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Bernot Berry Martinez (Turenne)

¿CONQUISTARAN A EUROPA LOS EXTREMISTAS ISLAMICOS?

  

Por: Bernot Berry Martínez (bloguero)

 

NOTA: A consecuencia de los graves acontecimientos que están sucediendo con ISIS, me veo en la obligación de poner este artículo, el cual fue escrito el 8 de Noviembre del 2011.   

 

La gran realidad es que cada vez Europa se va poniendo militar y económicamente más débil. El cristianismo fracasó en el denominado “Viejo Continente”, nombre mal empleado porque los demás ya estaban antes de la Conquista de América.

Los europeos cada vez se van poniendo más liberales, señal inequívoca de debilidad. Éstos solamente anhelan beber, comer, hacer sexo, turismo por cualquier parte del mundo. Y mientras practican lo expuesto, los islámicos musulmanes, árabes y africanos y de otros países, van adentrándose en las principales naciones de Europa, preparándose para lo que siempre han tenido en mente desde cientos de años: dominar Europa.

Hay que haber estado en Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda, etc. para poder hablar con certeza, de forma veraz, no inventada o escribiendo dislates. En varios de tales países este bloguero vio a musulmanes en las calles haciendo sus oraciones, con la frente pegada al suelo, el trasero levantado, moviendo sus labios. Hasta sus féminas llevan vestidos largos, la cabeza cubierta, y si son doncellas con un oscuro velo tapándoles sus rostros, lo cual es un peligro en las actuales circunstancias en que vive el planeta con el terrorismo. Cualesquiera de ellas podría llevar potentes cargas explosivas sujetadas a su cuerpo, escondidas entre su ropaje y volarse en nombre de Alá. Lo harían donde se encuentran numerosos niños, ancianos, mujeres, hombres, hacer una carnicería. Ya esto se ha visto en muchas ocasiones y continuará sucediendo. Esa es su religión. Lo realizan encantados, ya que según los islámicos van directo a donde Alá para vivir como príncipes o princesas. Esa es su forma y los occidentales las respetan.  Sin embargo, no puedo asegurar que los islámicos someterán pronto a los europeos, pero de que lo harán con los años, hay que tenerlo casi por seguro.

Hace varios siglos que Carlos Martel, luego su nieto Carlos Magno, rey de los Francos, de donde viene el nombre a la actual Francia, derrotaron a los musulmanes en grandes batallas. Es por ambos que se salvó la religión cristiana, esencialmente por Carlomagno, el gran emperador de los francos, una fuerte tribu germánica, el salvador del cristianismo. Si no hubiese sido por ambos líderes, ¿en dónde estuviera esa religión? Muy fácil: no existiría o se hallaría en la clandestinidad.

Es por tanto que los europeos deben irse preparando por cuanto les vendrá. Ellos poseen una inmensa Quinta Columna entre su seno: los musulmanes. Tienen que vigilarlos, incluyendo a los denominados conservadores, ya que los mismos se portan como tales, no obstante a la hora de la verdad se quitarán la careta y se volverán más peligrosos que los radicales.

Europeos, no bajen la guardia. Tienen a sus enemigos frente a ustedes. Europa es un continente que cada año posee menos gente, al contrario de los musulmanes. Recuerden que para ellos todo el Occidente, incluyendo la América entera, son considerados cuales países infieles, enemigos de Alá (nombre de Dios en árabe) quien según ellos les da las firmes órdenes de actuar “porque Él estará con ellos en el combate".

 

NOTA: Al mulato Barack Husein Obama (hijo de negro musulmán con blanca), presidente de Estados Unidos, es preciso decirle: “Sr. Obama, para mí usted ha sido un gobernante sumamente malo e inepto.

¿ACASO FUE MISTERIO 0 SIEMPRE SE HA CUMPLIDO?

 

Por: Bernot Berry Martínez    (bloguero)

 

Aseguraba  el brillante escritor colombiano J. M. Vargas Vila --aún "excomulgado" por la denominada Iglesia Católica, institución con muchos pedófilos y homosexuales pero también con excelentes curas-- que el pueblo, esa mayoría hambrienta e inculta son extraños en su comportamiento con la sociedad, pues hoy aplauden hasta el cansancio a su tirano y mañana arrastran el cadáver del déspota por la plazoleta principal de la ciudad, ebrios, con continuas patadas por todo su cuerpo.     

Esta aseveración de Vargas Vila se ha comprobado en numerosos episodios de la historia de la humanidad.

Con referencia a la misma, si algo siempre ha llamado la atención de los intelectuales no dogmáticos, es aquel día en que el Maestro Jesús llegó a Jerusalén y los hebreos lo recibieron de manera estruendosa: sacudiendo palmas, aplausos, cánticos, vítores al tan aguardado Mesías. No obstante, unos días después, no más de tres, gran parte de ellos estaban pidiendo al gobernador militar romano, Poncio Pilatos, que lo ajusticiara en la cruz por blasfemar contra su religión. Esa forma de matar era sumamente cruel, y se practicaba desde muchísimo tiempo atrás contra malísimos asesinos, traidores a la nación o al gobernante de turno, uno supuestamente puesto por alguno de los diversos dioses que los humanos han inventado, esencialmente esos vividores hechiceros, sacerdotes, vagos sumamente astutos que siempre han vivido de fábulas hasta el presente, poseedores de inmenso poder entre el ignorante pueblo y los hipócritas politiqueros (¿se han fijado lo bien que viven los curas y los nuevos fariseos, mejores conocidos por pastores?).

