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Bernot Berry Martinez (Turenne)

TERCER CAP. DE "UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ"

 

NOTA: NO IMPORTA QUE PASE EL TIEMPO, PUES LA VERDAD SE ABRIRA PASO ENTRE LAS TENEBROSAS TINIEBLAS. 

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

                     -III-

 

La Dra. Rodríguez dominaba el salitrero entorno en donde vivía. Entreveía que la querían convertir en gaviota sin bandada. Pero ella era solitaria por naturaleza, si bien muy sociable, una roca de alta mar con la cual se habían estrellado bastantes tempestades. Y todo eso le producía intensas fuerzas para contrarrestar a sus significativos enemigos. No ignoraba que funestos individuos seguían sus pasos, observando cuanto ejecutaba. Mas, no quiso encerrarse a lamentarse entre la ‘Casa Amarilla’, clínica que se iba quedando vacía de pacientes, esto debido al miedo imperante y a que las medicinas cada vez escaseaban más. Era como un terror fantasmal que fue envolviendo la vivienda. Lo psicológico de los jesuitas, ayudado por los matones del régimen, estaba obrando cuanto anhelaban tales sujetos de oscuras sotanas, a quienes el excomulgado y prolífico escritor colombiano, J. M. Vargas Vila, los tildó de ‘buitres negros’. 

Refiere el galeno Zaglul que Andrea, conociendo que las enfermedades de transmisión sexual causaban graves trastornos a mujeres de la Zona de Tolerancia, de Pueblo Nuevo, ‘La Arena’, cumpliendo con su deber de gran humanista y recta médica, sabedora de su alta espiritualidad profesional, varias veces entró en dicho sector para contribuir con las prostitutas infectadas de venéreas y sífilis. No obstante, por su loable y meritorio trabajo, realizado hasta de noche, la jerarquía del machismo macorisano se escandalizaba. Y la bondadosa Dra. Rodríguez, de nuevo era injuriada, volando los pasquines por el pueblo, llevando las  sucias calumnias que les ponían sus ruines enemigos.   

Los muchos ‘curas’ españoles que vivían en la parroquia del pueblo de aquel tiempo --unos tremendos vagos, falangistas franquistas en vigilancia constante de sus compatriotas Republicanos--, se persignaban varias veces cuando se  encontraban por alguna parte del pueblo con la laboriosa médica. De igual modo lo perpetraban cuando la veían cruzar cerca de la iglesia para ir al Ayuntamiento en procura de cierta ayudita. Andrea ni siquiera les miraba. Conocía que la provocaban. Mas, de cuando en vez la doctora paseaba por el ‘Parque Salvador’, disfrutando de algún bello crepúsculo. Se sabe que Evangelina tuvo una hija de crianza de nombre Selisette Sánchez, ‘Lalita’, niña que había nacido bajo sus cuidados en la ‘Casa Amarilla’, aceptando cuidarla como suya porque así se lo suplicó la real progenitora, doña Eulalia, de origen puertorriqueña, instantes antes de su fallecimiento por complicaciones de anteriores embarazos.  Una tarde en que ella caminaba sujetando la mano a la chiquilla (esto me lo contó uno de los protagonistas, conocido de Miramar, varios años mayor que yo), que le ordenaron a él y otro niño gordito a que fueran a vocearle “cosas” a la doctora. Y ambos, gozosos, cumpliendo órdenes de “sagrados varones”, se le aproximaron, la señalaron, y saltando le gritaron: “¡Loca, loca, loca!”. Andrea les observó apenada, ojeando también a los “religiosos”, quienes carcajeaban, sujetándose sus voluminosas panzas. Pero la médica, educadora como era y por tanto entendida en sicología infantil, con afabilidad, sonreída y mostrándoles unos dulces, hizo que los chicos se le aproximaran. Cuando estuvieron a su lado les ofreció a cada infante unas ‘canquiñas’, cogiéndolas enseguida, llevándolas ansiosos a sus bocas. Entonces ella, agachándose casi a la altura de ambos, contemplándoles fijamente con sus penetrantes ojos, les gritó una frase que con seguridad se escuchó en toda esa plaza. Voceó, indicando a los ensotanados:  

--¡Carajo, aléjense d’esos curas del demonio o se volverán maricones! ¿Me entienden ah? Apártense d’ ellos  o se volverán  maricones, carajo.

El testigo narró que los infantes se alejaron corriendo hacia donde se hallaban los “religiosos”, y que mientras iba trotando percibió su mirada en la cerviz; además que cuando ya estaban llegando, se volteó y pudo observarla riendo intensamente, igual a la niña, presenciando a los curas huyendo hacia la parroquia, entrando y trancando la puerta con dureza, quedando los dos afuera, originando que les dieran manotazos para que la abrieran, algo que los presuntos ‘sacerdotes’ no hicieron.  

Bueno, eso me narró el sujeto, afirmándome que desde ese momento se fue ausentando de esa iglesia, quedando muy impresionado por cuanto voceó la doctora. Me informó asimismo que incluso dejó de ir por esa plaza, teniendo problemas con su madre, ya que los “religiosos” deseaban que intercediera con la finalidad de que su hijo fuera monaguillo, sirviera a la Iglesia. Mas, llegó a informarme: “Fue por eso que mis padres en parte se separaron. Mi mamá era fanática católica, yendo casi todos los días a misa, porque vivíamos  en el barrio  La Aurora. Mi papá era todo lo contrario, no les gustaban los curas. Decía que eran unos hipócritas. Por esa razón estuvo conmigo todo el tiempo, apoyándome, llevándome consigo cuando se apartaron, mudándonos para Miramar, en la calle ‘Antonio Molano’. Allí conocí a tu familia, haciéndome amigo de tus hermanos, tiguereando por el rompeolas, Playa de Muertos, el faro, aquel bufeadero”... 

Nos encontrábamos sentados en el mencionado parque en un banco de cemento, años antes de ser embellecido como ahora está. Él recordaba asuntos muy serios durante ese moribundo atardecer. Se había detenido a saludarme al cruzar por donde me hallaba. Debido a que notó el libro del  Dr. Zaglul acerca de nuestra Primera Médica, texto que estaba leyendo, él lo tomó en sus manos y me confirmó que un par de veces se deleitó con su lectura. Y quizá por eso, sentándose a mi vera, comenzamos a dialogar, enterándome de su anécdota con Evangelina Rodríguez. Entonces, indagándole si se acordaba del otro niño gordito con el cual le gritó “loca” a la doctora, se apenó bastante, y es que sentía por Andrea una gran admiración y respeto. Me señaló que él se había hecho médico en la UASD con enormes sacrificios, y por tanto podía imaginarse las penalidades que debió de pasar ella durante aquel tiempo. Le miré inclinar su cabeza con melancolía, igualmente alzarla para contemplarme e informarme que aquel infante se mantuvo ligado a la Iglesia Católica, siendo un fiel monaguillo. Me informó que ya su progenitora había abandonado el catolicismo, siendo confesa cristiana de una secta protestante, diciéndole con los años que ese muchacho era un tremendo homosexual. Me indicó que esos ‘curas’ lo pervirtieron, lo mismo que a otros jóvenes. Me contó con cierta alteración, que su madre le confesó que varios ‘sacerdotes’ tuvieron relaciones sodomitas con ese jovenzuelo por toda la parroquia, incluso en la torre, con repique de campanas, señalándome que no se hizo un escándalo porque la madre del jovencito era muy devota del catolicismo, silenciándolo. Dijo que aunque esa señora nunca dejó de asistir a esa iglesia, sí tuvo un grandioso cambio en su vida, pues comenzó a vestir de blanco por varios años, hasta su fallecimiento durante una espléndida mañana en que se deleitaba con el melodioso canto de un ruiseñor en su hermoso jardín.  

--¡Ahora, como la doctora vaticinó, ese tipo es un viejo  maricón!  --murmuró, levantándose, despidiéndose con un fuerte apretón de mano, observándole marcharse pensativo, quedándose un instante al lado de una delgada palmera existente en aquel tiempo en esa plazoleta, árbol que estaba bastante inclinado por el peso de un enorme nido de golondrinas. Poco después le miré atravesar la avenida Domínguez Charro, dirigiéndose al muro grisáceo que protege a nuestro pueblo de posibles crecidas del Río Macorix (Higuamo). Y en tanto le veía alejarse, me llegó la curiosidad de haberle preguntado quién era el individuo del cual me había contado.                                                                                                                                                            

La Dra. Evangelina Rodríguez fue, sin titubeo alguno, una virtuosa mujer. Aunque sus numerosos adversos, principalmente ignacianos y seguidores, la calumniaron horriblemente, aseguran independientes personajes que ella siempre se mantuvo virtuosa. Conocen que cuanto efectuó y trató de realizar lo hizo sin tratar de ganar tesoros en los cielos, tampoco por marido, ni hijos, amante o novio, todo por amor al prójimo, a la Humanidad. Es por eso que se le tiene como una de las grandes féminas, llena de integridades, nacida en esta República. La consideran superior en patriotismo que algunas heroínas de este país, incluso con mayor piedad que diversas religiosas las cuales con seguridad se esforzaron con la finalidad de beneficiar a sus almas, alcanzar la prometida vida eterna, un real oportunismo. De esta manera, Andrea se halla valorada, en grandiosidad, que determinadas damas poseídas de destacados honores. Cuanto sucede es que a consecuencia de su extremo sacrificio en beneficio de sus análogos, el nombre de Evangelina Rodríguez debería estar muy por encima de otras nobles mujeres. Es algo fácil de evaluar, solamente debemos escudriñar su existencia, seguir su trayectoria desde su llegada a la vida, ¿1879?, hasta su fallecimiento en 1947. Confirmaríamos la historia de una inmensa fémina, educadora-médica consagrada a la gente, esencialmente a las personas humildes. Fue, como lo indicó el Dr. Antonio Zaglul, una persona fuera de serie. Estuvo muy por arriba de ese popular pensamiento. Ella, a causa de su forma de actuar, escapa a cualquier limitado raciocinio nuestro.      

