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Bernot Berry Martinez (Turenne)

'UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ' (¿1879?-1947)

                   

                           (Novela-Histórica)

                          Capítulo III

Por: Bernot Berry Martínez  (bloguero)  

    La Dra. Rodríguez dominaba el salitrero entorno en que estaba. Entreveía que la querían convertir en gaviota sin bandada. Pero ella era solitaria por naturaleza, si bien muy sociable, una roca de alta mar con la cual se habían estrellado bastantes tempestades. Y todo eso le producía intensas fuerzas para contrarrestar a sus significativos enemigos. No ignoraba que funestos individuos seguían sus pasos, observando cuanto ejecutaba. Mas, no quiso encerrarse a lamentarse entre la ‘Casa Amarilla’, clínica que se iba quedando vacía de pacientes, esto debido al miedo imperante y a que las medicinas cada vez escaseaban más. Era como un terror fantasmal que fue envolviendo la vivienda. Lo psicológico de los jesuitas, ayudado por los matones del régimen, estaba obrando cuanto anhelaban tales sujetos de oscuras sotanas, a quienes el excomulgado y prolífico escritor colombiano, J. M. Vargas Vila los tildó de ‘buitres negros’.

    Refiere el galeno Zaglul que Andrea, conociendo que las enfermedades de transmisión sexual causaban graves trastornos a mujeres de la Zona de Tolerancia, de Pueblo Nuevo, ‘La Arena’, cumpliendo con su deber de gran humanista y recta médica, sabedora de su alta espiritualidad profesional, varias veces entró en dicho sector para contribuir con las prostitutas infectadas de venéreas y sífilis. No obstante, por su loable y meritorio trabajo, realizado hasta de noche, la jerarquía del machismo macorisano se escandalizaba. Y la bondadosa Dra. Rodríguez, de nuevo era injuriada, volando los pasquines por el pueblo llevando las  sucias calumnias que les ponían sus ruines enemigos.   

    Los muchos ‘curas’ españoles que vivían en la parroquia del pueblo de aquel tiempo --unos tremendos vagos, falangistas franquistas en vigilancia constante de sus compatriotas Republicanos--, se persignaban varias veces cuando se  encontraban por alguna parte de la ciudad con la laboriosa médica. De igual modo lo perpetraban cuando la veían cruzar cerca de la iglesia para ir al Ayuntamiento en procura de cierta ayudita. Andrea ni siquiera les miraba. Conocía que la provocaban. Mas, de cuando en vez la doctora paseaba por el ‘Parque Salvador’ disfrutando de algún bello crepúsculo. Se sabe que Evangelina tuvo una hija de crianza de nombre Selisette Sánchez, ‘Lalita’, niña que había nacido bajo sus cuidados en la ‘Casa Amarilla’, aceptando cuidarla como suya porque así se lo suplicó la real progenitora, doña Eulalia, de origen puertorriqueña, instantes antes de su fallecimiento por complicaciones de anteriores embarazos.  Una tarde en que ella caminaba sujetando la mano a la chiquilla (esto me lo contó uno de los protagonistas, un conocido de Miramar, varios años mayor que yo), que los sacerdotes ordenaron a él y otro niño gordito a que fueran a vocearle “cosas” a la doctora. Y ambos, gozosos, cumpliendo órdenes de “sagrados varones”, se le aproximaron, la señalaron, y saltando le gritaron: “¡Loca, loca, loca!”. Andrea les observó apenada, ojeando también a los “religiosos”, quienes carcajeaban con intensidad, sujetándose sus voluminosas panzas. Pero la médica, educadora como era y por tanto entendida en sicología infantil, con afabilidad, sonreída y mostrándoles unos dulces, hizo que los chicos se le aproximaran. Cuando estuvieron a su lado les ofreció a cada infante unas deliciosas ‘canquiñas’, cogiéndolas enseguida, llevándolas ansiosos a sus bocas. Entonces ella, agachándose casi a la altura de ambos, contemplándoles fijamente con sus penetrantes ojos, les gritó una frase que con seguridad se escuchó en toda esa plaza. Voceó, indicando a los ensotanados: 

    --¡Carajo, aléjense d’esos curas del demonio o se volverán maricones! ¿Me entienden ah? Apártense d’ ellos  o se volverán  maricones, carajo.

    El testigo narró que los infantes se alejaron corriendo hacia donde se hallaban los “religiosos”, y que mientras iba trotando percibió su mirada en la cerviz; además que cuando ya estaban llegando se volteó y pudo observarla riendo intensamente, igual a la niña, presenciando a los curas huyendo hacia la parroquia, entrando y trancando la puerta con dureza, quedando los dos afuera, originando que les dieran manotazos para que se la abrieran, algo que los presuntos ‘sacerdotes’ no hicieron.  

    Bueno, eso me relató el sujeto, afirmándome que desde ese momento se fue ausentando de esa iglesia, quedando muy impresionado por cuanto voceó la doctora. Me informó asimismo que incluso dejó de ir por esa plaza, teniendo problemas con su madre, ya que los “religiosos” deseaban que intercediera con la finalidad de que su hijo fuera monaguillo, sirviera a la Iglesia. Mas, llegó a informarme: “Fue por eso que mis padres en parte se separaron. Mi mamá era fanática católica, yendo casi todos los días a misa, porque vivíamos  en el barrio  La Aurora. Mi papá era todo lo contrario, no les gustaban los curas. Decía que eran unos hipócritas. Por esa razón estuvo conmigo todo el tiempo, apoyándome, llevándome consigo cuando se apartaron, mudándonos para Miramar, en la Antonio Molano. Allí conocí a tu familia, haciéndome amigo de tus hermanos, tiguereando por el rompeolas, Playa de Muerto, el faro, aquel bufeadero...”  

    Nos encontrábamos sentados en el mencionado parque, en un banco de cemento, años antes de ser embellecido como ahora está. Él recordaba asuntos muy serios durante ese moribundo atardecer. Se había detenido a saludarme al cruzar por donde me hallaba. Debido a que notó el libro del  Dr. Zaglul acerca de nuestra Primera Médica, texto que estaba leyendo, él lo tomó en sus manos y me confirmó que un par de veces se deleitó con su lectura. Y quizá por eso, sentándose a mi vera, comenzamos a dialogar, enterándome de su anécdota con Evangelina Rodríguez. Entonces, indagándole si se acordaba del otro niño gordito con el cual le gritó “loca” a la doctora, se apenó bastante, y es que sentía por Andrea una gran admiración y respeto. Me señaló que se había hecho médico en la UASD con enormes sacrificios, y por tanto podía imaginarse las penalidades que debió de pasar ella durante ese tiempo. Le miré inclinar su cabeza, con melancolía, igualmente alzarla para contemplarme e informarme que aquel infante se mantuvo ligado a la Iglesia Católica, siendo un fiel monaguillo. Me informó que ya su progenitora había abandonado el catolicismo, siendo confesa cristiana de una secta protestante, diciéndole con los años que ese muchacho era un tremendo homosexual. Me indicó que esos ‘curas’ lo pervirtieron, lo mismo que a otros jóvenes. Me contó con cierta alteración, que su madre le confesó que varios ‘sacerdotes’ tuvieron relaciones sodomitas con ese jovenzuelo por toda la parroquia, incluso en la torre, con repique de campanas. Me señaló que no se hizo un escándalo grande porque la madre del jovencito era muy devota del catolicismo, silenciándolo. Dijo que aunque esa señora nunca dejó de asistir a esa iglesia, sí tuvo un grandioso cambio en su vida, pues comenzó a vestir de blanco por varios años, hasta su fallecimiento durante una espléndida mañana en que se deleitaba con el melodioso canto de un ruiseñor en su hermoso jardín. 

    --¡Ahora, como la doctora vaticinó, ese tipo es un viejo  maricón!  --murmuró, levantándose, despidiéndose con un fuerte apretón de mano, observándole marcharse pensativo, quedándose un instante al lado de una delgada palmera existente en aquel tiempo en esa plazoleta, árbol que estaba bastante inclinado por el peso de un enorme nido de golondrinas. Poco después le miré atravesar la avenida Domínguez Charro, dirigiéndose al muro grisáceo que protege a nuestro pueblo de posibles crecidas del Río Macorix (Higuamo). Y en tanto le veía alejarse, me llegó la curiosidad de haberle preguntado quién era el individuo del cual me había contado.                                                                                                                                                              

    La Dra. Evangelina Rodríguez fue, sin titubeo alguno, una virtuosa mujer. Aunque sus numerosos adversos, principalmente ignacianos y seguidores, la calumniaron horriblemente, aseguran independientes personajes que ella siempre se mantuvo virtuosa. Conocen que cuanto efectuó y trató de realizar lo hizo sin tratar de ganar tesoros en los cielos, tampoco por marido, ni hijos, amante o novio, todo por amor al prójimo, a la Humanidad. Es por eso que se le tiene como una de las grandes féminas, llena de integridades, nacida en Rep. Dominicana. La consideran superior en patriotismo que algunas heroínas de este país, incluso con mayor piedad que diversas religiosas las cuales con seguridad se esforzaron con la finalidad de beneficiar a sus almas, alcanzar la prometida vida eterna, un real oportunismo. De esta manera, Andrea se halla valorada en grandiosidad que determinadas damas poseídas de destacados honores. Cuanto sucede es que a consecuencia de su extremo sacrificio en beneficio de sus análogos, el nombre de Evangelina Rodríguez debería estar muy por encima de otras nobles mujeres. Es algo fácil de evaluar, solamente debemos escudriñar su existencia, seguir su trayectoria desde su llegada a la vida, ¿1879?, hasta su fallecimiento en 1947. Confirmaríamos la historia de una inmensa fémina, educadora-médica consagrada a la gente, esencialmente a las personas humildes. Fue, como lo indicó el Dr. Antonio Zaglul, una persona fuera de serie. Estuvo muy por arriba de ese popular pensamiento. Ella, a causa de su forma de actuar, escapa a cualquier limitado raciocinio nuestro.      

