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Bernot Berry Martinez (Turenne)

¿ACASO FUE MISTERIO O SIEMPRE SE HA CUMPLIDO?

 

 Por: Bernot Berry Martínez    (bloguero) 

 

 Aseguraba  el brillante escritor colombiano J. M. Vargas Vila, aún "excomulgado" por la denominada Iglesia Católica, institución con muchos pedófilos y homosexuales pero también con excelentes curas, que el pueblo-- esa mayoría hambrienta e inculta-- son extraños en su comportamiento con la sociedad, pues hoy aplauden hasta el cansancio a su tirano y mañana arrastran el cadáver del déspota por la plazoleta principal de la ciudad, ebrios, con continuas patadas por todo su cuerpo.      

Esta aseveración de Vargas Vila se comprueba en numerosos episodios de la historia de la humanidad.

Con referencia a la misma, si algo siempre ha llamado la atención de los intelectuales no dogmáticos, es aquel día en que el Maestro Jesús llegó a Jerusalén y los hebreos lo recibieron de manera estruendosa: sacudiendo palmas, aplausos, cánticos, vítores al tan aguardado Mesías. No obstante, unos días después, no más de tres, gran parte de ellos estaban pidiendo al gobernador militar romano, Poncio Pilatos, que lo ajusticiara en la cruz por blasfemar contra su religión.

Esa forma de matar era sumamente cruel, y se practicaba desde muchísimo tiempo atrás contra malísimos asesinos, traidores a la nación o al gobernante de turno, uno supuestamente puesto por alguno de los diversos dioses que los humanos han inventado, esencialmente esos vividores hechiceros, sacerdotes, vagos sumamente astutos que siempre han vivido de fábulas hasta el presente, poseedores de inmenso poder entre el ignorante pueblo y los hipócritas politiqueros (¿se han fijado lo bien que viven los curas y los nuevos fariseos, mejores conocidos por pastores?).  

Desde luego que estas contradicciones las han arreglado bien los vividores de la religión cristiana. Es muy fácil decir que "todo estaba escrito en la Biblia", un libro lleno de contradicciones. Pero lo principal es confundir a los tontos. Y usted los oye repitiendo como loros todos estos disparates acerca del pobre Jesús. Los intelectuales de fuste afirman que Poncio Pilatos, militar de carrera, el cual sabía bien por sus chivatos o calieses que Jesús, aunque estaba en contra del imperio romano en Palestina, era un pacifista, no pensaba en guerra ni en nada de eso. Por tanto, Pilatos deseaba eliminar a Barrabás que era uno de los principales jefes de guerrilla que había matado a muchos de sus soldados. Y aunque quería soltar a Jesús después de azotarlo, los sacerdotes judíos no se lo permitieron, chantajeándolo con mandar una comisión donde el César para informarle que él estaba soltando a los enemigos de Roma. Entonces Pilatos, que no estaba bien con el César, percibiendo que se encontraba entre la espada y la pared, se vio obligado a preguntarle al gentío (era una costumbre judía) sobre a cuál debería de soltar, a Jesús, un pobre loco que se decía ser el Salvador del pueblo hebreo o a Barrabás, un perverso hombre, ladrón de caminos, tremendo asesino, etc. Y la muchedumbre, dominada por los poderosos sacerdotes judíos y a quienes les convenía que soltara a Barrabás para que continuara con la lucha que ellos apoyaban discretamente, gritaron a todo pulmón que soltaran a Barrabás. Y Pilatos, no viendo otra forma de salvar al infeliz de Jesús, delante de todos se lavó sus manos por la sangre de tan gran inocente.


'SOLILOQUIO CON MAXIMO GOMEZ'

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)                    

 


Máximo Gómez 001.jpg
General
  1852-1905

 

General de generales:          

En nuevo aniversario de su nacimiento,         

frente a su ecuestre figura inmortal,         

¡oh libertador de pueblos!,         

venimos a platicar contigo.            

 

Sí, conocemos que la idea libertaria de la         

angustiada Cuba surgió en Ramón de la Luz Silveira,

expirando la blanca paloma antes de vuelo emprender,         

continuándola José Antonio Aponte,         

quien junto a mujeres y hombres,         

emancipadores tambores,         .

quiso levantarla,         

pintarla en el cosmos cubano.            

Pero la isla entera se cubrió de sangre,         

quedando sólo el sinsonte llevando entre los         

montes el canto hermoso de la Luz Silveira.            

 

Y pasaron los años, general,         

la palmera crecía, endurecíase,         

adulta se hacía.            

 

Un día, próximo a río,

Carlos Manuel de Céspedes

halló una Estrella.         

Se maravilló.

La limpió.

Quedó enamorado de su hermosura.         

Orgullosamente la guardó en su corazón antillano.           

Y entonces, inducido por Ella,

a todo pulmón de Céspedes gritó en Yara:          

“¡Viva Cuba Libre!”                    

 

La frase fue esparcida por aves cantoras,          

mariposas y luciérnagas.          

Sobre la pradera la esculpió el pájaro carpintero,

y en toda flor el bello colibrí.             

Usted, general, sonrió satisfecho a los montes          

orientales.          

Y  de  nuevo se  oyó el cimbraneo machetero,          

galopadas,  estruendos,  llamas  lamiendo bosques...             

La República en Armas fue proclamada.          

De Céspedes, Presidente.            

 

Con los mambises estuvo, señor.          

Dirigió operaciones en Guantánamo.          

Famoso fue el combate de Palo Seco.          

Invadió Las Villas.          

Usted y el general García sobresalieron          

en la Guerra de los Diez Años.            

