena que robó fue tremenda. Se afirma que las vendió a los empresarios azucareros y ganaderos de la región.

    Realmente a Rafael L. Trujillo Molina solamente se le puede comparar a Pedro Santana, otro enorme traidor a la Patria y asesino, quien vendió el Proyecto Republicano ideado por Duarte y Los Trinitarios a los españoles por un título dizque de la nobleza, creado especialmente para él: “marqués de las carreras”. ¡Qué charlatán!

    Los corajudos combatientes del Este, llamados Guerrilleros (“gavilleros” los denominaban esos traidores y “·bandids” los gringos), pelearon por el decoro de la nacionalidad dominicana. Pero ningún gobierno aún los recuerda, ni siquiera con una diminuta tarja por el Seibo, lugar por donde más se combatió. El servilismo de estos politiqueos hacia los norteamericanos es fabuloso. Parece que lo hacen  con la finalidad de que esa rebeldía se pierda en el tiempo, principalmente entre los jóvenes. Esa es la ingratitud de los “políticos”, ya que no les conviene esa ejemplar manera de actuar cual lo hicieron aquellos nacionalistas. Y ningún senador o diputado dizque dominicano, que conozca, ha realizado mención de esos luchadores contra los intervencionistas y sus mercenarios. No lo efectúan ni por demagogia. Porque en honor a la verdad en Dominicana existen demasiados ‘trujillitos’. Sólo hay que darles un carguito para que de inmediato comiencen a robar del erario público. Se los contempla subir hacia una elevada posición en el gobierno de turno con viejos zapatos, trajes prestados, y al poco tiempo poseen lujosas viviendas, ropa carísima, sus hijos en colegios privados, con queridas, pistolas al cinto, arrogantes, sus esposas cargadas de finas prendas, etc. Y son de todos los partidos que lo hacen después de Trujillo, exceptuando el del gran escritor, literato y político don Juan Bosch, el cual por decente y honesto apenas duró casi siete meses, luego de ganar unas elecciones con el mayor porcentaje en la historia dominicana.

    “Chapita” mantuvo un grupo de informantes (Servicio de Inteligencia Militar, SIM) que se encargaban de llevar el horror entre el pueblo, básicamente contra los clandestinos disidentes de la dominante autocracia. Los asesinaban de forma espantosa, pero antes los torturaban con ferocidad. Una de sus principales torturas era sacarles ojos, cortarles los dedos, uñas, como también extraerles dientes y muelas. Pero todo esto lo efectuaban regularmente con personas sin apellidos sonoros, sin tener a alguien que hablara por ellos. En cambio, si lo tenía, con regularidad el dictador los perdonaba, teniendo que hacer una misiva pública dándole las gracias al magnánimo benefactor de la Patria, siempre con la consigna “Dios en el cielo y Trujillo en la Tierra”.

    Esas torturas del SIM lo efectuaban contra cualquier persona, sin importar sexo ni edad. A la primera médica dominicana --nació en Higüey pero se crió en Macorís-- que estudió con enormes sacrificios, especializándose luego en Francia, la siempre admirada y ejemplar educadora, Dra. Evangelina Rodríguez Perozo, considerada la mujer más ejemplar que ha dado Dominicana, porque pensaron que contribuyó con unas huelgas azucareras en Macorís y La Romana, haciendo temblar al régimen, teniendo la galena 68 años, la torturaron desnuda por varios días, colgada como un cerdo, violada varias veces por soldados, soltándola luego de unos días desnuda por un camino vecinal de Hato Mayor con la finalidad de que falleciera. Todo esto se narra en la novela “Una flor para Evangelina Rodríguez”, de nuestra autoría, y que anhelo ponerla en Internet, pero no he podido averiguar cómo, aunque fue publicada (600 ejemplares, teniendo que regalar bastantes para que no se perdieran) con enormes sacrificios. Esta gran mujer la tienen olvidada, igual a los guerrilleros del Este, todo porque estuvo en contra de la iglesia y los yanquis, también porque es de la región oriental, no del Cibao.