Desde luego que estas contradicciones las han arreglado bien los vividores de la religión cristiana. Es muy fácil decir que "todo estaba escrito en la Biblia", un libro lleno de contradicciones. Pero lo principal es confundir a los tontos. Y usted los oye repitiendo como loros todos estos disparates acerca del pobre Jesús. Los intelectuales de fuste afirman que Poncio Pilatos, militar de carrera, el cual sabía bien por sus chivatos o calieses que Jesús, aunque estaba en contra del imperio romano en Palestina, era un pacifista, no pensaba en guerra ni en nada de eso. Por tanto, Pilatos deseaba eliminar a Barrabás que era uno de los principales jefes de guerrilla que había matado a muchos de sus soldados. Y aunque quería soltar a Jesús después de azotarlo, los sacerdotes judíos no se lo permitieron, chantajeándolo con mandar una comisión donde el César para informarle que él estaba soltando a los enemigos de Roma. Entonces Pilatos, que no estaba bien con el César, percibiendo que se encontraba entre la espada y la pared, se vio obligado a preguntarle al gentío (era una costumbre judía) sobre a cuál debería de soltar, a Jesús, un pobre loco que se decía ser el Salvador del pueblo hebreo o a Barrabás, un perverso hombre, ladrón de caminos, tremendo asesino, etc. Y la muchedumbre, dominada por los poderosos sacerdotes judíos y a quienes les convenía que soltara a Barrabás para que continuara con la lucha que ellos apoyaban discretamente, gritaron a todo pulmón que soltaran a Barrabás. Y Pilatos, no viendo otra forma de salvar al pobre de Jesús, delante de todos se lavó sus manos por la sangre de tan gran inocente. 

Y ha propósito de cuanto acontece en la actualidad en Medio Oriente, con iSIS asesinando a tantas personas, incluyendo miles de cristianos, ¿por qué Jesús no viene con poderosos rayos y acaba con estos inhumanos? ¿Qué es lo que pasa? ¿Acaso todo es una falsa para engañar a tantos tontos útiles y Jesús vino a jamás retornará?

¡Señores, no jueguen con candela, pues estos pueblos podrían apoyar a ISIS al verse por un gran tiempo estafado!  

 

ESOS 60 MINUTOS EN LA VIDA DE IGNACIO PÉREZ MORALES

 

Relato de mi libro ’En ese doblar de Campanas’ 

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

Aconteció en sabatina mañana en la urbe neoyorquina. La ciudad estaba envuelta por una neblina gris que le daba aspecto fantasmal. Un dominicano, las manos entre su abrigo marrón, respirando con cierta dificultad por la alta contaminación por la desierta calzada, se detuvo delante de un bar, miró receloso hacia los lados, y enseguida se introdujo en el negocio con una sola puerta de entrada y salida. 

El lugar se hallaba saturado de clientes y poseía un tenue humo azuloso. Ignacio atisbó que su reloj de pulsera marcaba las diez en punto, algo que también notó en uno grande, de pared, que había delante de él. Se frotó las manos, y como si buscara determinada persona recorrió el recinto con su dura mirada. Pero él a nadie inquiría, era un solitario desde que llegó a la adultez. Y sin quitarse el gabán, sentándose sobre un taburete rojo, pidió a un mozo de aspecto boricua una cerveza. 

En un vaso de cristal el empleado le llevó la bebida espumante, pagándola de inmediato. Bebió un sorbo. Mordiéndose los labios ojeó hacia la calle, haciéndolo asimismo hacia su derredor, observando con calma los desconocidos rostros. “Son unos imbéciles estos carajos”, se dijo. A continuación realizó una mueca horrenda frente al enorme espejo que había en la pared, viéndose en el mismo. De nuevo contempló la calle: nada, no advertía lo que con seguridad podría venir. Y volvió a ingerir un poco más de cerveza, contemplándose otra vez en el gran vidrio reflejador, reparando en esa cicatriz marcadora de su faz, hecha por unos jovencitos cuando apenas llevaba una semana en la ‘selva de hierro’. Meneó la cabeza ya que no le agradaba recordar ese pasado en el cual fue humillado, hurtado, marcado para siempre.

Palpó el revólver calibre .32 que llevaba oculto entre su holgado pantalón, y sonrió por un suceso reciente (“Si señor, ya ésos a más nadie joderán, pensó), volviendo a beber otro sorbo, afirmándose que esa cerveza era floja, para mujercita y no para machos como la de su país. Llamó al camarero y le pidió otro vaso con la bebida, quedándose observando en el espejo, la mano pasándola por su rostro, contemplando de soslayo para el exterior, haciendo gestos negativos. 

--Aquí tiene su cerveza, señor --dijo el despachador, colocando el recipiente a su lado, y sonreído esperó que le pagara, sosteniendo por el asa el anterior. Ignacio se quedó mirándolo, y cuando saldaba el valor le manifestó: “Eh, cerveza no, es agua amarilla con sabor a meáo de caballo”. El camarero escondió la sonrisa, cogió el dinero, también el vaso y sin responderle acudió al llamado de otra persona con extravagante vestimenta. 

El dominicano poseía los ojos tristes, rojos y lagrimosos. Es que llevaba tres días de mal dormir. Por eso agarró la copa y bebió un sorbito. “Meáo, puro meáo”, susurró con la vista fija en el espejo, advirtiendo a cuantos se hallaban detrás de él, igualmente a cuantos estaban a su vera. Se palpó el arma de fuego y algunas balas entre un bolsillo de su sobretodo, el cual aún no se había quitado a pesar de que iba sintiendo calor. 

