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SIEMPRE TE RECUERDO, PIRIS, SIEMPRE

Por Bernot Berry Martínez (bloguero)

Aconteció en Diciembre 15 del 2000, aproximadamente a las seis de la mañana, cuando expiró Miguel Alfonso Mendoza, mejor conocido como ‘Piris’. Falleció a consecuencia de diversas complicaciones. Tenía 67 años. Fue sepultado en la Necrópolis “San Pedro” en plena tierra, donde se pensaba levantar próximamente el Panteón de la Prensa, el cual se hizo en otro lugar más adecuado del mismo camposanto.

‘Piris’ y yo fuimos amigos. Hubo respeto mutuo. Con frecuencia conversábamos de cultura en general. Poseía una inmensa memoria. Fue persona polémica. Defendía sus ideas con fogosidad. Era gran amante del ecosistema. A veces se iba a los puños con cualquiera en defensa de un árbol, una culebrita, algún cangrejito, sapo, pajarito, etc. Cierto, su vocación de servicio fue muy grande. Le agradaba enseñar. A nadie ponía mala cara cuando era interrogado sobre algún tema histórico, esencialmente si se trataba de algo relacionado con Macorís, pues la historia de este pueblo le apasionaba en demasía, llegando con frecuencia hasta la xenofobia localista. Quienes convivieron con él siempre recordaremos su frase: “Nosotros no somos petro, sino macorisanos”, la cual utilizaba cuando alguien, sin importar persona ni lugar, mencionaba nuestro gentilicio.

Fueron famosas sus “Efemérides Macorisanas” en el desaparecido semanario ‘El Este’, del siempre bien recordado periodista Napoleón Santana. Asimismo lo era su columna ‘Nuestras Calles’, que con satisfacción publicaba en ‘El Higuamo’, ese combativo medio del periodista Víctor Pérez Quiñónez. Tales trabajos debieron estar ya impresos mientras vivía Miguel Alfonso, sin embargo él era un poco descuidado en estos asuntos de publicaciones, siempre lo dejaba para después (“luego lo haré, ya tú verás”), me decía cuando le aconsejaba que publicara sus laboriosos escritos. Incluso traté de ayudarle en las correcciones, asimismo diagramarlos en computadora, mas siempre lo dejaba para después. Entonces le sorprendió la muerte, llevándoselo para su misterioso dominio laberíntico. Ojalá no suceda lo peor, y que su inmenso trabajo se pierda con el tiempo, cumpliéndose aquel popular refrán de que “nadie sabe para quien trabaja”.

Miguel Alfonso Mendoza era duartiano. Enseñaba que Duarte es el único Padre de la Patria y que fue en el Este donde se proclamó nuestra Separación de Haití. Y lo efectuaba con vehemencia, defendiendo sus ideas en cualquier parte. Él no tenía miedo. Por su manera de ser fue salvajemente golpeado por paleros trujillistas y por la ‘banda colorá’ en el gobierno de Balaguer. Igualmente los hicieron ciertos trogloditas, dejándole profundas heridas, esencialmente emocionales, perdiendo casi la visión de un ojo. Personeros del pasado-presente, con ideas falangistas, incendiaron la vivienda donde residía en la calle Mella, quemándosele variados escritos históricos. Empero, debemos recordar que José Martí manifestó: “No tiene derecho a escribir quien no tiene el valor de defender con su vida cuanto escribe”. Y “Piris” se caracterizó por su enorme arrojo defendiendo sus notas. Y por eso fue odiado en demasía, esencialmente por su ética.

Fue considerado el decano del periodismo de Macorís. Laboró y cooperó con diversos medios de comunicación, tanto nacionales como locales, la mayoría de las veces gratuitamente. Pienso que lo hacía por amor a la comunicación.

Desde años se desempañaba como Asistente-Director del periódico ‘El Higuamo’.

Su cadáver fue velado en la Funeraria San Pedro. Como era capitán Honorífico de nuestro Benemérito Cuerpo de Bomberos, en su honor fue tocado la sirena, despidiéndolo, y a eso de las 5:35 de la tarde fue conducido delante del cercano Cuartel General en donde se le rindió los honores correspondientes a su rango. Después fue llevado a la Catedral San Pedro, seguido el carro fúnebre por familiares, colegas, amistades, vehículos. Al cortejo le tomaban fotos y fílmicas.

Yo me encontraba sumamente adolorido, sintiendo un hondo vacío por su partida que no pude hablar bien cuando Ramón Perdomo trató de entrevistarme (más luego comprendería que jamás ‘Piris’ se iría de las calles macorisanas pues su espíritu las continuaría caminando, pateando algún objeto, ojeando papeles que hallaba,...)

Llegamos a la catedral. No obstante, por algo que a varios nos pareció extraño, las puertas laterales no pudieron ser abiertas. Dizque el llavero no apareció. Y vaya, tuvimos que entrarlo por la puerta de atrás, por la cual Miguel Alfonzo afirmaba que deberían de entrar a los difuntos ya que era su entrada principal. Y ya frente al altar, aguardamos un buen rato antes de que apareciera un extravagante ‘religioso’, quien con rapidez, sin mencionar ni una vez el nombre del fallecido, rezó un Padre Nuestro, y casi de inmediato, mirando a los presentes con ojos cansados, loco por irse a dormir, haciendo en el aire la señal de la cruz dijo que se lo llevaran en paz. Creo que eso fue lo más apresurado que se le ha efectuado a un muerto en iglesia, algo así como un récord, una verdadera desconsideración a los asistentes, a los familiares que pagaron el dinero exigido por la parroquia para efectuar aquella ridícula ‘ceremonia’.

En tanto avanzábamos en vehículos hacia la retirada Necrópolis, un repentino aguacero cayó sobre la ciudad. Temimos que la lluvia seguiría. Los motoristas buscaron protección. Sin embargo, así como vino también se alejó. El cielo se aclaró. Y llegamos al cementerio. Y cargamos el barato ataúd grisáceo hasta el terreno designado para sepultarlo, introduciéndolo en un hoyo en la recién mojada tierra. Observando todo con gran dolor medité que allí iremos a parar los que vivimos, sin importar clase social, en determinado tiempo ignorado.

Mientras las personas echaban tierra encima del féretro, algunas personas hablaron. Primero lo hizo Josefina, su hermana, y después tres periodistas, comenzando el directivo de la filial del Sindicato de Prensa, Eduard Leger; después Tomás Astacio Zorrilla, dirigente local del Colegio de Periodistas, y Víctor Pérez Quiñónez. del periódico El Higuamo.

Al mismo tiempo que la tumba iba siendo cubierta de flores y tierra, yo percibí una conmoción recorrer mi cuerpo, escuchando una susurrada voz diciéndome al oído: “Animo amigo, siempre estaré con ustedes”. Entonces, ligeramente sonreí al advertir el adusto rostro del fallecido, contemplándonos atentamente encima de una tumba cercana.

NOTA2: En tarde grisácea, de llovizna de cuando en vez, el 3-4-’08, los restos de Miguel Alfonzo Mendoza (‘Piris’) fueron exhumados y conducidos al Panteón de la Prensa, introduciéndolo a la vera del periodista-sindicalista Ramón Martínez Félix, quien había fallecido días atrás.

En ese traslado asistieron poquísimas personas: Agustín Vega, Eduard Leger, Francis Aníbal, Iván Santana, Rafael Soto y quien escribe.

 

15/12/2012 10:53 Bernot Berry Martínez #. sin tema

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