No obstante, ¿la hemos enaltecidos y venerado como se merece? No, eso nunca se ha perpetrado con justeza. ¿Y por qué? ¿Será porque no era cibaeña o capitaleña? ¿Acaso a su origen, una pobrísima campesina higüeyana? Por su decoro, después que ajusticiaron al aterrador Trujillo, el antiguo barrio llamado ‘mejoramiento social’ lleva su nombre, también el Plantel de Niñas en la Ave. Independencia, ambos situados en Macorís. Se sabe que figura en ciertas Enciclopedias de Dominicanos Ilustres, así como en distintos libros, también en otro sobre galenos del Dr. Zaglul, y que se encuentra incluida en la lista de Mujeres Sobresalientes de la UNESCO.    

Es muy probable que su glorioso apelativo lo desean mantener en el ‘purgatorio’, mejor dicho olvido, aquellos individuos de hábitos negros, los siniestros e intrigantes jesuitas, con enorme influencia en la Congregación Católica. Sí, es muy intenso el rumor de que mientras los científicos se encuentran en lucha abierta averiguando acerca del Espacio Sideral, esa Iglesia, en pleno Siglo XXI, comienza a levantar con mucha discreción el terrible Oscurantismo en el cual mantuvieron a su feligresía, para que vaya penetrando la luz de la verdad en sus recintos medioevales. Claro, repetimos que lo van perpetrando de manera despaciosa. Empero, como la ‘vergüenza’ que podrían tener por cuanto ejecutaron sus predecesores es inmensa, ignoran el modo formal, correcto, de colocar en su justo lugar a tantas personas enlodadas en nombre del misericordioso Jesús. Por consiguiente, los apelativos de prestigiosas personalidades que continúan guardados en negruzcos y exóticos cajones triangulares, excomulgados, prohibidas a “sus almas entrar al reino de los cielos”, están dejándolas salir con lentitud, a paso de viejísimas tortugas. Claro, de esta manera anhelan evitar grandes escándalos, pues prácticamente casi nadie los recordaría porque habrían fallecidos.   

El nombre de Evangelina Rodríguez, ratificado por sujetos relacionados con esos ‘religiosos’ de ropaje negrísimo, lo mantienen en la grácil oscuridad, dejando que el inexorable tiempo continúe pasando. Y como todos los gobiernos que hemos tenido, exceptuando el del intelectual don Juan Bosch, tumbado a los siete meses por honesto, fueron y están dirigidos por ellos, es muy difícil que lo dejen poner en su equitativo sitio, esto desde luego mientras tanto.                                       

Con el arribo al país de la crema de la intelectualidad española, los Republicanos, la Dra. Rodríguez cooperó con éstos en todas sus posibilidades. Ya se narró que el tirano envió a numerosos de ellos a Pedro Sánchez para enloquecerlos, pero en esa pobrísima comarca ellos hicieron bastante por la cultura, hasta teatro popular con los lugareños. Empero, nada de esto le agradaba a la dictadura, ya que son polos muy opuestos. La doctora les visitaba y examinaba, llevándoles medicinas, comida y textos. A varios les ayudó a conseguir trabajo en El Seibo, La Romana, Hato Mayor, y en Macorís. En este último pueblo, debido a su alto desarrollo económico, varios llegaron a escondidas, ayudados por Andrea. Ejecutaban cualquier tipo de labor. Eran muy esforzados. Enseguida comenzó a circular por Macorís el periódico ‘La Democracia’, órgano de esos Republicanos. En ese medio escribió la Dra. Rodríguez sin colocar su nombre, también la combativa y hermosa poetisa Carmen Natalia Martínez Bonilla, demócrata, luchadora por los Derechos de la Mujer, antitrujillista, como igualmente lo hizo Petronila Gómez, directora de la revista ‘Fémina’.                

Durante el proceso de la Segunda Guerra Mundial se estableció una tregua entre los Aliados y los soviéticos en su lucha contra los integrantes del Eje. Ese acuerdo sirvió para que los primeros se ocuparan en combatir a los segundos, quienes constituían en aquel tiempo el esencial enemigo común. Por ese motivo la tiranía, la cual le había declarado la guerra a las naciones integrantes del Eje, debió bajar su feroz represión, permitiendo una limitada libertad a los dominicanos, principalmente en pueblos con relativa importancia como lo era Macorís. Entonces, ansiando aprovechar al máximo esa situación que se les presentaba en bandeja de plata, los izquierdistas salieron de la clandestinidad, comenzando a organizar a los trabajadores en sindicatos, a campesinos pobres en cooperativas agrícolas, a tratar de dirigir las diversas Sociedades Mutualistas, etc. Esta población se iba envolviendo en una agitación constante. ‘El Federado’, un periódico obrerista, recorría las calles llevando mensajes esperanzadores acerca de un porvenir muy fructífero para los desposeídos. Los patrones se estaban preocupando. Detrás de esa tremenda tenacidad se hallaban los revolucionarios ibéricos, quienes de forma encubierta, moviéndose  como incansables abejas, organizaron pronto el Partido Socialista Popular, PSP, y sus distintos frentes de lucha. 

Durante ese lapso Evangelina estuvo muy activa. Se la observó por variados lados del pueblo. Afirman que recorrió gran parte de la República dando conferencias, notándosela bastante entusiasmada, el rostro radiante, sus ojos brillantes, ejecutando esas labores. No es un secreto que ofreció charlas mezclando la política con la salud y educación. Las personas se excitaban oyéndola. Era muy elocuente y convincente. Ofrecía excelentes ejemplos para que todos pudieran entenderla. De vez en cuando hablaba por una radioemisora local. Diversa gente la escuchaba por bocinas que los organizadores instalaban por diferentes barrios, aprovechando al máximo la tregua. En ocasiones, la señorita doctora se expresaba con tanta intensidad que excitaba a los oyentes, pero en otras lo efectuaba con dulzura, sin violentarse por las tantas penurias que atravesaba la ciudadanía. Es que había aprendido muchísimo con los Republicanos Ibéricos, quienes se esforzaron por hacerla gran guía, ya que talvez habían detectado que ella estaba dotada de cuanto se necesita para convertirse en verdadera dirigente: enorme valentía, superior intelecto, muy fogosa, extremada humanista, formidable educadora, primera médica con tres especialidades y formidable dominio de los idiomas castellano, francés e inglés. Eso era cierto, Andrea poseía una personalidad y formación intelectual con condiciones óptimas para dirigir esta Nación. No había nadie en aquellos momentos como ella. Y quizá por eso es que algunos indagadores se han interrogados: ¿Vislumbraron aquellos Republicanos españoles, imbuidos en la política internacional, que la Dra. Rodríguez podría alcanzar un enorme liderazgo, convirtiéndose con bastante posibilidad en la primera mujer en obtener la Presidencia? ¿Acaso pudo pensarlo, una fémina que había logrado todas sus metas, aplastando con firmeza cualquier obstáculo encontrado en su senda triunfal? 

Entretanto, la autocracia  trujillista  trataba de cumplir a regañadientes con el acuerdo aliado. Sin embargo, dormía  con un ojo abierto y otro cerrado. Su despotismo, cauta y felina, vigilaba constantemente a esos directivos del PSP, enterándose por esos sinvergüenzas chivatos infiltrados de cuanto planificaban.

Sí, con los años nos percataríamos que la dictadura conocía lo que Freddy Valdez, Mauricio Báez y otros dirigentes de esa organización, les manifestaban a quienes se congregaban en aquel amplio sector próximo a la cercana barriada de ‘El Toconal’, en donde con el tiempo la Sindicatura de Manuel Rodríguez Robles, 1996-2000, construiría una plazoleta con el busto del sobresaliente sindicalista desaparecido en Cuba en 1950, ampliada y hermoseada después en la del Arq. Ramón Antonio Echavarría, ‘Tony’, 2002-2006. 


CAPITULO 2DO. DE "UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ"

 

NOTA. LA NOVELA LA PUBLICO EN MI BLOG DE MANERA GRATUITA PARA QUE LA GENTE HUMILDE CONOZCA A ESTA INMENSA MUJER.                               

                               

                  -II-

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero) 

 

Aunque en nuestro pueblo se conocía cabalmente la llegada de la Dra. Rodríguez con sus especialidades efectuadas en París, no fue recibida por las autoridades como era merecedora (ramilletes de flores, discursos, canciones, poemas), algo que con bastante asiduidad se realizaba hasta con gente de la peor ralea. No, a la triunfante primera médica le dieron la bienvenida unos cuantos familiares y amigos cercanos. Se cree que de esa forma los cabecillas de Macorís revelaron un cruel resentimiento contra ella, y eso que a Trujillo le faltaban varios años para llegar al poder político. Por tanto, con la ausencia de esos mandamases, permaneció evidenciado, realmente confirmado, de que una oposición contra “Lilina” ya estaba en marcha desde antes de su retorno. Es por este motivo de que algunas personas llegaron a preguntarse: ¿Acaso pudo vislumbrar su posible inclusión en la “lista negra” de la Iglesia Católica, un listado de personas consideradas adversas al Vaticano, preparada por la poderosa Orden de Jesús? Bueno, si ella intuyó esa interrogante, con mucha seguridad debió recordar que en su libro de sociología, “Granos de Polen, aconsejaba contra el internado de jóvenes en colegios dirigidos por jesuitas, curas que hacen voto de obediencia total al Papa, afirmándose  que se hallan dirigidos por un ‘general’. Si de esta manera lo percibió, entonces con bastante certeza tuvo que memorizar aquellas reuniones de intelectuales en la vivienda de los Deligne, escuchando allí que tales ‘religiosos’ eran excelentes lectores,  que buena parte de su labor consistía en escudriñar con enorme lupa cuanto se publicaba: ensayos, novelas, cuentos, poemarios, artículos en revistas,  periódicos, etc. 