Pero llegó el Pacto de Zanjón.          

La contienda terminó.          

Palideció la Estrella y su luz fue perseguida          

con fiereza.          

Hubo resistencia.          

Brotó la Guerra Chiquita.          

Pero nada. 

 

La Estrella se refugió en la manigua

hasta que la palmera terminara de crecer.           

Usted fue al exilio.          

Cargado de dolor retornó al país de

laTricolor Bandera.             

Y en Monte-Cristy,           

en su finquita La Reforma,          

sin hacer caso a murmuraciones,          

pensó en Los Restauradores de nuestra          

nacionalidad, recordando con admiración a                          

Gaspar Polanco, Benito Monción,          

Gregorio Luperón,...           

Y sin que nadie lo viera, general,          

observando la belleza de los astros,          

gruesas lágrimas serpentearon su duro rostro          

varonil.             

 

Empero, en  Cuba,  lo sabe bien,

se levantó aquel joven visionario,

henchido de amor, mirada taciturna

(“yo soy un hombre sincero de donde crece la palma”,

aseguraba),

y de la manigua sacó la Estrella,

refulgente puso.           

La besó.

Abrazó contra su pecho,         

y solemnemente juró ponerla en el                                     

firmamento!               

--¡Es el Apóstol de la Libertad! --sentenció          

usted la vez primera que lo vio, ¿recuerda?.                    

Claro, por eso no titubeó en firmar el          

Manifiesto de Montecristi, buscar voluntarios              

por Dominicana, ayuda en el gobierno,

y con la vista en lontananza, junto a Martí,          

llegar a tierra de Oriente, la de Maceo,          

para lanzar por siempre, allende los mares,          

a los arrogantes ibéricos.             

 

¡Y bramó el Grito de Baire!.          

El machete, buscando aurora,

rasgó el oscuro horizonte,

y la sangre salpicó arboledas, aves y nidos.             

El  sable suyo, general, su grito guerrero,          

"¡a la carga, macheteros!”,

llevó pánico a los hispanos.               

El fuego devoró haciendas,

cafetales, cañas,...          

¡La isla convirtióse en inmensa lumbre de la mar!                     

Y aunque cayera en Dos Ríos el hombre que          

afirmó “con los pobres del mundo quiero yo          

mi suerte echar”,

y perdiera a su hijo y al           

gran Maceo,

usted, señor, tragándose las          

lágrimas, 

aunando esfuerzos, el Estandarte           

Dominicano en su conciencia,

con poquísima ayuda,

comandando improvisado ejército haraposo,

sosteniendo  

“las revoluciones ni se asustan ni se exterminan,

¿cómo matar una idea?”, 

su  don  de mando,  su  táctica  y estrategia militar, 

derrotó a los mejores generales españoles

y sus más de 200 mil feroces soldados.                     

Y no quiso la Presidencia, mi general.          

Grande fue su modestia.   

Sin embargo, permítanos manifestarle, señor,          

de los Libertadores Americanos usted es         

 uno de los superiores, así lo atestigua la Historia.          

Por tanto, reverencia le hacemos.          

Enorme fue su genio militar.                     

 

¡Generalísimo Máximo Gómez,          

usted puso a brillar más arriba del cielo cubano,

a la emancipadora Estrella Solitaria!  

¡Honraremos siempre su memoria!


AL LIC. LEO MARTINEZ

                                                   

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero). 

 

 

            Lic. Leo Martínez

 

Quiero agradecer de manera pública al excelente comunicador,  verdadero macorisano del Este, matemático, abogado, charlista, maestro de la locución, etc., por haberme apoyado en su programa y en las redes de Facebook, Tweeter…, dando comienzo a que varios amigos --tanto de Macorís y otros lugares de Dominicana, Nueva York, España y distintoa países-- se unieran a su brava petición contra un grupito de arrogantes ‘intelectuales’ politiqueros que de lejos vinieron y de muy pobres pasaron a ser riquitos con variados negocios, todo eso gracias a la desdichada política que tanto daño le ha hecho a esta fallida República. ¿Y qué pasó después de la petición de Leo Martínez? ¡Oh, que de manera sutil, cual ladrón en la noche, pusieron mi foto como uno de los escritores de este infeliz pueblo!

Mucha gente se asombró. Al preguntarme les decía que no querían ponerme porque me encuentro en la lista negra de quienes mandan en esta sucísima ciudad, con el Parque Duarte en ruina, un escribidor que no adula la alta clase y mucho menos a políticos ladrones, igual a los curas jesuitas.

Soy como soy, ave de alturas, que ve cuanto acontece abajo. Nunca nadie me ha puesto narigón y creo que jamás lo harán. Y por eso me odian con la vileza del envidioso. Es que no soy como ellos, putrefactos y miserables.            

Doy gracias a los amigos de Miramar que me apoyaron. A Luis Leonor y Tavito Santana. Al poeta-escritor Ramón Perdomo, a mi sobrina, Dra. July Berry en Cotuí, así como otros a quienes mi mente no memoriza sus nombres en estos momentos a consecuencia de que no tengo cuenta en Facebook. Les pido que me excusen. No obstante, A ésos que me conocen desde años por mi trabajo cultural y guardaron el silencio de la complicidad, mi desprecio hacia ellos. Y lo hicieron por un insignificante cheque que piensan que nadie lo sabe que lo reciben. Cuánta cobardía poseen.

Se asevera que en Macorís ya no existen poetas. Sólo queda un grupito de mediocres coge suelditos que se asemejan a lagartos cogiendo el sol mañanero.   

