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‘Un mensaje para reflexionar’ (Ecológico)

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     Claro que fue verdad. En lejanísimo día, un ‘hombre’, melancólico desde que comenzó su vagar por las costas, embelesado ante la grandeza y preciosidad del mar, decidió orinar profusamente entre las azulinas aguas de un mundo incomprendido por él, empezando así a ensuciar nuestro puro y hermoso planeta.

     Las gaviotas se espantaron. Y aunque son aves de paz, enojadas trataron de impedírselo. Empero, aquel individuo, impetuoso y altamente egoísta, imponiendo su fuerza las espantó con las armas que el tiempo había puesto en sus manos.

     ¡Cierto, a todo pájaro marino mantuvo a raya!

     Con el curso de los años prosiguió orinándose encima de la mar, riendo de manera infantil, mientras se fue volviendo fortísimo y poderoso, pero totalmente inmaduro.

     Los siglos continuaron pasando cuando de forma sorpresiva las aguas principiaron a ponerse turbias, muriendo especies que no abandonaban su hábitat, creando pánico entre los moradores que vivían próximo al sitio infectado.

     Sin embargo, aunque ese sujeto contempló lo que estaba sucediendo frente a su altanera nariz, no se inmutó ni preocupó por tan terrible acontecimiento. Sí, él nada trató de hacer. Y porque en demasía le desagradó el hedor ambiental, cargando modernos armamentos marchó mar adentro, buscando mayor profundidad y limpieza. Y allá, en lontananza, riendo cual demente, disparando contra supuestos enemigos, siguió expulsando sus orines con más fuerza, ahora en tremendos chorros, los cuales hicieron cambiar con prontitud la tonalidad azulosa del océano en otra rojiza y repulsiva.

     Despavoridos huyeron del área contagiosa gran cantidad de géneros marinos. Por montones morían los peces. En diversos mares se formó un enorme tapiz con sus putrefactos cuerpos.

     ¡El horror trotó por los rincones del mundo!

     No obstante, ese personaje permaneció con su risa loca, ignorando cuanto sucedía y siempre orinando. Vaya, ¡cuán considerable hallábase su ignorancia!

     Numerosas ballenas con sus ballenatos, mamíferos muy sensibles, gritando “tenemos derecho a vivir”, se suicidaron delante del poblado del arrogante sujeto. Pero aquel sinvergüenza, gozando al conocer lo acontecido, persistió afanosamente en su demencia de ensuciarse encima de la mar, sin respetar a nadie, ni siquiera a sus paisanos. Para nada valían las protestas: él era el vigoroso hombre del poder.       

     El planeta se enfermó. Ríos y arroyos se exterminaron. Desaparecían zonas verdes. Casi no se advertían aves ni mariposas con sus vuelos serpenteados. El hambre realizaba estragos por el mundo. Toda clase de vida se fue apagando. Se creyó que los reinos animal y vegetal desaparecerían, quedando sustituidos por un terreno fangoso y fétido.

     Entonces vino a suceder una forma de milagro. Cierto, ese tipo, sin dejar de orinar y reír, de mantenerse en guardia con su fusil automático, percibiendo que el panorama en su redor no marchaba perfectamente, con cautela se puso a contemplarlo.

     ¡Se estremeció por lo que ojeó! Fue entonces que, dejando su risa demencial, acongojado, tuvo deseos de huir hacia un paraje apto para la vida humana pues consideró que la suya peligraba.     

    Detuvo sus intensos chorros de orines. Lamentándose retornó al litoral. Atisbó por sus sofisticados aparatos que la Tierra era hediondez total. Y asustado, echando la prevención a un lado, arañado por su poquísima conciencia, ansió tranquilizarse, calmar su abatido espíritu.

     Las penumbras lo envolvían. Y poseído por inmensa tristeza, conmovido, se puso a formar un bulto con cuanto llevaba consigo: su fusil, el uniforme con polvo de muchos vientos, las odiosas botas humillantes del más apartado arroyuelo, el casco salpicado de astros, el sujetador cinturón de continentes…, todo lo que cargaba lo convirtió en gran lío, un enorme paquete, y lo lanzó con fuerte bríos hacia el parduzco espacio en donde se esfumó entre el cosmos.