Se conoce bien que los jesuitas han sido desde su fundación por Ignacio de Loyola en 1540, una Orden Religiosa más militante que  contemplativa. Fueron  ellos, durante la horrorosa inquisición y en nombre del ‘cristianismo’, dirigieron los tribunales que mandaron hacia las aterradoras hogueras a numerosas progresistas  personas (científicos, escritores, auténticos religiosos,...) de varias naciones de Europa y América, atrasando muchísimo el avance de la sufrida Humanidad, sumiéndola durante gran tiempo en el Oscurantismo. Ellos, con sus constantes intrigas, causaron la Matanza de la noche de San Bartolomé, en agosto de 1572, Francia, asesinados despiadadamente a millares de no católicos, aumentando por años la Guerra Religiosa Francesa. Sí, fue por la constante insistencia de los jesuitas que hicieron hervir en alquitrán, por herejes, a Caciques de Quisqueya junto a sus familiares y otros dirigentes de los Cacicazgos, para que negaran su religión y aceptaran el ‘cristianismo’, prefiriendo morir bien cocidos antes que rechazar sus creencias centenarias ¡Caramba, cuanto honor poseyeron aquellos indígenas! Inclino mi cabeza de admiración ante su memoria.   

Los ignacianos ejercieron una cruel presión chantajista, peor que la relatada por La Biblia acerca de los sacerdotes judíos contra el gobernador Pilatos, con el propósito de que esas dominaciones en Santo Domingo aniquilaran en gran parte a la ‘salvaje’ y humilde raza nativa, levantando después hermosas parroquias por Bayaguana, La Vega, Higüey, Bahoruco, etcétera, en cada lugar donde se consumaron tan espantosas masacres. El siquiatra Zaglul afirma que es muy extraño ese maniqueísmo en la Iglesia Católica --herejía originada por Manes o Maniqueo, persa fundador de la secta de los maniqueos, quien aceptaba dos orígenes creadores, uno para el bien, otro para el mal--. Después, manifiesta el destacado galeno, esos ‘cristianos’ concibieron aquellas supuestas y fantásticas apariciones (‘Cristo de Bayaguana’, ‘Vírgenes de las Mercedes’ y de la Altagracia’, ‘Santa Cruz del Seibo’, etc.), las que con el trotar del tiempo se convirtieron, unas más que otras, en ardientes y fabulosas leyendas de numerosos habitantes.

De varios países los jesuitas fueron expulsados: de Francia en tres ocasiones, pero de nuevo se introducían bajo la protección Papal. Están considerados feroces enemigos de las innovaciones sociales de los pueblos, contribuyendo con cuanto han podido por detener el normal rodamiento de la rueda evolutiva del mundo, de nuestra Humanidad. Con el paso de los años han ido cambiando en forma lentísima, ya que sus jerarcas prefirieron aflojar para no ser barridos de la faz de la Tierra. Es que saben cambiar a tiempo. Por eso son muy temibles. Con los años han sido conocidos como los ‘simuladores y camaleones cuervos’.                    

En tiempo de la Dra. Rodríguez. la influencia de los ignacianos sobre la sociedad dominicana era inmensa, creciendo mucho más cuando Trujillo firmó años después el ‘Concordato’, haciéndolo para ganarse el apoyo de esa oscura Iglesia del Medioevo, con inmenso apoyo en la alta clase social, igualmente en la indigente. Si bien ya se hallaban ‘trabajando’ en el país, se asegura que fue en el ‘Concordato’ que penetró de lleno el actual poderoso movimiento ‘Opus Dei’, fundado en España, Madrid, (1928), por José María Escrivá de Balaguer, una institución muy colaboradora del Fascismo Internacional (de Hitler, Mussolini, Franco, Trujillo, Strossner, Pinochet, etc.). Se conoce que un sacerdote del mismo ‘bendijo’ una metralleta que participó en un atentado contra el Presidente francés, general de Gaulle, en plena calle, salvándose el héroe y cuantos iban con él por pura casualidad, nadie salió herido, aunque catorce balas impactaron en el carro no blindado. La Fraternidad ‘Opus Dei’ es sumamente opulenta, calculándose su fortuna en billones de dólares. Es la “Prelatura Personal” del Vaticano. Su sede principal se encuentra en Roma. Se martirizan con fuertes torturas como forma de sentir los dolores padecidos por el piadoso Jesús. Tienen más de dos mil sacerdotes, jesuitas y de otras confraternidades. Disponen de miles de fieles laicos, principalmente de alta y clase media, profesionales en su mayoría. En Nueva York, su asiento en USA, ostenta un edificio que le costó 96 millones de dólares. Su fundador, Escrivá de Balaguer, fue  beatificado en  1992  y canonizado en el 2002 por el Papa polaco Juan Pablo Segundo, a quien con seguridad beatificarán y canonizarán, encabezado por el Papa Benedicto XVI, un antiguo nazi.         

Siempre se caviló que  los jesuitas eran conocedores al dedillo de cuanto Evangelina Rodríguez había relatado en “Granos de Polen”, y que jamás la perdonarían, algo muy peculiar en esa Orden. Es por eso el rumor de que ya ella estaba comprendida en la lóbrega lista de personalidades consideradas enemigas de tal institución cuando retornó a su querido Macorís, deseosa por trabajar fervorosamente por los variados y cuantiosos enfermos de nuestra región. Y Andrea, apasionada por poner en práctica lo aprendido en la ciudad luz, se dedicó con sumo amor a servir a la gente, sin importar condición social. Empero, para hacerlo necesitaba la cooperación de las arrogantes autoridades. Y sin timidez, desoyendo precaución, tocó las puertas de la Gobernación Provincial, de Sanidad y Sindicatura, de diversas logias y sociedades, de ricas personas. Acerca de tales peticiones pudo conseguir pequeñas ayudas con las cuales alquilar una casa en Villa Velásquez, la cual le serviría de clínica, comprando indispensables asuntos y fármacos. 

De acuerdo al Dr. Zaglul esa vivienda se encontraba entre la avenida Independencia con Altagracia, y era conocida como la “Casa Amarilla” porque de ese color se hallaba pintada. Era de madera. Aún está en el mismo lugar y su último propietario lo fue el señor Luis Alburquerque. Allí atendía nuestra Primera Médica a enfermos muy pobres y de clase media baja. Además, ofrecía sus servicios a domicilio, como cuanto efectuaba con los padres de su futuro biógrafo y hermanos. La reputación suya como especialista en distintas disciplinas iba en aumento, principalmente entre mujeres y niños. Sin embargo, aunque en Macorís ejercían en excelentes médicos, se considera que pocos de éstos estaban a su altura, mucho menos a su grandiosa sensibilidad social. Laboraba en forma infatigable. Sus mayores esfuerzos los colocó en beneficio de la gente humilde. Y era por tal consecuencia que con cierta frecuencia, de madrugada, cuando apenas tenía unas horas para dormir, de reponer fuerzas, tocaban a su puerta con la finalidad de que asistiera en el parto de una primeriza, o por una mujer gritando de dolor, igualmente por algún infante con alta fiebre o fuerte diarrea. Se confirma que a todas esas llamadas acudía a prestar con enorme fervor sus servicios, aunque anticipadamente conocía que varios de esos pacientes no le pagarían, teniendo incluso que regalarles las medicinas.      

Su vocación de servicio no tenía limitaciones. Con regularidad sacaba tiempo y marchaba hacia la escuela nocturna,  ofreciendo allí su contribución para que obreros y domésticas se alfabetizaran. Conjuntamente protestaba en unión a distintas damas en favor del Movimiento Feminista, escribiendo por igual motivo en periódicos o revistas locales, como ya fue informado. Esa forma de ella proceder en la arrogante y compleja sociedad macorísana le fue ganando una enorme hostilidad entre el sector dominante, que no entendía su comportamiento radical, siendo una médica especializada en Europa. Y en varias ocasiones fue aconsejada a dedicarse de manera exclusiva a su profesión, que para eso era asistida con dinero y medicamentos, ofreciéndole los ganaderos una cantidad de bidones del alimento lácteo para su programa infantil llamado ‘gota de leche’, establecido por la doctora al considerar que los niños menesterosos debían de ingerirla junto al originado por los senos de sus madres. Por  eso se la pedía a ciertos acaudalados hacendados, ganaderos que a veces la botaban porque la poseían en gran cantidad.