    Trujillo se casó varias veces. Primero con Aminta Ledesma. De ese matrimonio nació Flor de Oro, la que sería esposa del playboy Porfirio Rubirosa. Luego lo haría con Bienvenida Ricardo, Sra. de Monte Cristi, dejándola para matrimoniarse con María Martínez, con la cual tuvo tres hijos: Ranfis, Angelita y Rahdamés. Se dice que el primero no nació del matrimonio, debiendo Trujillo (aún estaba casado con bienvenida) casarla con un cubano llamado Rafael Dominici, su amante, esto para guardar las apariencias. Empero, todo esto le trajo al vasco Jesús de Galindez porque escribió un libro en el cual decía que Ranfis no era hijo de Trujillo. Esto incomodó tanto al dictador que lo trajeron secuestrado desde Nueva York, endrogado, y despertara frente al tirano, quien le hizo comer las páginas de su obra para después darle un disparo en la cabeza. No se conoce con certeza cuánto hijos dejó Trujillo regados por el país. Se conocen a los de sus matrimonios, también los de sus amantes favoritas (Lina Lovatón y Elsa Bermúdez), aunque dicen que no tuvo con Norma ¿Meinardo? y Mony Sánchez.   

     Trujillo ascendió de manera meteórica en la milicia. En diez años llegó a ser general. Y poco después fue Presidente. Obtuvo el rango de generalísimo, igual a Franco, dos fascistas que no se podría asegurar quién fue más terrible de los dos, pues si se lanzaba una moneda y de seguro caería parada.      

    Este país estaba tan relajado por los Trujillo, que a Héctor (Negro) lo hicieron Generalísimo en 1959. Además pusieron a Ranfis como general conjunto del ejército, marina y aviación, llamado por abajo con el mote de “El Pato”.                                                                           

    La fortuna de los Trujillo nunca ha sido averiguada con exactitud, pero se la considera una de la más grande en aquel entonces. En otras palabras, su fortuna fue de la más grande en el mundo, mientras el pueblo se moría de necesidad.                                            

 

 

 

16/03/2010 20:25 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema Hay 6 comentarios.

EL SIMULADOR (Relato)

 Por: Bernot Berry Martínez     (bloguero).

 

NOTA: Les recordamos a nuestros gentiles y pocos lectores que este blog es variable, trata distintos temas, sim importar géneros. Y como consideramos que lo literario, lo cultural, caminan juntos a la realidad, narramos de cuando en vez algún relato,  ya que en esencia se ignora cuál es la verdad y viceversa. Gracias por darnos un vistazo.   

 

     Él va caminando hacia su hogar con su andar característico, ridículamente columpiándose de izquierda a derecha, haciendo que muchas personas sonrieran.

 

    Lleva puesto un sombrero negro. Son casi la diez de la noche pero tiene unas gafas oscuras, especiales contra el sol, que ocultan sus tristes ojos.

 

    Su vestimenta es algo estrafalaria, de ésas que usan los cantantes chillones, con voz molestosa, y que soportan y aplauden la gente tarada. Calza, cual regularmente realiza cuando anhela exhibirse por el pueblo, unas zapatillas de suave goma, con los que anda sin pisar fuerte, especiales para correr. 

 

    Sí, ahí marcha ese hombre, simulando ser perfecto, de hablar pausado, solitario en mente y alma, sin amigos, destrozado su corazón desde la pubertad, creyéndose indispensable, queriendo siempre imponer sus opiniones a los demás, arropando en sus tinieblas paranoicas a quienes les hacen el juego al siempre infante mimado, delgadísimo, cuya madre aún se aproxima a su lecho para que se duerma y el ‘cuco’ lo deje en paz, ese ‘cuco’ que viene a llevárselo lejos, a sus dominios pantanosos, esto según lo aseguraba su abuelita, campesina señora que le encantaba relatar misteriosas y fantásticas fábulas.  

 

    Cuando llega a su morada se pone a mirar la televisión. Sin embargo, no pone atención al programa transmitido. Está inquieto. Algo lo perturba, así lo intuye su progenitora mirándolo de soslayo, dándose cuenta que los ojos de su hijo se hallan hacia el suelo, talvez perdido en la distancia y el tiempo. Por un momento a ella le llegan deseos de acercársele para quitarle el sombrero y las gafas, acariciar su cabeza, susurrarle al oído palabras tiernas, tranquilizarlo, pero recuerda que eso le da rabia si se lo hace en la sala-comedor, y la buena señora no se levanta de la vieja mecedora, quedándose meciéndose en el viejo mueble en que su difunta madre, con el niño sobre las piernas, le narraba sus tétricos relatos.