    No obstante, ¿la hemos enaltecidos y venerado como se merece? No, eso nunca se ha perpetrado con justeza. ¿Y por qué? ¿Será porque no era del Cibao o capitaleña? ¿Acaso a su origen, una pobrísima campesina higüeyana? Por su decoro, después que ajusticiaron al aterrador Trujillo, el antiguo barrio llamado ‘de Mejoramiento Social’ lleva su nombre, también el Plantel de Niñas en la Ave. Independencia, ambos situados en Macorís. Se sabe que figura en ciertas Enciclopedias de Dominicanos Ilustres, así como en distintos libros, también en otro sobre galenos del Dr. Zaglul, y que se encuentra incluida en la lista de Mujeres Sobresalientes de la UNESCO.    

    Es muy probable que su glorioso apelativo lo deseen mantener en el ‘purgatorio’, mejor dicho olvido, aquellos individuos de hábitos negros, los siniestros e intrigantes jesuitas, con enorme influencia en la Congregación Católica. Sí, es muy intenso el rumor de que mientras los científicos se encuentran en lucha abierta averiguando acerca del Espacio Sideral, esa Iglesia, en pleno Siglo XXI, comienza a levantar con mucha discreción el terrible Oscurantismo en el cual mantuvieron a su feligresía, para que vaya penetrando la luz de la verdad en sus recintos medioevales. Claro, repetimos que lo van perpetrando de manera despaciosa. Empero, como la ‘vergüenza’ que podrían tener por cuanto ejecutaron sus predecesores es inmensa, ignoran el modo formal, correcto, de colocar en su justo lugar a tantas personas enlodadas en nombre del misericordioso Jesús. Por consiguiente, los apelativos de prestigiosas personalidades que continúan guardados en negruzcos y exóticos cajones triangulares, excomulgados, prohibidas a “sus almas entrar al reino de los cielos”, están dejándolas salir con lentitud, a paso de viejísimas tortugas. Claro, de esta manera anhelan evitar grandes escándalos, pues prácticamente casi nadie los recordaría porque habrían fallecidos.  

    El nombre de Evangelina Rodríguez, ratificado por sujetos relacionados con esos ‘religiosos’ de ropaje negrísimo, lo mantienen en la grácil oscuridad, dejando que el inexorable tiempo continúe pasando. Y como todos los gobiernos que hemos tenido, exceptuando el del intelectual don Juan Bosch, tumbado a los siete meses por honesto, fueron y están dirigidos por ellos, es muy difícil que lo dejen poner en su equitativo sitio, esto desde luego mientras tanto.                                        

    Con el arribo al país de la crema de la intelectualidad española, los Republicanos, la Dra. Rodríguez cooperó con éstos en todas sus posibilidades. Ya se narró que el tirano envió a numerosos de ellos a Pedro Sánchez para enloquecerlos, pero en esa pobrísima comarca ellos hicieron bastante por la cultura, hasta teatro popular con los lugareños. Empero, nada de esto le agradaba a la dictadura, ya que son polos muy opuestos. La doctora les visitaba y examinaba, llevándoles medicinas, comida y textos. A varios les ayudó a conseguir trabajo en El Seibo, La Romana, Hato Mayor, y en Macorís. En este último pueblo, debido a su alto desarrollo económico, varios llegaron a escondidas, ayudados por Andrea. Ejecutaban cualquier tipo de labor. Eran muy esforzados. Enseguida comenzó a circular por Macorís el periódico ‘La Democracia’, órgano de esos Republicanos. En ese medio escribió la Dra. Rodríguez sin colocar su nombre, también la combativa y hermosa poetisa Carmen Natalia Martínez Bonilla, demócrata, luchadora por los Derechos de la Mujer, antitrujillista, como igualmente lo hizo Petronila Gómez, directora de la revista ‘Fémina’.                 

    Durante el proceso de la Segunda Guerra Mundial se estableció una tregua entre los Aliados y los soviéticos en su lucha contra los integrantes del Eje. Ese acuerdo sirvió para que los primeros se ocuparan en combatir a los segundos, quienes constituían en aquel tiempo el esencial enemigo común. Por ese motivo la tiranía, la cual le había declarado la guerra a las naciones integrantes del Eje, debió bajar su feroz represión, permitiendo una limitada libertad a los dominicanos, principalmente en pueblos con relativa importancia como lo era Macorís. Entonces, ansiando aprovechar al máximo esa situación que se les presentaba en bandeja de plata, los izquierdistas salieron de la clandestinidad, comenzando a organizar a los trabajadores en sindicatos, a campesinos pobres en cooperativas agrícolas, a tratar de dirigir las diversas Sociedades Mutualistas, etc. Esta población se iba envolviendo en una agitación constante. ‘El Federado’, un periódico obrerista, recorría las calles llevando mensajes esperanzadores acerca de un porvenir muy fructífero para los desposeídos. Los patrones se estaban preocupando. Detrás de esa tremenda tenacidad se hallaban los revolucionarios ibéricos, quienes de forma encubierta, moviéndose  como incansables abejas, organizaron pronto el Partido Socialista Popular, PSP, y sus distintos frentes de lucha. 

   Durante ese lapso Evangelina estuvo muy activa. Se la observó por variados lados del pueblo. Afirman que recorrió gran parte de la República dando conferencias, notándosela bastante entusiasmada, el rostro radiante, sus ojos brillantes, ejecutando esas labores. No es un secreto que ofreció charlas mezclando la política con la salud y educación. Las personas se excitaban oyéndola. Era muy elocuente y convincente. Ofrecía excelentes ejemplos para que todos pudieran entenderla. De vez en cuando hablaba por una radioemisora local. Diversa gente la escuchaba por bocinas que los organizadores instalaban por diferentes barrios, aprovechando al máximo la tregua. En ocasiones, la señorita doctora se expresaba con tanta intensidad que excitaba a los oyentes, pero en otras lo efectuaba con dulzura, sin violentarse por las tantas penurias que atravesaba la ciudadanía. Es que había aprendido muchísimo con los Republicanos Ibéricos, quienes se esforzaron por hacerla gran guía, ya que tal vez habían detectado que ella estaba dotada de cuanto se necesita para convertirse en verdadera dirigente: enorme valentía, superior intelecto, muy fogosa, extremada humanista, formidable educadora, primera médica con tres especialidades y formidable dominio de los idiomas castellano, francés e inglés. Eso era cierto, Andrea poseía una personalidad y formación intelectual con condiciones óptimas para dirigir esta Nación. No había nadie en aquellos momentos como ella. Y quizá por eso es que algunos indagadores se han interrogados: ¿Vislumbraron aquellos Republicanos españoles, imbuidos en la política internacional, que la Dra. Rodríguez podría alcanzar un enorme liderazgo, convirtiéndose con bastante posibilidad en la primera mujer en obtener la Presidencia? ¿Acaso pudo pensarlo, una fémina que había logrado todas sus metas, aplastando con firmeza cualquier obstáculo encontrado en su senda triunfal? 

    Entretanto, la autocracia  trujillista  trataba de cumplir a regañadientes con el acuerdo aliado. Sin embargo, dormía  con un ojo abierto y otro cerrado. Su despotismo, cauta y felina, vigilaba constantemente a esos directivos del PSP, enterándose por esos sinvergüenzas chivatos infiltrados de cuanto planificaban. 

    Sí, con los años nos percataríamos que la dictadura conocía lo que Freddy Valdez, Mauricio Báez y otros dirigentes de esa organización, les manifestaban a quienes se congregaban en aquel amplio sector próximo a la cercana barriada de ‘El Toconal’, en donde con el tiempo la Sindicatura de Manuel Rodríguez Robles, 1996-2000, construiría una plazoleta con el busto del sobresaliente sindicalista desaparecido en Cuba en 1950, ampliada y hermoseada después en la del Arq. Ramón Antonio Echavarría, ‘Tony’, 2002-2006.

 

 NOTA: Este libro se halla registrado en la Oficina de Derecho de Autor como manda la Ley 65-’00-

 

 

 

 

 

 

 

 

'UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ (¿1879?-1947)

 

                                (Novela-Histórica)

                                Capítulo II 

Por. Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

    Aunque en nuestro pueblo se conocía cabalmente la llegada de la Dra. Rodríguez con sus especialidades efectuadas en París, no fue recibida por las autoridades como era merecedora (ramilletes de flores, discursos, canciones, poemas), algo que con bastante asiduidad se realizaba hasta con gente de la peor ralea. No, a la triunfante primera médica le dieron la bienvenida unos cuantos familiares y amigos cercanos. Se cree que de esa forma los cabecillas de Macorís revelaron un cruel resentimiento contra ella, y eso que a Trujillo le faltaban varios años para llegar al poder político. Por tanto, con la ausencia de esos mandamases, permaneció evidenciado, realmente confirmado, de que una oposición contra “Lilina” ya estaba en marcha desde antes de su retorno. Es por este motivo de que algunas personas llegaron a preguntarse: ¿Acaso pudo vislumbrar su posible inclusión en la “lista negra” de la Iglesia Católica, un listado de personas consideradas adversas al Vaticano, preparada por la poderosa Orden de Jesús? Bueno, si ella intuyó esa interrogante, con mucha seguridad debió recordar que en su libro de sociología, “Granos de Polen, aconsejaba contra el internado de jóvenes en colegios dirigidos por jesuitas, curas que hacen voto de obediencia total al Papa, afirmándose  que se hallan dirigidos por un ‘general’. Si de esta manera lo percibió, entonces con bastante certeza tuvo que memorizar aquellas reuniones de intelectuales en la vivienda de los Deligne, escuchando allí que tales ‘religiosos’ eran excelentes lectores,  que buena parte de su labor consistía en escudriñar con enorme lupa cuanto se publicaba: ensayos, novelas, cuentos, poemarios, artículos en revistas y periódicos, etc.