     Desnudo, meditativo, parado sobre el vastísimo lodazal en que había convertido el bellísimo mundo heredado por seres salidos de la mar, lleno de pesar, elevando su vista al taciturno firmamento, con sollozante voz sentenció:

     --¡Caramba, soy un desagradecido, un terrible egoísta!

     De inmediato, inclinando su cabeza, comenzó a llorar profusamente. En principio sus lágrimas eran oscurísimas, luego parduzcas, después turbias, hasta que con el paso del tiempo fueron clareando, volviéndose lentamente tan límpidas como las vertidas por inocente infante.

     La verdad fue que el sincero humor segregado por sus ojos, con lentitud limpiaron la pestilencia del planeta, poniéndose el cielo azul igual que la mar, viéndose de nuevo a las estrellas brillar. Y por eso él, ya convertido en ser colectivo, oteando el alba en lejanía, detuvo su sollozar, sonriendo al hermoso amanecer arrastrado por una enorme bandada de gaviotas. Claro, la ciclización volvió a manifestarse plenamente, regresando las aguas a henchirse de vidas, igualmente los montes, valles y cimas.

     Nuevamente la Tierra, cual otrora, se hallaba bellísima. El antiguo ‘orinador’, ya feliz, admirando al colibrí, silbando con el ruiseñor, en su frente luz redentora, rodeado de aves, él, hombre formado entre espinas, duro como callao, exterminador de especies por desconocimiento, un arcoíris a su espalda, sonreído, plantado entre el mar y cerca de la orilla, trayendo la brisa un susurro de que el planeta es de todos sus vivientes”, llegando al clímax del goce humano por la satisfacción cumplida, sin señal de adioses, un color de rosa envolviendo el lugar, dejando generaciones dichosas, ante millares de ojos se transformó en monumental estatua con cierta semejanza al Coloso de Rodas.           

         

    Y para terminar señalo: que durante bastante tiempo hubo paz en la Tierra, porque la Luz había vencido a las tinieblas.

 

 

03/01/2010 12:41 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

RECORDANDO A NIKITA KHRUSCHOW

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    Lo cierto es que cuando se lee sobre la vida de Nikita Jruschov --un campesino de familia pobrísima que comenzó a laborar la tierra desde los siete años en vez de estar aprendiendo a leer y escribir--, se siente gran admiración por aquel ser humano que prefirió perder el máximo poder de la Unión de las Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS), 1953-1964, antes que llevar a la humanidad, animales y árboles del planeta Tierra, a una total extinción en una estúpida y horrorosa guerra nuclear durante aquellos grises días de la denominada ‘Crisis de los Misiles en Cuba’, 1963.  

    Nikita Khruschow nació en Kalinovka, Rusia, el 17 de abril de 1894, falleciendo el 11 de noviembre de 1971, cuidando su hermoso jardín, pues era gran amante de la Madre Naturaleza. Vivió de una modesta pensión. Está sepultado en el cementerio de Novodevichy, Moscú. Y si Ud. está leyendo este artículo, debe saber que se lo debe a él, a ese hombre olvidado por la ingratitud de los políticos, quienes quieren mantener entre penumbras, olvidado, a hombres como Nikita, vilmente calumniado.     

    En 1908 su familia se fue para Ucrania, en donde su padre trabajó como minero y su madre lavaba ropa en diversas casas. Teniendo 15 años laboró en una industria limpiando hollín de enormes calderas. Más luego se hizo obrero metalúrgico, recibiendo un mejor sueldo, quedando por su profesión exonerado del Servicio Militar y de su participación en la Primera Guerra Mundial.   

    Tuvo una excelente participación en la Revolución Bolchevique en 1917. Se distinguió luchando con el Ejército Rojo durante la Guerra Civil, 1918-1920. Consideran que fue un formidable combatiente. Realizó carrera política en el Partido Comunista de Ucrania. Debido a su capacidad de acción, mando  y trabajo, escaló rápidamente en esa organización, llegando a ser primer secretario de la región de Moscú y de la República de Ucrania.  