 

    Poco después el joven se dirige al baño. Allí orina abundantemente, los brazos levantados con las palmas de sus manos pegadas a la pared, tarareando una canción en voz bajísima que le agradaba muchísimo y que nadie, con la sola excepción de su mamá, sabía que a él le encantaba una barbaridad. Se lava la boca con sumo cuidado. Hace unas gárgaras con un brebaje que guarda entre el botiquín. De esa manera mantiene perfectas sus cuerdas vocales. Se quita los lentes oscuros para enjabonarse el grasiento rostro. Se recluye en su habitación. La ropa se la quita observando una salamandra que lentamente se mueve por el techo, acordándose de cuanto decía su abuela de tales animalitos (“son duendes que nos protegen de los malos espíritus”.) Su vestimenta guarda en un armario de tono pardo y que había pertenecido a su padre, aquel marinero desaparecido entre las olas del mar en una tormenta por la Isla Saona.

 

    La puerta deja entreabierta: él nunca la cierra aunque tiene dos cerrojos. Entonces enciende un pequeño receptor y pone un cassette de un cantante cubano. La madre escucha esa grabación desde la sala. Oye que está siendo entonada por el hijo, quien la vocaliza con cierta intensidad pues le agrada hacerlo con su chirrante voz.

 

    Ella cierra puertas y ventanas de la vivienda de madera heredada de sus padres (acerca de esa casa los muchachos del barrio aseguraban que a medianoche, con frecuencia, se notaba por su patio a un anciano con la cabeza desprendida, sosteniéndola en la diestra) Cuando la dama apaga el televisor y la luz de ese lugar, disponiéndose a quitarse su vestimenta para acostarse, percibe que su único vástago ha dejado de canturrear porque la grabación ha finalizado. Por eso, en el silencio dominante del sector, la señora escucha que su hijo saca el denominado cassette y coloca otro, uno con un volumen apenas audible, oyéndola mientras él la canturrea en voz baja --como si lo hiciera con la boca tapada con la gruesa sábana con la cual se arropa--. Empero, ella no le da importancia a tal motivo porque sabe perfectamente que tal canción, desde hace tiempo, de cuando estuvo muy de moda, era la predilecta de su amado ‘muchacho’, conociendo que la misma tuvo una poderosa influencia en la transformación suya, cambiándolo en forma radical de cuando vez, ya que:

 

        ...”las manos dentro de los bolsillos de su gabán,

       pa’que no sepan  en cuál de  ello lleva  el  puñal,

       lentes oscuros pa’que no sepan que ‘tá mirando,

       con el tumbáo que tienen los guapos al caminar,

       lleva un sombrero de  alas anchas  de medio láo,

       y zapatillas  pa’si  hay  problemas salir voláo, un

       diente de oro que cuando ríe se ve brillar...”.       

                 

    Cierto, en las calles, él, aunque no siempre, imita al ‘Pedro Navaja’ en la canción de Rubén Blades en la manera de andar, vestir, mirar. La madre lo sabe bien ya que la lleva escuchando bastante, y que su vástago la repite varias veces en determinadas noches, hasta que súbitamente lo oye chillar:

 

    --¡El cuco, abuela, el cuco! --y la pobre mujer se levanta deprisa, entrando a su habitación, quitándole la frazada que cubre su asustado rostro, tranquilizándolo con susurrada voz en tanto le acaricia los sudorosos cabellos como lo viene haciendo desde el repentino fallecimiento de su madre en la mecedora, aquella buena contadora de las siniestras narraciones.   

20/03/2010 09:56 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EL TREMENDO INTERNET

 

Por: Bernot Berry Martínez          (bloguero)

                                          

    La gran verdad es que el Internet ha sido uno de los enormes avances tecnológicos que ha tenido la humanidad. Es una horrible lástima que personas inescrupulosas lo utilicen para malvados fines, cuando con en el mismo esos individuos podrían aprender tantas cosas de nuestro sufrido planeta, mundo que está dando muestra de vengarse de cuanto le han hecho.