Quienes apoyaron al valiente Leo Martínez fueron muy amables. Este real comunicador es un hombre del Barrio El Toconal, quien viene de abajo, de la humilde sufrida clase, explotada por empresarios con grandes fortunas.

El Dr. Leo Martínez jamás ha abandonado su bonita casa en su barrio, vivienda que fue arreglando lentamente a base de su trabajo, algo raro en un pueblo de parejeros, adulones y calieses. Creo que él, quien nunca ha pertenecido a ningún bando politiquero (entiéndase PRSC, PRD y PLD), merece que el pueblo de Macorís le dé una oportunidad de llevarlo en un Movimiento Independiente a buscar la Alcaldía de Macorís, no comprometiéndose con ninguno de los podridos partidos  mencionados, ya que perdería su esencia, la ética en la cual se basaría.

Pienso que Leo puede llegar a ser un tremendo Alcalde, autoridad que nunca hemos tenido desde hace tiempo.

Ayudemos a Macorís a salir del lodazal en el cual lo ha metido el actual Alcalde Echavarría. Nuestro pueblo debe comenzar a caminar, a dejar de ser zombis, indiferentes a los enormes problemas que poseemos. Pero para eso debemos de echar entre el zafacón a las tres ladronas organizaciones que tiraron entre el pozo a este honorable pueblo.

!POR EL BIEN DE MACORIS!

LLEVEMOS A LA ALCALDIA A LEO MARTINEZ 

¡LO MERECEMOS EN DEMASIA!


GENERAL ANTONIO DUVERGÉ

                                 

 

 Antonio duverge.jpg

Ant. Duvergé Duval

 

EN ESTOS TIEMPO EN QUE LA NACIONALIDAD DOMINICANA PELIGRA, SE HACE IMPRESCINDIBLE QUE RECORDEMOS A NUESTROS GRANDES HÉROES. A CONTINUACION LES OFRECEMOS UNA ANÉCDOTA SOBRE UNO DE ELLOS, ANTONIO DUVERGÉ, EL GENERAL QUE MAS COMBATIO POR NUESTRA INDEPENDENCIA, VENCIENDO EN TODAS DE ELLAS. INCLUSO YA SE HALLABA COMBATIENDO EN LA BATALLA DEL 19 DE MARZO CUANDO  SE APARECIO SANTANA. 

LO GRANDE ES QUE A ESTE HATERO OPORTUNISTA (SANTANA) LE DAN LA HONRA DE HABERLA GANADO. APENAS MENCIONAN AL “CENTINELA DE LA FRONTERA” COMO DE MANERA SENSACIONAL LE LLAMO JOAQUIN BALAGUER EN SU TEXTO CON EL MISMO NOMBRE.    

¡HASTA EN ESO SOMOS DESAGRADECIDOS!           

¡ABAJO LOS TRAIDORES COGE DOLARES DE LOS YANQUIS!

”!VIVIR SIN PATRIA ES VIVIR SIN HONOR!”   (Duarte).

 

Bernot Berry Martínez  (bloguero). 

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GENERAL ANTONIO DUVERGÉ….SU ÚLTIMO DESEO ANTES DE SU EJECUCIÓN.

 

Por: Raifi Genao/ Historia Dominicana, Politica y Sociedad

 

Raifi Genao  te trae esta impactante y casi desconocida petición de éste héroe independentista, no dejes de leerla, de seguro te asombrarás. 

En la mañana del 11 de abril de 1855, un penoso cortejo de condenados a muerte, escoltado celosamente por un batallón de soldados regulares y observados a discreción desde la retaguardia por una abigarrada multitud de curiosos, llegaba en silencio al cementerio municipal de El Seibo.

Aquel había sido el lugar escogido por las autoridades para darle cumplimiento a la sentencia emitida tres días antes contra ellos por un tribunal militar, encabezado por el general Juan Rosa Herrera y el coronel Eugenio Miches, a instancias del entonces presidente, general Pedro Santana. El grupo era apenas una parte del amplio contingente de dominicanos que, imputados de conspiración contra el régimen de terror impuesto por Santana, habían sido detenidos entre febrero y marzo de 1855. 

La develada conjura había sido auspiciada por el ex presidente Buenaventura Báez desde su exilio en Saint-Thomas, pero la mayoría de los dominicanos de ideas progresistas se habían sumado a ella con el objeto contribuir a enderezar el tortuoso derrotero que había tomado la república desde 1853 en manos de Santana). 

En aquel infeliz desfile de sentenciados que arribaba a las afueras del cementerio seibano, unos cabizbajos y otros con la mirada perdida en el horizonte de cruces que se levantaba a la distancia, se destacaba la figura serena y altiva de un hombre de rostro curtido, mediana edad y estatura procera: era el general Antonio Duvergé, popularmente conocido como “Bois” (pronunciado “Buá”), antiguo jefe del legendario ejército dominicano del sur y uno de los más descollantes héroes de las jornadas independentistas criollas frente a Haití. 

Duvergé, quien había sido confinado a El Seibo tras salir absuelto en el proceso que Santana le armara en 1849, debió ocultarse cuando la mencionada conspiración fue descubierta, y luego de una persecución tenaz y violenta fue apresado en su escondite como resultado de una infidencia cuyo origen aún se discute. 

Era de general conocimiento que Duvergé, cuya vida de soldado se inició en los días primigenios de la independencia, gracias a su acendrado espíritu patriótico, su valor espartano y su pericia en el arte de la guerra -galvanizados al calor de la guerra a muerte contra el invasor haitiano-, había ascendido paulatinamente entre sus pares hasta terminar convertido en una de las más importantes figuras militares de la naciente República Dominicana. 