    Nikita se distinguió en la horrible Guerra Patriótica contra los invasores nazis. Guerra que duró  Alemania nazi, entre 1941-’45, siendo Comisario Político con el rango de Teniente General. A consecuencia de la invasión germánica organizó el partido para defender Ucrania. Luchó contra los llamados ‘nacionalistas’ aliados de los alemanes, pero fue mandado a buscar por Stalin  ante la caída de Kiev. Fue luego enviado a Stalingrado, actual Volgogrado, a dirigir la defensa de tan importante ciudad, ruta principal para llegar a los pozos petroleros de la URSS. Allí mantuvo a raya a los nazis, quienes perdieron muchas tropas, aviones, tanques con la resistencia del Ejército Rojo y el pueblo soviético. En esa batalla, tenida como la más sanguinaria y horrenda conocida por la humanidad, murieron más de cuatro millones de personas entre militares y civiles de ambas partes, principalmente de soviéticos. La ciudad quedó totalmente destruida. Empero fue ganada por sus defensores ante la formidable contraofensiva dirigida por Kruschov contra el poderoso Sexto Ejército Nazi. Los alemanes murieron por millares, rindiéndose miles, entre éstos gran cantidad de altos y medianos oficiales. Se la considera una de las batallas decisivas para derrotar a Hitler y sus arrogantes tropas. Fueron combates de casa en casa, con francotiradores por doquier, de incesantes emboscadas a cualquier hora, y con un terrible frío que dejaba a los soldados congelados. Los alemanes la llamaron Ratternenkneg: “guerra de ratas”.    

    Con la muerte de Stalin (1953) fue electo Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, PCUS. Lentamente fue eliminando el culto al estalinismo, ya que consideraba que el marxismo-leninismo lo prohibía. Su popularidad creció por tales medidas. Sin embargo, por esa forma de actuar le trajo fuertes críticas de China, la cual lo acusó de ‘revisionista’. Esto trajo un distanciamiento entre ambas naciones, trayendo que los partidos comunistas del mundo apoyaran a los rusos o a los chinos. Tal división les convino a los países capitalistas, aprovechándola al máximo.       

    Al tomar los revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel Castro el poder en Cuba en Enero de 1959, derrumbando la dictadura pro-norteamericana de Fulgencio Batista, la situación mundial tomó un peligroso rumbo. John Kennedy, presidente de USA en esos momentos, un hijo de ricos cuya fortuna se dice fue hecha haciendo alcohol clandestino durante la Ley Seca, no simpatizando con el gobierno de Fidel, preparó una invasión de cubanos anticastristas que entraron por Bahía de Cochinos. Estaba apoyada por aviones gringos, los cuales bombardearon y ametrallaron a los revolucionarios que defendían su país contra aquella intervención dirigida por Norteamérica. La aventura tuvo un humillante  fracasó en pocos días. Esto trajo un alejamiento entre USA y Cuba, acercándose los cubanos a la URSS para hacer que la revolución sobreviviera, pues los norteamericanos les pusieron sanciones económicas con fines de que la se derrumbara. Las mismas aún están en plena vigencia. Y es que así actúan los imperios con un territorio que les perteneció y que se hallaba en total rebeldía.

    Los soviéticos, que tenían frente a sus narices cohetes USA de alcance medio, nucleares, en Turquía, aprovechando la situación cubana comenzaron a instalar en ese territorio cohetes San-4 y 5 con cabezas nucleares. Además llevaron 35 mil soldados. Aviones U-2 los descubrieron y Kennedy se alarmó, igualmente el Pentágono. Hubo pánico en las altas esferas norteamericanas. Entonces comenzó la peligrosa Crisis de los Cohetes de 1962 (‘Crisis de octubre’ la llaman los cubanos). Fue cuando la raza humana y toda clase de seres vivientes de nuestro sufrido planeta estuvieron al borde de un desastre o exterminio total. La locura colectiva se iba a manifestar a plenitud. Sin embargo, a pesar de los insultos, del bloqueo naval impuesto a la isla por los yanquis con la participación de buques latinoamericanos (destructores argentinos y venezolanos, dos fragatas dominicanas, etc.), el Ultimátum dado por Kennedy a los soviéticos para que sacaran los cohetes o habría una guerra atómica, la razón lógica de Kruschow se impuso. Y tal vez pensó: ¿”Y cómo voy a llevarme de este riquito y arrogante enemigo de la Clase Humilde,  corrupto, que se le importa un pepino sus semejantes debido a que estará dizque protegido con su gente en un refugio antiatómico a destruir este todavía hermoso planeta en el cual vivimos”? Y Nikita retiró los cohetes, pero también los gringos hicieron lo mismo en Turquía. Y logró comprometer a Estados Unidos en no atacar a Cuba. Fue una decisión valiente la tomada por Kruschow. Aunque se asegura que por calles habaneras una multitud de enojadas personas gritó: “Niki, mariquita, lo que se da no se quita”, la verdad es que Cuba hubiera desaparecido del mapa, y los que aún estamos vivos se lo debemos a él, a Nikita Kruschov, salvador de la actual humanidad.