    Sin embargo, ¿qué podemos hacer? Pienso que es algo que lo llevamos en el ADN. Unos nacen malvados, ladrones, corruptos, sicarios, resentidos, etc., y otros son todo lo contrario. Tal vez sea por eso que la humanidad aún no se ha extinguido. Parece que existe una ecuación entre unos y otros. Cierto, tanta terrible maldad semejante a cuanto ocasionaron algunos tiranos (Trujillo, Franco, Hitler,…) al planeta es igual al monto de amor, esperanza, caridad que los insignes hombres y grandes féminas se han esforzados para proporcionar por el globo terráqueo lo contrario de cuanto los demás han realizados. Pero es una lucha muy desigual, comparándola desde el punto de vista entre ambos.

    Claro, mientras los denominados guerreros han tratado de conquistar a las naciones más débiles para esclavizarlas y hurtar sus recursos, las personas altruistas tratan de contrarrestarlas combatiendo sus malévolas actuaciones con diferentes formas, esencialmente con la bondad, el amor, las bellas artes: literatura, música, pintura, arquitectura,…

    En el Internet se aprende muchísimo. Es algo buenísimo para todos. Y lo excelente es que cualquiera puede utilizarlo, incluso poseer un blog para dar opiniones suyas, ser independiente, porque la mayoría de los medios del mundo (periódicos, revistas, radiodifusores y televisivos) pertenecen a grandes empresarios, los cuales exigen con dureza extrema ser obediente a sus órdenes, haciéndolo por medio de sus ejecutivos, quienes tienen que cumplir cabalmente o lo mandan a la porra, porque para ellos nadie es imprescindible. Por eso te regañan como si fueras un muchachito, pisoteando tus derechos. Después te envsan a la legión de los desempleados, en donde tendrás que mendigar para subsistir en esta sociedad de ‘sálvese quien pueda’. Y si el botado no es joven y con excelentes  relaciones  adquiridas en  sus columnas  amarillentas, vergonzosas del buen periodismo con ética, pasará muchísimo trabajo y vergüenza.  Y lo grande que nadie puede hacer nada contra tales empresarios de la comunicación, pues ellos controlan los llamados sindicatos de prensa, colegios y asociaciones de periodistas. Es una realidad infame que debemos aceptar con rabia. Pero el “pez grande se come al chiquito”, dice el refrán popular, algo verídico.

    Volviendo a nuestro esencial trabajo, el Internet, debemos de cuidarlo con esmero. Es el principal medio de difusión mundial que poseemos, de lo contrario nos volveremos más estúpidos de lo que somos. El Internet tiene bastantes siniestros enemigos entre las sombras, que no quieren que tengamos opiniones, que seamos independientes, que podamos escribir nuestras opiniones. El Internet nos hace libres, no existiendo algo más maravilloso que la Libertad.  Es que el ser humano nació para alzarse hacia las alturas y planear con las ‘tijeretas’ y otras aves del cielo. Debemos de tener mucho cuidado con determinados tiranitos, pues van cerrando ciertas aperturas hasta que también tapan las rendijitas. Dejemos al Internet en paz, sin molestarlo, mucho menos de bloquearlo. Hay que ser liberal y democrático. Esto va hacia todos los gobernantes, sin excepcion, ya que cualquiera que trate de hacerlo se estrellará contra un durísimo muro que nunca pensaba ver. Debemos tener en cuenta, como escribió Vargas Vila: "los pueblos son raros, hoy aplauden al tirano de turno y mañana arrastran su cadáver por la plaza". Y esto viene de lejos, se pierde en la curvatura del tiempo, porque hasta al mismo Jesús se lo hicieron, ya que el Domingo de Pascuas lo recibieron con grandes vítores, y unos días después estaban pidiendo a grito su cabeza.   

    No les hagamos el juego a tantos hipócritas metidos a la “política” --algo puro para servir a nuestros semejantes--. Estos hipócritas fariseos la utilizan para enriquecerse. Es por eso que los dominicanos crearon una frase verídica con referencia a tales tipejos: “llegan al poder en chancletas viejas y en poco tiempo andan en yipetas”. Y esto va para para muchos politiqueros que se arrastran buscando un cargo. En esto hasta blanquean dólares y euros. Es que el transfuguismo está de moda en este país como en varios países. Aquí van de un partido a otros con suma facilidad, igual a un bostezo. Los ideales que tuvieron, si es que de veras los poseyeron, los lanzaron navegando hacia el "Vaje al último faro del mundo”, esa enigmótica novela del inmenso escritor francés Julio Verne.          

