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EN LA SOMBRA DEL GRAN ARBOL

          

 

      Por: Bernot Berry Martínez  (blogario)

 

     Muchos son quienes afirman que todo individuo, anhelante de triunfar en esta compleja y selvática sociedad, debe buscarse un enorme árbol para guarecerse debajo de su poderosa sombra. La afirmación es insoslayable, se pierde en la curvatura del tiempo: “Quien se arrima a gran árbol, buena sombra le cobija”. Empero, todo hombre o mujer debe ejecutar esa acción de acuerdo a su personalidad, igualmente a las circunstancias.

    

     Cada cual posee su forma inquisidora de ver las cosas, examinarlas, sea para bien o mal. Se vive una lucha desbocada por alcanzar la tan ansiada meta victoriosa. Sin embargo, con relativa frecuencia sólo consiguen ganarla esos sujetos de instintos bajos. Claro, esos tipos tienen variadas maneras de socavar a sus competidores, aunque es gran verdad que no pocos de los perdedores se quedan atrás porque no quieren salpicar sus conciencias haciendo algo inmoral, mucho menos deshonrarlas. Ellos son combatientes en buena lid: consideran que es placentero y fascinante llegar a cima por ardores exclusivos, jamás por la influencia del proyector de tan enorme sombra. Cierto, quizá creen que así no percibirán las viles risotadas de ciertos hipócritas, tampoco de  falsarias sonrisas, abrazos de gratuitos enemigos. Talvez piensan que allá arriba sólo debe escucharse el epinicio triunfador de valientes ruiseñores, que entrelazado con multicolores mariposas vuelan en derredor de la brillante hermosa cumbre. Quienes lidian así son seres de luz, posiblemente pertenecientes a otras dimensiones, habitantes entre metáforas, y de ningún modo podrían caer en la situación absurda de peligrosos adulones con intenciones arribistas y quimerizas. Por tanto, a ellos se les haría espinoso penetrar a la penumbra del inmenso árbol para disfrutar los espléndidos primores que ésta brinda a sus cautivadores. Mas, los primeros anhelaban glorificarse en grande. Ansiaban que sus apelativos fuesen anunciados honrosamente por un popular comunicador en ancho salón mientras eran aplaudidos por delirantes espectadores. Claro, a tales sujetos se les importaba que ese locutor, vulgar trepador y formidable adulador, endiosara al potentado cobijador, llenando el sitio con su característica copiosa babaza.

    

     Cierto, esos individuos, buscando manjares y elogios, se alejaron del conjunto de las luces. Sumisos y arrodillados, sin un poquito de pudor, lo efectuaron. Después, vaya, vaya, sus labios lamieron el fangoso recinto donde moraba el monstruoso árbol. Y triunfaron. Cabalmente volvió a cumplirse el ya indicado famoso proverbio. Sus nombres fueron escuchados numerosas veces por escuálidos oyentes. Mas, nebulosa se les puso su situación, pues después de convertirse en victoriosos, condecorados y vitoreados, se volvieron frustrados, amargados, de miradas abatidas y lejanas. Realmente se convirtieron en individuos sin almas. ¿Vislumbraron que sus antiguos camaradas no seguirían a la tan deprimente senda que habían cruzado? 

    

     ¿Cuándo se aprenderá que las personas no poseen el mismo valor moral?

    

     Pero los seres de luz son demasiado comprensibles. Admiten que aún, sin importar cuanto esos sujetos se alejaron vociferando interesadas calumnias hirientes del amanecer, pueden retornar al desahogado trayecto que abandonaron aquella lánguida tarde en la cual el crepúsculo se desvaneció de sus ojos.

     

     Sí, ellos han constatado conmigo --ignoro cómo, no pertenezco a tan noble grupo-- para informarles lo siguiente: “Vengan, hermanos del viento, hemos aguardado un largo tiempo para bañarnos entre la preciosa aurora que ya está naciendo. No nos defrauden más. Salgan ya de la siniestra mancha. Juntémonos con quienes cantando avanzan hacia el primoroso esplendor de la nueva sociedad humanizada”.                                                                                           

                                                                                                                                                                            

03/03/2010 17:44 Bernot Berry Martínez #. sin tema

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