 Una canción-salsa hizo que Ignacio Pérez Morales canturreara y tamborileara sobre la barra, ocasionando que varios de los clientes se fijaran en él. Sin embargo retornó a sus reflexiones al finalizar la grabación. Entonces fue que se vio jugando con varios niños en una playita de su pueblo natal. Sí, reían, nadaban, asaban cuanto pescaban, sin temor a nada, felices, el mundo a sus pies, sin separadoras barreras.

Dejó de meditar para atisbar fuera del bar, seguidamente a su reloj, dándose cuenta que solamente transcurrieron dieciocho minutos, 18,  asombrándose  de  las muchas cosas acordadas en ese lapso. “Es algo extraordinario”, dijo en voz baja, visualizándose acto seguido en una escuelita, aquélla en la cual se había enamorado de Claudia, la flaquita de los ojos húmedos (“¿Qué habrá sido de ella, eh?”, se interrogó con el vaso levantado), sorbiendo enseguida otro trago, mirando hacia la ancha vía, examinando la hora: 10:30. Sonrió de modo grotesco. De nuevo memorizó en su pasado, viéndose cuando estaba en la Marina Militar, corriendo en intenso entrenamiento por terreno con olor salitrero, laborando bárbaramente en la construcción del Club de Oficiales en la Base de Las Calderas, denominada ‘Cementerio de Hombres Vivos’, marchando en larguísimos desfiles, navegando en viejos barcos que se despedazaban en la mar.          

 --Carajo, no quiero acordarme, no quiero acordarme de tantas vainas! –expresó, y varias personas lo miraron con extrañeza. 

Con disimulo vigilaba Ignacio la entrada-salida. De improviso, posando su vista en el espejo y dándose un manotazo en el pecho, manifestó alterado, haciendo que algunos clientes se apartaran de él: ¡”Coño, no huyo más! Aquí se decidirá todo. El macho no corre, pelea, da el frente”. Acto seguido contempló la calle, bebió un sorbito de la bebida y cuando colocaba el vaso sobre la barra se observó otra vez tenso, serio, envejecido. 

Su reloj indicaba las 10:40, pero él no se dio cuenta debido a que se hallaba ensimismado, como tampoco les puso atención a dos tipos que cantaban en inglés una balada acerca de ir a buscar oro en Alaska, ni le hizo caso al lloriqueo de un borracho, ni vio a dos mujeres besándose, ni que... No, nada de eso llamaba su atención. En ese momento se veía caminando entre altos edificios de la ciudad de Nueva York. La tarde estaba grisácea. A consecuencia del frío tenía las manos entre los bolsillos. Entonces se halló con algo que no podía soportar. Claro, le dolió el alma con cuanto se encontró. Y él no era de ésos que ven y prefieren esconder la cabeza entre la calzada antes que buscarse un lío. Cierto, no era así, no fue educado de esa cobarde manera, esencialmente si la persona era anciana, a quien debemos reverenciar y proteger. Pero sucedió, y fue una lástima ya que la vida es durísima y más en aquella jungla (“New York-New York”) de la llamada ‘democracia norteamericana’, en la cual eso pasa con relativa frecuencia. Lo grande fue que aconteció, y delante de él, de Ignacio Pérez Morales, cuyos padres le inculcaron a respetar a sus mayores sin importar parentesco. Y quizá por eso no pudo aguantarse cuando tres mozalbetes, armados de navajas sevillanas, quisieron abusar de una viejecita, arrebatarle los bultos de su sustento semanal. Y volvió a ver a los tres riendo, insultándola, amenazando con cortarla si no se los entregaba. Pero él entró en acción. No pudo quedarse tranquilo como otros hicieron, pues la cobardía le remordería la conciencia. Por tanto, al vocearles que la dejaran en paz y ellos no hacerle caso, gritándoles insultos (“fokiú, man, fokiú...”), tratando de intimidarlo con sus aceradas armas, extrajo su .’32, comprado a un boricua, y sin pensarlo dos veces, acordándose de la golpiza que le dieron unos jóvenes semejantes a éstos, les disparó las seis balas sin errar ninguna, dos en cada pecho, quienes fueron cayendo lentamente, los brazos abiertos, haciendo horribles muecas de dolor, la sangre salpicando el asfalto, pidiendo ayuda (“Jermi, plís, plis...”), soltando sus navajas al suelo, oyéndose el característico sonido metálico, reluciendo de ellas luces que rebotaron por los sucios rascacielos y muriendo entre las turbias aguas del Río Hudson, quedando él con su humeante revólver en la diestra, su rostro adusto, notando que la anciana le mandó una mirada gratificadora antes de irse casi trotando con sus paquetes a cuestas. Y porque él escuchó el ulular de sirenas se fue deprisa, pasando frente a curiosos que atónitos le contemplaron, perdiéndose por entre quemados y ruinosos edificios, no lejos de Broadway.      

 --Es lo mejor que he hecho en mi vida –susurró, ingiriendo el último sorbo del recipiente, pidiendo otra y un vaso limpio, pagándola, contemplándose en el espejo, recordando que la policía le buscaba ya que de cuando en vez la televisión anunciaba en castellano e inglés, con su foto: “Este es Ignacio Pérez Morales, dominicano, de 30 años, bajetón, psicópata, homosexual, armado con pistola y ametralladora, peligroso, asesino de sangre fría, siendo sus últimas victimas tres estudiosos jovencitos de la Iglesia Metodista”.            

Bebió un largo trago. Buscó la hora: 10:55. Atisbó para la calle. Le pareció escuchar sirenas. Su tensión aumentó.

--Ya vienen –murmuró. Agarró el vaso y se bebió toda la cerveza, igual que si fuera agua, eructando fuertemente.