                                                                  

25/03/2010 19:05 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

GENERAL VICENTE EVANGELISTA, 'VICENTICO'

                                                  

Por: Bernot Berry Martínez       (bloguero) 

 

    Aunque no hemos podido averiguar su fecha de nacimiento, conocemos que nació en el Seibo. Era un hombre alto,  mestizo claro, de pausado hablar, valiente y con gran carisma. Se afirma que fue militar desde temprana edad, recibiendo su bautismo de fuego en guerras intestinas, demostrando compañerismo y heroísmo.    

    No aceptó la ocupación del país en 1916 por tropas norteamericanas, alzándose en armas contra dicha intervención, llegando a ser el Comandante de los Guerrilleros del Este, quienes opusieron una tenaz resistencia a los invasores en estas regiones orientales, infringiéndoles importantes bajas a sus tropas, igualmente a sus mercenarios criollos vendidos a los estadounidenses. Está considerado como el ‘único general dominicano que enfrentó a los yanquis durante aquella oprobiosa invasión’, así lo afirma don Julio Gautreau, seibano de pura cepa, músico, profesor, autor del libro “Vicentico: Héroe y Mártir Dos Veces”, quien le puso la melodía a la criolla ‘La Gaviota’ de don Juan Bosch.    

    Asegura don Julio que por la captura o muerte del general Evangelista los norteamericanos ofrecieron miles de dólares, no consiguiendo su objetivo. Las fuerzas patrióticas que él comandó pusieron en alto la tricolor Bandera en las praderas del Este. El patriota, verdadero héroe olvidado y de quien casi no se enseña en las escuelas con la finalidad de que el tiempo borre cuanto él y los suyos realizaron, llegó a comandar a más de mil hombres armados hasta de ametralladoras. La mayoría de esas armas se las quitaban a los propios soldados yanquis y sus lacayos. Aunque los altos oficiales norteamericanos enviaron numerosos asesinos a sueldos para matarle, fingiendo que se unían  a su lucha patriótica, siempre llegó a descubrirlos,  ejecutando  a  varios,  pero  a  otros les daba una pela tremenda, soltándolos, dejándolos presos los yanquis o matándolos porque recelaban de ellos.     

 

    Don Julio Gautreau asevera que el general Vicente Evangelista rehusó un salvoconducto y miles de dólares para irse a Venezuela si dejaba de luchar con sus osados combatientes, igualmente una mayor cantidad si libertaba a unos supuestos ingenieros norteamericanos que había capturado. Esto deja dicho que él no peleaba por dinero, sino por el honor de Dominicana. Asimismo rechazó la gobernación del Seibo, si bien un tiempo después y por la incesante mediación de altas personalidades, hallándose también los ensotanados curas, aceptó la de Macorís. Se dice que lo hizo porque las demás regiones del país estaban tranquilas, nadie combatía contra los invasores. Es como si la mayoría de aquellos habitantes (capitaleños, cibaeños y sureños) contemplaban bien la vulgar intervención norteamericana, algo que con frecuencia se lo recordaban a ‘Vicentico’ los muy sabihondos intermediarios para que dejara su insurrección.  

    En cierta ocasión Evangelista fue mal herido en una emboscada. No obstante, ayudado por varios compañeros, pudo llegar a su cuartel de la ‘Loma de la Vaca’(*) en donde estuvo un tiempo inactivo, hasta curarse, volviendo a combatir con más bríos y patriotismo. A esos guerrilleros no les importaba el mote que les pusieron: “bandids” los norteamericanos y “gavilleros” aquellos mercenarios dominicanos, criollos que se pusieron al servicio de quienes mancillaron la Patria de Duarte y Luperón por míseros dólares, esencialmente Trujillo, sanguinario cuatrero, asesino, enfermo sexual, ladrón de terrenos, un real rufián, el cual en trece años llegó desde teniente, 1917, a la cima del poder político de Dominicana   en 1930 porque así lo quisieron los estadounidenses.    