Una cosa  sí  aconteció: su clientela de clase media, la cual le pagaba sus servicios profesionales, fue dejando de consultarla, disminuyendo bastante, hasta que dejaron de hacerlo. Se afirma que a esas damas se lo ordenaron los ‘religiosos’. Entonces comenzó la educadora-doctora a conseguir menos recursos para comprar medicamentos y obsequiarles a los muy indigentes. Pero Evangelina no cambiaría su manera de ser. Nació para servir. Cuentan que criticaba a ciertos orgullosos selectos médicos, los cuales habiendo realizado el juramento Hipocrático no socorrían a personas necesitadas, algunas tiradas en las calles, lamentándose de algún dolor, solamente porque eran infelices, pobrísimos, no viendo esos galenos la parte humana. Tal conducta de sus colegas la enfurecía, ya que en la Universidad no les enseñaban esa indiferencia, sino lo contrario. Y tuvo choques verbales con varios de ellos, enemistándose. Tales médicos le afirmaban que “no se habían quemado las pestañas para socorrer a pelagatos”. Por esa razón más gente humilde se dirigían donde ella, esencialmente en las noches, ya que escasísimos eran los doctores que se levantaban para atender a un enfermo sin apellido sonoro, mandando a la porra el famoso juramento que prometieron cumplir con la diestra en el corazón y sus ojos hacia lo alto. 

--¡Qué desfachatez, duermen sin nada de vergüenza en sus conciencias, si es que tienen! --dicen que afirmaba Evangelina con asiduidad.   

Mas, Andrea Rodríguez prosiguió auxiliando a los indigentes. Lo realizaba con cuanto podía, sin dejar de batallar en la instrucción de los trabajadores, asimismo protestando por la causa de los Derechos de la Mujer. Realmente era incansable. 

Narran que era muy vocinglera, Poseía una enérgica voz. Su misión caritativa llegó a expandirse hacia leprosos y tuberculosos, buscando alojarlos en las afueras del pueblo. Allí les daba el tratamiento que en aquel entonces se conocía. También impartía charlas sobre educación sexual, aconsejando a sus oyentes a tener los hijos que pudieran mantener, convirtiéndose en la primera médica en conversar acerca del control de la natalidad (algo todavía tabú en el país), espantando a curas y otros servidores del ‘cristianismo’. Se comenta que ciertos ‘religiosos’, pastores de varias sectas entre éstos, predicaron en sus tribunas que Andrea estaba loca, que era una peligrosa mensajera al servicio de Satanás. 

La Dra. Rodríguez  afirmaba  que “era un cuento grande eso de que “los  niños  traían  el  pan debajo de sus brazos”. Y trató en nuestra egoísta, machista y atrasada sociedad, adelantándose bastante en aquel tiempo, enseñando a las féminas la manera de evitar los hijos no deseados. Y mientras les obsequiaba preservativos, instruyéndoles el modo correcto de usarlos, les afirmaba que si continuaban trayendo a tantos niños desnutridos, mal alimentados, barrigones, en varias décadas la República se llenaría de numerosos tarados y cretinos, retardando muchísimo el desarrollo de Dominicana. Les confirmó que esos debilitados hijos poseen un escaso progreso mental, son casi animales, una carga para la Nación, convirtiéndose buena parte de ellos en parásitos sociales. Les aseveraba que no pocos sólo servirían para robar y asesinar. No obstante, a pesar de tales realidades que con tanta bondad enseñaba --certeza cabalmente demostrada con el transcurso de los años--, le causaban un profundo odio entre esos sujetos lujuriosos (“No usaré esa vaina que te dio esa loca”, les decían enojados a sus mujeres, ebrios de alcohol, pegándoles con los puños entre las costillas para que abrieran las piernas). Las beatas, muchas con tendencia al sadomasoquismo, apoyaban con alegría los abusos de esos tipos, y así lo daban a conocer en alta voz para que los vecinos escucharan en las numerosas viviendas que visitaban, echándole la culpa a la Dra. Rodríguez, diciendo que a ésta deberían de castigarla a puros latigazos. Los pícaros jesuitas agitaban por debajo, y frotándose sus manos aprovechaban cualquier ocasión para injuriar más a la heroica médica.  

Esos tipos de sotanas negras se deleitaban idealizando con llevarla hacia la hoguera moral, la substituta de la medieval. Y con bastante posibilidad lo sublimaron en sus tenebrosas mentes. Por tanto, se decían que si ella deseaba continuar con su modo de vida, tendría que partir lejos, fuera del país, o de lo contrario sería completamente arrinconada, conducida hacia una total inutilidad, derribándole su enorme autoestima. Claro, esos militantes ignacianos eran tremendos expertos en esa técnica, pues conocían perfectamente el temperamento emocional humano, ya lo tenían perfeccionado. Y es que empezaron ensayándolo en bondadosos monjes Franciscanos, a los cuales encerraban en hediondas mazmorras de Europa y América, usándolos para sus crueles fines (está bien divulgado el colosal miedo que aún les tienen esos humildes frailes a los jesuitas). Después, con excelente práctica, lo utilizaron en liberales profesionales para hacerles la vida imposible, aislándolos en pueblos que estaban bien controlados por esos temibles curas, teniendo que arrepentirse con inmensa humillación antes de dejarlos retornar al seno de la sociedad a ganarse el sustento de los suyos. Pero eso sí: siempre serían vigilados, utilizándolos con frecuencias en sus aviesas causas. En caso de que no aceptaran, debían de partir hacia algún lejano lugar para no morir de hambre o de locura. Es que tales ignacianos lo dominaban todo. Con regularidad se encontraban pegados como las garrapatas en los gobiernos, dándoles instrucciones constantemente.                                                 

El valor y pasión de la Dra. Rodríguez hacia sus semejantes son inmutables. Algunos estudiosos de su vida piensan que estuvo muy cercano, aparte de los Héroes Patrios, de cualquier destacado ciudadano en nuestra historia. Es más, se dice que Andrea se halla entre las grandes féminas de Latinoamérica. Y quizá sea por eso que ciertos investigadores se interrogaron de dónde había salido esa mujer, con mentalidad tan brillante, de enorme fecundidad. De igual forma se han preguntado de quiénes había heredado su ADN, su genoma, una pobrísima campesina nacida en Higüey, llevada de seis años a Macorís, vendedora de dulces, logrando alcanzar tan altísima intelectualidad, con enorme moralidad, excesiva amante de la Humanidad. Y debido a que no podrían llegar a ninguna conclusión sobre el eruditismo de Evangelina Rodríguez, ellos consideraron que de manera muy casual nació de esa forma, con esa inteligencia superior proporcionada por una serie de neuronas en su cerebro. Por consiguiente, ese dilema se lo dejaron a la Ciencia de la Genética, a la cual igualmente le sería dificilísima efectuarla, porque un posible portador era el desconocido abuelo materno, aquel venezolano que luego de embarazar a la abuela de Andrea se fue a Santiago de los Caballeros, regresando luego a su país, desapareciendo por siempre, esto según indagaciones del Dr. Zaglul en su mencionado libro. Sí, aquella indigente mujer, la nana de nuestra primera Doctora en Medicina, pudo subsistir laborando en lujosas viviendas de hateros y terratenientes higüeyanos, ésos que se apoderaron por la fuerza de cuanta tierra existía por los contornos, arrebatándoselas a paupérrimos campesinos, expandiendo con orgullo sus posiciones, terrenos que muchos los perderían contra potentados extranjeros.       

Cierto fue lo siguiente. Entonces empezaron a disminuir bastante más las ayudas ofrecidas a la Dra. Rodríguez para socorrer a sus necesitados dolientes. Y tampoco de nada valieron sus valerosos y enérgicas protestas para que siguieran proporcionándolas. Además también acontecía que aparte de que sus auxiliadores ya no deseaban seguir asistiéndola por la enorme presión recibida por esos ‘religiosos’ a la Sindicatura, a ganaderos y comerciantes liberales, la bonanza azucarera se estaba yendo deprisa de Macorís. La depresión económica hacía estragos en las clases sociales. La cacareada ‘Danza de los Millones’ iba diciéndole adiós al pueblo para con seguridad no retornar jamás, quedando plasmado en numerosas fotografías, muchas de ellas exhibidas años después en el Museo de Historia de nuestra ciudad.

Fue en eso que aconteció una noticia que hirió hondamente a nuestra noble Primera Médica: “Trujillo Presidente”, a quien había conocido en Ramón Santana y sabía que era un sádico espantoso. Enseguida vino el ciclón conocido por ‘San Zenón’, destruyendo la capital, presagiando algo horrible a la Nación. Y luego comenzó a proyectarse la despótica larga y oscurísima noche por toda la República. En pueblos grandes y pequeños, caseríos y aldeas, en valles y montes próximos a poblaciones, empezaron a mostrarse cadáveres de desconocidos, quizá llevados de lejanos sitios con el cruel propósito de amedrentar a sus moradores. Varios de éstos se hallaron en calles y plazas, algunos sin cabezas, otros colgados de árboles y maderos. Empezó así una matanza selectiva. En la región oriental asesinaron e hicieron desaparecer a la mayoría de los Guerrilleros Nacionalistas del Este, aquellos feroces y duros combatientes contra la Intervención Norteamericana, Guerrilla comandada  por el olvidado general Vicente Evangelista, y luego por el bravo Ramón Natera quien le había aconsejado a ”Vicentico” en la posibilidad de una trampa por los norteamericanos en el asunto de la Gobernación de Macorís,  como en efecto fue: lo desaparecieron... Unos cuantos vivieron en cuevas hasta que fallecieron de inanición o asesinados por traidores parientes. Los poquísimos nacionalistas que escaparon a tan grotesco exterminio, lo efectuaron debido a que lograron atravesar en pequeñas embarcaciones el siniestro Canal de la Mona, internándose en montes de Borinquen, no volviendo jamás, olvidándose completamente del país. Al indómito Ramón Natera ya lo habían asesinado antes de Trujillo coger el poder en el batey ‘El Jagual’. Su muerte es atribuida a ‘Pechito’ Muñoz, aunque su verdadero matador lo fue Ramón Rosario, alias ‘Cano’, según me explicó el Sr. José M. Payano, ex Juez de Paz de Ramón Santana y ex Juez Civil de Macorís, a quien se lo narró un abogado de Guaza, el Dr. Ramón A. Ramírez González.    