Sonrió porque advirtió que las alarmas policiales las oía con claridad. Estaban cerca. Aunque podía intentar escapar no lo hizo. ¿Para qué? Se hallaba cansado de esconderse, de huir. Y como quiera, tarde que temprano lo atraparían. Miró a tres carros llenos de uniformados frenando con sus característicos chirridos, igual a las películas. Se imaginó que desde ese negocio había sido chivateado, talvez el camarero ya que la mayoría de tales tipos son calieses en cualquier país.              

Entonces fue cuando él, calmado, la gente observando, extrajo su revólver y marchó con lentitud hacia la salida y entrada del negocio.

Las miradas se les fueron detrás. Se dirigía a un enfrentamiento con la muerte. Por eso, Ignacio Pérez Morales, sin agacharse, firme en el umbral de la puerta, disparó los tiros de su arma contra los policías que se hallaban agazapados detrás de sus patrulleros, recibiendo su cuerpo numerosos plomos de variados calibres que lo hicieron rodar por la calzada, desde donde pudo notar en un pequeño instante antes de expirar, que su reloj indicaba las 11:00 en punto.  .      .              

A NICOLAS MADURO

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

             Nicolás Maduro

 

Los venezolanos no se explican la razón por la cual Ud. quiere llevar a su mal administrado rico país a cientos de niños palestinos o filisteos del otro lado del mundo, cuando en su nación ni siquiera hay medicamentos para sus ciudadanos.

Nicolás, eso es lo que se llama un estúpido figureo de un hombre enfermo, demente, demagogo, que anhela llamar la atención mundial con tal actuación.  

Si Ud. desea ayudar a gente pobrísima, ahí se hallan los niños haitianos, quienes están a pocos kilómetros de su país y se encuentran mucho peor que los palestinos a los cuales casi todos los países ayudan de buena fe. En Haití, la poca ayuda que llega se la roban los funcionarios. Es por eso que Haití no puede progresar y tal vez jamás lo hará. Es una nación fallida que vive de la caridad internacional.

No obstante, se duda mucho que Ud. llevará a infantes haitianos a Venezuela, ya que en el fondo Ud. es un fascista disfrazado de progresista, es un terrible racista. 

Nadie entiende cómo habla de grandes asesinatos cuando en Venezuela el bajo mundo, amparado por ciertos militares, ha eliminado a miles de venezolanos en unos cuantos meses. Son perros rabiosos, de la misma forma como habla usted.

¡Hasta la vista, jaujau!       

RECORDANDO A NIKITA KHRUSCHOV

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero) 

NOTA: Como CNN está calumniando de forma fabulosa sobre la llamada ’Guerra Fría’ al salvador de la humanidad, Nikita, me veo en la obligación de volver a poner un artículo sobre su ejemplar vida. 

            Nikita Kruschov

Lo cierto es que cuando se lee sobre la vida de Nikita Jruschov --un campesino de familia pobrísima que comenzó a laborar la tierra desde los siete años en vez de estar aprendiendo a leer y escribir--, se siente gran admiración por aquel ser humano que prefirió perder el máximo poder de la Unión de las Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS) antes que llevar a la humanidad, animales y árboles del planeta Tierra, a una total extinción en una estúpida y horrorosa guerra nuclear durante aquellos grises días de la denominada ‘Crisis de los Misiles en Cuba’, 1963.  

Nikita Khruschov nació en Kalinovka, Rusia, el 17 de abril de 1894, falleciendo el 11 de noviembre de 1971, cuidando su hermoso jardín, pues era gran amante de la Madre Naturaleza. Vivió de una modesta pensión. Está sepultado en el cementerio de Novodevichy, Moscú. Y si Ud. está leyendo este artículo, debe saber que se lo debe a él, a ese hombre olvidado por la ingratitud de los políticos, quienes quieren mantener entre penumbras, olvidado, a hombres como Nikita, vilmente calumniado.     

En 1908 su familia se fue para Ucrania, en donde su padre trabajó como minero y su madre lavaba ropa en diversas casas. Teniendo 15 años laboró en una industria limpiando hollín de enormes calderas. Más luego se hizo obrero metalúrgico, recibiendo un mejor sueldo, quedando por su profesión exonerado del Servicio Militar y de su participación en la Primera Guerra Mundial.   

Tuvo Nikita una excelente participación en la Revolución Bolchevique en 1917. Se distinguió luchando con el Ejército Rojo durante la Guerra Civil, 1918-1920. Consideran que fue un formidable combatiente. Realizó carrera política en el Partido Comunista de Ucrania. Debido a su capacidad de acción, mando  y trabajo, escaló rápidamente en esa organización, llegando a ser primer secretario de la región de Moscú y de la República de Ucrania.  

Nikita se distinguió en la horrible Guerra Patriótica contra los invasores nazis. Guerra que duró entre 1941-’45, siendo Comisario Político con el rango de Teniente General. A consecuencia de la invasión germánica organizó el partido para defender Ucrania. Luchó contra los llamados ‘nacionalistas’ aliados de los alemanes, pero fue mandado a buscar por Stalin  ante la caída de Kiev. Fue luego enviado a Stalingrado, actual Volgogrado, a dirigir la defensa de tan importante ciudad, ruta principal para llegar a los pozos petroleros de la URSS. Allí mantuvo a raya a los nazis, quienes perdieron muchas tropas, aviones, tanques con la resistencia del Ejército Rojo y el pueblo soviético. En esa batalla, tenida como la más sanguinaria y horrenda conocida por la humanidad, murieron más de cuatro millones de personas entre militares y civiles de ambas partes, principalmente de soviéticos. La ciudad quedó totalmente destruida. Empero, fue ganada por sus defensores ante la formidable contraofensiva dirigida por Kruschov contra el poderoso Sexto Ejército Nazi. Los alemanes murieron por millares, rindiéndose miles, entre éstos gran cantidad de altos y medianos oficiales. Se la considera una de las batallas decisivas para derrotar a Hitler y sus arrogantes tropas. Fueron combates de casa en casa, con francotiradores por doquier, de incesantes emboscadas a cualquier hora, y con un terrible frío que dejaba a los soldados congelados. Los alemanes la llamaron Ratternenkneg: “guerra de ratas”.    