    Eso de que “el tigre es un pedazo de papel” es un gran disparate, como también lo fue “el gran salto hacia delante”, el cual sucedió al revés. Ya no estamos en guerras convencionales de fusilería y cañonazos. Eso es para hacer dinero los armamentistas y robar los recursos naturales de naciones débiles. Una posible guerra entre potencias sería con armamentos sumamente poderosos, imposible de imaginarnos las consecuencias que nos ocasionarían.   

    Por tanto, inclino mi cabeza en honor a un gran revolucionario de paz, creador de la Coexistencia Pacífica. No es culpable de cuanto aconteció después en la Unión Soviética. Él es una personalidad meritoria que debería otorgársele, in memoriam, a años de su muerte, el Premio Nobel de la Paz. Se lo merece en demasía.

 

 

 

17/01/2010 21:36 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


SOBRE EL PROBLEMA HAITIANO

Es muy fácil echarle la culpa a otros de cuanto sucede en Haití, considerado uno de los territorios más pobre del planeta. Los vividores de las ONGs y ciertos intelectuales se lo achacan a Francia y Estados Unidos. No obstante el primero hace más de 200 años fue sacado del mismo por una cruenta guerra contra Napoleon, la cual fue apoyada por los países monárquicos de Europa (Inglaterra, España, Holanda, etc), quienes ansiaban acabar contra el ya mencionado guerrero corso, que hizo temblar las corruptas cortes de esas imperios. Ellos se "olvidan" que las ricas corruptas élites haitianas, las cuales viven como príncipes en lujosas mansionas de Canadá, Francia, USA, incluso Rep. Dominicana, han acabado con cuantas muchísimas ayudas enviadas a Haití a oligarcas haitianos se las han robado de una manera vergonzosa, dejando a su gente gente en la más espantosa miseria. Naide recuerda a tantos dictadores que a base de enormes matanzas han durado mucho tiempo en el poder absoluto de Haití. !Carmba, cuántos sinvergúenzas! Ahora quieren enriquecerse más echandoles la culpa a otros. Es que desean pescar en mar revuelto, porque es ganancia grande para ladrones. Es una lástima que estén en estos mismos momentos hurtando mucha ayuda internacional. Son genormess estafadores y simuladores, esencialmente ésos que andan con la famosa Biblia debajo de sus brazos. Los que se dejan engañar por tales falsantes son unos tontos. Tengan cuidado a cuál institución ayuden. Los ladrones de cuello blanco están haciendo su doble agosto. Basta ya de echarle la culpa a otros, cuando esa gente debió ser degollada por la justiciera guillotina de la ejemplar Revolución Francesa, la que les dio la libertad a los negros traídos por España y Portugal. Atrás los oportunistas. Vivia la Humanidad. Fuera la élite ladrona del pueblo haitiano. Esa élite de intelectuales desgració a Haití, poblacion que no posee identidad y mucho menos nación, porque esos malditos ladrones se las quitaron. Abajo el chantaje de tantos sirvergúenzas

24/01/2010 19:58 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

RESPETEMOS LA MEMORIA DEL DR. GEORG

                                                                                                                                                                                                                         

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               : Bernot Berry Martínez

 