    Se conoce bien que los jesuitas han sido desde su fundación por Ignacio de Loyola en 1540, una Orden Religiosa más militante que  contemplativa. Fueron  ellos, durante la horrorosa inquisición y en nombre del ‘cristianismo’, dirigieron los tribunales que mandaron hacia las aterradoras hogueras a numerosas progresistas  personas (científicos, escritores, auténticos religiosos,...) de varias naciones de Europa y América, atrasando muchísimo el avance de la sufrida Humanidad, sumiéndola durante gran tiempo en el Oscurantismo. Ellos, con sus constantes intrigas, causaron la Matanza de la noche de San Bartolomé, en agosto de 1572, Francia, asesinados despiadadamente a millares de no católicos, aumentando por años la Guerra Religiosa Francesa. Sí, fue por la constante insistencia de los jesuitas que hicieron hervir en alquitrán, por herejes, a Caciques de Quisqueya junto a sus familiares y otros dirigentes de los Cacicazgos, para que negaran su religión y aceptaran el ‘cristianismo’, prefiriendo morir bien cocidos antes que rechazar sus creencias centenarias ¡Caramba, cuanto honor poseyeron aquellos indígenas! Inclino mi cabeza de admiración ante su memoria. 

    Los ignacianos ejercieron una cruel presión chantajista, peor que la relatada por La Biblia acerca de los sacerdotes judíos contra el gobernador Pilatos, con el propósito de que esas dominaciones en Santo Domingo aniquilaran en gran parte a la ‘salvaje’ y humilde raza nativa, levantando después hermosas parroquias por Bayaguana, La Vega, Higüey, Bahoruco, etcétera, en cada lugar donde se consumaron tan espantosas masacres. El siquiatra Zaglul afirma que es muy extraño ese maniqueísmo en la Iglesia Católica --herejía originada por Manes o Maniqueo, persa fundador de la secta de los maniqueos, quien aceptaba dos orígenes creadores, uno para el bien, otro para el mal--. Después, manifiesta el destacado galeno, esos ‘cristianos’ concibieron aquellas supuestas y fantásticas apariciones (‘Cristo de Bayaguana’, ‘Vírgenes de las Mercedes’ y de la Altagracia’, ‘Santa Cruz del Seibo’, etc.), las que con el trotar del tiempo se convirtieron, unas más que otras, en ardientes y fabulosas leyendas de numerosos habitantes. 

    De varios países los jesuitas fueron expulsados: de Francia en tres ocasiones, pero de nuevo se introducían bajo la protección Papal. Están considerados feroces enemigos de las innovaciones sociales de los pueblos, contribuyendo con cuanto han podido por detener el normal rodamiento de la rueda evolutiva del mundo, de nuestra Humanidad. Con el paso de los años han ido cambiando en forma lentísima, ya que sus jerarcas prefirieron aflojar para no ser barridos de la faz de la Tierra. Es que saben cambiar a tiempo. Por eso son muy temibles. Con los años han sido conocidos como los ‘simuladores y camaleones cuervos’.                    

    En tiempo de la Dra. Rodríguez. la influencia de los ignacianos sobre la sociedad dominicana era inmensa, creciendo mucho más cuando Trujillo firmó años después el ‘Concordato’, haciéndolo para ganarse el apoyo de esa oscura Iglesia del Medioevo, con inmenso apoyo en la alta clase social, igualmente en la indigente. Si bien ya se hallaban ‘trabajando’ en el país, se asegura que fue en el ‘Concordato’ que penetró de lleno el actual poderoso movimiento ‘Opus Dei’, fundado en España, Madrid, (1928), por José María Escrivá de Balaguer, una institución muy colaboradora del Fascismo Internacional (de Hitler, Mussolini, Franco, Trujillo, Strossner, Pinochet, etc.) Se conoce que un sacerdote del mismo ‘bendijo’ una metralleta que participó en un atentado contra el Presidente francés, general de Gaulle, en plena calle, salvándose el héroe y cuantos iban con él por pura casualidad, nadie salió herido, aunque catorce balas impactaron en el carro no blindado. La Fraternidad ‘Opus Dei’ es sumamente opulenta, calculándose su fortuna en billones de dólares. Es la “Prelatura Personal” del Vaticano. Su sede principal se encuentra en Roma. Se martirizan con fuertes torturas como forma de sentir los dolores padecidos por el piadoso Jesús. Tienen más de dos mil sacerdotes, jesuitas y de otras confraternidades. Disponen de miles de fieles laicos, principalmente de alta y clase media, profesionales en su mayoría. En Nueva York, su asiento en USA, ostenta un edificio que le costó 96 millones de dólares. Su fundador, Escrivá de Balaguer, fue  beatificado en  1992  y canonizado en el 2002 por el

fallecido Papa polaco Juan Pablo Segundo, a quien con seguridad beatificarán y canonizarán, encabezado por el Papa Benedicto XVI, un antiguo militar nazi.            

    Siempre se caviló que  los jesuitas eran conocedores al dedillo de cuanto Evangelina Rodríguez había relatado en “Granos de Polen”, y que jamás la perdonarían, algo muy peculiar en esa Orden. Es por eso el rumor de que ya ella estaba comprendida en la lóbrega lista de personalidades consideradas enemigas de tal institución cuando retornó a su querido Macorís, deseosa por trabajar fervorosamente por los variados y cuantiosos enfermos de nuestra región. Y Andrea, apasionada por poner en práctica lo aprendido en la ciudad luz, se dedicó con sumo amor a servir a la gente, sin importar condición social. Empero, para hacerlo necesitaba la cooperación de las arrogantes autoridades. Y sin timidez, desoyendo precaución, tocó las puertas de la Gobernación Provincial, de Sanidad y Sindicatura, de diversas logias y sociedades, de ricas personas. Acerca de tales peticiones pudo conseguir pequeñas ayudas con las cuales alquilar una casa en Villa Velásquez, la cual le serviría de clínica, comprando indispensables asuntos y fármacos.

    De acuerdo al Dr. Zaglul esa vivienda se encontraba entre la avenida Independencia con Altagracia, y era conocida como la “Casa Amarilla” porque de ese color se hallaba pintada. Era de madera. Aún está en el mismo lugar y su último propietario lo fue el señor Luis Alburquerque. Allí atendía nuestra Primera Médica a enfermos muy pobres y de clase media baja. Además, ofrecía sus servicios a domicilio, como cuanto efectuaba con los padres de su futuro biógrafo y hermanos. La reputación suya como especialista en distintas disciplinas iba en aumento, principalmente entre mujeres y niños. Sin embargo, aunque en Macorís ejercían en esos entonces excelentes médicos, se considera que pocos de éstos estaban a su altura, mucho menos a su grandiosa sensibilidad social. Laboraba en forma infatigable. Sus mayores esfuerzos los colocó en beneficio de la gente humilde. Y era por tal consecuencia que con cierta frecuencia, de madrugada, cuando apenas tenía unas horas para dormir, de reponer fuerzas, tocaban a su puerta con la finalidad de que asistiera en el parto de una primeriza, o por una mujer gritando de dolor, igualmente por algún infante con alta fiebre o fuerte diarrea. Se confirma que a todas esas llamadas acudía a prestar con enorme fervor sus servicios, aunque anticipadamente conocía que varios de esos pacientes no le pagarían, teniendo incluso que regalarles las medicinas.      

    Su vocación de servicio no tenía limitaciones. Con regularidad sacaba tiempo y marchaba hacia la escuela nocturna,  ofreciendo allí su contribución para que obreros y domésticas se alfabetizaran. Conjuntamente protestaba en unión a distintas damas en favor del Movimiento Feminista, escribiendo por igual motivo en periódicos o revistas locales, como ya fue informado. Esa forma de ella proceder en la arrogante y compleja sociedad macorísana le fue ganando una enorme hostilidad entre el sector dominante, que no entendía su comportamiento radical, siendo una médica especializada en Europa. Y en varias ocasiones fue aconsejada a dedicarse de manera exclusiva a su profesión, que para eso era asistida con dinero y medicamentos, ofreciéndole los ganaderos una cantidad de bidones del alimento lácteo para su programa infantil llamado ‘gota de leche’, establecido por la doctora al considerar que los niños menesterosos debían de ingerirla junto al originado por los senos de sus madres. Por  eso se la pedía a ciertos acaudalados hacendados, ganaderos que a veces la botaban porque la poseían en gran cantidad. 