Fue Duvergé, en efecto, el comandante victorioso que durante años frenó las hordas invasoras en las agrestes tierras de la frontera sur -especialmente en Comendador, Las Matas de Farfán y San Juan de la Maguana- y el caudillo nacionalista que se alzó con la victoria en los heroicos combates de El Memiso (abril de 1844), Cachimán (diciembre de 1844, y junio y julio de 1845) y El Número (abril 1849). Sus hazañas militares en esta zona durante casi siete años hicieron que uno de sus más ilustres biógrafos lo denominara, con justa razón, “el centinela de frontera”. 

El tribunal militar que lo juzgó, como ya se ha reseñado, condenó a Duvergé a la pena capital, y fue tratado con tanta saña que ni siquiera sus hijos quedaron a salvo: Alcides, un jovencito de apenas 22 años, y Daniel, adolescente menor de edad, fueron sentenciados a la misma pena -siendo prorrogado el cumplimiento de la decisión con respecto a este último hasta que cumpliera 21 años-, y Tomás -de 11 años- y Nicanor -de 9 años- resultaron sentenciados a la pena de confinamiento en Samaná. 

Aquel fatídico día de primavera, miércoles posterior a la Semana Santa de 1855, impelidos por el vozarrón de mando del comandante y las amenazas de los soldados bayonetas en ristre, los condenados empezaron a formarse a un lado de la amplia pared del camposanto, y luego del anuncio de rigor se procedió, con la rudeza que es propia del comportamiento castrense, a despojar deshonrosamente de sus insignias a los convictos que eran portadores de rangos militares. 

Luego de concluir esa odiosa ceremonia de degradación y humillación, también tras la orden al efecto de oficial comandante de las tropas, se iniciaron los preparativos para el proceso de fusilamiento, uno a uno, de aquellos patriotas que, debido a sus manifestaciones por un mejor destino para la patria o simplemente en virtud de asechanzas políticas o personales, habían caído bajo las botas implacables del general Santana y sus incondicionales. 

Un soldado avanzó entonces hacia la pared del cementerio y, situándose a unos metros de ella, con la punta de su bayoneta dibujó en el suelo una equis para señalar el sitio exacto donde debía ser colocado cada uno de los hombres que iban a ser pasados por las armas. Un rancio olor a muerte se sentía en el ambiente, y tanto la mayoría de los uniformados como los civiles curiosos que estaban situados a prudente distancia del teatro de los hechos eran presas de un mutismo sepulcral. 

En el momento en que el jefe de los soldados procedía a ordenar la presentación ante el pelotón de fusilamiento del primer condenado, todos los presentes se sorprendieron al ver que el general Duvergé, con mirada apremiante, le hacía con su mano derecha un firme gesto de llamado a aquel. Aunque nadie osó romper la fúnebre mudez que reinaba en el ambiente, muchos se cuestionaron interiormente por el extraño acto del gran patriota y líder militar. “Parece que Bois se está cagando del miedo”, susurró un desaprensivo. 

El oficial comandante, sin ocultar su desagrado por la interrupción de que había sido objeto por parte del general Duvergé, obtemperó de mala gana al llamado, y avanzó con paso marcial y aire de arrogancia hacia el lugar donde él se encontraba. Tras escuchar algunas palabras pronunciadas por el condenado, el oficial pareció quedar momentáneamente paralizado. Se le vio turbado, como si no pudiera dar crédito a lo que había escuchado. “Tiene usted que complacerme -se oyó decir a Duvergé con voz estentórea-. Es el último deseo de un condenado”. 

Algunos segundos después, ya repuesto del efecto que le causaron las palabras del general pero con el rostro visiblemente desencajado y el pecho probablemente henchido de conmiseración, el oficial ordenó que llevaran de inmediato al patíbulo a un jovenzuelo de mirada tímida, piel acanelada y contextura media: se trataba de Alcides, el hijo de 22 años de Duvergé que, como ya se señaló, había sido condenado junto con él. En medio de la expectación general, dos soldados se adelantaron para darle cumplimiento a la orden. 

El muchacho, virtualmente arrastrado hacia el cadalso, estalló en sollozos mientras se alejaba con mirada anhelante de su padre, y minutos después el plomo graneado del pelotón de fusilamiento caía letalmente sobre su joven anatomía. El general Duvergé tuvo el valor de verlo retorcerse ante el impacto de los proyectiles, pero no pudo sostener la mirada cuando lo vio desplomarse, exánime, sobre el suelo polvoriento. Dos gruesas lágrimas rodaron por sus mejillas ajadas. 

Cuando llegó su turno, el general Duvergé se negó a que los soldados lo llevaran de brazos, como se estilaba en la época, y caminó calmadamente hacia el lugar en donde se encararía con la muerte. Una vez frente al pelotón de fusilamiento, el insigne patriota levantó los hombros, miró altivamente hacia sus ejecutores y grito: “Estoy listo”. Entonces se escuchó la voz de mando ordenando disparar. Duvergé, impactado por el fuego de los ejecutores, cayó lentamente al suelo, con el pecho destrozado. 

Al concluir el macabro acto de administración de la pena capital, uno de los presentes se acercó al oficial que lo dirigió y, entre mordaz y curioso, le preguntó: “Comandante, respetuosamente, ¿y qué fue lo que le dijo el general Duvergé que usted se puso blanquito?” La respuesta del oficial, ofrecida con un dejo de emoción que resultó perceptible a pesar del tono cortante de su voz, causó estupefacción en todos los asistentes: 

-Me pidió como último deseo que:

¨ Fusiláramos primero a su hijo para evitarle el dolor de ver morir su padre”.