En esta ciudad, ultimados con certeros tiros en la nuca, lanzaron cuerpos de hombres por variados barrios. Un extraño apareció ahorcado, suspendido a una rama del antiguo árbol “guaraguao” del Parque Duarte, debajo de donde Gastón F. Deligne escribió su bello poema a la Bandera Nacional. Hasta al famoso caudillo del Noroeste, general Desiderio Arias, lo asesinaron en 1931. Se afirma que le cortaron su cabeza para llevársela a Trujillo en un saco de henequén, pero que éste, sobresaltado ante tan horrible sorpresa, ordenó que se la cosieran al cuerpo, aconteciendo que cuando los sicarios encontraron su cadáver, ya se hallaba en condiciones desastrosas por los animales monteses. ¿Y qué hicieron? Se asegura que asesinaron a otro hombre, un desconocido, poniéndole a su cuerpo la testa de Desiderio.  

Esos crímenes por todo el país duraron lo suficiente para que los dominicanos comprendieran que el gobierno trujillista había llegado para traer la paz que tienen los cementerios, y que nuevamente otro ‘pacificador’ se había instalado firmemente en el poder político, todo eso con el apoyo de los yanquis.                            

Sin embargo, aunque la tiranía sabía bien cómo pensaba y actuaba la Dra. Rodríguez, a ella la dejaban en paz los esbirros, pero de forma constante era escudriñada. Mas, la médica, mujer altamente sensible, se asombró y lloró por tan crueles homicidios. No obstante, continuó con su vida, curando a cuantos enfermos podía, regalando medicinas si las conseguía, cooperando con la educación de obreros y domésticas, tratando de ayudar a campesinos pobres con una especie de Banco Agrícola, obsesión que murió enseguida, era un natimuerto. Empero, algo sí logró notar Evangelina en el ambiente: percibió que ciertas personas a las que tanto había socorrido, igual a sus familiares, se le fueron alejando, como temiendo hablarle, excusándose por cualquier motivo si ella se les aproximara. 

Se repite que Andrea era una persona de altos vuelos. Todo eso la hacía sonreír y enojar. Iba notando que el odiado Trujillo podría durar numerosos años tiranizando la Patria de Duarte y Luperón, a consecuencia del temor colectivo, el cual es el horrible ácido de donde se nutren los déspotas para mantener su total obediencia.                     

PRIMER. CAP. DE "UNA FLOR PARA EVANGELINA RODRIGUEZ""

 

                    Novela-Histórica

 

NOTA: Como cada vez los libros son más costosos y menos gente los lee (las librerías han quebrado, hasta en España las están cerrando) me veo obligado a utilizar el Internet, mi blog, para por capítulos hacerles llegar a quienes me han solicitado la novela-histórica sobre la mujer más sobresaliente que ha nacido en la Rep. Dominicana, la Licda. en Educación y primera médica del país, con tres especialidades hechas en Francia, la Dra. Andréa Evangelina Rodríguez Perozo (Lilina).  

 

 

ESTA OBRA SE HALLA REGISTRADA EN LA OFICINA NACIONAL DE DERECHO DE AUTOR  (ONDA) COMO MANDA LA LEY 65-00.

 

 

 

 

RNC                 :  Cédula

 

 

 

 

Título               : ‘Una Flor Para Evangelina Rodríguez’

                      

 

 

 

Por                    : Bernot Berry Martínez

                                      (Turenne) 

 

 

 

 

 

Diagramación   : El Autor

 

 

 

Portada             :  Una rosa blanca                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         

                              

 

 

 

 

SE PERMITE LA REPRODUCCIÓN PARCIAL SIEMPRE QUE SE MENCIONE TEXTO Y AUTOR.       

 

INTRODUCCIÓN DEL AUTOR:

 

Como los hechos históricos no son patrimonio de nadie, me propuse escribir una pequeña narrativa acerca del sepelio de nuestra primera médica, la Dra. Andrea Evangelina Rodríguez Perozo, “Lilina”, para que formara parte de mi texto ‘Anécdotas Macorisanas’, el cual estaba finalizando. Tenía pensado terminarlo con una foto de su tumba, comenzando con una suya, ambas incluidas en el presente. Ahora bien, ¿por cuál motivo éste se fue extendiendo hasta convertirse en novela-histórica? Es esta una interrogante que con cierta frecuencia me he realizado, concluyendo que no puedo responderla. Parece que la misma es profunda, se pierde en inescrutable laberinto.     

Cuanto puedo aseverar es que si hubiese encontrado con prontitud su nicho, esta obra no existiría, quedando como una simple anécdota de cuatro o cinco páginas. Pero así suceden determinadas cosas en la vida. A veces son tan extrañas que es preferible dejarlas de ese modo para una mejor tranquilidad emocional, ya que pertenecen a lo abstracto, a lo muy complejo. ¿Y por qué? Bueno, pienso porque a nada aproximado el neófito lograría llegar. Eso sí, posiblemente le quedaría un vacío tan hondo que le sería altamente deprimente. 

Vuelvo a insistir que si hubiera hallado su tumba rápidamente, este texto no estuviera escrito, pues no tenía intenciones de producirlo. Informo que cuanto pasó fue que al no poder localizarla, me fui compenetrando en la admirada vida de Evangelina Rodríguez, a consecuencia del loable libro del Dr. Antonio Zaglul Elmúdeci (“Despreciada en la Vida y Olvidada en la Muerte”), una estupenda biografía que con seguridad influyó en mí a efectuar el presente trabajo, en tanto me dedicaba a buscarla en aquella antigua (1904) pequeña necrópolis situada en Villa Providencia, SPM. Incluso les ofrecí una recompensa a unos obreros que laboran allí, con el propósito de que la procuraran, todo sin resultado positivo. Era como si no estuviera sepultada en ese cementerio. Es más, algunos de ellos me sugirieron la posibilidad de que talvez su nicho fue profanado, cambiado, entrando en él a otro extinto, algo que con relativa frecuencia se está perpetrando en camposantos dominicanos --ahora se roban los carísimos ataúdes, y por este motivo la familia de los difuntos prefieren romperlos a martillazos antes de enterrarlos--. ¡Caramba, esta probabilidad me causó aprensión y tristeza de sólo cavilar en tal viabilidad!      

Cierto, pasaron más de seis meses sin hallar su tumba, mientras lo que seguía narrando crecía como harina amasada con excelente levadura. Empero, si bien trataba de ubicarla para tomarle una foto, igualmente deseaba contribuir con el Museo de Historia de Macorís, ya que esa Institución quería ponerle una distinción a tan distinguida educadora-médica, considerada en extremo sobresaliente, tanto en Humanismo como en Patriotismo. 

Recorrí los cuatro cuadrantes que componen ese viejo cementerio sin encontrar su nicho. Era algo desesperante y dificultoso buscarlo en aquel ardiente sol mañanero, igualmente causante de enorme frustración. A veces no sabía qué más ejecutar. Por eso, en determinada ocasión me apersoné a nuestro Honorable Ayuntamiento tratando de indagar si ahí conservaban algún destello sobre su enterramiento, esto porque en la oficinita del camposanto no pude hallar nada, tampoco en el Cabildo.    

Sin embargo, como soy un individuo que no se rinde fácilmente, proseguí batallando y escribiendo. ¿Y qué aconteció? Bueno, alguien a quien no recuerdo me insinuó interrogar a Roberto Vásquez, un pasado administrador del mismo, sucediendo que un sábado matutino lo hallé en el Parque Duarte. Y miren cómo son las cosas, Roberto se acordaba que esa sepultura estaba próxima a una mata de caña, la cual nació al azar o porque alguien la sembró. Sí, una luz de esperanza penetró en mí. Y de inmediato le invité a que me la mostrara. Pero él no podía en ese instante: se hallaba haciendo tiempo para realizar un asunto personal. Por tanto, acordamos acudir al siguiente día, a las diez. Mas, cuando me presenté a esa hora, él no se encontraba, dejándome dicho con un sujeto que procurara a ‘Mateo’, quien laboraba al frente de esa diminuta necrópolis. Y de inmediato así lo hice, informándome Rafael Truján Martínez, su verdadero nombre, que Vásquez llegó temprano y entre los dos buscaron en el lugar a esa tumba, y porque tenía una cita, le confió a él que me comunicara cuanto averiguaron.