    Una cosa  sí  aconteció: su clientela de clase media, la cual le pagaba sus servicios profesionales, fue dejando de consultarla, disminuyendo bastante, hasta que dejaron de hacerlo. Se afirma que a esas damas se lo ordenaron los ‘religiosos’. Entonces comenzó la educadora-doctora a conseguir menos recursos para comprar medicamentos y obsequiarles a los muy indigentes. Pero Evangelina no cambiaría su manera de ser. Nació para servir. Cuentan que criticaba a ciertos orgullosos selectos médicos, los cuales habiendo realizado el juramento Hipocrático no socorrían a personas necesitadas, algunas tiradas en las calles, lamentándose de algún dolor, solamente porque eran infelices, pobrísimos, no viendo esos galenos la parte humana. Tal conducta de sus colegas la enfurecía, ya que en la Universidad no les enseñaban esa indiferencia, sino lo contrario. Y tuvo choques verbales con varios de ellos, enemistándose. Tales médicos le afirmaban que “no se habían quemado las pestañas para socorrer a pelagatos”. Por esa razón más gente humilde se dirigían donde ella, esencialmente en las noches, ya que escasísimos eran los doctores que se levantaban para atender a un enfermo sin apellido sonoro, mandando a la porra el famoso juramento que prometieron cumplir con la diestra en el corazón y sus ojos hacia lo alto.

    --¡Qué desfachatez, duermen sin nada de vergüenza en sus conciencias, si es que tienen! --dicen que afirmaba Evangelina con asiduidad.  

    Mas, Andrea Rodríguez prosiguió auxiliando a los indigentes. Lo realizaba con cuanto podía, sin dejar de batallar en la instrucción de los trabajadores, asimismo protestando por la causa de los Derechos de la Mujer. Realmente era incansable. 

    Narran que era muy vocinglera, Poseía una enérgica voz. Su misión caritativa llegó a expandirse hacia leprosos y tuberculosos, buscando alojarlos en las afueras del pueblo. Allí les daba el tratamiento que en aquel entonces se conocía. También impartía charlas sobre educación sexual, aconsejando a sus oyentes a tener los hijos que pudieran mantener, convirtiéndose en la primera médica en conversar acerca del control de la natalidad (algo todavía tabú en el país), espantando a curas y otros servidores del ‘cristianismo’. Se comenta que ciertos ‘religiosos’, pastores de varias sectas entre éstos, predicaron en sus tribunas que Andrea estaba loca, que era una peligrosa mensajera al servicio de Satanás.

    La Dra. Rodríguez  afirmaba  que “era un cuento grande eso de que “los  niños  traían  el  pan debajo de sus brazos”. Y trató en nuestra egoísta, machista y atrasada sociedad, adelantándose bastante en aquel tiempo, enseñando a las féminas la manera de evitar los hijos no deseados. Y mientras les obsequiaba preservativos, instruyéndoles el modo correcto de usarlos, les afirmaba que si continuaban trayendo a tantos niños desnutridos, mal alimentados, barrigones, en varias décadas la República se llenaría de numerosos tarados y cretinos, retardando muchísimo el desarrollo de Dominicana. Les confirmó que esos debilitados hijos poseen un escaso progreso mental, son casi animales, una carga para la Nación, convirtiéndose buena parte de ellos en parásitos sociales. Les aseveraba que no pocos sólo servirían para robar y asesinar. No obstante, a pesar de tales realidades que con tanta bondad enseñaba --certeza cabalmente demostrada con el transcurso de los años--, le causaban un profundo odio entre esos sujetos lujuriosos (“No usaré esa vaina que te dio esa loca”, les decían enojados a sus mujeres, ebrios de alcohol, pegándoles con los puños entre las costillas para que abrieran las piernas). Las beatas, muchas con tendencia al sadomasoquismo, apoyaban con alegría los abusos de esos tipos, y así lo daban a conocer en alta voz, para que los vecinos escucharan, en las numerosas viviendas que visitaban, echándole la culpa a la Dra. Rodríguez, diciendo que a ésta deberían de castigarla a puros latigazos. Los pícaros jesuitas agitaban por debajo, y frotándose sus manos aprovechaban cualquier ocasión para injuriar más a la heroica médica.  

    Esos tipos de sotanas negras se deleitaban idealizando con llevarla hacia la hoguera moral, la substituta de la medieval. Y con bastante posibilidad lo sublimaron en sus tenebrosas mentes. Por tanto, se decían que si ella deseaba continuar con su modo de vida, tendría que partir lejos, fuera del país, o de lo contrario sería completamente arrinconada, conducida hacia una total inutilidad, derribándole su enorme autoestima. Claro, esos militantes ignacianos eran tremendos expertos en esa técnica, pues conocían perfectamente el temperamento emocional humano, ya lo tenían perfeccionado Y es que empezaron ensayándolo en bondadosos monjes Franciscanos, a los cuales encerraban en hediondas mazmorras de Europa y América, usándolos para sus crueles fines (está bien divulgado el colosal miedo que aún les tienen esos humildes frailes a los jesuitas). Después, con excelente práctica, lo utilizaron en liberales profesionales para hacerles la vida imposible, aislándolos en pueblos que estaban bien controlados por esos temibles curas, teniendo que arrepentirse con inmensa humillación antes de dejarlos retornar al seno de la sociedad a ganarse el sustento de los suyos. Pero eso sí: siempre serían vigilados, utilizándolos con frecuencias en sus aviesas causas. En caso de que no aceptaran, debían de partir hacia algún lejano lugar para no morir de hambre o de locura. Es que tales ignacianos lo dominaban todo. Con regularidad se encontraban pegados como las garrapatas en los gobiernos, dándoles instrucciones constantemente.                                                

    El valor y pasión de la Dra. Rodríguez hacia sus semejantes fue inmutable. Algunos estudiosos de su vida piensan que estuvo muy cercano, aparte de los Héroes Patrios, de cualquier destacado ciudadano en nuestra historia. Es más, se dice que Andrea se halla entre las grandes féminas de Latinoamérica. Y quizá sea por eso que ciertos investigadores se interrogaron de dónde había salido esa mujer, con mentalidad tan brillante, de enorme fecundidad. De igual forma se han preguntado de quiénes había heredado su ADN, su genoma, una pobrísima campesina nacida en Higüey, llevada de seis años a Macorís, vendedora de dulces, logrando alcanzar tan altísima intelectualidad, con enorme moralidad, excesiva amante de la Humanidad. Y debido a que no podrían llegar a ninguna conclusión sobre el eruditísimo de Evangelina Rodríguez, ellos consideraron que de manera muy casual nació de esa forma, con esa inteligencia superior proporcionada por una serie de neuronas en su cerebro. Por consiguiente, ese dilema se lo dejaron a la Ciencia de la Genética, a la cual igualmente le sería dificilísima efectuarla, porque un posible portador era el desconocido abuelo materno, aquel venezolano que luego de embarazar a la abuela de Andrea se fue a Santiago de los Caballeros, regresando luego a su país, desapareciendo por siempre, esto según indagaciones del Dr. Zaglul en su mencionado libro. Sí, aquella indigente mujer, la nana de nuestra primera Doctora en Medicina, pudo subsistir laborando en lujosas viviendas de hateros y terratenientes higüeyanos, ésos que se apoderaron por la fuerza de cuanta tierra existía por los contornos, arrebatándoselas a paupérrimos campesinos, expandiendo con orgullo sus posiciones, terrenos que muchos los perderían contra potentados extranjeros.      

    Cierto fue lo siguiente. Entonces empezaron a disminuir bastante más las ayudas ofrecidas a la Dra. Rodríguez para socorrer a sus necesitados dolientes. Y tampoco de nada valieron sus valerosos y enérgicas protestas para que siguieran proporcionándolas. Mas, también acontecía que aparte de que sus auxiliadores ya no deseaban seguir asistiéndola por la enorme presión recibida por esos ‘religiosos’ a la Sindicatura, a ganaderos y comerciantes liberales, la bonanza azucarera se estaba yendo deprisa de Macorís. La depresión económica hacía estragos en las clases sociales. La cacareada ‘Danza de los Millones’ iba diciéndole adiós al pueblo para con seguridad no retornar jamás, quedando plasmado en numerosas fotografías, muchas de ellas exhibidas años después en el Museo de Historia de nuestra ciudad.

    Fue en eso que aconteció una noticia que hirió hondamente a nuestra noble Primera Médica: “Trujillo Presidente”, a quien había conocido en Ramón Santana y sabía que era un sádico espantoso. Enseguida vino el ciclón conocido por ‘San Zenón’, destruyendo la capital, presagiando algo horrible a la Nación. Y luego comenzó a proyectarse la despótica larga y oscurísima noche por toda Dominicana. En pueblos grandes y pequeños, caseríos y aldeas, en valles y montes próximos a poblaciones, empezaron a mostrarse cadáveres de desconocidos, quizá llevados de lejanos sitios con el cruel propósito de amedrentar a sus moradores. Varios de éstos se hallaron en calles y plazas, algunos sin cabezas, otros colgados de árboles y maderos. Empezó así una matanza selectiva. En la región oriental asesinaron e hicieron desaparecer a la mayoría de los Guerrilleros Nacionalistas del Este, aquellos feroces y duros combatientes contra la Intervención Norteamericana, Guerrilla comandada  por el olvidado general Vicente Evangelista, y luego por el bravo Ramón Natera quien le había aconsejado a “Vicentico” en la posibilidad de una trampa por los norteamericanos en el asunto de la Gobernación de Macorís,  como en efecto fue: lo desaparecieron... Unos cuantos vivieron en cuevas hasta que fallecieron de inanición o asesinados por traidores parientes. Los poquísimos nacionalistas que escaparon a tan grotesco exterminio, lo efectuaron debido a que lograron atravesar en pequeñas embarcaciones el siniestro Canal de la Mona, internándose en montes de Borinquen, no volviendo jamás, olvidándose completamente del país. Al indómito Ramón Natera ya lo habían asesinado antes de Trujillo coger el poder en el batey ‘El Jagual’. Su muerte es atribuida a ‘Pechito’ Muñoz, aunque su verdadero matador lo fue Ramón Rosario, alias ‘Cano’, según me explicó el Sr. José M. Payano, ex Juez de Paz de Ramón Santana y ex Juez Civil de Macorís, a quien se lo narró un abogado de Guaza, el Dr. Ramón A. Ramírez González.    