 Por: Arq. Raifi Genao..

Escritos de: Luis Decamps-Archivo General de la Nación. 


DON PEPIN CORRIPIO

 

 

Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

                                   José Luis Corripio Estrada (Pepín).
 

           

(Tomado del Internet) :

 

“No hay día que no llegue a nuestra página a través de las “palabras claves”, keyword, la pregunta de quién es el hombre más rico de República Dominicana. Pues bien, aquí está: Pepín Corripio.

Según nuestras indagatorias la fortuna personal más grande de esta nación pertenece a este caballero.

Fíjese que no hablamos de grupo económico, sino de fortunas personales.

Y cuando decimos caballero, lo decimos en todo el sentido de la palabra.

Que conste que él no nos va a agradecer la distinción de que es objeto, porque no es persona de presumir.

Algunas de sus propiedades:

Desglosar todas las propiedades y participaciones del señor Corripio nos llevaría tanto espacio en este portal que aburriría. Vamos a mencionarle sólo algunas de las empresas donde es dueño único o tiene participación.

Distribuidora Corripio, Metaldom, Gas Pepín, Pinturas Tropical, Pinturas Kings, Pinturas Popular, Pinturas Domastur,  El Mundo del Juguete, Técnica CxA (automóviles Peugeot), Euromotors (automóviles Renault), Los canales de televisión Teleantillas, Coral, Telesistemas canal 11,  Tienda Yanes (joyería), Periódicos y portales digitales: Listín Diario, El Nacional, Hoy y El Día. Piruleta (tienda de ropa de niños).

En productos masivos tiene la línea de mayor venta en el mundo, los productos de Procter & Gamble, los productos Victorina cátchup, salsa de tomates, salsa condimentada, guandules, petit pois, habichuelas, maiz, sales, etc.), Gatorade, Bounty, Charmín, baterías Duracell, galletas Keebler, Pampers, avena Quaker, sopas Cambell’s, pastas Barrilla, Gallina Blanca, Ariel, Always, Camay, Crest, V8-Splash, Tropicana, Lipton, Adrenalina Rush, Kellogg’s, Pepsico, Niveo, Guillette, Dawn, Head & Shoulders, Ivory, Joy, Oral-B, Pantene, Pringles, Secret, Zest, Frescavena, Cap’n Crunch, Chewy, Aunt Jemima, Prego, Tropicana, Color Guard- Cheer, Dentina, Gaia.

También están las emisoras de radio La Nota Diferente, HIJB y Listín FM. En Editora Corripio están las impresoras de libros, revistas,  medios, impresos, boletas electorales, etc. Por otro lado están las líneas exclusivas de electrodomésticos, televisiones, cd players, equipos de música, radios, lavadoras, aires acondicionados, abanicos, estufas, licuadoras, calzados, perfumes, planchas, tablas de planchar, tostadoras, hornos micro-ondas y un sin fin de artículos más.

También cuenta con una fundación y una ONG.

Junto al Grupo Vicini, es propietario de la empresa CORVI, que produce productos de PVC y de la Ferretería Ochoa, dos monstruos en el sector construcción. También Corripio y su grupo son productores de cine, películas locales y muchas más”.

 

Del autor del blog :

 

El Sr. Corripio posee una caterva de buenos y mediocres periodistas dispersos por toda la nación. Ellos les informan cualquier detalle que podría perjudicarlo como beneficiarlo. Son sus espías con doble moral, mercenarios de la palabra A quienes les caen arriba los desbaratan. Si alguno tiene moral y decide no venderse, debe irse hacia un país liberal, nacionalista, en donde se respeten los Derechos Humanos o se morirá de hambre, pues ésos que dirigen la prensa del Sr. Corripio son individuos de bajos instintos, capaces de cualquier cosa. Claro, tiran la piedra y esconden la mano. En el fondo son cobardes al extremo, ya que utilizan a otros para que realicen sus grandes patrañas.

Personas con tanto poder económico como el Sr. Corripio son peligrosas para la estabilidad de un gobierno. Es por esto que todos les han dado muchas condecoraciones de todo tipo. Es que le temen, esencialmente a su grupo de prensa: sujetos que se hallan dispuestos a escribir todas las mentiras del mundo para derrumbar al gobierno de turno.  

¿Y si el Sr. Corripio decide buscar la presidencia? Podría ganarla, no obstante es muy probable que sería un mal gobernante, pues una cosa es ser empresario exitoso y otra convertirse en excelente político. Son asuntos del cielo a la tierra. Así que los adulones, buenos vagos, que tratan de que la busque, deben pensar en trabajar con honestidad como lo ha realizado desde la mocedad don ’Pepín’ Corripio.


ESE RAFAEL L. TRUJILLO MOLINA ('Chapita')

 

 

NOTA: Al cumplirse un nuevo aniverzario de su nacimiento el 24-10-’013.                               

Por: Bernot Berry Martínez      (Bloguero)

    

      Parientes muy cercanos a la horripilante bestia “humana” conocida por Trujillo, igualmente sus aduladores a sueldos, tienen una enorme propaganda a favor de su régimen de terror que ese bicho les ofreció a los dominicanos durante 31 años con el firme apoyo de los norteamericanos y la iglesia católica. Estos familiares y sus lisonjeros son tan criminales como lo fue Rafael Trujillo Molina. Ellos lo llevan en la sangre, en el ADN, el cual no se equivoca de acuerdo a los investigadores. 