Me indicó “Mateo” que ambos fueron al sitio donde debería hallarse el tan buscado sepulcro. Pero no lo vieron porque la señal con la mata de caña no estaba. Me sentí un poco contrariado. Era como volver a comenzar. Entonces le pedí llevarme a donde ambos estuvieron. Y el buen hombre, quien se gana la vida en ese camposanto desde temprana edad, un experimentando poniendo lozas y haciendo inscripciones en tapas para nichos, etc., me condujo al lugar. Esa zona se encontraba cercana al ingreso del cementerio, en su primer cuadrante. Y hallándome por ahí, me di cuenta que ya antes lo había recorrido No obstante, en ese momento me sentí muy emocionado, esperanzado en divisarla. Y mientras leía los nombres de algunas tumbas, percibí que Truján Martínez me observaba con atención. En eso él me enseñó una abandonada, descuidada, sin apelativo, diciéndome que talvez había sido utilizada por hurtadores con la finalidad de introducir a un fallecido, esto a consecuencia de que ciertos familiares se van del país y no retornan jamás, sucediendo algo muy similar con los violadores: entran al muerto y la desatienden por siempre.                                                    

Estaba pensativo. Me envolvía una terrible indecisión. Pero volví a contemplar en aquella soleada mañana los nombres de variados sepulcros. El sol estaba tan picante que me molestaba la visión. El espacio se hallaba lleno de nichos: elevados, medianos, pequeños. Entonces fue cuando el corazón me dio un salto por la emoción. Cierto, a varios metros de mí había uno alto, rodeado de lozas, con varios apelativos. Entre éstos estaba el grandioso nombre de la Dra. Evangelina Rodríguez. Y con bastante entusiasmo, impresionado, me le fui aproximando, señalándolo, comprobando que ahí se encontraban sus restos y los de varios de su familia, unos siete, incluyendo los de su abuela paterna doña Tomasina, sureña, quien la crió con recta  moralidad. Sí, encontré su tumba de manera extraña. Cavilé que siempre la busqué como una sencilla, nunca elevada con siete nombres. “Mateo’ se hallaba emocionado. La examinó, expresándome que estaba perfecta, necesitando solamente que limpiaran sus lozas. Salimos del cementerio. Me envolvía una honda satisfacción. Nos despedimos contentos. Tenía que traer a un fotógrafo, quien me cobró 150 pesos por hacerme una, la cual se encuentra en la obra. Para cumplir con el Museo le hice una fotocopia, obsequiándosela.       

Ahora bien, pido disculpas por la crudeza con la cual se halla escrito el texto. Reconozco que es fuerte y penoso, con horribles detalles que se ignoraban. Empero, la autenticidad es que a tan prestigiosa médica le pasó suficiente más de cuanto aquí se narra. No ignoro que diversas personas me odiarán con mayor ferocidad. Pero allá ellos. Además, sé que aumentarán mis encubiertos enemigos. Empero, les recuerdo que “la palabra es para decir la verdad, no para encubrirla”, José Martí, poeta, Apóstol de la Libertad de Cuba.

Gracias.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              

   ‘UNA FLOR  PARA EVANGELINA RODRIGUEZ’

           (Novela-Histórica)                                                         

             2da Edicion Virtual                       

                                     

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 Dra. Evangelina Rodríguez                               

         (¿1879?-1947)

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No son pocos los místicos quienes aseguran que cuando muere una persona muy perversa, perjudicial a humanos y al ecosistema, el planeta se contenta, incluso alegre canta cuando recibe sus restos, sucediendo lo contrario si ésta estaba íntimamente ligada al bienestar de la Humanidad y Naturaleza. Entonces, manifiestan, el mundo se detiene un pequeñísimo instante para lanzar un lamentoso y profundo quejido, percibido solamente por gran parte de nuestro espacio galáctico, mientras el sublime coro de las entrañas terrenales se prepara para entonar una hermosa melodía en su honor.    

    Si cuanto exponen los Maestros del  Misticismo es real, se cumple cabalmente, entonces con bastante seguridad aconteció que la Tierra se detuvo un momentito aquel 11 de enero 1947, a la una de la tarde, emitiendo un fortísimo crujido estremecedor de lejanas estrellas, cuando expiró la gran amadora de nuestros crepúsculos, piadosa en extremo de infantes y adultos, educadora ejemplar, primera médica dominicana, patriota, demócrata, llena de virtudes, con algunas especializadas realizadas en París, Francia, de altísima moralidad, una sublime fémina nacida en Higüey el 10 de noviembre 1879 (¿?), según el Dr. Antonio Zaglul Elmúdeci,‘Toñito’, de nombre Andrea Evangelina Rodríguez Perozo (“Lilina”) en su importante texto “Despreciada en la Vida y Olvidada en la Muerte”.             

    Es verídico aquel proverbio que reza, “el humano pasa, quedan sus ideas e informaciones”, pues gracias a éste bien recordado galeno --de su obra obtuvimos valiosísimos datos para narrar este libro, consiguiendo otros por cuenta propia--, relata con pasión y hermosa prosa la triste biografía de la Primera Dominicana en conseguir una Licenciatura en Medicina, mujer que logró sus anhelos venciendo enormes obstáculos en aquella hipócrita sociedad de Macorís, extremadamente machista, muy cerrada, orientada por un clero español reaccionario y obtuso.       

  El admirado ‘Toñito’, médico-siquiatra y buen escritor macorisano, debió indagar con alta honra para legarnos su bien logrado texto, realmente noble y sublime, dándonos a conocer a la todavía desacordada Evangelina Rodríguez, una honrosa maestra que se dispuso a ser médica, profesión solamente ejercida en ese tiempo por hombres.        

    Empero, aunque admiramos la inmensa labor del Dr. Zaglul por su difícil labor, diferimos en su apreciación de que Evangelina fue menospreciada por ser mulata, algo raro en este país con esa mayoría. Debemos tener en cuenta que el mestizo dominicano es un híbrido de razas, esencialmente de negras y blancos o viceversa, con poquísima influencia de la indígena y asiática. Esta es una República Mulata. Las demás razas constituyen una minoría. Sin embargo, es muy posible que con los años, a medida que los haitianos sigan penetrando en nuestro país, la mayoría mulata decaerá, convirtiéndose en cuanto es Haití actualmente. Incluso, quizás hasta el antiguo refrán de que “el dominicano tiene el negro detrás de la oreja”, sea cambiado, puesto al revés.  

Se piensa que cuanto sí fue posible a Evangelina fueron los inconvenientes que debió pasar para ejercer la Medicina, esto por ser mujer, debiendo combatir con tenacidad para practicarla. No obstante, no debió afectarla demasiado por su temperamento beligerante, siempre decidida en alcanzar sus metas. Es que Andrea Evangelina era sumamente rebelde, una verdadera águila impulsiva. Con considerable probabilidad su rebelión principió a endurecerse en aquel Instituto de Señoritas, debiendo soportar enormes burlas de sus compañeras, quienes con frecuencia la desairaban debido a que iba mal vestida, con horrendo peinado, era fea, huraña, vendedora de dulces, etc. Claro, con suficiente seguridad en ese plantel educativo comenzó a ser hondamente herida, no por mulata ya que la mayoría de sus condiscípulas lo eran también, sino por su baja clase social. 

Dicen que la insurrección suya creció mucho más todavía por cuanto tuvo que franquear para marchar hacia la capital a estudiar como Maestra Normalista, título que le sirvió para ser profesora del Instituto de Jovencitas, dirigido por Anacaona Moscoso, ejemplar educadora, quien sería su íntima amiga, protectora y consejera de la futura médica. Sin embargo, el desprecio feroz y peligroso hacia Evangelina arrancó a manifestarse a medida que luchaba por el bienestar de los pobres, enseñándoles a leer y escribir. Asimismo por protestar con relativa frecuencia, en variados escritos y discursos, contra la intervención norteamericana del país en 1916, tratando de curar en forma encubierta a combatientes nacionalistas heridos por el invasor y sus mercenarios criollos, luchando por la defensa de los Derechos de la Mujer, protestando contra la sentencia a muerte del jovencito Gregorio Urbano Gilber por su heroica acción en el muelle local aquel 10 de enero 1917  Más luego, con el paso del tiempo, combatiendo la tiranía de Trujillo, por ser amiga y socorrer a los republicanos intelectuales ibéricos, a los cuales el sátrapa, según el Dr. Zaglul, a los más radicales tiró por Pedro Sánchez como forma de espantoso castigo y enloquecieran, complaciendo a su compinche asesino Francisco Franco, terrible “Caudillo de España por la Gracia de Dios” por acuerdo de la Iglesia Católica, institución que apoyó fielmente a tan brutal dictador. Dicha inscripción, con la figura de tan horrendo individuo, las tenían inscritas todas las pesetas españolas, sin importar denominaciones.  

 Cuanto se ha escrito más arriba acerca de Evangelina Rodríguez fue verdadero. No hay alteración de la verdad, tampoco mentira. Es que debido a sus grandes actuaciones en favor de los desposeídos, igualmente por la democracia nacional y continental, los enemigos del desarrollo y avance de los pueblos le hicieron la vida extremadamente dificultosa. La acusaron de cuanta vileza pudieron originar las inmundas mentes de poderosos enemigos, como eran los pasquines impresos, creados especialmente contra ella, lanzados en parques y escuelas, repartidos por muchachos y beatas en iglesias, dentro de viviendas. Numerosos los entraban por debajo de las puertas, algo corriente en el Macorís de ese entonces. No obstante, el liberal ‘Toñito’ Zaglul informó esa cruenta realidad de forma sutil, talvez para no chocar contra fuertes compromisos. Claro, él era un triunfante médico-siquiatra. Los intereses se imponen. Por eso optó por la forma más fácil: “fue despreciada por mulata”. 

Andrea Evangelina no tuvo amigas de su edad. A los seis años fue llevada desde Higüey al Macorís del Mar por su abuela doña Tomasina, junto a sus tías, al fallecer Felipa Perozo, su madre. A esta localidad, quizá la de mayor bonanza durante aquel período, se mudó la buena doña con sus hijas y nieta, igual que otros dominicanos. De semejante modo lo hicieron cuantiosas personas de diversas partes del mundo, quienes cargadas de pesares, abatidas, buscando hallar mejores oportunidades, huyendo de horribles guerras, se asentaron en esta ciudad con olor a guarapo, fundiéndose con los años sus culturas en una sola, considerada única en toda nuestra Nación. Es cierto, Macorís es un pueblo que se caracteriza por ser internacional e híbrido.   