    Los  imparciales  investigadores que han rastreado con sumo cuidado la vida de ‘Vicente Evangelista’, aún no se explican la razón por la cual aceptó la Gobernación de Macorís. Algunos aseguran que él era pro germánico, efectuándolo con la  intención  táctica de introducir armamentos por el puerto local con ayuda de los alemanes en un buque neutral (¿tal vez para después atacar la capital?), ya que cuando aquello aconteció la Primera Guerra Mundial se encontraba en plena vigencia y los germanos anhelaban en  gran manera extenderla, esencialmente en una nación intervenida del Caribe Latinoamericano. Y quizá por la citada posibilidad fue que luego de firmarse aquel ‘Tratado de  no  Combate’, el Alto al Fuego entre las partes suscrito entre ‘Vicentico’y un supuesto alto oficial yanqui ( luego se averiguaría que era un matón sargento gringo disfrazado de coronel), nuestro héroe y parte de sus combatientes (Evangelista dejó buena parte de su tropa entre los cerros con los mejores armamentos al mando de Ramón Natera por cualquier posible engaño y siguieran  combatiendo), fue recibido con honores en la Gobernación por la población y autoridades. Esa edificación se hallaba en aquel tiempo frente al Parque Duarte.    

    Entonces los norteamericanos, como buenos descendientes de los monárquicos ingleses, se quitaron su horrible e hipócrita careta (algo no raro en ellos), y sin respetar lo pactado, el Documento para dejar de batallar, le condujeron preso a su cuartel de Miramar --éste estaba por donde se halla el ‘Hotel Macoríx’--. Varios sujetos certifican que fue llevado a pie por la calle Sánchez, a empujones y golpes, encadenado por los tobillos y manos. Le hicieron una de las humillaciones más terribles que se ha visto en Macorís. Comentan que curiosos, la mayoría ‘lúmpenes’ con botellas de alcohol en las manos, pagados, chillaban a toda voz maldito asesino-gavillero”, y que les lanzaban huevos,  orines,  cáscaras  de  naranjas,  etc. Otros consideran que le  condujeron en una carreta de basura, sucediendo lo anterior.

    ¡Caramba, cuánta deshonra, cobardía y traición en contra de un héroe!

 

    Don Julio manifiesta que el Comandante Evangelista fue asesinado próximo a la medianoche del mismo día de su detención, 6 ó 7 de Julio de 1917, sin hacerle ningún juicio, violándole todos sus derechos. Se asegura que fue denunciado por ciertos seudos ‘intelectuales’ que deseaban dirigir la lucha nacionalista desde la sombra, sin arriesgarse para nada y luego pasar factura. Aparte del dinero que recibieron por su pusilánime felonía, serían después diplomáticos del trujillato por muchos años.

 

    Se ignora en dónde sepultaron el cuerpo de ‘Vicentico’, ya que jamás fue hallado. ¿Sus criminales lo lanzaron al mar, amarrado a un objeto pesado como con frecuencia efectúa la conocida MAFIA, esa incondicional aliada del Vaticano y de la CIA? ¿Fue enterrado secretamente en el viejo cementerio de Villa Providencia o por el ‘Pley Coloráo’? ¿En dónde reposan los restos del olvidado Comandante Guerrillero, mortificado por hombres sin dignidad que no respetaron el convenio rubricado entre los interesados por lograr el Alto al Fuego en el Este? ¿Qué habrá pasado con su Diario de Campaña, del cual aseguran sus partidarios, también su hija, que siempre llevaba consigo, anotando cuanto sucedía? ¿Qué le ocurrió al supuesto Documento con el cual lo engañaron, firmado por testigos, incluyendo un jerarca de la Iglesia Católica? ¿Se limpiaron el trasero con el mismo, algo común entre los yanquis, ya que así lo atestigua la historia, empezando con los propios nativos de Norteamérica, a quienes mataron por montones para hurtarle sus terrenos?    

 

    Es bueno señalar, como lo considera don Julio Gautreau, que ‘Vicentico’ fue el único combatiente fusilado de modo tan extraño, sin explicación, escondiendo hasta su cadáver a familiares y amigos que lo reclamaron. ¿Por cuál razón lo hicieron? Es una interrogante que nunca los interventores dieron a conocer. ¿Temieron, igual que los sacerdotes Judíos con el sepulcro de Jesús, que se convirtiera en un verdadero mausoleo de peregrinaje? Claro, esto es muy probable. Su desaparición continúa siendo una gran incógnita. Es que en esa forma lo quisieron ellos, ya que los intereses del Imperio se halla por encima de todo. 