   Trujillo mató a numerosas personas honrosas, rodeándose con la escoria de la nación: asesinos, ladrones, abusadores, terribles violadores..., poniéndolos en la policía y milicia para que aterrorizaran al pueblo. Sin embargo, el gran apoyo que obtuvo fue de esos intelectuales inescrupulosos que por amor al dinero, a vivir bien, cómodos, sin ser molestados ni irse hacia el extranjero como muchos de sus colegas. Tales intelectuales eran grandes sinvergüenzas. Estuvieron junto a él a pesar de que conocían perfectamente de que el tirano, a quien servían con gran esmero, era un terrible criminal. Es tal vez por eso que este ser detestable estuvo tantos años en el poder, abusando de los infelices (más del 80% en la pobreza extrema), quienes sobrevivían a duras penas. La gente andaba descalza, con una sola ropa y otra dominguera. Algunos teníamos unos zapatos durísimos, que usábamos para ir a la escuela, a veces a la iglesia, o los domingos a conversar con muchachas en el parque, también a escuchar música (retreta) que interpretaba la Banda Municipal.   

    Este monstruo con figura de hombre nació en San Cristóbal, Rep. Dom., el 24 de octubre 1881, muriendo asesinado por un grupo de valientes que lo ejecutaron en la noche del 30 de mayo 1961, en un complot elaborado durante bastante tiempo. Ellos aguardaron el momento preciso para hacerlo, llegándoles esa noche de su eliminación cuando se dirigía sin escolta hacia San Cristóbal a un encuentro dizque con una bella joven desconocida. Es que Trujillo fue un enfermo del sexo. Era lujurioso en extremo. Algunos estudiosos de su personalidad, principalmente sexólogos, consideran que era bisexual, y que huía de su verdadero yo abusando de pobres doncellas porque probablemente en el fondo era homosexual. Parece que las odiaba ya que cuanto más le hacía gozar era introducir el dedo para quitarle su virginidad, ya que algunas no alcanzaban la pubertad. ¿Cuál será la verdad de todo esto? Porque siempre se ha conocido de bravos soldados que en el fondo son homosexuales. Bueno, con tantas zonas desconocidas en la sexualidad es muy difícil llegar a una lógica conclusión. Hay que reconocer que uno de los Trujillo, Bienvenido, era un tremendo ‘pajaruco’, y que el Palacio Nacional estaba lleno de tales sujetos.

    Pocas fueron las bellas doncellas que lograron escapar a tan despiadado individuo cuando eran señaladas por sus informantes (mujeres maduras mayormente) en distintas partes de Dominicana, encargadas de buscarlas y llevárselas. Las jovencitas muchas veces no eran para él, sino para importantes “personalidades” de los Estados Unidos y de otras latitudes, esencialmente senadores e importantes diplomáticos. Sus padres a veces recibían cierta compensación. Mas, aquellos progenitores que no cooperaban con el brutal gobernante eran considerados como enemigos del régimen, haciéndoles la vida imposible, metiéndolos presos por cualquier cosa, pasando su familia grandes dificultades. Hasta los propios familiares de éstos se les alejaban para no caer en la misma situación. Diversas familias acomodadas se volvieron enemigas por siempre. Así de horripilante fue la tiranía que los yanquis y la iglesia católica (compuesta por una mayoría de curas pedófilos) la apoyaron, esencialmente los hipócritas jesuitas y el siniestro Opus Dei. Pero como nada dura por siempre, el dictador fue mandado a ejecutar por quienes lo pusieron, esos yanquis de doble y triple moral, utilizando a los secuaces del propio tirano, aunque siempre se ha tratado de ocultar, de dejar a los gringos fuera de la conspiración.       

    Desde muy joven, Rafael Trujillo, junto a varios de sus hermanos, se dedicó a cuanto más le complacía: el cuatrerismo, la falsificación de cheques y el hurto postal, algo con seguridad heredado de su padre, José Trujillo Valdez, un aventurero ladrón, hijo de un español canario que vino cuando la anexión de la República a España. Trujillo cayó preso en varias ocasiones. No obstante al volver a salir en libertad de nuevo retornaba a sus andadas delincuenciales. Él dirigió la terrible banda la 42, muy temida por sus violentas atrocidades.

    Su madre se llamó doña Julia Molina Chevalier, de ascendencia haitiana. Se asegura que ésta jamás le perdonaría haber ordenado la muerte de un hermano.    

    A Trujillo le encantaba que sus secuaces le llamaran ‘el jefe’. Sin embargo era mejor conocido con el mote de “Chapita”, ya que fue un gran aficionado a las medallas, poniéndoselas para que adornaran su pecho. Con ellas se sentía como el pavo pajuil. Incluso se las compraba a los ebrios oficiales gringos cuando parrandeaban. Se unió a los invasores norteamericanos que llegaron en 1916 con el propósito de poseer a Dominicana entre las sangrantes garras de su Águila Imperial, uno de sus principales símbolos, traicionando a su país, convirtiéndose en un real renegado, un desdichado mercenario. Participó con orgullo en la lucha contra los nacionalistas dominicanos que con ferocidad, patriotismo, valentía, honor y dignidad se opusieron a los interventores por varios años en las Praderas Orientales.