    Se afirma que un pueblo que no venera la memoria de sus grandes munícipes es uno que va directo a desaparecer, principalmente en su idiosincrasia. Esto es cuanto parece que le sucederá a nuestro San Pedro de Macorís, ya que por su forma tan apática de enfrentar sus problemas se ha quedado estancado, sin saber siquiera hacia dónde se dirige. Es imprescindible que los macorisanos hagamos un alto en nuestra manera de actuar o nos perderemos entre un tenebroso laberinto del cual nos será muy difícil salir, escapar, ver de nuevo la hermosa luz de la esperanza. Es lamentable que procedamos como lo estamos haciendo, referente a cuanto realizan individuos relacionados con la Iglesia Católica. No es correcto quedarse tranquilos, impasibles, cuando esas personas le quitan el honroso nombre del Hospital ‘Dr. Carl Theodor Georg’ y les ponen ‘Sagrado Corazón de Jesús’. Eso es algo absurdo, una grave falta de respeto a su memoria, pues todo verdadero hijo de Macorís conoce bien que el Dr. Georg fue un virtuoso galeno, un médico extranjero que honró a este pueblo con su útil vida. Fue él, con recursos propios,  quien mandó a construir el Hospital ‘San Antonio’ y una serie de complejos pabellones sanatorios, unidos por pasillos y puentes, que aún admiramos al contemplarlos. En éstos desarrolló el Dr. Georg una medicina que fue ampliamente admirada por toda Dominicana, también fuera del país,  laborando bajo su dirección excelentes médicos como Jaime Oliver Pino, Moscoso Puello, Luis E. Aybar, Manuel Vincitore, Ángel María Ponce, Antonio Musa, Luis Alam, Juan Silva, Mariano Maura, Emilio León, Gaspar Florentino, etc.

    El complejo levantado por el Dr. Georg pertenece al patrimonio de Macorís. Él fue un gran especialista en huesos. Se destacó como filántropo, socorriendo a numerosas personas a recuperarse de terribles lesiones, ayudando a jóvenes a estudiar medicina u otras disciplinas profesionales. Por tanto, no es posible que nos quedemos atontados contemplando a forasteros burlándose de nosotros, irrespetándonos. Si esto sigue como va, pronto le quitarán el nombre a la calle ‘Dr. Georg’, la cual empieza en dicho hospital.

    Debo subrayar que el combativo Dr. Juan Musa luchó bastante para que al hospital ‘Carl Theodor Georg’ no le fuera cambiado su decoroso apelativo. Este médico se quejó de manera pública por varios medios. Incluso escribió una carta con los detalles correspondientes y se la entregó a los últimos dos Presidente, Hipólito Mejía y Leonel Fernández. Nunca recibió respuesta de ambos. En dicha comunicación el galeno les recordó a los mandatarios que por Ley #5309 del 17-2-‘60, el Congreso Nacional cambió el nombre del hospital ‘San Antonio’ por el de “Dr. Carl Theodorg Georg”. De nuevo se lo acordó cuando el Presidente Leonel estuvo por Macorís en campaña.  Y otra vez le entregó una copia de su misiva. El Dr. Musa me informó que esa Ley salió publicada en la Gaceta Oficial del 24-2-‘60. Empero, de nada valieron sus nobles esfuerzos por conservar el apelativo oficial del hospital, ya que los “religiosos” se lo cambiaron por el de ‘Sagrado Corazón de Jesús’, sospechoso nombre bien pensado,  poseedor de una enorme influencia en esta sociedad donde lo mágico-religioso es sumamente poderoso en la siques del dominicano. Sin embargo, es importante informar que el apelativo de los curas se puede eliminar con facilidad, pues el mismo no se encuentra registrado oficialmente como lo está el del Dr. Georg. Recordamos que una Ley solamente puede ser anulada por otra. Pero no tenemos legisladores de valor para llevarla a cargo. Ellos se les tienen un miedo tremendo a esos curas y a sus dedos acusantes, como también a sus lenguas misileras. Es que talvez teman perder sus buenos pagados puestos, como a cuanto obtienen sin hacer nada, perdón, alzar la mano de cuan en vez.                       

    Entonces, veneremos la insigne reminiscencia del Dr. Carl Theodor Georg, respetando la Ley que lleva su nombre para el hospital que él fabricó. Debemos tener vergüenza. Y si la misma ya se alejó de nosotros, vayámonos preparando para que en pocos años recibir la posible humillación de presenciar a vociferantes santanistas (en Macorís hay muchos aduladores de “Pedro” --¿se acuerdan de Ramón Santana?--, por eso se lo pusieron a nuestro pueblo, aprovechando con el tiempo los sabihondos curas para agregarle el “San”), eliminando elos el ridículo y diminuto busto del grandioso Patricio Duarte, fundador de la Nacionalidad Dominicana, de nuestra plaza mayor, lanzarlo al Mar Caribe, y colocar en su lugar una gigantesca estatua del hatero Pedro Santana, traidor a la Patria, asesino de heroínas y héroes.                      

                  

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

                      

                  

 

31/01/2010 19:05 Bernot Berry Martínez #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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