Con la muerte de Stalin (1953) fue electo Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, PCUS. Lentamente fue eliminando el culto al estalinismo, ya que consideraba que el marxismo-leninismo lo prohibía. Su popularidad creció por tales medidas. Sin embargo, por esa forma de actuar le trajo fuertes críticas de China, la cual lo acusó de ‘revisionista’. Esto trajo un distanciamiento entre ambas naciones, trayendo que los partidos comunistas del mundo apoyaran a los rusos o a los chinos. Tal división les convino a los países capitalistas, aprovechándola al máximo.       

Al tomar los revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel Castro el poder en Cuba en Enero de 1959, derrumbando la dictadura pro-norteamericana de Fulgencio Batista, la situación mundial tomó un peligroso rumbo. John Kennedy, presidente de USA en esos momentos, un hijo de ricos cuya fortuna se dice fue hecha haciendo alcohol clandestino durante la Ley Seca, no simpatizando con el gobierno de Fidel, preparó una invasión de cubanos anticastristas que entraron por Bahía de Cochinos. Estaba apoyada por aviones gringos, los cuales bombardearon y ametrallaron a los revolucionarios que defendían su país contra aquella intervención dirigida por Norteamérica. La aventura tuvo un humillante  fracasó en pocos días. Esto trajo un alejamiento entre USA y Cuba, acercándose los cubanos a la URSS para hacer que la revolución sobreviviera, pues los norteamericanos les pusieron sanciones económicas con fines de que se derrumbara. Las mismas aún están en plena vigencia. Y es que así actúan los imperios con un territorio que les perteneció y que se hallaba en total rebeldía.

Los soviéticos, que tenían frente a sus narices cohetes USA de alcance medio, nucleares, en Turquía, aprovechando la situación cubana comenzaron a instalar en ese territorio cohetes San-4 y 5 con cabezas nucleares. Además llevaron 35 mil soldados. Aviones U-2 los descubrieron y Kennedy se alarmó, igualmente el Pentágono. Hubo pánico en las altas esferas norteamericanas. Entonces comenzó la peligrosa Crisis de los Cohetes de 1962 (‘Crisis de octubre’ la llaman los cubanos). Fue cuando la raza humana y toda clase de seres vivientes de nuestro sufrido planeta estuvieron al borde de un desastre o exterminio total. La locura colectiva se iba a manifestar a plenitud. Sin embargo, a pesar de los insultos, del bloqueo naval impuesto a la isla por los yanquis con la participación de buques latinoamericanos (destructores argentinos y venezolanos, dos fragatas dominicanas, etc.), el Ultimátum dado por Kennedy a los soviéticos para que sacaran los cohetes o habría una guerra atómica, la razón lógica de Kruschow se impuso. Y tal vez pensó: ¿”Y cómo voy a llevarme de este riquito y arrogante enemigo de la Clase Humilde,  corrupto, mariguanero. que se le importa un pepino sus semejantes debido a que estará dizque protegido con su gente en un refugio antiatómico a destruir este todavía hermoso planeta en el cual vivimos”? Y Nikita retiró los cohetes, pero también los gringos hicieron lo mismo en Turquía. Y logró comprometer a Estados Unidos en no atacar a Cuba. Fue una decisión valiente la tomada por Kruschow. Aunque se asegura que por calles habaneras una multitud de enojadas personas gritó: “Niki, mariquita, lo que se da no se quita”, la verdad es que Cuba hubiera desaparecido del mapa, y los que aún estamos vivos se lo debemos a él, a Nikita Kruschov, salvador de la actual humanidad.

Eso de que “el tigre es un pedazo de papel” es un gran disparate, como también lo fue “el gran salto hacia delante”, el cual sucedió al revés. Ya no estamos en guerras convencionales de fusilería y cañonazos. Eso es para hacer dinero los armamentistas y robar los recursos naturales de naciones débiles. Una posible guerra entre potencias sería con armamentos sumamente poderosos, imposible de imaginarnos las consecuencias que nos ocasionarían.   

Por tanto, inclino mi cabeza en honor a un gran revolucionario de paz, creador de la Coexistencia Pacífica. No es culpable de cuanto aconteció después en la Unión Soviética, de los corruptos que tanto daño le hicieron a su gobierno. Él es una personalidad meritoria que debería otorgársele, in memoriam, a años de su muerte, el Premio Nobel de la Paz. Se lo merece en demasía.

¡VIVA POR SIEMPRE NIKITA KRUSCHOV!


'EN ESE DOBLAR DE CAMPANAS' (RELATO)

  Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)      

 

Ese hombre, nombrado Luis, le dijo a su amigo Juan, ambos pensionados y quienes con cierta frecuencia conversaban en la entonces Plazoleta Salvador por las noches, que le contaría un asunto acontecido cuando aún las campanas doblaban por los difuntos y los sacerdotes caminaban por las calles vestidos con sus hábitos marrones, besándoles las manos los creyentes, advirtiéndole que sucedió en el campanario de la iglesia una tarde grimosa cuando el pueblo casi adormecía durante un calor sofocante y la suave brisa parecía estar detenida en algún lugar por Aquél que todo lo puede, ve, escucha y conoce..