    En esta ciudad, ultimados con certeros tiros en la nuca, lanzaron cuerpos de hombres por variados barrios. Un extraño apareció ahorcado, suspendido a una rama del antiguo árbol “guaraguao” del Parque Duarte, debajo de donde Gastón F. Deligne escribió su bello poema a la Bandera Nacional. Hasta al famoso caudillo del Noroeste, general Desiderio Arias, lo asesinaron en 1931. Se afirma que le cortaron su cabeza para llevársela a Trujillo en un saco de henequén, pero que éste, sobresaltado ante tan horrible sorpresa, ordenó que se la cosieran al cuerpo, aconteciendo que cuando los sicarios encontraron su cadáver ya se hallaba en condiciones desastrosas por los animales monteses. ¿Y qué hicieron? Se asegura que asesinaron a otro hombre, un desconocido, poniéndole a su cuerpo la testa de Desiderio. 

    Esos crímenes por todo el país duraron lo suficiente para que los dominicanos comprendieran que el gobierno trujillista había llegado para traer la paz que tienen los cementerios, y que nuevamente otro ‘pacificador’ se había instalado firmemente en el poder político, todo eso con el apoyo de los yanquis.                           

    Sin embargo, aunque la tiranía sabía bien cómo pensaba y actuaba la Dra. Rodríguez, con ésta no se metieron sus esbirros, pero de forma constante era escudriñada. Mas, la médica, mujer altamente sensible, se asombró y lloró por tan crueles homicidios. No obstante, continuó con su vida, curando a cuantos enfermos podía, regalando medicinas si las conseguía, cooperando con la educación de obreros y domésticas, tratando de ayudar a campesinos pobres con una especie de Banco Agrícola, obsesión que murió enseguida, era un natimuerto. Empero, algo sí logró notar Evangelina en el ambiente: percibió que ciertas personas a las que tanto había socorrido, igual a sus familiares, se le fueron alejando, como temiendo hablarle, excusándose por cualquier motivo si ella se les aproximara.

    Se repite que Andrea era una persona de altos vuelos. Todo eso la hacía sonreír y enojar. Iba notando que el odiado Trujillo podría durar numerosos años tiranizando la Patria de Duarte y Luperón, a consecuencia del temor colectivo, el cual es el horrible ácido de donde se nutren los déspotas para mantener su total obediencia.                    

 

 

NOTA: Este libro se encuentra registrado en la Oficina de Derecho de Autor, ONDA, como manda la Ley 65-’00   

 

 

 

 

 

'UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ' (¿1879?-1947)

NOTA: Deseo que el mundo conozca a esta inmensa mujer, primera médica dominicana. Por eso trataré de publicar mi libro por capítulos. El mismo se encuentra registrado en la Oficina de Derecho de Autor (ONDA) como manda la Ley 65-00.  Esta es la Segunda Edición, pero Primera virtual.

  

                                        Capítulo 1        

                                (Novela-Histórica)-                                                               

 Por: Bernot Berry Martínez     (bloguero)                                                            

 

   No son pocos los místicos quienes aseguran que cuando muere una persona muy perversa, perjudicial a humanos y al ecosistema, el planeta se contenta, incluso alegre canta cuando recibe sus restos, sucediendo lo contrario si ésta estaba íntimamente ligada al bienestar de la Humanidad y Naturaleza. Entonces, manifiestan, el mundo se detiene un pequeñísimo instante para lanzar un lamentoso y profundo quejido, percibido solamente por gran parte de nuestro espacio galáctico, mientras el sublime coro de las entrañas terrenales se prepara para entonar una hermosa melodía en su honor.   

    Si cuanto exponen los Maestros del  Misticismo es real, se cumple cablmente, entonces con bastante seguridad aconteció que la Tierra se detuvo un momentito aquel 11 de enero 1947, a la una de la tarde, emitiendo un fortísimo crujido estremecedor de lejanas estrellas, cuando expiró la gran amadora de nuestros crepúsculos, piadosa en extremo de infantes y adultos, educadora ejemplar, primera médica dominicana, patriota, demócrata, llena de virtudes, con algunas especializadas realizadas en París, Francia, de altísima moralidad, una sublime fémina nacida en Higüey el 10 de noviembre 1879 (¿?), según el Dr. Antonio Zaglul Elmúdeci,‘Toñito’, de nombre Andrea Evangelina Rodríguez Perozo (“Lilina”) en su importante texto “Despreciada en la Vida y Olvidada en la Muerte”.            

    Es verídico aquel proverbio que reza, “el humano pasa, quedan sus ideas e informaciones”, pues gracias a este bien recordado galeno --de su obra obtuvimos valiosísimos datos para narrar este libro, consiguiendo otros por cuenta propia--, relata con pasión y hermosa prosa la triste biografía de la Primera Dominicana en conseguir una Licenciatura en Medicina, mujer que logró sus anhelos venciendo enormes obstáculos en aquella hipócrita sociedad de Macorís, extremadamente machista, muy cerrada, orientada por un clero español reaccionario y obtuso.        

   El admirado ‘Toñito’, médico-siquiatra y buen escritor macorisano, debió indagar con alta honra para legarnos su bien logrado texto, realmente noble y sublime, dándonos a conocer a la todavía desacordada Evangelina Rodríguez, una honrosa maestra que se dispuso a ser médica, profesión solamente ejercida en ese tiempo por hombres.       

    Empero, aunque admiramos la inmensa labor del Dr. Zaglul por su difícil labor, diferimos en su apreciación de que Evangelina fue menospreciada por ser mulata, algo raro en este país con esa mayoría. Debemos tener en cuenta que el mestizo dominicano es un híbrido de razas, esencialmente de negras y blancos o viceversa, con poquísima influencia de la indígena y asiática. Esta es una República Mulata. Las demás razas constituyen una minoría. Sin embargo, es muy posible que con los años, a medida que los haitianos sigan penetrando a Dominicana la dominante mulataría irá decayendo, convirtiéndose en cuanto es Haití actualmente, con limitada minoría mulata. Incluso, tal vez hasta el antiguo refrán de que “el dominicano tiene el negro detrás de la oreja”, sea cambiado, puesto al revés. 

    Se piensa que cuanto sí fue posible a Evangelina fueron los inconvenientes que debió pasar para ejercer la Medicina, esto por ser mujer, debiendo combatir con tenacidad para practicarla. Empero, no debió afectarla demasiado por su temperamento beligerante, siempre decidida en alcanzar sus metas. Es que nuestra Andrea Evangelina era sumamente rebelde, una verdadera águila impulsiva. Con considerable probabilidad su rebelión principió a endurecerse en aquel Instituto de Señoritas, debiendo soportar enormes burlas de sus compañeras, quienes con frecuencia la desairaban debido a que iba mal vestida, con horrendo peinado, era fea, huraña, vendedora de dulces, etc. Claro, con suficiente seguridad en ese plantel educativo comenzó a ser hondamente herida, no por mulata ya que la mayoría de sus condiscípulas lo eran también, sino por su baja clase social.

    Se dice que la insurrección suya creció mucho más todavía por cuanto tuvo que franquear para marchar hacia la capital a estudiar como Maestra Normalista, título que le sirvió para ser profesora del Instituto de Jovencitas, dirigido por Anacaona Moscoso, ejemplar educadora, quien sería su íntima amiga, protectora y consejera de la futura médica. No obstante, el desprecio feroz y peligroso hacia Evangelina, arrancó a manifestarse a medida que luchaba por el bienestar de los pobres, enseñándoles a leer y escribir. Asimismo por protestar con relativa frecuencia, en variados escritos y discursos, contra la intervención norteamericana del país en 1916, tratando de curar en forma encubierta a combatientes nacionalistas heridos por el invasor y sus mercenarios criollos, luchando por la defensa de los Derechos de la Mujer, protestando contra la sentencia a muerte del jovencito Gregorio Urbano Gilbert por su heroica acción en el muelle local aquel 10 de enero 1917  Más luego, con el paso del tiempo, combatiendo la tiranía de Trujillo, por ser amiga y socorrer a los republicanos intelectuales ibéricos, a los cuales el sátrapa, según el Dr. Zaglul, a los más radicales tiró por Pedro Sánchez, como forma de espantoso castigo y enloquecieran, complaciendo a su compinche asesino Francisco Franco, terrible “Caudillo de España por la Gracia de Dios” de acuerdo a la Iglesia Católica, institución que apoyó fielmente a tan brutal dictador. Dicha inscripción, con la figura de tan horrendo individuo, las tenían inscritas todas las pesetas españolas, sin importar denominaciones.  