Nuestra  posterior  primera  médica vendió gofio y otras golosinas por las concurridas vías de entonces. Y delante del ‘Parque Salvador’, construido por el dinámico don Salvador Ross, donde se encuentra el primer Monumento a los Fundadores de la República, Andrea admiró los hermosos atardeceres que se presentan del otro lado del Río Macorix --Higuamo--, naciendo muy dentro de ella el noble sentimiento que poseen los verdaderos macorisanos (en el 2005 esa plaza fue renovada y embellecida, poniéndosele aquel nombre aprobado en Resolución Municipal, ‘Plazoleta a los Héroes de la Patria’, cuando finalizaba la primera administración del Arq. Antonio Echavarría, ‘Tony’)     

La  jovencita Evangelina Rodríguez fue muy amiga de la familia Deligne, esencialmente del poeta Rafael, a quien sin tenerle asco, limpiaba y trataba de curar las llagas de la espantosa lepra. Algunos cavilan, siendo muy probable, que ese sufrido vate fue el aconsejador principal para que estudiara enfermería, más luego medicina, al intuirle esa vocación esencial, humanitaria y superior que solamente poseen los brillantes y humanistas galenos.               

Aunque Andrea Evangelina era muy pobre, anhelaba educarse, ser útil a sus semejantes. Se piensa que a consecuencia de sus cercanas relaciones con los hermanos Deligne, fue muy probable que éstos la asistieran a ingresar en el avanzado Instituto de Señoritas.

Anacaona Moscoso siempre tuvo por Evangelina una decorosa admiración. ¿Y esto a consecuencia de qué? Se afirma porque era disciplinada y provechosa estudiante, siempre limpia y respetuosa. Quizá por eso se fueron haciendo muy fraternales. La excelente educadora le aconsejaba que cuidara sus pasos en esta ciudad altamente corrompida, pecaminosa. Mas, para tal precaución la joven se benefició de su laboriosa y querida abuela, una señora con profundos sentimientos morales y religiosos adquiridos en el Sur, los cuales inculcó en su nieta desde temprana edad. Por tanto, Andrea siempre conservó una elevada moralidad por donde anduvo, fuera vendiendo dulces, estudiante, trabajando como educadora, ejerciendo la medicina general o con sus especialidades adquiridas en Europa, Francia. Cierto, ella estuvo protegida durante su existencia por una altísima espiritualidad, sin importar denigrante lugar por donde la vida la condujo.                            

Aunque ya algo se comentó, se asevera que Anacaona Moscoso le sugirió a la futura primera médica que cuando se graduara en el Instituto tratara de conseguir su diploma de Maestra Normalista en Santo Domingo, pues así podría recomendarla con todos sus derechos para ser profesora del plantel que dirigía. Y de esa forma lo hizo Evangelina, venciendo tremendas dificultades. Retornó a Macorís con ese título. A las pocas semanas se convirtió en institutriz del Instituto de Señoritas, no impidiéndolo las bajísimas protestas de oscuros sujetos trajeados como truhanes financistas y politiqueros (sacos y corbatas), tampoco las de barbudos curas, igualmente las injuriosas falsedades escritas en volantes, llevados al más apartado rincón del pueblo, conducidos por inescrupulosos hasta la capital.      

No obstante, Andrea poseía grandiosos sueños de estudios para servir. Ansiaba ser médica, algo absurdo para una fémina durante aquel tiempo. Mas, ella no era persona de rendirse fácilmente, ya que por su testarudez llegó a ser cuanto alcanzó. Poseía una voluntad de superación incansable. Por eso, mientras ejercía como maestra del indicado plantel educativo, buscaba la manera de ingresar en la Escuela de Medicina. Claro, estaba auxiliada por Anacaona, igualmente por intelectuales sustentadores de la lucha feminista. Y Andrea, aunando esfuerzos, lentamente fue aplastando esos inconvenientes, consiguiendo que la recomendaran notables personas, pudiéndose inscribir en Medicina. Lo consiguió en octubre de 1903, conforme al Dr. Zaglul. 

No pocos creyeron que ella saldría huyendo de la Facultad de Medicina al contemplar horrendas heridas, sangre, cadáveres, etc. Claro, pensaban que por ser una ‘frágil mujer’ no estaría condicionada para soportar tan graves emociones. Fue un craso error. Evangelina resistió cuanto hicieron para que no se convirtiera en nuestra primera médica, también los viles desprecios de profesores y alumnos. Era una lucha titánica que tenía que soportar. Era fea, de familia pobre, arisca, no poseía amigos. Realmente estaba muy sola contra catedráticos y estudiantes egoístas, quienes realizaban lo suficiente con la finalidad de que abandonara la Medicina y escogiera Enfermería, ya que para esto solamente podría servir. Pero Andrea fue pasando todas las materias en los iniciales años. Decayó en sus estudios al enfermarse su apreciada Anacaona Moscoso, preocupándose demasiado por la distinguida profesora, cuidándola, tratando de que la escuela marchara bien, etc. En tanto, los buitres vigilaban constantemente.   

Empero, lamentablemente Anacaona falleció el 5 de septiembre de 1907. Evangelina lloró hondamente la extinción de su amiga y protectora, debiendo hacerse cargo de la dirección del Instituto, algo que deseaba la difunta, y para eso ya la había recomendado. Empero, por haberlo aceptado, sus enemigos de nuevo llenaron el pueblo de asquerosos pasquines, afirmando que había logrado esa dirección a consecuencia de que era la ‘querida’ de un destacado profesional local. La infamia no se detenía, era implacable. No obstante, tal vez la única fortuna de Andrea en nuestra terrible sociedad, fue que la Naturaleza no la dotó de gran belleza física, de lo contrario eso la hubiera llevado con mayor facilidad a triunfar, pues el comercio sexual no es extraño en Dominicana y el mundo, en donde hermosas mujeres venden sus cuerpos con relativa frecuencia al mejor postor. De esta forma consiguen matrimoniarse con acaudalados individuos que ni siquiera aman un poquito, obtienen buenos trabajos o ser amantes de adinerados sujetos de bajísimos instintos. Es el cruel juego de la vida.  

Andrea Evangelina Rodríguez, como buena parte de los  dominicanos, se entristeció bastante con la emboscada que le hicieron por Güivia al progresista Presidente Ramón Cáceres, mientras paseaba sin escolta en su Victoria Presidencial, acompañado solamente por su edecán militar y el auriga, aquella aciaga tarde dominguera del 19 de noviembre de 1911. La muerte del valiente mocano, ajusticiador del temible tirano Ulises Heureaux, ‘Lilís’, (1899, 26 de julio), trajo consecuencias caóticas al país. Por esto, determinados investigadores ratifican que dicho asesinato fue la causa principal para que la Potencia del Norte realizara luego su lamentable Intervención.     

Sin embargo, Evangelina, sin darle importancia a las viles tendencias de los intrigantes, llenándose de valor, prosiguió con más sacrificios sus estudios de Medicina, terminándolos con más lentitud. Presentó su tesis con el argumento “Niños con  Excitación Cerebral” el  29 de diciembre de 1911, siempre de acuerdo al texto del Dr. Zaglul. Un  tiempo pasó sin ejercer como médica, ya que se sentía incapacitada en un pueblo lleno de destacados galenos. Y en tanto continuaba dirigiendo el Instituto, también la Escuela Nocturna para obreros y domésticas, escribió “Granos de polen”, un libro publicado con numerosas dificultades en 1915, procurando fondos para efectuar sus especialidades en Francia. Pero fue estafada en forma vil por un alcohólico y sinvergüenza impresor, algo que aún no es raro en el actual Macorís, lo confirma el autor por propia experiencia. Esa obra salió con muchos problemas de edición y faltas ortográficas, contrariando bastante a la educadora-médica. Se afirma que por esa razón se considera que buena parte de esas copias fueron destruidas por la propia ensayista, pero que unas cuantas pudieron ser salvadas del devorador fuego. 

Aunque ese texto tiene un nombre poético, trata sobre Sociología, iniciando con lo siguiente: “Va mi libro dirigido especialmente a las madres jóvenes y a la juventud, alma de nuestra patria”. Esa obra ella lo redactó cuando aún era católica-hostosiana. Nunca quiso ejecutar una segunda edición, aumentada y corregida. Al regresar del país galo, había cambiado muchísimo en su modo de pensar, retractándose de haberlo impreso, considerándolo que fue parte de su vida inmadura, sin solidez intelectual.                 

Por  efecto de  que  crecían  sus  ansias  por partir hacia París, le aconsejaron marchar al Cibao a trabajar y reunir el dinero con el cual emprender su viaje. Mas, ella tenía un grave problema: no poseía su exequátur debido a que no deseaba que el mismo estuviera rubricado por un yanqui invasor. Sin embargo, siendo bien asesorada aceptó pasar La Pasantía en Guaza, Ramón Santana, en donde puso una farmacia porque allí no había ninguna. La llamó ‘El Tocón’, quebrando en poco tiempo debido a que regalaba muchos medicamentos, igualmente la mayoría que fiaba no se lo pagaban. Cuando tuvo sus papeles en regla (bromaría siempre de que su única mancha en ejercer la Medicina era la firma del gringo), marchó al Macorís del Norte, practicando allá sus profesiones, educadora y médica. Trataba  de  ahorrar dólares para su viaje, pero le era muy difícil: la mayoría de sus pacientes eran pobrísimos, no poseían dinero ni para comprar medicinas. Y la pobre Andrea, “Lilina” para sus familiares y amigos cercanos,  apesadumbrada por tan cruenta realidad, mujer de espíritu avanzado, los atendía con devoción e inmenso amor, ofreciéndoles cuantos fármacos lograba conseguir entre algunos médicos de la región. Igualmente, contemplando que esas personas eran buenas y  decentes  pero  analfabetas,  se  dispuso  por  las noches, a la luz de una vela o lámpara de queroseno, a que saborear el manjar  del pan de la  palabra, instruyendo a unos cuantos en la lectura y escritura.    