 

    Dos preguntas: ¿Por qué no le hicieron nada, ni siquiera estuvo preso, apenas interrogado, el conocido general Desiderio Arias, que hasta un merengue lo reconoce como un “come-hombres”, pero cuando llegaron los gringos se escondió como una rata, y eso que poseía un alto cargo militar en el gobierno de turno? ¿Por qué ninguna autoridad gubernamental ha levantado en el Este un Monumento a todos esos valerosos hombres que combatieron su lucha nacionalista contra el yanqui invasor, como se hizo con La Barranquita en el Cibao y la obra en el Seibo sobre la emboscada de Palo Hincado cuando aún la República Dominicana no existía? Nada de esto se ha realizado porque no eran capitaleños y mucho menos cibaeños. Pelearon contra los yanquis los dueños del país, quienes hacen la gana aquí, porque los gobernantes que hemos tenido no han tenido dignidad, exceptuando a don Juan Bosch.  Sin embargo, lentamente la verdad se va abriendo paso, y muy de veras llegará un régimen que los pondrá en su justo lugar. Mientras tanto, debemos confirmar: ¡Loor por siempre a los héroes que valerosamente ofrendaron sus vidas durante varios años, combatiendo contra los interventores norteamericanos en 1916!.    

    En la administración municipal del Ayuntamiento de Macorís, 1986-1990, cuando el munícipe Manuel Rodríguez Robles era presidente de la Sala Capitular, los honorables Regidores aprobaron una solicitud de varios compueblanos, solicitada por el autor, para que una vía de esta ciudad llevara el legendario nombre del general Vicente Evangelista, ‘Vicentico’. Pero no fue hecha de inmediato, pues las autoridades esperaron para rotularla junto a otras calles pedidas por las mismas personas, como fueron la del guerrillero Ramón Natera, la señorita Camila Álvarez Morales, maestra de varias generaciones, igualmente la del valeroso periodista-escritor Andrés Requena Franco, autor de las novelas “Enemigos de  tierra” y “Cementerio sin cruces”, esta última su obra cumbre y por la cual se considera que Trujillo lo mandó a matar en Nueva York con una bomba que sus mercenarios hicieron explotar en una cabina ónica al mentirle acerca de una supuesta llamada de una chica.

    Debo informar que la rotulación de esas calles se realizó  durante  una  preciosa  tarde  con  la  asistencia  de poquísimas personas. Se leyeron semblanzas de esas grandes personalidades. Me sentí feliz. Debo confesar que mientras los poetas don Vinicio Vguera Ozuna y Félix Ramírez Sepúlveda declamaban versos y cantaban hermosas baladas, tocando Rafael (‘Capi’) Daguendó Carbuccia su violín, yo me acordaba de mi profesora Camila Álvarez, quien me enseñó a leer con inmenso amor. Además, traté de imaginarme a los intrépidos nacionalistas Vicente Evangelista, Ramón Natera, Telesforo Santana Polanco (sobrino de ‘Vicentico), Martín Peguero, Basilio Santana, Ramón Batía, etc., galopando por nuestra llanuras. Asimismo al escritor Andrés Requena escribiendo su obra que lo llevó a la muerte, "Cementerio sin cruces."

 

(*): La Loma de la Vaca era un cerro inextricable perdido entre una cadena de montañas en la sección Magarín, El Seibo, a cuya cima sólo podía llegarse caminando por el medio de un arroyo de aguas profundas” (tomado del texto de Julio Gautreau)             

 

 

                                                                                     

26/03/2010 11:04 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema Hay 2 comentarios.

ESTAMOS CONTIGO, JUEZ GARZON

 

Por: Bernot Berry Martínez            (bloguero)

                  

    El excelente juez Baltasar Garzón, valeroso y honrado hombre de justicia, ansiando complacer a muchas personas que acudían a su despacho con la finalidad de que indagara adónde el franquismo-falangista-fascista sepultó a numerosos de sus parientes, asesinados en la Guerra Civil y durante aquel régimen de terror que azotó España por cerca de cuatro décadas. Entre esos ejecutados había republicanos, antimonárquicos y demócratas. Los familiares desean conocer el lugar de sus sepulturas para con seguridad trasladarlos al cementerio, llevarles flores, llorarlos, meditar junto a donde pusieron los restos. Es algo justo cuanto anhelan, y de igual forma, pensamos, así lo quiere el juez Garzón.   