    El teniente Trujillo --de inmediato los yanquis le pusieron ese rango al notar su fidelidad a ellos y su odio a los nacionalistas-- y un grupo que comandaba con el sargento “Sendito” llevaron el terror a la Zona Oriental. Fue algo increíble cuanto hicieron a los humildes campesinos, los cuales perdieron sus terrenos, animales, casuchas, violaron a sus mujeres e hijas, ahorcando a muchos porque según sus confidentes --fue más criminal que los invasores-- eran familiares y cooperadores de los Guerrilleros del Este, única región de Dominicana en donde se alzó con sobriedad la tricolor Bandera Nacional. La cantidad de propiedad ajena que robó Trujillo fue tremenda. Se afirma que las vendió a los empresarios azucareros y ganaderos de la región.

    Realmente a Rafael L. Trujillo Molina solamente se le puede comparar a Pedro Santana, otro enorme traidor a la Patria y asesino, quien vendió el Proyecto Republicano ideado por Duarte y Los Trinitarios a los españoles por un título dizque de la nobleza, creado especialmente para él: “marqués de las carreras”. ¡Qué charlatán!

    Los corajudos combatientes del Este, los guerrilleros (“gavilleros” los denominaban esos traidores y “·bandids” los gringos), pelearon por el decoro de la nacionalidad dominicana. Pero ningún gobierno aún los recuerda, ni siquiera con una diminuta tarja por el Seibo, lugar por donde más se combatió. El servilismo de estos politiqueros hacia los norteamericanos es fabuloso. Parece que lo hacen  con la finalidad de que esa rebeldía se pierda en el tiempo, principalmente entre los jóvenes. Esa es la ingratitud de los “políticos”, ya que no les conviene esa ejemplar manera de actuar como lo hicieron aquellos nacionalistas. Y ningún senador o diputado dominicano, que conozca, ha realizado mención de esos luchadores contra los intervencionistas y sus mercenarios. No lo efectúan ni por demagogia. Porque en honor a la verdad en Dominicana existen demasiados ‘trujillitos’. Sólo hay que darles un carguito para que de inmediato comiencen a robar del erario público. Se los contempla subir hacia una elevada posición en el gobierno de turno con viejos zapatos, trajes prestados, y al poco tiempo poseen lujosas viviendas, ropa carísima, sus hijos en colegios privados, con queridas, pistolas al cinto, arrogantes, sus esposas cargadas de finas prendas, etc. Y son de todos los partidos que lo hacen después de Trujillo, exceptuando el del gran escritor, literato y político don Juan Bosch, el cual por decente y honesto apenas duró casi siete meses, luego de ganar unas elecciones con el mayor porcentaje en la historia dominicana.

    “Chapita” mantuvo un grupo de informantes (Servicio de Inteligencia Militar, SIM) que se encargaban de llevar el horror entre el pueblo, básicamente contra los clandestinos disidentes de la dominante autocracia. Los asesinaban de forma espantosa, pero antes los torturaban con ferocidad. Una de sus principales torturas era sacarles ojos, cortarles los dedos, uñas, como también extraerles dientes y muelas. Pero todo esto lo efectuaban regularmente con personas sin apellidos sonoros, sin tener a alguien que hablara por ellos. En cambio, si lo tenía, con regularidad el dictador los perdonaba, teniendo que hacer una misiva pública dándole las gracias al magnánimo benefactor de la Patria, siempre con la consigna “Dios en el cielo y Trujillo en la Tierra”.

    Esas torturas del SIM lo efectuaban contra cualquier persona, sin importar sexo ni edad. A la Licda. en Educación y primera médica dominicana --nació por Higüey, criándose en Macorís-- que estudió con enormes sacrificios, especializándose en Francia, la siempre admirada y ejemplar maestra, Dra. Evangelina Rodríguez Perozo. Es considerada una de las mujeres más ejemplares de la Rep. Dom., pero  fue ‘chivateada’ de contribuir con aquellas huelgas azucareras en Macorís y La Romana que dirigió el Partido Socialista Popular, PSP, y que hicieron temblar al régimen. Teniendo la galena 68 años fue torturada desnuda por varios días, colgada como una cerda, violada varias veces por soldados, soltándola unos días después sin ropa por un camino vecinal de Hato Mayor con la finalidad de que falleciera. Todo eso se narra en la novela “Una flor para Evangelina Rodríguez”, de nuestra autoría, y que la puse en mi blog de manera gratuita, aunque fue publicada (600 ejemplares con grandes sacrificios, teniendo que regalar la mayoría de los ejemplares para que no se perdieran). Esta gran mujer la tienen olvidada –similar a los guerrilleros del Este-- todo porque estuvo en contra de la iglesia y los yanquis, también porque era una real socialista, no de nombre como es cierta “Internacional Socialista”, la que se encuentra dirigida por los grandes capitalistas. 

    Cierto, Evangelina Rodríguez era del Este, pobre, no capitaleña ni cibaeña, tachada de comunista, y tal vez por eso no le dan la importancia que se merece como han hecho con otras damas dominicanas. Pero ella vive, su memoria no perecerá aunque así lo anhelan los curas.    

    Trujillo se casó varias veces. Primero con Aminta Ledesma. De ese matrimonio nació Flor de Oro, la que sería esposa del playboy Porfirio Rubirosa. Luego lo haría con Bienvenida Ricardo, Sra. de Monte Cristi, dejándola para matrimoniarse con María Martínez, con la cual tuvo tres hijos: Ranfis, Angelita y Rahdamés. Se dice que el primero no nació del matrimonio, debiendo Trujillo (aún estaba casado con bienvenida) casarla con un cubano llamado Rafael Dominici, su amante, esto para guardar las apariencias. Empero, todo esto le trajo al vasco Jesús de Galindez porque escribió un libro en el cual decía que Ranfis no era hijo de Trujillo. Esto incomodó tanto al dictador que lo trajeron secuestrado desde Nueva York, endrogado, y despertara frente al tirano, quien le hizo comer las páginas de su obra para después darle un disparo en la cabeza. No se conoce con certeza cuánto hijos dejó Trujillo regados por el país. Se conocen a los de sus matrimonios, también los de sus amantes favoritas (Lina Lovatón y Elsa Bermúdez), aunque dicen que no tuvo con Norma ¿Meinardo? y Mony Sánchez.   