    Cuanto se ha escrito más arriba acerca de Evangelina Rodríguez fue verdadero. No hay alteración de la verdad, tampoco mentira. Es que debido a sus grandes actuaciones en favor de los desposeídos, igualmente de la democracia nacional y continental, los enemigos del desarrollo y avance de los pueblos le hicieron la vida extremadamente dificultosa. La acusaron de cuanta vileza pudieron originar las inmundas mentes de poderosos enemigos, como eran los pasquines impresos, creados especialmente contra ella, lanzados en parques y escuelas, repartidos por muchachos y beatas en iglesias, dentro de viviendas. Numerosos los entraban por debajo de las puertas, algo corriente en el Macorís de ese entonces. No obstante, el liberal ‘Toñito’ Zaglul informó esa cruenta realidad de forma sutil, tal vez para no chocar contra fuertes compromisos. Claro, él era un triunfante médico-siquiatra. Los intereses se imponen. Por eso optó por la forma más fácil: “fue despreciada por mulata”.

    Andrea Evangelina no tuvo amigas de su edad. A los seis años fue llevada desde Higüey al Macorís del Mar por su abuela doña Tomasina, junto a sus tías, al fallecer Felipa Perozo, su madre. A esta localidad, quizá la de mayor bonanza durante aquel período, se mudó la buena doña con sus hijas y nieta, igual que otros dominicanos. De semejante modo lo hicieron cuantiosas personas de diversas partes del mundo, quienes cargadas de pesares, abatidas, buscando hallar mejores oportunidades, huyendo de horribles guerras, se asentaron en esta ciudad con olor a guarapo, fundiéndose con los años sus culturas en una sola, considerada única en toda nuestra Nación. Es cierto, Macorís es un pueblo que se caracteriza por ser internacional e híbrido.  

    Nuestra  posterior  primera  médica vendió gofio y otras golosinas por las concurridas vías de entonces. Y delante del ‘Parque Salvador’, construido por el dinámico don Salvador Ross, donde se encuentra el primer Monumento a los Fundadores de la República, Andrea admiró los hermosos atardeceres que se presentan del otro lado del Río Macorix --Higuamo--, naciendo muy dentro de ella el noble sentimiento que poseen los verdaderos macorisanos (en el 2005 esa plaza fue renovada y embellecida, poniéndosele aquel nombre aprobado en Resolución Municipal, ‘Plazoleta a los Héroes de la Patria’, cuando finalizaba la primera administración del Arq. Antonio Echavarría, ‘Tony’)     

    La  jovencita Evangelina Rodríguez fue muy amiga de la familia Deligne, esencialmente del poeta Rafael, a quien sin tenerle asco, limpiaba y trataba de curar las llagas de la espantosa lepra. Algunos cavilan, siendo muy probable, que ese sufrido vate fue el aconsejador principal para que estudiara enfermería, más luego medicina, al intuirle esa vocación esencial, humanitaria y superior que solamente poseen los brillantes y humanistas galenos.              

    Aunque Andrea Evangelina era pobrísima, anhelaba educarse, ser útil a sus semejantes. Se piensa que a consecuencia de sus cercanas relaciones con los hermanos Deligne, fue muy probable que éstos la asistieran a ingresar en el avanzado Instituto de Señoritas.

    Anacaona Moscoso siempre tuvo por Evangelina una decorosa admiración. ¿Y esto a consecuencia de qué? Se afirma porque era disciplinada y provechosa estudiante, siempre limpia y respetuosa. Tal vez por eso se fueron haciendo muy fraternales. La excelente educadora le aconsejaba que cuidara sus pasos en esta ciudad altamente corrompida, pecaminosa. Mas, para tal precaución la joven se benefició de su laboriosa y querida abuela, una señora con profundos sentimientos morales y religiosos adquiridos en el Sur, los cuales inculcó en su nieta desde temprana edad. Por tanto, Andrea siempre conservó una elevada moralidad por donde anduvo, fuera vendiendo dulces, estudiante, trabajando como educadora, ejerciendo la medicina general o con sus especialidades adquiridas en Europa, Francia. Cierto, ella estuvo protegida durante su existencia por una altísima espiritualidad, sin importar denigrante lugar por donde la vida la condujo.                          

    Aunque ya algo se comentó, se asevera que Anacaona Moscoso le sugirió a la futura primera médica que cuando se graduara en el Instituto tratara de conseguir su diploma de Maestra Normalista en Santo Domingo, pues así podría recomendarla con todos sus derechos para ser profesora del plantel que dirigía. Y de esa forma lo hizo Evangelina, venciendo tremendas dificultades. Retornó a Macorís con ese título. A las pocas semanas se convirtió en institutriz del Instituto de Señoritas, no impidiéndolo las bajísimas protestas de oscuros sujetos trajeados como truhanes financistas y politiqueros (sacos y corbatas), tampoco las de barbudos curas, igualmente las injuriosas falsedades escritas en volantes, llevados al más apartado rincón del pueblo, conducidos por inescrupulosos hasta la capital.      

    Sin embargo, Andrea poseía grandiosos sueños de estudios para servir. Ansiaba ser médica, algo absurdo para una fémina durante aquel tiempo. Mas, ella no era persona de rendirse fácilmente, ya que por su testarudez llegó a ser cuanto alcanzó. Poseía una voluntad de superación incansable. Por eso, mientras ejercía como maestra del indicado plantel educativo, buscaba la manera de ingresar en la Escuela de Medicina. Claro, estaba auxiliada por Anacaona, igualmente por intelectuales sustentadores de la lucha feminista. Y Andrea, aunando esfuerzos, lentamente fue aplastando esos inconvenientes, consiguiendo que la recomendaran notables personas, pudiéndose inscribir en Medicina Lo consiguió en octubre de 1903, conforme al Dr. Zaglul. 

    No pocos creyeron que ella saldría huyendo de la Facultad de Medicina al contemplar horrendas heridas, sangre, cadáveres, etc. Claro, pensaban que por ser una ‘frágil mujer’ no estaría condicionada para soportar tan graves emociones. Fue un craso error. Evangelina resistió cuanto hicieron para que no se convirtiera en nuestra primera médica, también los viles desprecios de profesores y alumnos. Era una lucha titánica que tenía que soportar. Era fea, de familia pobre, arisca, no poseía amigos. Realmente estaba muy sola contra catedráticos y estudiantes egoístas, realizaban todos lo suficiente con la finalidad de que abandonara la Medicina y escogiera Enfermería, ya que para esto solamente podría servir. Pero Andrea fue pasando todas las materias en los iniciales años. Decayó en sus estudios al enfermarse su apreciada Anacaona Moscoso, preocupándose demasiado por la distinguida profesora, cuidándola, tratando de que la escuela marchara bien, etc. En tanto, los buitres vigilaban constantemente.   

    Empero, lamentablemente Anacaona falleció el 5 de septiembre de 1907. Evangelina lloró hondamente la extinción de su amiga y protectora, debiendo hacerse cargo de la dirección del Instituto, algo que deseaba la difunta, y para eso ya la había recomendado. No obstante, por haberlo aceptado, sus enemigos de nuevo llenaron el pueblo de asquerosos pasquines, afirmando que había logrado esa dirección a consecuencia de que era la ‘querida’ de un destacado profesional local. La infamia no se detenía, era implacable. Empero, quizá la única fortuna de Andrea en nuestra terrible sociedad, fue que la Naturaleza no la dotó de gran belleza física, de lo contrario eso la hubiera llevado con mayor facilidad a triunfar, pues el comercio sexual no es extraño en Dominicana y el mundo, en donde hermosas mujeres venden sus cuerpos con relativa frecuencia al mejor postor. De esta forma consiguen matrimoniarse con acaudalados individuos que ni siquiera aman un poquito, obtienen buenos trabajos o ser amantes de adinerados sujetos de bajísimos instintos. Es el cruel juego de la vida.  

    Andrea Evangelina Rodríguez, como buena parte de los  dominicanos, se entristeció bastante con la emboscada que le hicieron por Güivia al progresista Presidente Ramón Cáceres, mientras paseaba sin escolta en su Victoria Presidencial, acompañado solamente por su edecán militar y el auriga, aquella aciaga tarde dominguera del 19 de noviembre de 1911. La muerte del valiente mocano, ajusticiador del temible tirano Ulises Heureaux, ‘Lilís’, (1899, 26 de julio), trajo consecuencias caóticas al país. Por esto, determinados investigadores ratifican que dicho asesinato fue la causa principal para que la Potencia del Norte realizara luego su lamentable Intervención.     

    No obstante, Evangelina, sin darle importancia a las viles tendencias de los intrigantes, llenándose de valor, prosiguió con más sacrificios sus estudios de Medicina, terminándolos con más lentitud. Presentó su tesis con el argumento “Niños con  Excitación Cerebral” el  29 de diciembre de 1911, siempre de acuerdo al texto del Dr.Zaglul. Un  tiempo pasó sin ejercer como médica, ya que se sentía incapacitada en un pueblo lleno de destacados galenos. Y en tanto continuaba dirigiendo el Instituto, también la Escuela Nocturna para obreros y domésticas, escribió “Granos de polen”, un libro publicado con numerosas dificultades en 1915, procurando fondos para efectuar sus especialidades en Francia. Pero fue estafada en forma vil por un alcohólico y sinvergüenza impresor, algo que aún no es raro en el actual Macorís, lo confirma el autor por propia experiencia. Esa obra salió con muchos problemas de edición y faltas ortográficas, contrariando bastante a la educadora-médica. Se afirma que por esa razón se considera que buena parte de esas copias fueron destruidas por la propia ensayista, pero que unas cuantas pudieron ser salvadas del devorador fuego. 