--¿Y sabes una cosa, eh? --le manifestó, intrigando más al silencioso Juan --tú serás el primero que lo conocerás. A nadie nunca le he dicho nada. Lo cargo encima igual a secreto maldito, una mancha que ni el largo tiempo transcurrido ha podido borrar, eliminarlo de mi existencia. Cierto, ¿cuántas veces he anhelado relatarlo a los cuatro vientos para que todos lo conozcan, y no obstante lo mantengo encerrado en mi corazón, aunque siempre lo percibo inculcarme para que lo deje salir del encierro? Se asegura que existen hombres baúles, guardadores de enormes confidencias sin que jamás nadie llegue a conocerlas, ni siquiera los intrigantes e inquisidores curas. Pero me cansé de serlo, y voy a contártelo aunque faltaré a ese convenio prometido a ese amigo de que  nunca nadie lo conocería. Empero, como ya han pasado muchos años de lo sucedido, y él falleció hace cierto tiempo, debo informárselo a alguien para liberarme de este peso que llevo encima, y pienso que eres el  indicado para  hacértelo conocer.

Luis dejó de hablar. Su amigo le contemplaba con cierto interés, intuyendo que preparaba su mente para hacérselo saber y sentir tan grandioso alivio de dejar libre, al  espacio  cósmico,  lo guardado durante tanto tiempo en su interior.

--Sí, sí, fue algo tremendo –murmuró Luis, su vista perdida en lontananza, así lo percibió Juan-- pero desde hace meses quería informarte ese asunto que sucedió allá arriba, en el campanario --calló un momentico para señalar la torre, continuando diciendo--: Escucha, una conocido individuo de aquí, muy popular en la comunidad, casado con buena mujer, un relacionado de esa iglesia, le preguntó a ese enllave mío, alguien que nos queríamos como hermanos, si él nunca había subido al campanario, y cuando mi amigo le respondió que no, que jamás lo había hecho y le gustaría hacerlo, el tipo, sin ocultar su alegría le aseguró que si estaba dispuesto podía conducirlo allá arriba, sin que lo vieran pues  estaba prohibido, pero que para eso deberían de esperar un instante propicio, de día, especialmente en algún sepelio de persona importante.

 Luis dejó de conversar para encender un hediondo cigarrillo, levantándose del asiento para que el humo no le diera a su viejo amigo, un sujeto que no le agradaba el olor del tabaco y quien con regularidad le aconsejaba dejar ese degradante vicio. Pero al verlo callado, observándolo, tal vez interesado en cuanto le narraba, agradándole contar cosas, pensando que las hacía bien y quizá por eso las personas lo apreciaban, lo contrario a su amigo, el cual era poco comunicativo, un verdadero solitario.                                                       

--Pues sí, eh, como te estaba diciendo, debido a que mi amigo... --oye, no voy a informarte su nombre y mucho menos el del otro, que está bien vivo y coleando, ¿okey?--, (Juan sonrió y asintió con la cabeza, continuando Luis): Eh, como te decía, a consecuencia de que a mi pana siempre le había agradado subir al campanario para desde ahí echarle un vistazo al pueblo, acordó con el tipo aguardar tal instante para ambos subir hasta  allá, muy cerca de las campanas, cumpliendo de ese modo el deseo que ansiaba desde niño. Y fueron pasando los días, esperando mi enllave que el individuo le dijera que había llegado el momento oportuno para ellos aprovecharlo y escaparse hacia lo alto, ‘donde las nubes casi se topan con las manos’ como el tipo aseguraba. Entonces, en calurosa mañana se apareció gozoso por la casa de mi pana, y llevándolo aparte para que la familia no escuchara, le informó que a las cuatro de la tarde de ese día llevarían a don fulanote de tal, fallecido personaje de la alta sociedad a una misa de cuerpo presente, pudiendo aprovecharla para colarse hacia la torre si aún continuaba dispuesto. Y planearon verse en este parque antes de las cuatro. Y cuando se aproximaba el concurrido entierro, las campanas doblando, escuchándose en casi todo el pueblo, el individuo llegó y le comunicó a mi amigo que entrarían con la multitud, que no se asustara ni preocupara pues todo saldría bien, perfecto, y que pronto vería desde lo alto el bello panorama en el cual se nota a Macorís desaparecer entre los numerosos árboles y matorrales que desde lo alto se ven --Luis dejó de hablar para fumar, exhalando una gran bocanada, expulsándola por boca y nariz, siguiendo contando--: Eh, pues bien, al silenciar las campanas entraron a la parroquia junto a muchos asistentes. El órgano comenzó a interpretar una música fúnebre en tanto el coro comenzó a entonar un himno fúnebre. Fueron retrocediendo, agachándose detrás de los últimos bancos, subiendo uno detrás del otro hasta donde estaba el grupo cantando, pasando cautos sin verlos los que coreaban con solemnidad observando atentos hacia el altar. Sí, continuaron subiendo aquel lugar de tenue oscuridad, haciéndolo el tipo deprisa, igual a felino, pero mi amigo lo hacía despacio, contemplando con cuidado en donde pisaba, temiendo constantemente que fueran  descubiertos.