    Empero, ¿qué ha pasado? Bueno, la monarquía criminal y adulona de los yanquis (antes lo fue de los nazis), se sintió molesta por tales indagaciones, miedosa de que su cruel pasado saliera a flote, armándose tal vez un tremendo escándalo. Por tanto, hicieron que unos cinco “jueces” desestimaran cuanto comenzaban a investigar el juez Garzón y sus ayudantes, tratando de que la caja de pandora no se abriera y salieran las verdades que posee a recorrer este ya pequeño planeta, pues el avance tecnológico de tal manera lo ha puesto, “un aldea global”, así lo llaman. Estos monárquicos no tienen honor. Por eso sus oficiales hacen que los soldados cometan la apostasía de gritar: “Dios salve al rey”.  El rencor corroe sus entrañas. Los defensores de la monarquía están  dispuestos a volver sobre las huellas de su penoso pasado en caso de que su amo y señor lo exija. No obstante, éstos no conocen que otros tiempos dominan al mundo, y que lo verán a medida que se aproxime el 2012.

    Claro, por lo informado más arriba fue que los monárquicos prohibieron al destacado magistrado Garzón de continuar con sus pesquisas. Sin embargo, esto es el comienzo. Están preparando llevarlo al Tribunal, despojarlo de su investidura y condenarlo a varios años de prisión por traición a la obediencia de ese régimen espantoso y cruel. Es que la ultraderecha no juega. Es funesta y cobarde defendiendo sus putrefactos títulos. Es indispensable que la desaparezcan por siempre. Hay que legislar una Ley para eliminarla, lanzarla en lo más profundo del Océano Pacífico. Pero no solamente a la española, sino a la siniestra inglesa, a todas cuantas existan en el mundo.  

    Señores, siempre se ha dicho que la monarquía es poderosa y que no perdona. Es sumamente vengativa. Estudian a Maquiavelo desde la infancia, siendo su principal profesor. Por tanto, cada vez debemos admirar más a la grandiosa Revolución Francesa. Ella indicó el camino contra esos monárquicos y sus hipócritas consejeros, los curas pedófilos. Se debe eliminar a esos parásitos que viven del humilde pueblo. Es imprescindible que los ciudadanos tomen conciencia.  

    Detrás de cuanto acontece al inmenso moralista, honesto y justiciero juez Garzón –el que le hizo el lío al fascista criminal Pinochet y ahora quieren tomar venganza-- se puede tener la certeza de que se encuentra la mano del rey Juan Carlos I, traidor de su padre, Juan de Borbón, el nieto de Alfonzo Xlll, todo con el consentimiento de las Cortes Españolas, puestas por el asesino Franco para llenar cierta apariencia, ya que hasta el más bobo de los españoles sabía que quien mandaba desde el 1939 era el tirano Franco, a quien el cura mayor, Papa, lo tituló “caudillo de España por la gracia de Dios”.       

    En la conciencia del rey Juan Carlos, uno de los individuos más ricos del mundo, hay una mancha que le crece con el tiempo. Hasta sus familiares cercanos le temen a su rabia impetuosa. Afirman que se despierta con cierta frecuencia durante las noches con terribles pesadillas, dando gritos, sudoroso, los ojos muy abiertos, jadeante. Dicen que la figura de su hermano Alfonzo se le aparece señalándole, acusándolo de su muerte. Alfonzo era el preferido de la mayoría de los monárquicos españoles. Con regularidad Juan Carlos visita a un siquiatra muy discreto, tratándolo sobre esos sueños, así comentan las esposas de los integrantes de las “Cortes Españolas”, haciéndose eco la prensa sensacionalista, poniéndose rabioso Juan Carlos, quien a veces coge una espada y se pone a dar espadazos contra las paredes. Se asegura que el príncipe Alfonzo era envidiado por el ignorante Juan Carlos, y por esto lo eliminó en un supuesto accidente cuando dizque se le escapó un tiro de un revólver con el cual apuntaba a su hermano. Se considera que le tenía una envidia tremenda porque Alfonzo era todo lo contrario a él, principalmente en astucia militar e inteligencia, un ser apto para gobernar. La muerte del príncipe Alfonzo aconteció un Jueves Santo del 29 de marzo 1956, en Inglaterra. 

                                                                                                                                                                          

29/03/2010 20:20 Bernot Berry Martínez (Turenne) #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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