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'AQUEL ASESINATO DE LA CALLE SANCHEZ’

NOTA: de nuestro libro "Anécdotas Macorisanas y"...     

 

Por: Bernot Berry Martínez      (bloguero)                                            

  

   ¿Quién asesinó, hace años, en plena intervención norteamericana, a un vendedor de sombreros, después del mediodía, sin robarle nada, dejándolo en un charco de sangre con fortísimos golpes en la cabeza, propinados tal vez con un tubo de hierro o martillo, falleciendo en el hospital San Antonio sin recobrar el conocimiento? 

    Dicho crimen consternó al progresista pueblo macorisano. Quedó impune: jamás descubrieron al culpable. Y si algunas personas conocieron la verdad, lo cierto fue que se la llevaron a sus tumbas, como igual sucedió con el bestial homicida           

    Empero, ¿fue ese asesinato uno de los llamados perfectos, ejecutados tan cuidadosamente que las autoridades quedaron atolondradas, sin poder hacer nada, o no quisieron decirlo por algún motivo ignorado?    

    ¿Qué habrá escondido tras bastidores?

    Un estudioso doctor en derecho, escrupuloso y decente, con el cual conversé años atrás para realizar y publicar este trabajo en cierta ocasión, pidiéndome no mencionar su apelativo por nada, alegó que el vendedor de sombreros era español, de 26 años, llamado ‘José Busto’. Me indicó que la sombrerería estaba en una casa de madera en la calle Sánchez, la cual fue devorada por un poderoso incendio acontecido a fines de la década del 1960. 

    Cierto, yo tuve la tristeza de contemplar aquel pavoroso fuego. Recuerdo que consumió otras, como una de tres niveles en la que se hallaba la conocida librería ‘El Gallo’ de Luis Rodríguez, asimismo frente a ésta, a la morada donde estuvo el negocio del jocoso personaje Chichí Ochoa, afectando ese siniestro a Rentas Internas, institución que funcionaba en el edificio de dos pisos, de concreto armado, en el cual por muchos años vivió la familia Feris Iglesias. En la actualidad,  donde  sucedió  el  crimen, existe un inmueble de dos niveles. 

    Me comunicó el profesional que el asesinato ocurrió entre 1922 ó ‘23; que un señor de origen árabe halló al ibérico casi moribundo, llevándolo con ayuda de vecinos y curiosos al mencionado hospital donde los médicos hicieron infructuosos esfuerzos por conservarle la vida. Me afirmó que poseía un folleto sobre aquel hecho titulado “El crimen de la calle Sánchez”, bien escrito, con fotografías del español herido (“pelaron su cabeza a rape y se veían horribles hoyuelos”, me señaló el abogado con lejana mirada triste), que el autor del librito era un osado periodista cuyo nombre no recordaba, y que se lo había prestado a un colega quien jamás se lo devolvió. Me indicó que la diminuta obra se vendió como pan caliente, originando diversas conjeturas, chismes, y una contienda de pasquines, ocasionando fuertes enemistades hasta el presente...  

    Particularmente a mí me gustaría leer ese librito. Por eso he realizado diversas diligencias con tal propósito. No obstante, no he podido conseguirlo. Quizás algunos sapientes macorisanos de aquel ayer guardaron copias, ignorándose si sus descendientes aún las tengan. A nadie he podido saber que tenga el mencionado folleto. El mismo es un misterio. A veces cavilo que lo escondieron por aprensión. Pero, ¿hasta cuándo? La mayoría de aquellas personas ya fallecieron. Es tiempo de dejarlo flotar sobre el mar de la verdad si de veras fue publicado. Por eso la historia de Macorís, siendo relativamente joven, se hace tan difícil de conocer, escribirla, ya que sin reales documentos la misma no se puede relatar, y los cronistas caen en lamentables especulaciones.        

    Un investigador de nuestra historia provinciana, Miguel .Alfonso Mendoza, me dijo que pudo averiguar que una familia  de  Macorís   había  comprado  la mayoría  de  las Copias del famoso folleto para quemarlas. 

    En la actualidad, a tantos años de haber acontecido tan cruel suceso, todavía hay personas que se interrogan del porqué asesinaron al simpático ciudadano español.     

    ¿Cómo habrá sucedido y por qué fue cometido? No le robaron. Sus papeles estaban en orden. Las autoridades no encontraron alteración del negocio. Entonces, como era joven, bien parecido, trotó la conjetura de que fue un crimen pasional.  

    Algo misterioso rodea a tan horripilante homicidio. 

    Personas conocedoras de la lógica meditan que el asesinato fue realizado por un solo individuo de pasmosa paciencia, frío, calculador, con profundo odio al hispano. Piensan que el homicida aguardó el momento oportuno para entrar sigilosamente a la sombrerería y cometer su bárbara acción. Quizá lo encontró dormitando después del almuerzo o por el calor de la tarde. Y por eso aprovechó, rabioso, para propinarles los golpes en la cabeza, dejándolo por muerto, emprendiendo la retirada sin que tal vez nadie le observara, y si fue visto por alguien éste guardó un silencio de complicidad porque era pariente suyo o le tuvo un enorme temor por alguna amenaza del criminal.                              

 

NOTA: Sigo sin que la máquina de hotmail me devuelva mi contraseña. 

         

08/04/2011 10:54 Bernot Berry Martínez #. sin tema

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