De nuevo volvió Luis a callarse. Obsequió a Juan una menta (con regularidad llevaba de esos dulces en un bolsillo), y mientras ambos les quitaban las envolturas, el narrador, fumando y botando humo, prosiguió relatando: “Oye, como te conté, el tipo ascendía con prontitud, desapareciendo a veces de la vista de mi amigo y debía éste que llamarlo varias veces, apareciendo entonces el sujeto sentado sobre un peldaño, mirándolo fijamente, quizá burlándose porque no subía tan aprisa como él, y cuando mi enllave se le iba acercando aquél se ponía de pie, colocaba sus manos encima de los hombros de mi pana y le susurraba oye, a que no me agarras, ¿ah? Y de nuevo volvía a su veloz ascenso, a perderse en lo alto, debiendo de llamarlo otra vez, aguardándolo el tipo en otro escalón, contemplándolo con atención, percibiendo mi básica que los ojos del sujeto poseían un brillo que le hicieron recordar a su gato cabezón cuando se hallaba entre la oscuridad”.

Se calló un instante para fumar y tal vez memorizar mejor cuanto le contó su camarada hace años, siguiendo narrando: “Cierto, eh, de esa forma fueron ascendiendo, parándose solamente en un descanso por el cual se veía hacia la calle, ojeando al solitario carro fúnebre repleto de flores, admirándolas una niña descalza, así me informó él, un ser muy sentimental, pero como te dije no puedo informar su nombre por respeto a su memoria (“no importa, sigue-sigue”, le señaló Juan) Y Luis: “Hum, veo que estás muy interesado, notándote emocionado. Es por eso que te participo que cuando  llegaron  a la torre un agradable viento les acarició sus rostros y cabellos. Alegremente rieron. Se felicitaron. Casi bailaron por haber realizado esa conquista que en aquel momento era envidiable por mucha gente, incluso por mí que nunca he subido a ese campanario”. (“Y mucho menos yo”, confesó Juan)

El  relator  estuvo un par de minutos sin hablar, dejando que pasara una camioneta cargada de bocinas tronando que votaran por x candidato. Ambos sonrieron con esa propaganda. Ninguno de ellos creía en políticos, afirmando que son mentirosos y ladrones, y no perdían el tiempo en votar por ninguno para no tener después remordimientos por haber contribuido llevando al poder a unos sinvergüenzas.

--Mira Juan, volviendo a lo anterior, mi pana tuvo un deleite tremendo al contemplar el paisaje del río, los cocoteros, el verdor de los manglares de aquel tiempo, esencialmente por los muchísimos y variados árboles que casi arropaban al pueblo. Me contó que allá arriba conversaron poco, atisbando maravillado cuanto podían  apreciar sus avizores ojos. Entonces, deleitándose con el hermosísimo espectáculo, oyó al sujeto manifestarle que la misa había terminado y que ya iban saliendo con el fallecido. Se quedaron observando hacia abajo, viendo pequeñitas a las personas. Miraron los abrazos a dolientes, asimismo cuando cargaban el ataúd y lo entraban al lujoso transporte mortuorio, también las numerosas coronas que colocaron encima de las flores. Sí, contemplaron ponerse en movimiento el funeral con rumbo al cementerio, precedido por tres curas con hábitos blancos echando humo de incienso a los lados, seguido por un pelotón de monaguillos portando plateadas cruces en alto. En ese mismo instante comenzaron a doblar las campanas, sorprendiéndose bastante mi amigo por tan intenso lúgubre sonido, afectándole de inmediato, poniéndose a dar vueltas avistando el vaivén de las mismas. Empero, unas suaves manos agarraron las suyas, haciéndolo detener. Mi amigo miró al individuo que le observaba dulcemente, sonriendo tontamente. Las campanas seguían repicando, influyendo de tal forma en mi pana que se quedó inmovilizado, notando que ese tipo pegaba su cabeza junto a su fornido pecho, continuando sonriéndole de manera estúpida y con la vista en la distancia. Me confirmó no saber qué hacer, pues los fuertes campanazos le quitaban lucidez, siendo algo terrible, sintiéndose cual piedra humana. Fue en eso que se dio cuenta que el tipo le agarró su miembro viril, apretándoselo lentamente, acariciándolo, notando que de los labios del tipejo salía una babita que se deslizaba por la barbilla, manteniendo esa peculiar mirada que poseen los religiosos en trance. Me indicó que se hallaba a su merced, comprendiendo que había sido llevado a una vil trampa bien preparada. Sin embargo, me dijo que repentinamente las campanas enmudecieron, alejándose su triste sonar, quedándose en la torre unas molestosas y zumbantes vibraciones que fueron partiendo lentamente, yéndosele a mi amigo el perverso influjo del sonido de las cercanas campanas, volviendo a ser dueño de sus actos. Por consiguiente, cuando el personaje se encontraba extasiado extrayéndole su pene, lo apartó con un fuerte empujón, haciéndolo tambalear, pero como el elemento no entendió debido a que estaba ensimismado en su morbosidad y de nuevo retornaba hacia él con ansias, sus brazos abiertos, la boca llena de baba, no tuvo más remedio que derrumbarlo a puñetazos, dejándolo tirado en el suelo lloriqueando. En ese momento aprovechó mi pana para irse rápido del campanario, oyéndolo quejarse de manera sollozante porque con seguridad se lamentaba de haber perdido una buena oportunidad minuciosamente bien elaborada, en la cual talvez cayeron varios jóvenes entre sus tentadoras manos. Y en la torre se quedó ese carajo, quizá llorando de rabia, golpeando el piso a consecuencia de que mi enllave se le escapó en un último instante, cuando ya lo tenía prácticamente dominado. Cierto, de aquel tiempo, que como te informé sucedió años atrás, ambos no volvieron a dirigirse la palabra, principalmente por mi amigo, quien era un hombre sincero, honesto, luchador por las causas justas, humanista, muy odiado por ladrones de cuello blanco y sus peligrosos adulones.