    Aunque ese texto tiene un nombre poético, el mismo trata sobre Sociología, iniciando con lo siguiente: “Va mi libro dirigido especialmente a las madres jóvenes y a la juventud, alma de nuestra patria”. Esa obra ella lo redactó cuando aún era católica-hostosiana. Nunca quiso ejecutar una segunda edición, aumentada y corregida. Al regresar del país galo, había cambiado muchísimo en su modo de pensar, retractándose de haberlo impreso, considerándolo que fue parte de su vida inmadura, sin solidez intelectual.                

    Por efecto de que crecían sus ansias por partir hacia París, le aconsejaron marchar al Cibao a trabajar y reunir el dinero con el cual emprender su viaje. Mas, ella tenía un grave problema: no poseía su exequátur debido a que no deseaba que el mismo estuviera rubricado por un yanqui invasor. Sin embargo, siendo bien asesorada aceptó pasar La Pasantía en Guaza, Ramón Santana, en donde puso una farmacia porque allí no había ninguna. La llamó ‘El Tocón’, quebrando en poco tiempo debido a que regalaba muchos medicamentos, igualmente la mayoría que fiaba no se lo pagaban. Cuando tuvo sus papeles en regla (bromaría siempre de que su única mancha en ejercer la Medicina era la firma del gringo), marchó al Macorís del Norte, practicando allá sus profesiones, educadora y médica. Trataba  de  ahorrar dólares para su viaje, pero le era muy difícil: la mayoría de sus pacientes eran pobrísimos, no poseían dinero ni para comprar medicinas. Y la pobre Andrea, “Lilina”, para sus familiares y amigos cercanos,  apesadumbrada por tan cruenta realidad, mujer de espíritu avanzado, los atendía con devoción e inmenso amor, ofreciéndoles cuantos fármacos lograba conseguir entre algunos médicos de la región. Igualmente, contemplando que esas personas eran buenas y  decentes  pero  analfabetas,  se  dispuso  por  las noches, a la luz de una vela o lámpara de queroseno, a que saborearan el manjar del pan de la  palabra, instruyendo a unos cuantos en la lectura y escritura.    

    Señala el siquiatra Zaglul que el período de Evangelina Rodríguez por el Cibao duró unos tres años, del 1918 al 1921. Asegura que con mucha seguridad ella no pudo economizar todo el dinero con el cual marchar a Francia, porque ejerció por esa región como si estuviera en misión humanitaria, apenas quedándose con lo cual sobrevivir.  

    Andrea retornó al Macorís Caribeño en 1921. Sus sueños de partir hacia París se hallaban más enraizados. Aseveran que se encontraba alterada por marcharse. Sin embargo, ella no economizó los suficiente dólares para emprender tan tremenda aventura. Por eso sus amigos le asistieron con mucha afectuosidad, efectuando recolectas, comedias teatrales,  etc. Y con un maletín en su diestra, sola, brillando sus ojos de ilusiones y esperanzas, esa valiente mujer le dijo adiós a quienes la despidieron en el muelle de cabotaje de nuestro pueblo. Marchó a Francia a cultivar esas especialidades que tanto anhelaba cual modo de asistir a los demás, a cualquier persona, sin distinción de posición social. Varios años duraría Evangelina en la nación europea, logrando finalizar los estudios en Pediatría y Gineco-Obstetricia. Aunque ella le cogió un enorme amor a París, asimismo a la cultura francesa, no quiso quedarse allá. Según se afirma, desechó excelentes oportunidades de prestigiosas instituciones que indagaron su inteligencia superior, ansiando aprovecharla tal vez en la medicina científica. Mas, ¿qué tanto habrá perdido la Humanidad por su decidida voluntad de retornar de nuevo a su país? Es una interrogante que no se puede responder con exactitud. Cae en la especulación. No obstante, Dominicana ganó muchísimo al regresar cargada de conocimientos. Llegó en el barco ‘Catherine’, de la Bull Insular Line. Se encontraba muy feliz de ver a Macorís nuevamente, igualmente al amado río. Con los ojos radiantes de felicidad anunció encontrarse ansiosa de comenzar a laborar. 

 

FIDEL, EL TIEMPO DOBLA EL ACERO, LO DOBLA

                     

Por: Bernot Berry Martínez            (bloguero)

 

    El ’indomable’ Comandante Fidel Castro Ruz, uno de los grandes revolucionarios del Siglo XX, enfermo ya, decaído, vencido, con 84 años a cuestas, en lucha permanente contra el imperio norteamericano desde que subió al poder derrotando a las corruptas fuerzas armadas del dictador Fulgencio Batista al finalizar el 1961, en los últimos días le mandó al emperador Barak Obama, asimismo leyó ante la Asamblea Popular Cubana algo similar a esa misiva enviada al Presidente de EE.UU., ese cínico mulato (hijo de negro musulmán y blanca cristiana) una petición para que salve a la humanidad de una catástrofe nuclear. Realmente dio pena verlo en esa forma  humillante, pues si hay alguien que conoce bien a los yanquis es usted. Si los norteamericanos ya lo tienen programado, así lo harán. Ellos no poseen compasión con nadie, al menos que en el presente caso los iraníes decidan desistir de cuanto están realizando, algo muy difícil por el asunto religioso.    

    Observando a Castro leyendo cuanto anhela --incluso le señaló al emperador Obama que las generaciones venideras lo recordarán como el salvador de la humanidad--, pero para nada recordó a Nikita Kruschev, el verdadero bienhechor de la actual Raza Humana. Ahora, ¿por cuál razón se le olvidó a Fidel a ese enorme ser humano que fue Kruschev, quien prefirió retirar los cohetes de Cuba, renunciar a la Secretaría General del PCUS, asimismo de Primer Ministro de ese inmenso país e irse hacia su morada con una diminuta pensión, trabajando en su huerto (era gran amante de la Naturaleza) hasta su fallecimiento, todo esto luego de enviar una carta diciendo el porqué lo hizo? Lo efectuó para salvarnos de tan terrible hecatombe mundial, en la que no habría ganadores ni perdedores. En ese entonces era presidente de los Estados Unidos el joven John Kennedy, quien le dio un ultimátum a Kruschev para retirar tales cohetes o de lo contrario vendría una guerra entre ambas potencias. Y aunque usted, Fidel, en aquel momento era un brioso joven guerrero, envalentonado, aconsejó a Nikita “atacar primero”, Kruschev no le hizo caso, pero sí logró que los EEUU sacaran sus amenazantes cohetes de Turquía, exigiéndole que jamás atacaran a Cuba. Los estadounidenses así lo hicieron. Kruschev retiró los cohetes de Cuba y se volvió el real salvador de la actual humanidad, aunque nadie lo recuerda, ni siquiera usted, quien con seguridad está arrepentido. Empero, comandante, no mencionó para nada aquel gran episodio histórico de 1962, siendo uno de sus coprotagonistas. Es más, usted, rabioso, mandó a vociferar por las calles habaneras: “Nikita, mariquita, lo que se da no se quita"... Sin embargo, sí aconseja a Obama que el mundo lo recordará por siempre. Perdone la imprudencia, comandante, pero de veras el tiempo dobla el acero, lo dobla.

    ¡Gloria por siempre al vencedor de los nazis en la Batalla de Stalingrado, conocida “como de las ratas”, la más horrible que ha conocido la Historia de la Raza Humana, salvador de toda vida: Comisario y Teniente General Nikita Kruschev!                  

SIMON BOLIVAR, ¿MURIO DE TUBERCULOSIS?

                   

Por: Bernot Berry Martínez           (bloguero)

    José Antonio de la Trinidad Bolívar Palacios (Caracas, Venezuela, 1773-1830, Santa Marta, Colombia) era el nombre completo del Libertador de varios países latinoamericanos (Venezuela, Ecuador, Perú, contribuyendo muchísimo en las independencias de Bolivia y Colombia). Se asegura que descendía de vascos españoles. Perteneció a la clase aristocrática de Venezuela, pues su padre estuvo muy relacionado con el gobierno ibérico. Tuvo una niñez feliz, mimado. Sin embargo, su biografía dice que su padre falleció de tuberculosis, igual que su madre, y con cierta seguridad él mismo llevaba consigo el terrible bacilo de Koch, el cual origina la mortífera señalada enfermedad, la que en ese tiempo producía estragos en los pueblos del mundo.

    Aunque Simón Bolívar no tuvo formación militar, llegó a ser un curtido estratega en el arte de guerrear. Afirman que la gran Revolución Francesa influyó muchísimo en él para luchar contra la monarquía ibérica, jurando en Europa solemnemente no descansar hasta ver libre a su querida nación del yugo de la mencionada monarquía. Algo similar sucedió con otros héroes latinoamericanos.  

    Algunos historiadores manifiestan que Bolívar fue gran admirador de Napoleón Bonaparte. Esto así porque quiso ser una especie de Emperador de las naciones que liberó, mostrando actitudes autocráticas, vitalicias y hereditarias. Todo esto trajo como consecuencia que las oligarquías nativas no lo consintiera, asimismo el clero católico, rompiéndose su sueño de una gran Confederación Latinoamericana. Por eso, humillado, prácticamente abandonado, tuvo que retirarse, refugiarse en casa de un amigo ‘español’, pasando numerosas dificultades económicas, enfermo, tal vez desarrollándosele la tuberculosis. Quizás allí fue que escribió: “He arado en el mar”, como muchas cosas que dice el famoso libro de don Juan Bosch titulado “De Cristóbal Colón a Fidel Castro”. Además, se asegura que Bolívar, amargado por las penurias, relató que estos son unos pueblos extraños, pues cualquier ‘tiranito’ los enreda y hace con ellos cuanto le viene en gana. No obstante, El Libertador es considerado por sus acciones e ideas, el hombre de América.   