     Trujillo ascendió de manera meteórica en la milicia. En diez años llegó a ser general. Y poco después fue Presidente. Obtuvo el rango de generalísimo, igual a Franco, dos neofascistas que no se podría asegurar quién fue más terrible de los dos, pues si se lanzaba una moneda de seguro caería parada.      

    Este país estaba tan relajado por los Trujillo, que a Héctor (Negro) lo hicieron Generalísimo en 1959. Además pusieron a Ranfis como general conjunto del ejército, marina y aviación, llamándole por abajo con el mote de “El Pato”.                                                                           

    La fortuna de los Trujillo nunca ha sido averiguada con exactitud, pero se la consideraba una de la más grande en aquel entonces. En otras palabras, su fortuna era una de la más grande en el mundo, mientras el pueblo se moría de necesidad.    

                                        

'ESOS FUNCIONARIOS HAITIANOS'

 

 Por Bernot Berry Martínez  (bloguero)

 

Si alguien creía que nuestros peligrosos vecinos eran individuos que se llevaban bien con nosotros, ese infeliz debería meter la cabeza entre un retrete y aspirar profundamente para que el hedor le llegue al cerebro y comprenda de veras  quién es él.   

Es lastimoso decir lo anterior pero alguna persona debió salirles al frente a tales tipos que en fondo les hacen el juego a los corruptos funcionarios que estafan al pueblo de Haití en desmedro de Dominicana.

Ya basta de tanta ñoñería con esa gente. ¿Acaso no existen más naciones que ese fallido territorio que erróneamente lleva el nombre de República de Haití? Que se dejen esos corruptos funcionarios de querer cogernos de pendejos. El Pdte. Medina metió la pata al mandar una delegación negociadora para allá. A los haitianos los dominan unos mafiosos. Medina lo que debió hacer es enviarles más de 300.000 haitianos y que hagan cuanto les dé la gana. 

Ya basta de chantajes. Si los yanquis y canadienses los quieren tanto que se los lleven para sus respectivos países. Ellos poseen territorios de más y muchas riquezas. Dominicana es una nación pobre, pequeña, y casi fallida.

El haitiano le quita el trabajo al dominicano porque los empresarios los prefieren ya que son ilegales y no tienen que pagarles prestaciones ni el pago del Seguro Social. El trabajador dominicano es un tonto que no exige sus derechos.

Es un error llamar a los haitianos nuestros hermanos. Son los enemigos más grandes que poseemos. Ellos se creen los dueños de esta parte de la isla y jamás descansaran hasta lograrlo, como en efecto lo van haciendo con la ayuda de los yanquis y otras naciones sin que nada hagamos por detenerlo. ¡Qué vergüenza!  

Pero el dominicano debe preparase para defender a la nación de Duarte y Luperón. Somos gente de paz, pero listos para la guerra en caso necesario.

El Pabellón Tricolor no será manchado, aunque de nuevo vengan los gringos a joder donde nada tienen que ver.

Fuera el chantaje del racismo. Viva la Rep. Dominicana.

¡ARRIBA DUARTE Y LUPERON!

¡ABAJO LOS TRAIDORES!

¡VIVA LA PATRIA, CARAJO!

 


'SOY COMO SOY'

                                          

Por Bernot Berry Martínez   (bloguero)

 

Soy un batallador de la palabra escrita aunque a muchos sujetos no les guste lo que hago.

¿Cuándo aprenderán a respetar la opinión ajena? Usted tiene el derecho de disentir de la misma pero no a insultar, injuriar, calumniar a quienes escriban lo que deseen. Es un derecho intrínseco que nos pertenece.

Nadie puede obligarme a callar mis opiniones, al menos que sean fascistas de nuevo cuño cual se nota en el horizonte. Por eso matan al ruiseñor de la Libertad de Expresión. Ellos no toleran que vayan en su contra. Sus estrechas mentes rozan la Edad Media.

Pero soy como soy y no tolero insultos de mal gusto, y mucho menos ciertas amenazas por mi forma de relatar lo que anhelo.

Soy un rebelde que no pertenece a ninguna organización politiquera de las numerosas que imperan en Dominicana, la mayoría vividora de los impuestos que paga el pueblo.

Cada cual puede realizar cuanto le encanta, siempre respetando las buenas costumbres, los principios de la buena comunicación. Pero eso de tratar de ofender al que escribe debido a que no le agrada lo escrito, eso se encuentra en un lejano pasado muy oscuro denominado La Inquisición.

Señores de estrechas mentes, no traten de retornar al pasado. Lo que tenemos actualmente ha costado enormes sacrificios a la humanidad. Por tanto, es imposible volver atrás, al menos que las drogas nos hagan regresar al primitivismo.

Soy una criatura que pertenece al Cosmos. Absolutamente nadie puede trazarme pautas. Soy libre como el viento. No tengo amo, ni me interesa. Ningún millonario, menos el gobierno y las ONGS, me tiene en su nómina de los que venden su pluma por migajas de dinero, regularmente mal adquirido. Empero, que cada cual haga lo que le dicte su conciencia.

Mientras tanto, Soy como Soy.