Señala  el siquiatra Zaglul que el período de Evangelina Rodríguez por el Cibao duró unos tres años, del 1918 al 1921. Asegura que con mucha seguridad ella no pudo economizar todo el dinero con el cual marchar a Francia, porque ejerció por esa región como si estuviera en misión humanitaria, apenas quedándose con lo cual sobrevivir.   

Andrea retornó al Macorís Caribeño en 1921. Sus sueños de partir hacia París se hallaban más enraizados. Aseveran que se encontraba alterada por marcharse. Sin embargo, ella no economizó los dólares para emprender tan tremenda aventura. Por eso sus amigos le asistieron con mucha afectuosidad, efectuando recolectas, comedias teatrales,  etc. Y con un maletín en su diestra, sola, brillando sus ojos de ilusiones y esperanzas, esa valiente mujer le dijo adiós a quienes la despidieron en el muelle de cabotaje de nuestro pueblo. Marchó a Francia a cultivar esas especialidades que tanto anhelaba cual modo de asistir a los demás, a cualquier persona, sin distinción de posición social. Varios años duraría Evangelina en la nación europea, logrando finalizar los estudios en Pediatría y Gineco-Obstetricia. Aunque ella le cogió un enorme amor a París, asimismo a la cultura francesa, no quiso quedarse allá. Según se afirma, desechó excelentes oportunidades de prestigiosas instituciones que indagaron su inteligencia superior, ansiando aprovecharla talvez en la medicina científica. Mas, ¿qué tanto habrá perdido la humanidad por su decidida voluntad de retornar de nuevo a su país? Es una interrogante que no se puede responder con exactitud. Cae en la especulación. No obstante, la República ganó muchísimo al regresar cargada de conocimientos. Llegó en el barco ‘Catherine’, de la Bull Insular Line. Se encontraba muy feliz de ver a Macorís nuevamente, igualmente al amado río. Con los ojos radiantes de felicidad anunció encontrarse ansiosa de comenzar a laborar.  

                                                                                                                                                                                        

 

'ACERCA DE LOS HEMISFERIOS'

 

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

Afirman los islámicos que las mujeres mandan --poseen el poder-- de manera total en el denominado Hemisferio Occidental, pero en el Oriental lo hacen los hombres, esencialmente los musulmanes islamitas. 

Dicen que ellos cumplen lo que dice Alá (Dios) en el Corán, libro sagrado de los musulmanes, su Biblia.

Aseguran que defenderán con sus vidas cuanto se halla escrito en su texto, sin importar consecuencias cual lo están haciendo. Y que morir por Alá es ganancia de vida, así como gran recompensa para sus almas. 

En verdad que ellos son reales seguidores de su religión fanatizada. No obstante debemos reconocer que podrían dominar el mundo, pues sus mezquitas se levantan por el mundo entero. Aquí mismo en Dominicana existen varias y más personas se van convirtiendo al Islam.

¿Llegaran a conquistar los musulmanes al Hemisferio Occidental, considerado por ellos pecaminoso?

El tiempo lo dirá.

'SOBRE LA DIGNIDAD'

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero) 

 

Lo más grande que tiene un humano de ambos géneros es su dignidad. Por eso don Juan Bosch afirmó que "un hombre sin dignidad no merece vivir". 

Y pienso que lo que dijo el profesor político-escritor es una inmensa verdad.

Además, creo que este país se encuentra como está (cual velero perdido en alta mar) es porque no tiene dignidad. La mayoría de sus habitantes son simuladores, con doble moral. Y navegamos hacia una poderosa roca con la cual podríamos chocar, destrozarnos, hacernos añicos al menos que de las penunbras salga un buen timonel que pueda evitar tan inmensa tragedia.

¿Conseguiremos a ese timonel?

Aún tenemos tiempo.    

"UN 27 DE FEBRERO"

 

Al cumplirse el 171 de nuestra Independencia ofresco el poema de mi texto "Más allá de la esperanza".              

 

Por Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

                   

          1984,

          en nuevo aniversario de la Segunda

          Epopeya Republicana,

          venimos a conversar contigo, 

          oh  bello Estandarte Tricolor.

 

          Tú, que simbolizas los  Ideales Duartianos

          (1844,  La  Trinitaria,   Concepción  Bona

          confeccionándote, Trabucazo de Mella, La

          Misericordia,...),  te  hallas  decaído,

          avergonzado, casi arrinconado, porque falsos

          dominicanos te han conducido por espinosas

          veredas.

 

          Pero nosotros, que por muchos años oteamos

          el Mar Antillano buscando luz en lontananza,

          tropel de indómitos potros,

          luminosas teas en el cosmos,

          prolongado epinicio de gaviotas,

          con  sinuosos  pasos  nos hemos acercado a

          decirte, oye, no desesperes, hay esperanza,

          deja de hundirte en el abismo que te lanzaron,

          echa a un lado la vergüenza por tus malos

          hijos, y mira, sí, contempla los ojos de

          nuestros niños, sin importar raza ni condición

          social,  pues  tienen  la virtud  de  alejar  tu

          aflicción,  decadencia,  humillación,

          sacarte del rincón,

          subirte por encima de las nubes en donde

          relucirías por siempre para orgullo de tus

          alabadores.  

 

                      ¡Oh hermoso Pendón!

          En este día febrerillo, de tenue tono grisáceo,

          percibiendo luz del porvenir,

          recogemos refulgentes miradas de futuros

          quisqueyanos,

          y tirámoslas alto,

          hacia el celeste espacio,

          mirándolas subir,

          estallar con destellos,

          iluminando confines de nuestra Nación.

 

          Entonces,

          corazones en los cielos,

          emocionados vemos que allá te forman,

          estás relumbrante, bellísimo,

          y que a tu vera,

          sobrio como se le conoció,

          una efigie de Duarte manifestando “mientras

          no se escarmiente a los traidores...”,  

          y que debajo tuyo,

          con preciosas letras pardas,

          lo que inmortalizó Deligne de Ti:

 

                  “!Qué linda en el tope estás,               

                   Dominicana Bandera, quién

                   te viera, quién te viera, más

                   arriba mucho más!”.       

 

 

 

NOTA: Con esta obra el autor ganó el Primer Premio del Concurso Literario “Un Poema a la Independencia”, el cual celebró el programa ‘Ambito Cultural’ y  Radio Oriente al cumplir la radiodifusora su 49 Aniversario, según consta en certificado firmado por Manuel Bello y Angel Camarena en fecha 27 de Febrero 1984.       

'ESE CURA MAYOR LLAMADO PAPA FRANCISCO'

 

Por Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

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La verdad es que el cura mayor Francisco le encanta el figureo por todos los medios. Sale en diversas partes. Es un verdadero parlachín. Siempre hablando dizque a favor de los pobres. Pero... ¿por qué no reparte los riquísimos bienes que posee la iglesia católica a los pobres, ah?

Francisco se quedó atónito, sin contestarle a la niña que le interrogó el porqué Dios no hace nada con la tanta violencia que hay en el mundo. ¿Y no dicen que él es sn representante en la Tierra, eh? Hum..., hay como su batatica, ¿no?

El llamado Papa Francisco, antes jefe de la iglesia argentina, no decía absolutamente nada contra la terrible dictadura militar, la cual mató a miles de jóvenes e hizo desaparecer a otros miles. Nada hizo ni dijo por los niños que las Abuelas de la Plaza de Mayo buscan y siguen haciendo de manera desesperada. En fin, era un super conservador. ¿Acaso con esa actitud no apoyaba a esa cruel tiranía que llevó a Argentina a una humillante derrota contra el denominado Reino Unido?  Todo es posible.

¡Para mí, el llamado Papa Francisco es un gran simulador! Habla en contra de los curas gays. No obstante esa institución aún se halla llena de ellos. Cuanto sucede es que la mayoría se tapan.  

¿Hacia dónde iremos a parar con una institución podrida como es la católica?  

¿Es que todavía la gente le tiene miedo al terrible Opus Dey? 



LETRA DE CARLOS GARDEL: "SILENCIO EN LA NOCHE"


 

 

 Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

 

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Carlos Gardel nació en Toulouse, Francia en 1890 y falleció en accidente de aviación en Medellín, Colombia, en 1935.  

 

 

 

Silencio en la noche. 
Ya todo está en calma. 
El músculo duerme. 
La ambición descansa. 

Meciendo una cuna, 
una madre canta 
un canto querido 
que llega hasta el alma, 
porque en esa cuna, 
está su esperanza. 

Eran cinco hermanos. 
Ella era una santa. 
Eran cinco besos 
que cada mañana 
rozaban muy tiernos 
las hebras de plata 
de esa viejecita 
de canas muy blancas. 
Eran cinco hijos 
que al taller marchaban. 

Silencio en la noche. 
Ya todo está en calma. 
El músculo duerme, 
la ambición trabaja. 

Un clarín se oye. 
Peligra la Patria. 
Y al grito de guerra 
los hombres se matan 
cubriendo de sangre 
los campos de Francia. 

Hoy todo ha pasado. 
Renacen las plantas. 
Un himno a la vida 
los arados cantan. 
Y la viejecita 
de canas muy blancas 
se quedó muy sola, 
con cinco medallas 
que por cinco héroes 
la premió la Patria. 

Silencio en la noche. 
Ya todo está en calma. 
El músculo duerme, 
la ambición descansa... 

Un coro lejano 
de madres que cantan 
mecen en sus cunas, 
nuevas esperanzas. 
Silencio en la noche. 
Silencio en las almas...

 


 

Carlos Gardel