    Esperamos con ansias cuanto dirán los científicos por el ADN extraído a los restos del Libertador. De esta manera se sabrá la real causa de su muerte, si fue por tuberculosis u otro origen. Esperemos.  

LOS PARTIDOS PRD Y PLD

      Por: Bernot Berry Martínez        (bloguero)

    Cuando se ven reunidos para el figureo de la prensa escrita y televisiva a los máximos dirigentes de los denominados Partidos ‘Revolucionario’ Dominicano y el de la ‘Liberación’ Dominicana, la gente pensante y honesta, que no tiene nada, ni en dónde caerse muerta, al contemplarlos conoce que la mayoría son millonarios, notando que muchos hace tiempo cumplieron su historial político (entre ellos se llaman “viejos robles”, pero el pueblo los bautizó como “dinosaurios” y así se ha quedado). Cierto, algunos llegan a la conclusión lógica de que gran parte de tales directivos son los causantes de la inmensa miseria que tienen los dominicanos. Claro, tales dirigentes cargan la culpa sobre sus altaneros hombros de que nuestros habitantes estén enfermos, sin esperanza, alienados, con niños sin futuro, hambrientos, desesperados. ¿Y por qué los son? Bueno, ellos lanzaron a todo rincón de nuestra fallida ‘República’, que su organización era la esperanza nacional luego de la tiranía y su continuador Balaguer. Y pasearon de forma orgullosa aquella límpida bandera blanca por todo el país. Su fundador, un hombre serio, intelectual, fue don Juan Bosch, laureado escritor sacado del poder en 1963 por los jerarcas curas, la oligarquía nacional y militares reaccionarios y norteamericanos, sin lograr jamás retornar al gobierno, pues fue traicionado varias veces por sus propios “discípulos”. Ninguno, que se sepa, imita al hombre de tierna mirada y con voz sabedor de la conciencia del pueblo humilde.

    Y si los contempladores de las fotografías las siguen observando verán a una dama que se alimentó y estudió con dinero sangrante obtenido por su padre, “el ideólogo del trujillato”, quien con frecuencia daba conferencias sobre el bienestar del régimen en los locales del Partido Dominicano. Eran charlas a casa a reventar, sumamente aburridas. Y como Dominicana es una nación fallida (el poeta nacional lo sentenció: …”no merece  el nombre de país…”), una avenida de la capital lleva su apelativo. Es que no hay vergüenza. Así vemos también a un dinosaurio que laboró en la temible Radio Caribe, orgulloso de haber sido diputado de la tiranía. Y se avistan a esos hermanos de la Provincia Sánchez Ramírez, los cuales persiguieron como fieras a los de la Raza Inmortal por montañas y valles junto a una jauría de ignorantes con palos y machetes. La Juventud de ambas entidades políticas debería tomar las riendas en tales organizaciones, mandando a la porra a esos dinosauros.      

EL NUEVO "JUGUETICO" DE OBAMA

 Por: Bernot Berry Martínez             (bloguero) 

    Vaya, tantas cosas que deberíamos de escribir y tenemos que dejarlas atrás, en el denominado ‘Rincón de la Vida’, para concentrarnos en ese inmenso peligro que pende ahora sobre la humanidad como espada de Damocles. Por eso les pido excusas a los poquísimos lectores que me leen por hacer de público conocimiento cuanto se comenta acerca del nuevo “juguetico” de Obama. Pero la vida no es fácil, sino lo contrario, se halla llena de complicadas emociones. Tal vez los únicos ‘felices’ en este mundo atroz --más que los vagos diputados dominicanos-- sean los ignorantes, a quienes no les importa nada, viviendo un mundo irreal, algunos esperando al prometido Mesías. No obstante, hay otros que viven en uno fantástico, creado por sustancias narcóticas. Pero a tales individuos no va dirigido este trabajo, están liquidados, fuera de combate, y les importa un carajo cuanto pueda suceder. Hace tiempo que se rindieron. Se encuentran dando vueltas alrededor del globo terráqueo, agarrados a uno de los muchísimos satélites que lo orbitan.      

    Este trabajo va encaminado a los numerosos honestos habitantes, los cuales sin importar condición social, raza, etc., amantes del planeta, buenos padres, que desean lo mejor para sus hijos. Cierto, a éstos se dirige cuanto decimos aquí, algo que no es de nosotros, pero que tenemos el derecho humano de hacernos eco, ya que de esta manera cumplimos con nuestro sagrado deber de comunicador. Vean, la palabra escrita es lo más poderoso que existe. Nada lo es más que la misma. Es por eso que los poderosos tratan de conseguir todos los medios de prensa, incluyendo los electrónicos. De esta forma tratan de controlar a los lectores y oyentes, haciéndoles sus marionetas.          

    Sin embargo,  ¿cuál es el nuevo ‘juguetico’ de Obama? De sólo pensarlo causa tremendo pánico. Pero los yanquis se creen los dueños del mundo. El mismo fue ensayado con éxito desde un submarino. Están fabricando muchos. Consiste en un cohete Trident ll, de 65 toneladas, que lanzado hacia cualquier objetivo con fines de destruirlo, en minutos vuela a más de 22 mil kilómetros por hora, hasta llegar por encima de la estratósfera. Entonces, en la cúspide se separan sus cuatro ojivas cargadas con miles de barras de tungsteno, con resistencia mucho mayor que el acero, cada una varias veces más poderosa que una bala calibre cincuenta, desplazándose a más de 21 mil kilómetros por hora y con un radio de acción de unos 280 metros cuadrados, quedando cuanto existe allí completamente aniquilado. Y Obama está sumamente contento con este artefacto infernal. Cuesta miles de dólares. Pero eso lo paga el pueblo con los impuestos. Los empresarios ganan una fortuna. ¿Sabían que el presupuesto de defensa de los EE.UU es el más grande en el mundo? Se dice que suman todos juntos y el de EE.UU es mayor.    

EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ

                   

Por: Bernot Berry Martínez           (bloguero) 

 

    La gran realidad es que el respetable premio conocido como el Nobel de la Paz lo han ido transformando en algo sin valor, esencialmente desde que se lo dieron al presidente de EE.UU, el mulato Barack Obama, un politiquero con apenas meses en el poder, quien no había hecho nada por la paz mundial, sino todo lo contrario: aumentó las tropas yanquis en Afganistán, creó más bases militares por el mundo, en especial en naciones latinoamericanas, alertó a la Cuarta Flota, mandando buques de guerra --portaaviones y submarinos-- y miles de soldados a Costa Rica, país que no tiene ejército...  Es más, en el mismo instante en el cual él recibía el Nobel de la Paz, estaba Israel, su aliado preferido en el Medio Oriente, bombardeando de forma espantosa a los pobres palestinos que viven en la Franja de Gaza, matando e hiriendo a miles de personas. No obstante, Obama calló esa carnicería cobarde, absurda, demencial, mientras orgulloso se llevaba un premio inmerecido, no teniendo el honor, mucho menos el coraje y la dignidad de devolverlo a sus organizadores en Suecia. Esto demuestra lo hipócrita que es. Ese individuo es mucho más peligroso que Busch, lo dice su sonrisa cínica que posee. Porque si alguien sabía perfectamente que no había hecho absolutamente nada por la paz del planeta era él mismo. Es que sabe moverse como una serpiente de cascabel. ¡Diantre, lo que nos aguarda con este mulato, made in USA, es terrible! Lo escribí en un blog anterior: Barach Obama es capaz de todo, incluso de eliminar a millones de personas y quedarse fumando, contemplando con satisfacción su destructiva obra. ¿Lo dudan?

        Bueno, ahora se vuelve a dialogar del Premio Nobel de la Paz. Algunos adulones diputados dominicanos confiesan que deberían dárselo a Leonel Fernández por su excelente trabajo a favor de los haitianos y su labor en Honduras. Para nada hablan sobre las heroicas abuelas de la Plaza de Mayo. Es que el ‘lambonismo’ en Dominicana es tremendo. Esa gente vive de eso. Otros congresistas de la oposición se pronunciaron contra tal posibilidad, aduciendo que eso sería una barbaridad. Hasta uno señaló que en el gobierno de Leonel había asesinado a demasiadas personas para dárselo. Sin embargo, ese mismo tipo no dijo absolutamente nada, haciéndose cómplice, cuando a Obama se lo entregaron en bandeja de oro. Es más, se conoce que ese individuo le mandó un telegrama de felicitación. Vaya, ahora se le olvidó que el presidente de EE.UU es culpable de tantas matanzas que hay por en el mundo, de guerras, del Golpe de Estado en Honduras, y que está desesperado por atacar a Irán para robar su petróleo, asimismo a otras naciones, incluyendo latinoamericanas. Entonces, mediocre, ¿dónde metiste tu larga lengua, cuando silenciaste aquella ilógica entrega del Premio Nobel de la Paz a Obama?

    ¡Repito a los vientos del mundo: el de ahora debería ser para las abuelas de la Plaza de Mayo de Argentina!