Cierto Juan, siempre he pensado luego de su repentinamente muerte, que por su correcta formación,  cuanto  hizo  clandestinamente por los suyos, debería encontrarse brillando con las estrellas.                  


¿SE SUICIDO O ULTIMARON A 'PECHITO'?

   Luis J. León Estévez

                          

Por: Bernot Berry Martínez           (bloguero)

   

Como la Rep. Dominicana está considerada como una nación fallida, muy especial, en donde suceden las cosas más increíbles y raras, llama la atención el supuesto suicidio del íntimo del hijo mayor del tirano Trujillo, ‘Ranfis’, el coronel Luis José León Estévez (‘Pechito’), ex esposo de la adorada hija del sátrapa, la Sra. Angelita Trujillo, quien supuestamente escribió un vergonzoso libro ensalzando al régimen de su padre.

Lo extraño de este suicidio es que lo encontraron en su cama, vestido, sin zapatos, al lado del lecho varias maletas hechas, un novenario y varias cosas personales. Todo esto hace sospechar que ‘Pechito’ --el cual había escrito un artículo en un periódico local alabando el texto de su ex mujer--, se hallaba listo para levantarse rápido, ponerse los calzados, tomar sus maletas y sus cosas, como también el novenario e irse hacia donde se dirigía, fuera Miami u otro lugar. En cambio, con todo lo señalado preparado, puso dos grandes almohadones, colocó su cabeza sobre ellas y se pegó un tiro con su poderosa pistola que siempre portaba. Es algo que con seguridad llamó la atención a ciertos investigadores muy sagaces que posee nuestra Policía. Sin embargo, nada se investigó. ¿Por qué motivo? Es una interrogante que ningún medio se hizo, dio a conocer.  De inmediato se informó que ‘Pechito’ se mató por motivos desconocidos, tal vez depresivos. Y posiblemente así quedará su muerte para la historia, al menos que otras oscuras cortinas se abran a la luz.

De acuerdo a un interesante trabajo del gran escritor peruano Vargas Llosa, dice el investigador narrador que se afirmaba que el ex coronel León Estévez pertenecía al Opus Dey, esa siniestra organización secreta que de manera fanática defiende a la Iglesia Católica. Conociendo cuanto fue su vida, entonces había mucha posibilidad de que era un sicario religioso, de los que matan por ganarse el cielo, no por dinero ya que era millonario. Porque, ¿cuál sujeto con tres dedos de frente, y con cierta cultura, no sabe que el Opus Dey elimina a ciertos enemigos de la indicada iglesia,  principalmente a los denominados Iluminatis o Iluminaros? Se dice que eso viene de siglos, de bastante tiempo atrás, antes de la existencia de la abominable Inquisición y de los genios astrónomos Copérnico y Galileo. Es larguísima tal contienda entre la ciencia y el fanatismo religioso, entre la luz y las tinieblas, del conocimiento contra la ignorancia. Desde luego, aunque el Opus Dey se mantiene fuerte, ha ido perdiendo poder: es que la iglesia se encuentra dividida. Ya existen muchos excelentes curas que están en contra del Opus Dey, pero se mantienen callados porque estos sujetos no juegan, eliminan a cualquiera por su fanatismo. Y la iglesia posee unos aliados llamados protestantes, numerosas sectas que viven de cuanto le dice un vividor denominado “pastor”.

Los  iluminatis son científicos, avanzados técnicos, intelectuales, pintores, escultores, etc., los cuales se mueven como serpientes, introduciéndose en variadas instituciones como la masonería, los Rosacruces, las esotéricas, etc.  

León Estévez fue un asesino-torturador del régimen trujillista. Después del derrumbe de los Trujillo, sólo pudo meterse en el Opus Dey para continuar en sus andadas. Por eso cargaba encima ese Novenario, para rezar por quien mataría o eliminó. Ellos rezan nueve días, pidiendo perdón al ‘Señor de los Ejércitos’ por haber quitado una vida. Era tan cruel que si se mató estuvo bien y si lo ultimaron mucho mejor. Empero, ¿acaso tuvo tiempo de rezar los nueve días para luego asesinarse?

 

MI RíO MACORIX

                

De mi libro "Más allá de la esperanza"

 

Por: Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

          Contemplando de cerca  al  río de mi triste

         pueblo, su cauce de lapso ignorado, su murmullo,

         me llegan recuerdos de un ayer olvidado,

         sepultado en la curva de la historia.

 

         ¿Se puede arreglar?

         Todo  ha  quedado  atrás. Regresar difícil es,     

         prácticamente inverosímil.

 

         Más de cinco centenarios ya han pasado.

         El tiempo cruzó y en vano no fue.

 

          Pero conocemos de un mañana que será

         mejor para todos.

 

         --¡Enterraremos al egoísmo! --afirman las        

         aguas de mi río, el de hermoso atardeceres,

         adorado por indígenas macorixes.     

 

         ¿Cuándo lo haremos?

 

         Nuestras fuerzas productivas,  labradoras de

         fructífero porvenir, lo forjarán.   

 

         ¿A dónde irán los traidores?

 

         El hacha perseguirá allende los mares: lo

         asegura él, sabedor de cuanto vendrá.

 

         Y  sepan,  si  piensan  que  digo  mentiras,

         vengan,  aproxímense  a  su  orilla, verán

         verdad con sus ojos. 

 

         Mi  río está contaminado, lo sé,  pero no

         morirá: puedo  afirmarlo  por  la  primera

         hermosa doncella que en él se miró.